jueves, 28 de marzo de 2013

Un accidente memorable

El 5 de enero de 1987, a las 7: 30 AM, una rotura en un enorme tanque donde se almacenaba miel final en el Puerto de Manatí provocó el derrame de cuatro mil 400 toneladas métricas del producto, un derivado de la caña de azúcar (foto de la época). El accidente se produjo por el vacío que ocasionó en el viejo depósito la presión de la miel, acción que hizo saltar las soldaduras de una de las chapas, cuyo montaje databa de 1912, cuando comenzó a construirse el desaparecido ingenio azucarero Manatí. Afortunadamente, no hubo que lamentar víctimas, pero las afectaciones económicas ascendieron a 170 mil 756 pesos, además del estrago ecológico originado por el indetenible escape de miel hacia la playa, distante apenas unos pocos metros. El derrame fue tan cuantioso que las calles aledañas al tanque se anegaron del viscoso producto, ante los ojos asombrados de los vecinos

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sábado, 16 de marzo de 2013

La emisora de los tuneros

La otrora Victoria de Las Tunas resultó una de las primeras ciudades de Cuba en tener una señal de radio. El acontecimiento tuvo su génesis el 21 de octubre de 1930, poco más de ocho años después de que en la capital cubana se inaugurara la era de la radiodifusión. 
Aquella planta se llamó CMKE y la primera voz que la identificó fue la de Arnaldo Lagos, a través de un primitivo mecanismo audio-eléctrico de 50 watts de potencia. La emisora se mantuvo con su programación por espacio de tres años. Después se sucedieron variados esfuerzos por abrir otras similares. Merece citarse la labor en tal sentido del mecánico de radio Aurelio López, quien durante seis meses en 1935 transmitió música y noticias desde la sala de su casa. 
Otros que le dieron vitalidad a la radio de la época fueron Pastor Marrero y las hermanas Aida y Olga García. Ellos comenzaron a transmitir desde la calle Colón número 143 y rápidamente se hicieron de una gran audiencia. Entre sus colaboradores se encontraba el gran actor tunero Alfonso Silvestre, ya fallecido. 
Los años 40 del siglo pasado fueron de gran auge publicitario. En ese contexto, el 6 de abril de 1941 salió al aire Radio Tunas CMKG, que transmitió 14 horas diarias. Era propiedad de Emilio Grau Medina y la dirigía Ottón Baró. A su debut asistieron el alcalde y el párroco de la ciudad. Resultó un suceso cultural, pues lo amenizaron las mejores orquestas del momento.
La planta fue vendida después a un empresario de Holguín, lo que causó la protesta ciudadana. Devuelta en arrendamiento, se reinauguró el 21 de septiembre de 1942 en un local remozado con escenario para la actuación. Esta vez su director fue Ramón Espinosa, quien alternó allí funciones de operador y locutor. 
Radio Tunas CMKG integró la Unión Radio Nacional y radicó, entre otros locales, en Ángel Guardia número 119, entre las calles Adolfo Villamar y Francisco Varona, con estudios privados para el sonidista y el locutor. 
La emisora comenzó a transmitir en 1950 el noticiero La Palabra, primer informativo radial en la historia del territorio tunero, realizado por el periodista Mario Torres López. El 14 de agosto de 1953, Radio Tunas CMKG se mudó para el edificio de Radio Cine, donde radica actualmente la Sala Teatro Raúl Gómez García. 
Contradicciones con el dueño de la planta motivaron que Mario Torres rompiera con Radio Tunas CMKG. El periodista se dio a la tarea de fundar una nueva emisora capaz de hacerle competencia. Así, el 20 de septiembre de 1953 nació CMKT, Radio Circuito. 
Tenía sus estudios en un local situado en la calle Vicente García 314. Comenzó con tres locutores, dos técnicos de audio, un redactor y el propio Mario Torres como administrador y periodista. Contaba con un transmisor de 250 watts, una consola Gate, dos platos de tocadiscos, una grabadora y una antena en el techo. Fue aquí donde por vez primera se escuchó la voz del inolvidable Rafael Urbino, quien sería luego director de la emisora. 
Apenas un día después de su inauguración oficial, la planta tunera sacó al aire el Noticiero Radio Circuito, con informaciones de último minuto. En general, su programación era muy variada e incluía música de diferentes géneros. La señal de Radio Circuito no tenía mucha potencia, pero llegó a captarse más allá del territorio, como en Camaguey y Holguín. 
La música mexicana, de órgano y los programas campesinos figuraron en la oferta de Radio Circuito. Había un segmento muy popular, llamado Fiesta del Domingo. Incluía una sección infantil en la que los niños recitaban, cantaban, bailaban y respondían preguntas. Una suerte de Corte Suprema del Arte de donde surgieron varios talentos. La patrocinaban las firmas comerciales de la ciudad. Algo novedoso que introdujo la CMKT fue el empleo de la grabadora para enriquecer con otros géneros periodísticos el Noticiero Informativo Radio Circuito. 
Otro de los programas estelares de Radio Circuito era La Fiesta de Josuín, especializado en jazz. Por la noche transmitía con gran audiencia música romántica, donde declamaba poemas el locutor Alcides Cofresí. 
Victoria de las Tunas tuvo otra emisora, llamada CMKQ, inaugurada el 10 de octubre de 1954 en la calle Ángel Guardia número 202, en el antiguo Hotel Casino. Fue muy popular en su época y pionera de la radio participativa local, pues los oyentes tomaban parte en los concursos que convocaba y recibir regalos si resultaban ganadores. Se le llamó Radio Victoria en algún momento y luego Radio Reloj Musical. La CMDQ fue la última emisora de radio construida en Victoria de las Tunas antes del triunfo de la Revolución. 
En enero de 1959, el comandante “Piti” Fajardo se reunió con la prensa tunera para trazar las líneas de la propaganda revolucionaria. Orientó formar una cadena para transmitir el paso de la Caravana de la Libertad. 
En febrero de 1961, ya con el Frente Independiente de Emisoras Libres (FIEL) como único rector de la radio cubana, se orientó la fusión en una de las tres emisoras existentes en la ciudad. Radio Circuito fue designada como planta matriz. Conservó ese nombre hasta el lunes 24 de marzo de 1969, cuando salió al aire con el indicativo de Radio Victoria, seleccionado tras una masiva encuesta popular realizada a través de llamadas telefónicas y cartas. 
Hoy Radio Victoria cuenta con un competente colectivo profesional y equipamiento de última generación que le garantiza un sonido mejor desde su sede en la calle Colón 157. 
Tiene una programación variada, reflejo de su radio de acción. Fue la primera emisora provincial y la cuarta del país en poner a navegar en Internet un sitio Digital llamado Tiempo 21. También puso a funcionar la cátedra de locución Rafael Urbino, por la que ha pasado casi medio millar de trabajadores de la radio del país. 
Con una historia de cerca de medio siglo, Victoria ha sido escuela de grandes voces de la radio cubana, entre los que se destacan Silverio Gutiérrez, Argelio García (Chaflán), Fernando Alcorta, Rafael Urbino, Neydo Arsenio, López Montes, Jorge Carbonell y el Oraldo Solís.
Su señal auditiva nos acompaña en cualquier circunstancia: huracanes, aniversarios, temporales, agasajos, movilizaciones… En verano o en invierno, Radio Victoria siempre está presente con la noticia, la música, la hora, el drama, el comentario, o, sencillamebnte, el olor y el color de una provincia: la nuestra.
En esta fotografía tomada el 20 de septiembre de 1988 -hace ahorita 25 años- posa para la cámara un grupo de técnicos, locutores, choferes, asesores, directores y periodistas de la emisora provincial Radio Victoria, de Las Tunas. Por entonces, la planta matriz celebraba el 35 aniversario de fundación. Ahí figuran, entre otros –y, desde luego, con menos tejido adiposo en el abdomen y más lozanía en el semblante-, José Hernández (Pepito), Metodio Diez, Gerardo Alfonso (fallecido), Carmen Fernández, Miriam Rosales, Ángel Zamora, Deysy Conte, Miriam Vega, Maura Peña, Mary Espinosa, David Iglesias, Niria Escobar, María Elena Fernández y Oscar Herrera. Como están agrupados anárquicamente, me resulta difícil nombrarlos por orden. De manera que cada quien tendrá que identificarse.

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domingo, 17 de febrero de 2013

Aquel tiburón-ballena


El 19 de abril de 1982 un suceso poco común hizo impacto en los apacibles predios del Puerto de Manatí: la captura en la zona de Palancón de un enorme tiburón ballena cuyo peso ascendió a... ¡nueve mil 590 libras!, el mayor de su tipo de los atrapados en Cuba en cualquier época. El ejemplar resultó de tales dimensiones que se hizo necesario recurrir a una grúa para izarlo, de lo cual dejó constancia el Periódico 26 en una gran fotografía de página interior. 
Tenían razones para el asombro los portuarios, acostumbrados a pescar con sus avíos bichos de menor rango. El tiburón ballena, realmente, es el mayor pez de los mares, una colosal criatura que llega a alcanzar 20 toneladas de peso y 18 metros de longitud. Su cola puede medir de lado a lado más de dos metros y su descomunal boca tiene capacidad para tragarse de una vez a una persona nadando de costado. Los pescadores lo conocen también por los nombres de damero y pez dama, y aseguran que su carne es exquisita. Afortunadamente, a este gigante no le interesan los seres humanos, porque se alimenta solamente de plancton y pequeños peces. 
Por cierto, no fue extravagante ni mucho menos la presencia en nuestras latitudes de tan enorme ejemplar, pues abunda en el Océano Atlántico y se le puede encontrar en aguas costeras, tanto tropicales como templadas. Este del que les hablo fue capturado a 20 pies de profundidad a unos 400 metros de la orilla, luego de enredarse en una de las redes pesqueras. La captura de aquel gigante trascendió la geografía portuaria para extenderse por toda la nación. ¡Todos los medios informativos cubanos reportaron aquel inusual suceso! 
El colosal pez fue remolcado desde 24 kilómetros de distancia desde una embarcación tipo Osla por los pescadores Franklin Roque, Celso Rodríguez y Germán Justo luego de permanecer 48 horas en las redes. Se aferraba tanto a la vida que hubo que realizarle ocho disparos de bala para remitirlo al otro mundo. Las mediciones realizadas entonces certificaron que el bicho medía 11 metros de largo, 15,3 pies de diámetro, 5,5 pies de ancho de cabeza y 51 pulgadas de ancho de boca. Además, se le extrajeron cuatro mil 795 libras de excelente carne y su piel fue aprovechada con fines industriales. 
Pero el acontecimiento no quedó solamente en la captura del pez y en la difusión de la noticia. ¡Ni se lo imagine! A los pocos días un compositor fue visitado por las musas y compuso una guaracha relacionada con el tema que las emisoras de radio se encargaron de popularizar, interpretada por el grupo musical Los Caribeños. En fin, que aquel tiburón ballena se hizo celebre en todo el territorio nacional y todavía, más de un cuarto de siglo después, se le recuerda.

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domingo, 27 de enero de 2013

Cafetería Milagritos

Esta foto tiene más de medio siglo de existencia. Se trata de la inauguración de la cafetería Milagritos, propiedad de una de las personas más decentes y queridas que recuerden los anales de Manatí: Joaquín Faura, un malagueño aplatanado en la zona, quien figura a la derecha, acodado sobre el mostrador. El nombre de Milagritos lo tomó Faura de la menor de sus hijas, llamada así, Milagros Faura. La niña también aparece retratada, en brazos de su madre. La cafetería Milagritos estaba situada en el centro del batey azucarero, donde funciona hoy una academia de ajedrez, entre la antigua fonda de los Folgueira (hoy restaurante Argelia) y la casa de René Pereda. Al lado tenía Faura una tienda, que daba acceso a la casa familiar, situada al fondo del establecimiento. En la dependencia no solo se vendía café -hecho en una enorme y eficiente cafetera de vapor-, sino también cigarros, tabacos y confituras. La imagen fue tomada por Mario Gallo, quien, por entonces, era dueño de un estudio fotográfico en Manatí. Joaquín Faura falleció hace ya algunos años en la ciudad de Las Tunas. Su hija Milagritos vive en La Habana. Me la encontré hace poco tiempo, en unión de su hermana Carmita, en la terminal de ómnibus de Las Tunas, después de más de 30 años sin vernos. Gracias a ellas consegui esta foto que hoy comparto con ustedes.

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domingo, 30 de diciembre de 2012

La cólera del profesor Sela

Desconozco si mis antiguos compañeros de aula recuerdan a un profesor de Fotografía que tuvimos en el primer año de la carrera de Periodismo, cursada entre los años 1988 y 1993 allá en la Universidad de Oriente, en la indómita Santiago de Cuba.
Era un vejete hiperquinético y cascarrabias, de apellido Sela. Ninguno de nosotros le hacíamos el menor caso a sus regaños. El pobre, no sabía cómo arreglárselas para controlar aquel grupo repleto de jodedores. 
Un día, como parte del programa de la asignatura, nos llevó a conocer por dentro el laboratorio fotográfico. Se trataba de un local de dimensiones sumamente reducidas, y, como él nos obligó a todos a entrar, quedamos allí apretujados unos contra otros. El profe, a duras penas, nos mandó a hacer silencio y comenzó a explicarnos con voz gangosa que el revelado de los negativos demandaba hacerse en la más completa oscuridad. Y, para demostrarlo, mandó a uno de nosotros a apagar la luz del recinto. 
En ese fugaz, brevísimo momento, una mano «misteriosa» se abrió paso entre las sombras y, con toda la intención, la exactitud y el irrespeto del mundo, le tocó al infeliz docente la zona del cuerpo donde la espalda pierde su noble nombre. El profesor soltó un «¡coñooooo...!» de sorpresa e indignación. Luego hizo lo que no debía hacer. Porque, en lugar de quedarse callado para que nadie se enterara de la broma de la que había sido víctima, armó una algarabía descomunal. 
A tientas, y apartando gente en medio de las tinieblas, llegó hasta el interruptor eléctrico, encendió la iluminación y gritó: «¡Carajo, ahora mismo me van a decir quién fue el falta de respeto que me cogió las nalgas!». La carcajada general que provocó su insólita exigencia impidió escuchar las amenazas y los improperios que vinieron detrás. Por fortuna, la sangre no llegó al río y el incidente no tuvo mayores consecuencias. 
Siempre he pensado que el autor de aquella extravagante jarana  que tanto nos hizo reír entonces fue Carlos Julio Remedios Compti (en foto de la época, sentado, junto a Armando Céspedes, otro chivador del grupo), hoy periodista de la redacción deportiva de Tele Cristal, en Holguín. Sin embargo, y seguramente por razones de seguridad, mi amigo Carlos nunca lo ha reconocido tácitamente, ni en público ni en privado. 
Si en definitiva fue él -como continúo creyendo- ya puede admitirlo sin temor a represalias. No solamente porque el profesor Sela falleció hace ya un buen tiempo y no podrá pedirle cuentas. Sino también porque la mayoría de los «delitos» prescribe a los 20 años... ¡y de eso hace 23!

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lunes, 10 de diciembre de 2012

Una anécdota tragicómica

En fecha venidera celebraremos por acá el siglo de la fundación de Manatí, mi entrañable terruño natal. Aunque su debut territorial y demográfico data de mucho antes -el 20 de octubre de 1868 nuestros insurrectos incendiaron el pueblo y la iglesia de San Miguel-, las autoridades del municipio decidieron adoptar 1912 como referente por ser el año en que se iniciaron las obras constructivas del ingenio, cuya primera zafra se hizo 12 meses después. Se molieron entonces 15 millones 84 mil 788 arrobas de caña, con las fueron producidas 134 mil 757 sacos de azúcar de 320 libras cada uno. 
Pero no voy a hablar ahora de nuestra desaparecida fábrica, sino de sus torres. Esta foto congeló el momento en que -para orgullo de los manatienses en cualquier lugar de Cuba- disponía de cuatro chimeneas. Las primeras en levantarse fueron las metálicas. Se aprecian en color negro. Una aparece al fondo, casi tapada por el follaje de un higuillo que impuso su frondosa presencia en esa zona hasta que el huracán Ike lo convirtió en leña. Luego vienieron las chimeneas de ladrillos, es decir, el par restante. Con el tiempo, y por etapas, se demolieron todas y se erigieron dos más, esta vez por el sistema de paneles de hormigón y acero, todo -¡pa´su escopeta-! fundido allá arriba, en las alturas. En la parte izquierda de la foto se distingue una de esas torres en fase constructiva, con su cúpula todavía por terminar. 
Y aquí viene mi anécdota. Durante el levantamiento de una de ellas, por los años 70 del siglo pasado, la brigada especializada a cargo de su ejecución pasó un susto de anjá. Resulta que una mañana sus integrantes se encontraban en pleno ajetreo, a unos 50 metros de altitud, cuando de pronto -¡zaz!- una ráfaga de viento estuvo a punto de echar abajo el andamio sobre el cual trabajaban. Afortunadamente para ellos, consiguieron aferrarse como pudieron a las estructuras terminadas y no hubo que lamentar víctimas. Dicen que ese día interrumpieron la jornada laboral, bajaron a toda prisa por un cable y, para brindar en grande por su buena suerte, por poco se beben todo el ron del bar de los Folgueiras, que expendía a la sazón donde está hoy el restaurante Argelia.

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viernes, 30 de noviembre de 2012

Un dibujo de mis hijas

Un amigo tunero radicado en España -Juan Carlos Cuba Marchán-, me obsequió ayer algo que, por su naturaleza emotiva, le agradezco desde el fondo mismo de mi corazón. Se trata de este dibujo realizado por él a partir de una fotografía de mis hijas tirada por mí, y que hice pública aquí mismo, en mi muro. Para mi beneplácito, numerosos amigos la comentaron entonces en términos sumamente gratos. Esta réplica artística -evidentemente distinta en cuanto a técnica y textura- la vieron mis chicas en la pantalla de la computadora tan pronto regresaron de la escuela. Se pusieron contentísimas con verse en esa dimensión, para ellas inédita. «Es una obra de arte», dijo la esnobista Sofía (izquierda), sin quitarle la vista. «Me parece algo muy lindo», dijo la pragmática Beatriz, con la certeza dibujada en el rostro. Creo que son los mejores elogios para mi apreciado tocayo allá en la península. Él prometió remitirme, tan pronto le sea posible, una copia del dibujo en formato de papel. Y yo le aseguré que, si se hace efectivo el envío, la colgaré dentro de un cuadro en la parte más visible de la sala, para que los visitantes la celebren y admiren. ¿Qué les parece el trabajo de mi coprovinciano, a todas luces un artista de excelencia?

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domingo, 11 de noviembre de 2012

Querida Guatemala...

Foto: GUATEMALA DE MI CORAZÓN

Por Juan Morales Aguero 

El terremoto que acaba de vestir de luto a la hermana República de Guatemala estremeció también las fibras más íntimas de mi sensibilidad. La naturaleza debería ahorrarles tragedias así, tan despiadadas, a naciones como esta, pobres y desvalidas. 
En el año 2002 recorrí en menesteres periodísticos más de una decena de departamentos de ese bellísimo país. Caminé cientos de kilómetros a través de su geografía, tanto por angostos senderos mayas como por entre la cordillera de los Cuchumatanes. 
Con los pelos de punta, rodé en pickoup, motocicletas y automóviles por terracerías de una sola senda, escamoteadas a la montaña al borde mismo de los precipicios. Quedé fascinado por la hospitalidad de su gente y la exuberancia de su entorno.
El chapín -como le dicen a los guatemaltecos- lleva su estirpe indígena rotulada en el semblante. Compartí con muchos, muchísimos de ellos, en aldeas de Alta Verapaz como La Tinta, Xenahú, Tucurú, Telemán, Panzós, Fray Bartolomé... 
En Huehuetenango comí tortillas de maíz en Nentón, Jacaltenango, San Pedro Nexta, San Juan Ixcoy, Barilla...; en los Petenes me deleité con la hermosura de Sayaxché, Flores, Tikal y Poptúm; en Quiché paseé por Joyabaj, Uspantán y la Zona Reina… 
En Nevaj anduve por Chajul, Cotzal, La Perla, Santa Delfina...; en Totonicapán caminé por San Antonio Sija, San Francisco, Momostenango... Visité, además, Quetzaltenango, Salamá, San Marcos, Chiquimula, Jalapa, Antigua, Nueva Concepción... 
En todas partes, el descendiente maya devino recurrencia, con su secular atuendo, su cocina singularísima, sus casas de tallos de maíz, su gama de dialectos, su gentileza congénita, su asombrosa educación formal, su gratitud hacia los galenos cubanos ... 
En la foto que preside esta nota aparezco junto a una familia indígena, en la aldea de Tuxhilá, en Alta Verapaz. Pasé junto a sus miembros una mañana inolvidable mientras el médico cubano Raúl Fornet -solícito- atendía dolencias y recetaba medicamentos.
No olvido en este momento de tragedia que el Himno Nacional de Guatemala -uno de los más bellos del mundo- lo escribió el cubano José Joaquín Palma. Y que nuestro José Martí dejó allí una huella intelectual y sentimental que honra a ambas naciones. 
En estos instantes de dolor generados por los estragos del sismo, mis recuerdos no se agrietan y permanecen incólumes. Estoy junto a los guatemaltecos en su dolor. Llegue hasta ese pueblo antiquísimo y sufrido no solo mi solidaridad, sino también mi amor.El terremoto que acaba de soltar sus demonios sobre la hermana República de Guatemala estremeció -también violentamente- las fibras más recónditas de mi sensibilidad. La madre naturaleza debería ahorrarles tragedias así, tan despiadadas y terribles, a naciones como esta, pobres y desvalidas.
En el año 2002 recorrí en menesteres periodísticos más de una decena de departamentos de ese bellísimo país centroamericano. Quedé fascinado por la hospitalidad de su gente y la exuberancia de su entorno color esmeralda.
Aproveché al máximo mi estancia por allá. Así, caminé kilómetros y kilómetros a través de su geografía, tanto por angostos senderos como por entre la cordillera de los Cuchumatanes. Divisé peligrosos pumas, quedé exhausto al llegar a la cima de una montaña, tomé guaro con un viejo aborígen, asistí a un rito religioso y eludí serpientes barbiamarillas.
Con los pelos de punta, rodé en motos, camionetas, camiones y automóviles por terracerías de una sola senda, escamoteadas a la montaña al borde mismo de los precipicios. Trepé a lomos de mulos hasta algunos de sus picachos más agrestes. Y hasta escalé una ladera del volcán de Agua, que duerme hoy, afortunadamente, el sueño de los justos.
Los chapines -como les dicen a los guatemaltecos- llevan su genealogía indígena rotulada en el semblante ancho, noble y cobrizo. Compartí con muchos, muchísimos de ellos, en aldeas de Alta Verapaz como La Tinta, Xenahú, Tucurú, Telemán, Panzós, Fray Bartolomé...
En el montañoso Huehuetenango comí tortillas de maíz en Nentón, Jacaltenango, San Pedro Nexta, San Juan Ixcoy, Barilla...; en los Petenes me deleité con la hermosura de Sayaxché, Flores, Tikal, Santa Elena y Poptúm; en Quiché paseé por Joyabaj, Uspantán y la Zona Reina…
Anduve por el llamado Triángulo Ixhil -formado por Chajul, Cotzal y Nevaj-. Y, en la propia zona, por La Perla, Santa Delfina, Pombalsé...; en Totonicapán caminé por San Antonio Sija, San Francisco, Momostenango... Visité Livingston, Puerto Barrios, Quetzaltenango, Salamá, San Marcos, Chiquimula, Jalapa, Antigua, Nueva Concepción...
En todas partes, el descendiente maya devino recurrencia, con su secular manera de vestir, su cocina singularísima, sus casas de tallos de maíz, su heterogénea gama de dialectos, su gentileza congénita, su pasmosa educación formal, su gratitud hacia los galenos cubanos ...
En la foto que preside esta nota aparezco junto a una familia indígena, en el pimpollo de la aldea de Tuxhilá, en Alta Verapaz. Disfruté junto a sus miembros de una mañana inolvidable mientras el médico cubano Raúl Fornet -solícito- atendía dolencias y recetaba medicamentos.
No olvido en este momento de tragedia que el Himno Nacional de Guatemala -uno de los más bellos del mundo, según encuestas- lo escribió el cubano José Joaquín Palma. Y que nuestro José Martí dejó allí una huella intelectual y sentimental que honra a ambas naciones.
En estos instantes de dolor generados por los estragos del demoledor sismo, mi corazón está al lado de los guatemaltecos. Mis recuerdos no se agrietan, permanecen incólumes.  Llegue hasta ese pueblo antiquísimo y sufrido no solo mi solidaridad, sino también mi amor.

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jueves, 4 de octubre de 2012

Las frases de mi Sofía

Tengo dos hijas que le dan sentido a mi existencia. Ustedes lo saben, porque mucho que he escrito aquí sobre ellas. La mayor se llama Sofía (siete años de edad, en la foto), y la menor, Beatriz (seis años). Son dos chicas despiertas y ocurrentes. A menudo, tanto una como otra se gastan unas frases que, vaya... ¡me dejan de una pieza!  Compartiré con ustedes algunas dichas por Sofía. En una próxima entrega irán las de Beatriz, quien también se las trae en cuanto a agudeza. Advierto que Sofía es de personalidad fantasiosa y soñadora; Betica, por su parte, es pragmática y realista. ¡Qué gran fortuna verlas tan diferentes! No existe nada más aburrido que la homogeneidad. Ahí van algunas «perlas» de mi Sofi.

1- «Papito, escucha: si los niños no deben ver telenovelas, porque, según tú, están hechas para adultos, los padres tampoco deben ver muñequitos, porque están hechos para los niños» (así me dijo cuando me sorprendió viendo animados por la tele).

2- «Papito, tengo que hablar bravamente contigo» (esa fue su expresión el día en que no fui puntual al buscarla en el círculo infantil. Estaba indignadísima e inventó ese simpático adverbio).

3- «Papito, ¿es cierto que cuando los dinosaurios existieron yo era solamente una diminuta célula?» (me quedé patitieso, jajajaja).

4- «Papito, yo tuve un noviecito de mentiritas en el círculo que se llama Christian Hernández». Yo le dije, en broma: «Sofía, pero es muy feo» Y ella, indignada: «Papito, para mí todas las personas son lindas».

5- «Papito, ¡cómo hay nubes en el cielo esta noche! Me gustaría agruparlas, convertirlas en algodón y curar con ellas todas les heridas del mundo» (me dejó sin palabras, y ella, como si acabara de decir la frase más común de su repertorio, se fue a otra parte).

6- «Papito, me gustaría saber cocinar para hacerte todos los días almuerzo y comida» (nada, sencillamente..., ¡no sé qué decir!).

7- Beatriz estaba llorando porque quería un pañito que traía Sofía. «Yo lo quiero», sollozaba Betica. Y Sofía: «Bueno, Betica, tú lo podrás querer, pero quererlo no significa que lo tendrás» (jajajajajaja).

8- «Papito, te diré algo: el refresco instantáneo es instantáneamente rico» (sencillamente genial. Y perdonen a este padre adulador).

9- «Papito, en tu librero hay un libro que se llama La paciente impaciencia. Pero a ti hay que llamarte al revés: La impaciente paciencia, porque no tienes paciencia para nada» (respuesta de Sofía ante mi impaciencia por su demora en prepararme un refresco. La paciente impaciencia es un libro del nicaraguense Tomás Borge).

10-  Una mañana, mientras la llevaba de la mano a la escuela, comencé a hacerle preguntas diversas. Sofía se cansó de responder. Y, de pronto, me dijo: «Papito, no me preguntes tanto». Y yo: «Sofi, recuerda que soy periodista, y los periodistas preguntamos mucho». Y ella: «Sí, eres periodista, lo sé, pero tú no me estás haciendo una entrevista».

11- Una noche, intencionadamente y a manera de relato aleccionador, le conté a Sofía algo desagradable que le había ocurrido a otra gente.  Me prestó mucha atención. Finalmente, dijo: «Ay, Papito, ojalá que eso no nos ocurra nunca a nosotros. Déjame tocar madera». Pero, como no había ningún objeto de madera por los alrededores, cambió de idea: «Bueno -se justificó-, no veo  nada de madera por aquí cerca. Pero yo creo que da lo mismo si toco algo de hierro». Y, ni corta ni perezosa, Sofía tocó tres veces con sus nudillos un brazo del sillón metálico en el que ambos estábamos sentados.

12- «Tía, no te pongas brava por lo que te voy a decir, pero, con ese pelo alborotado, te pareces a un científico que le ha explotado un experimento en la cara» (así le dijo a una tía que, acabada de levantar por la mañana, todavía no se había peinado).

13- Tiene muchas inquietudes idiomáticas. Una vez me preguntó: «Papito, las palabras son injustas. ¿Por qué se le dice solamente lunar, y no también solar, a esa manchita que tenemos en el cuerpo? La Luna y el Sol tienen el mismo derecho». Y en otra: «Papito, si tú me dices que te dé un abrazo, es con los brazos. Pero si te paso una pierna por encima cuando estoy durmiento, lo que te estoy dando es un apierno. ¿no te parece?»  (En ambas ocasiones le respondí: «Ahh, no Sofía, por favor, yo de eso no sé nada, no me atormentes»).

14- Una tarde se peleó conmigo porque no quise complacerle uno de sus caprichos. «¡Ya no serás más mi papito!», me hizo saber, llorosa. Al poco rato me necesitó para algo impostergable. Le hacía falta una hoja de papel y yo podía facilitársela. Pero, como me había dicho que ya yo no sería más su papito, quería dirigirse a mí de forma tal que no afectara su «dignidad». Y la encontró. Me dijo muy seria, luego de un receloso e indeciso merodeo en torno mío: «Ex-papito, ¿podrías regalarme una hoja?». Se la busqué, la tomó en sus manos y, después que me dio la espalda sin darme ni siquiera las gracias -y a hurtadillas, para que no me escuchara- por poco me muero de la risa.

15- Mientras ella veía muñequitos en el televisor de la sala, yo tecleaba la PC, ansioso por ponerle punto final a un reportaje. En eso tocaron a la puerta. Por los golpes supe que era Beatriz, quien jugaba fuera de la casa con sus amiguitas y venía en busca de algo de comer. Como la puerta me quedaba algo distante y el sillón donde se había acomodado Sofía estaba casi al lado, le pedí desde el cuarto: «Sofi, abre, que es tu hermana». Y ella, absorta y sin quitar la vista de la pantalla, me replicó, tranquilamente: «Abre tú, que es tu hija» (acabó conmigo jajajajaja...).

16-  Todas las mañanas, camino a la escuela, tomo una flor de un rosal vecino y se la regalo. Hubo una particularmente hermosa. «Mïrala bien, Sofi, qué pétalos tan parejos, qué olor tan delicado, qué color tan bonito... Solo la madre naturaleza puede crear algo así tan perfecto, ¿no te parece?». Calló un momento y luego me replicó: «Bueno, Papito, lo que dices de la flor es verdad. Pero la que no es tan perfecta es la naturaleza, porque si lo fuera  no nos hiciera sufrir con sus ciclones».

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