jueves, 31 de julio de 2008

La primera aviadora tunera

Cuando se aborde el tema de la aviación en Las Tunas, resulta poco menos que imposible prescindir del nombre de Nelia Rodríguez Batista, una valerosa y carismática mujer, oriunda de esta ciudad, a quien nuestros anales históricos registran como la protagonista de un suceso de enorme trascendencia: ella fue la primera fémina de la parte oriental de Cuba que tuvo la valentía de treparse en una pequeña nave aérea y pilotearla sin compañía alguna.
Tan importante acontecimiento ocurrió a principios del año 1952, cuando Nelia recibía clases de vuelo en una escuela de aviación existente por entonces en la ciudad. Muy popular entre sus compañeros de curso por sus arrestos juveniles y sus ímpetus para enfrentar el peligro, Nelia les solicitó encarecidamente a sus profesores solear una pequeña aeronave de estudio.
Así fue que, luego de recibida la autorización y en vistas de los conocimientos de navegación aérea adquiridos, ella trepó a la cabina de la avioneta tipo Pipper J-3, tomó asiento ante los mandos, arrancó el motor, correteó por la pista del aeródromo, despegó como una consagrada, tomó altura, dio varias vueltas sobre la ciudad y aterrizó como una paloma sin el menor contratiempo.
Nelia Rodríguez hizo época en la ciudad en la práctica de la aviación deportiva, incluida la acrobacia. Ninguna otra mujer del territorio ha conseguido igualar sus hazañas llenas de valor y de colorido. Tan lejos llegó piloteando aviones que se alzó con el primer premio en un exigente festival de aviación celebrado en la ciudad espirituana de Trinidad a mediados de los años 50 del siglo pasado.
Nelia Rodríguez falleció hace unos pocos años en esta misma ciudad donde residió durante toda su existencia. Los tuneros no olvidaremos sus increíbles hazañas aéreas ni el honroso sitial que le corresponde por méritos propios en la historia de la aviación cubana.

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miércoles, 23 de julio de 2008

Son 14 ó espérame en el suelo

Allá por los años 80 y tantos del siglo pasado, exhibió sus credenciales en el panorama etílico de Manatí una bebida cuyo recuerdo aún sonroja a muchos. Llegó «a bordo» de pequeñas botellas de refrescos, y, a juzgar por su sabor dulzón y su escasa agresividad, sus catadores opinaron que se trataba de «un chiringuito, excelente para tomarlo bien frío y combatir el calor». Fue un juicio apresurado. Porque a los pocos días el aparentemente inofensivo brebaje devino pesadilla para los cultores del dios Baco, incluso para los «ranqueados» en la lista de los buenos bebedores. ¿Su nombre comercial? Nunca se conoció, porque, criatura plebeya al fin, debutó sin partida de nacimiento ni etiqueta de identificación. Solo se sabe que el ambarino «sujeto» comenzó a ser conocido entre los dipsómanos locales por el mote de Son 14.
¿Por qué lo bautizaron así? Nadie lo sabe a ciencia cierta. Como ninguno se explica qué relación pudo tener la extraña pócima de padres desconocidos con un popularísimo grupo musical santiaguero del mismo nombre, paradigma a la sazón de los buenos bailadores, con su carismático cantante Tiburón Morales y bajo la batuta del maestro Adalberto Álvarez. Las pesquisas no han conseguido establecer tampoco si ya traía ese alias -Son 14- cuando decidió embriagar con su ladino bouquet la pituitaria, el sentido común y las entendederas de los manatienses, o si, por el contrario, se lo endilgó algún guasón entre las brumas de una borrachera.
Para quienes, por razones generacionales, no tienen claras sus reminiscencias de tiempo y espacio, digo que Son 14 no figuraba en los catálogos como una bebida alcohólica propiamente, pues no era ron, cerveza, vino, crema, licor, coctel ni nada parecido. ¿Entonces qué clasificación darle a aquel ornitorrinco de las barras, a aquel adefesio de una parte de alcohol y nueve de sirope? Sus «víctimas» lo conceptuaron: un arma inventada por los abstemios para desacreditar a los amigos del trago. Porque, después de subestimarles garganta abajo sus proverbiales dotes de resistenstes al ron, Son 14 los hacía caer con estrépito y hasta los ridiculizaba.
En los tiempos en que frecuenté las cantinas de Manatí, mi pueblo, vi a más de un «cuarto bate» desplomarse como un tronco por causa del traicionero refresquito. ¿Motivos? Haberse echado al gollete y de un par de tirones dos botellitas de aquella mezcla explosiva, superior en «letalidad» al celebérrimo aguardiente Coronilla. Tantos currículos hizo trizas en la comunidad dipsómana que el pueblo comenzó a llamarlo, además de Son 14, por el sugerente nombre de Espérame en el suelo. Así de trágico era el destino de quienes se arriesgaban a aceptarle el desafío.
No puedo dar fe de la autenticidad de esta anécdota, pero en Manatí cuentan que cierta vez los distribuidores de la Empresa de Bebidas y Licores se confundieron y entregaron para un cumpleaños infantil cuatro cajas de Son 14 en lugar de cuatro de refrescos. Ajenos al peligroso e involuntario trueque, los organizadores del festejo escanciaron al impostor entre los invitados. Al rato se formó allí una borrachera de ampanga. Dicen que aquel día, además de los niños, hasta las viejitas y los viejitos bailaron la caringa.
Por la propia naturaleza de su factura etílica y por los estragos que provocó entre sus consumidores, el Son 14 tuvo efímera existencia. El pueblo no le perdonó su evidente falta de clase y su incivilizada manera de noquear -sin aviso previo- en el primer asalto. Poca gente se percató de su partida sin gloria por la puerta trasera. ¡Y nadie le echó de menos! Tal y como debutó, se fue: abruptamente, en silencio y -por fortuna- sin dejar dirección conocida.

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martes, 8 de julio de 2008

Benítez, el médico del Puerto

Cuando se habla del ejercicio de la Medicina en Manatí, el nombre de José A. Benítez Gutiérrez sale a relucir por derecho propio. Los más jóvenes quizás no le recuerden, pero me estoy refiriendo al popularísimo médico del Puerto, un seguidor de Galeno que hizo época en la localidad por sus aciertos a la hora de tratar las más diversas patologías .
Tenía su consulta a la orilla del mar, en un angosto local contiguo a su vivienda. Todos los días numerosas madres manatienses tomaban el trencito y viajaban hasta allá para que Benítez les examinara a sus hijos. Ta pronto el tren llegaba a la estación había que echar pie a tierra rápido y correr a toda velocidad porque solo se repartían 20 turnos. Y la demanda solía estar muy por encima de la oferta.
La consulta valía cinco pesos, pero la gente los desembolsillaba con gusto. Porque, en honor a la verdad, no había afección que Benítez no neutralizara con su sapiencia profesional. Parasitismo, fiebre, dolores, inapetencia, diarreas, reuma... La confianza en él era absoluta, por lo que no era extraño que se desplazaran hasta el Puerto de Manatí personas de localidades muy distantes.
Un viaje hasta su consultorio exigía dedicarle casi el día completo, pues el trencito no repetía el periplo entre Manatí y el poblado costero hasta el atardecer. En consecuencia, los menesterosos tenían por costumbre llevar su almuerzo en vasijas para consumirlo cómodamente sentados a la orilla de la playa, mientras les llegaba el turno para ser atendidos por el fabuloso médico del Puerto.
Más de una vez mi madre me llevó a consularme con Benítez. Recuerdo cómo le suplicaba al doctor con la mirada que no me prescribiera inyecciones. Pero casi nunca lograba salirme con la mía. Benítez me hacía acostar sobre una pequeña camita y allí me auscultaba, me reconocía y me hacía sacar la lengua. Luego se sentaba ante su vieja Remington y escribía la consabida receta.
Varios años después, Benítez abandonó la medicina privada y comenzó a trabajar en el hospital municipal de Manatí. La gente lo siguió prefiriendo como en los buenos tiempos. Tuve la suerte de hacerme su amigo y de compartir con él. Eer capaz de hablar sobre cualquier tema, pues tenía una cultura enciclopédica. Murió hace tal vez dos década. Los manatienses jamás lo olvidaremos.

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jueves, 3 de julio de 2008

Rápidas sobre Periodismo

El periódico de mayor tirada del mundo es el japonés «Yomiuri Shimbun», que edita 14 millones de ejemplares cada día... El diario en idioma español más antiguo es «El Mercurio», de Valparaíso, Chile, fundado en 1827... La revista más añeja es la popular «National Geographic Magazín», creada hace 116 años y presente en 26 países con 10 millones de ejemplares mensuales... En América, el primer periódico fue «La Hoja de México», aparecido en 1541 para reseñar el terremoto de Guatemala... Las primeras emisiones públicas de televisión las efectuaron la BBC, en Inglaterra, en 1927 y la CBS y la NBC, en Estados Unidos, en 1930... El primer periódico de Australia lo editó en 1803 un recluso que había trabajado en el Times de Londres... El diarismo periodístico hizo su debut en Inglaterra, en el Daily Courrant, en 1702... En el año 1796 debutó el primer periódico dominical: el Weekly Meseger, fundado en 1796 en Londres por Jhon Bell... El primer corresponsal de guerra de la historia fue el ateniense Tucídides, quien cubrió la Guerra del Peloponeso... Los géneros periodísticos más conocidos son el reportaje, la entrevista, la información, la crónica, el artículo y el comentario... Casi todos los grandes escritores han sido también periodistas... Se denominan sitios web a los periódicos digitales que circulan en Internet... Palo periodístico es aquella gran noticia que un reportero da en exclusiva... El periodista cubano Manuel Márquez Sterling fue presidente de Cuba por cinco horas y 50 minutos el día 18 de enero de 1934... La novela de Ernest Hemingway tiulada El viejo y el mar se publicó en la revista cubana Bohemia antes de convertirse en libro... Un semanario español llamado La Luminaria mezclaba tinta con fósforo para que las letras pudieran ser vistas en la oscuridad... Se llama editorial al artículo que expresa la opinión de los editores de un órgano de prensa... El primer periódico conocido se editó en la ciudad belga de Amberes en 1605 y llevaba por nombre Nieuwe Tudingen (Últimas Noticias)... El 14 de marzo es el Día de la Prensa Cubana porque en igual fecha nuestro Héroe Nacional José Martí fundó en el exilio de Nueva York el periódico Patria...

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