Estas son mis princesas SOFÍA (derecha) y BEATRIZ. Sofía es apasionada de la lectura, romántica de nacimiento, osada hasta la temeridad, admiradora de la belleza, original hasta el asombro, fértil de imaginación, defensora de la justicia, cultora de la gratitud, obsesiva de las redes sociales, amante de los detalles, conversadora infatigable, devota del buen humor, generosa con los humildes, caprichosa para comer, elegante de palabra, renuente a las chancletas, aplicada en el estudio, curiosa incorregible, ávida del saber, adoradora de la sonrisa y guardiana de la naturaleza. BEATRIZ es aficionada a las canciones, ágil en las respuestas, precavida ante lo desconocido, cumplidora de promesas, fiel con sus amigas, fanática de los teléfonos celulares, inventora de gangarrias, persistente en sus deseos, amorosa con sus muñecas, sensible ante los regaños, efusiva con sus maestras, carismática de cuna, presumida permanente, voraz de apetito, introvertida de circunstancias, cultivadora de amistades, mimosa como una gatita, callejera a cualquier hora, protestona cuando la mandan, rapidísima de sueño y cariñosa hasta lo inimaginable. SOFI nació el 10 de diciembre de 2004; BETI, el 3 de abril de 2006. Ambas son traviesas como ardillitas, desordenadas con sus pertenencias, preguntonas de lo humano y lo divino, fantasiosas por excelencia, refunfuñonas si se sienten aludidas, destructoras de lapiceros, líderes naturales, adulonas cuando les conviene, derrochadoras de hojas de papel, pícaras de personalidad, divertidas de anecdotario, fans de las tijeras, adictas a mi computadora, insaciables con el helado, inseparables en la vida, solidarias con cualquiera, conquistadoras de corazones, consumidoras de telenovelas, populares desde que vinieron al mundo, adorables de carácter, celosas con sus juguetes, idénticas y diferentes… Y-¡oh, qué maravilla!- las dos son buenísimas personas. Todo lo que hago es por su felicidad, porque prefieran lo espiritual sobre lo material y por evitar que se contaminen con malos ejemplos. ¡Dios bendiga y proteja a mis hijas!
Desde hace varios años alterno mi profesión de periodista con la de profesor universitario adjunto. La experiencia resulta muy interesante, pues cada semana me ofrece la oportunidad de probarme en el campo de la docencia superior, donde ostento la categoría de Profesor Asistente.
No es miel sobre hojuelas «dar clases», por cierto. Demanda preparación, pues a los estudiantes no se les puede pasar «gato por liebre». Quien lo pretenda se arriesga a quedarse sin respuestas ante las preguntas que ellos formulan cuando perciben improvisación en el encargado de enseñarlos.
El grupo que aparece en la foto -mi pequeña Sofía y yo también figuramos- cursa el cuarto año de la carrera de Comunicación Social. en la Universidad Vladimir I. Lenin, de Las Tunas. Se trata de muchachos y muchachas muy inteligentes y entusiastas, casi todos egresados de institutos preuniversitarios de la provincia y de las vecinas Holguín y Camagüey.
En el semestre pasado les impartí la asignatura Fundamentos del Periodismo. Se identificaron sobremanera con sus contenidos y, al finalizar el período, presentaron y discutieron trabajos de curso de elevado nivel. Conservo en mi archivo esos textos, de los cuales también aprendí. Ahora les diserto sobre una disciplina llamada Gestión de Comunicación. Tanto por una como por otra materias, todos han demostrado gran interés.
Esta foto nos la hicimos en el aula, luego de terminar una clase. No están todos, pero sí la mayoría. Galia Luz, una de mis alumnas -en quien vislumbro a una excelente periodista- se encargó de rotular los nombres: Maritza, Rolando, Zurisadais, Mailín. Juana, Rebeca, Alina, Mairelis, Ivietta, Zoila, Lisandra, Yilieski, Galia, Luz, Analie y Osvanys. Ahhh, y un presente-ausente: Álvaro, que fue quien presionó el obturador de la cámara.
Ayer, 21 de abril de 2010, se cumplieron cien años de la muerte de Mark Twain, seudónimo de Samuel Langhorne Clemens, el gran escritor norteamericano e incansable aventurero que encontró en su existencia la inspiración para animar con todo tipo de personajes sus obras literarias.
Fue durante mi adolescencia mi autor preferido. Durante aquella etapa devoré con voraz apetito cuanto libro publicaron de él en Cuba, a saber: Las aventuras de Tom Sawyer, Ensayos humorísticos, Huckleberry Finn, Narraciones, Un Yanki de Connecticut en la corte del Rey Arturo, Tom y Huc en dos novelas, El Príncipe y el Mendigo... Todavía los conservo en mis estantes.Sí,Mark Twainmarcó una época lectiva en mi generación.
Su finísimo humor y su sarcasmo inigualable quedaron reflejados en frases simpáticas e ingeniosas que han pasado a la historia. Veamos...
ALGUNAS DE SUS FRASES CÉLEBRES
-Al Paraiso lo prefiero por su temperatura y al Infierno por su compañía.
-Dejar de fumar es fácil, yo lo he hecho más de cien veces.
-No existen mujeres feas, sino bellezas raras.
-Prefiero un joven escarabajo a una vieja ave del paraíso.
-Al cumplir los 70 años me he impuesto la siguiente regla de vida: no fumar mientras duermo, no dejar de fumar mientras estoy despierto y no fumar más de un solo tabaco a la vez.
-El alcohol es malo, pero el agua es aún peor: ¡te mata si no bebes!
-Cada vez que se encuentre usted del lado de la mayoría, es tiempo de hacer una pausa y reflexionar.
-El hombre es el único animal que come sin tener hambre, bebe sin tener sed y habla sin tener nada que decir.
-Un hombre con una idea nueva es un loco hasta que la idea triunfa.
-Es mejor tener la boca cerrada y parecer estúpido que abrirla y disipar la duda.
-Cuando era más joven podía recordar todo, hubiera sucedido o no.
-Si dices la verdad, no tendrás que acordarte de nada.
-Todo hombre es como la Luna: con una cara oscura que a nadie enseña.
-Un banquero es un señor que nos presta un paraguas cuando hace sol y nos lo exige cuando empieza a llover.
-El cielo se gana por favores. Si fuera por méritos usted se quedaría afuera y su perro entraría.
-Si la verdad es nuestro más preciado tesoro, bien haremos en economizarla.
-Nunca he permitido que la escuela entorpezca mi educación.
-Fue maravilloso descubrir América, pero hubiera sido más maravilloso no encontrarla.
-El público es el único crítico cuya opinión es digna de tenerse en cuenta.
UNA ANÉCDOTA
Mark Twain visitó a su vecino para pedirle prestado un libro.
-Lo lamento -dijo el hombre-, pero no puedo prestarle ninguno. He perdido tantos libros que decidí que no salga uno más de mi casa. Sin embargo, lo invito a que venga a leerlos en mi biblioteca.
Mark Twain no dijo nada y se sentó a leer un libro.
Días después, el vecino llegó a visitar a Mark Twain para pedirle prestada su cortadora de hierba:
El escritor sonrió amablemente y le dijo:
-Perdóneme, pero he tomado la firme resolución de que ninguno de mis utensilios salga de mi propiedad. Usted puede, si lo desea, venir a servirse de cualquiera de ellos aquí en mi jardín.
OTRA ANÉCDOTA
Mark Twain era un hombre extraordinariamente despistado. En una ocasión en que viajaba en tren, el inspector se le acercó y le pidió el billete. El escritor buscó en los bolsillos, en la cartera, dentro del libro que leía, por todas partes, y nada, ¡el billete no aparecía! Entretanto el inspector lo había reconocido. Y le dijo: -Sé quién es usted, el autor de Las aventuras de Tom Sawyer. No se moleste en buscar el billete, estoy convencido de que lo extravió.
Y Mark Twainle respondió: - No es por usted por quien lo busco. Necesito encontrarlo para saber dónde me debo bajar, porque no recuerdo dónde voy.
El periodismo deportivo escrito me ha resultado siempre un sector fascinante. Y no solo desde el punto de vista informativo -obviamente, su razón de existir-, sino también por el colorido, la originalidad y el gracejo que su singularísima manera de decir puede asimilar cuando cuenta con el respaldo profesional de una pluma con talento e imaginación.
El fútbol es, quizás, entre todas las disciplinas, la que mayor creatividad genera en el momento de redactar. Lo he confirmado durante varios años en la prensa deportiva española, cuyas páginas en Internetvisito y disfruto regularmente en mi condición de seguidor del Barcelona, el multicampeón club de Cataluña, hoy en la cima de la exigente Liga ibérica.
En materia de creación de metáforas, el discurso periodístico del bien llamado «deporte de las multitudes» exhibe un variado surtido. Es difícil no esbozar una sonrisa ante algunos de sus postulados. Veamos.
-Desaparece la carroza y queda la calabaza (Así tituló el diario El Mundo Deportivo cuando el Real Madrid no pudo superar al club francés Lyon y vio frustrado su sueño de llegar a la siguiente fase de la Champions League. Es una simpática analogía que alude al cuento infantil Cenicienta).
-La Galaxia II acaba en un agujero negro (titular del diario Sport, de Barcelona, también cuando el drama madrileño ante el Lyon. La metáfora funciona, pues esta versión del club merengue, por su cantidad de estrellas, es conocido por Galaxia II. El «agujero negro» fue el equipo galo).
Los cuatro goles que Lionel Messi, el crack del Barcelona, le encajó al club inglés Arsenal en el partido de vuelta de los cuartos de finales de la Champions League, provocó una avalancha de titulares y criterios originales y simpáticos, reflejo de la calidad de este futbolista fuera de serie. Lean:
-«Messi parece un jugador de Play Station» (afirmó Arsène Wenger, director técnico del club Arsenal, comparando el desempeño del temible goleador argentino con la perfección de un ciberjuego).
-La noche del Messi-as (título del diario colombiano El Espectador, que aprovecha las posibilidades del apellido Messi para sugerir Mesías, personaje bíblico en el que se ha depositado una gran confianza).
-Im-Messionante y Sublimessi (cibertítulos de 20 Minutosy Marca, respectivamente, que, mediante la formación arbitraria de palabras, insinúan una actuación impresionante y sublime de Messi.
-Para que queremos a un Cristiano si ya tenemos a un Dios (sugerente y original titular del diario catalán As, que toma partido por Lionel Messi (Dios) en la comparación con el portugués Cristiano Ronaldo).
Los cuerpos de las informaciones suelen ser también joyas de creación léxico-semántica. En este párrafo del diario Marca, el periodista evalúa con sentido figurado el juego del Real Madrid y de sus estrellas:
«Más que un coro, sobresalen los solos de sus futbolistas. El fútbol del Madrid es comida rápida, fast food. Pero por muchas bombillas que reunió el entrenador, el Madrid siguió a oscuras, sin luz. Si acaso algún chispazo de Guti. El equipo acaba metido en un túnel a oscuras en el que sólo Cristiano parece saber dónde está el interruptor de la luz».
Este párrafo es del periódico catalán El Mundo Deportivo. Habla de Lionel Messi y de su juego: «Messi funciona como si fuera un viejo músico de jazz, siempre reconocible y, sin embargo, distinto cada noche. Improvisa sobre la misma partitura, la banda le sigue y toca con una fidelidad religiosa y la hinchada pide que no pare la música».
Y este otro de As, cuando el Chelsea inglés perdió frente al Barcelona en el estadio Camp Nou, el día 7 de marzo de 2006. Intenta demostrar metafóricamente que no es el dinero lo que hace poderoso a un equipo de fútbol. Es una indirecta a José Mourinho, por entonces técnico del club, y a Abramovich, el multimillonario ruso, dueño del equipo en el que se gastó millones para fichar estrellas. Dice la reflexión comparativa:
«Este barco construido a precio de yate de lujo por Mourinho con el dinero de Abramovich, cuando navega más allá del Canal de la Mancha no pasa de ser un petrolero. Muy grande y poderoso, pero al que nadie se subiría para ir de vacaciones».
Estos que siguen son algunos flashazos que guardo celosamente dentro de una carpeta como alhajas de creación periodística:
-El Barcelona es el equipo con más calidad por centímetro cuadrado (valoración de Marca sobre la calidad colectiva del equipo catalán).
-Condenado al exilio del banquillo (metáfora de Aspara referirse a la larga etapa de José María Gutiérrez (Guti) en el banquillo del Real Madrid).
-Un dominio sobre el terreno más estadístico que real (original manera de La Vanguardiade evaluar el juego de un equipo, más allá de las cifras).
-Se ajustó el mono de trabajo en el primer tiempo y luego se vistió de etiqueta en el segundo (evaluación del juego del Getafe por El País).
-Al Barça le costó 49 minutos abrir la caja fuerte de Sergio Kresic (esta metáfora del diario As reseña las dificultades que enfrentó el Barcelona para anotarle un gol al hermético guardameta del Numancia).
-Guardiola alumbró en su mente el método para que las piezas volvieran a engranarse sin chirriar (El Mundohabla sobre ciertos ajustes en la alineación realizados por Guardiola, el DT del Barcelona).
-Los de Rijkaard se
diluyeron por el desagüe y de allí a la alcantarilla (juicio del periódico madrileño El Mundo por el
pésimo juego desarrollado por el Barcelona frente al Real Betis).
Me admira -y me alegra- la voluntad de este periodismo por atenuar el uso de la terminología técnica del deporte
para apelar a la seducción mediante otros recursos. Eso los lectores lo agradecen. En la
medida en que quienes escriben sobre el tema se expriman las neuronas para
buscar opciones más originales y atractivas de presentar sus materiales, el
deporte consolidará su protagonismo en los medios de difusión masiva.
Hoy, 3 de abril, mi pequeña hija Beatriz cumplió cuatro añitos de vida. Quisimos obsequiarle una jornada feliz. Es, por cierto, lo que intentamos cada día. Porque, si de hacer dichosos a hijos e hijas se trata, las conmemoraciones deben parecerse a la cotidianidad. Antes de las siete de la mañana, su hermanita Sofía y yo le cantamos a dúo y a pie de lecho «Felicidades». Beticase restregó los ojos, se desperezó, nos dio las gracias y, acto seguido, dio buena cuenta de su biberón. Luego todo fue prisa, pues debíamos llegar a tiempo a un espacio citadino del que ambas son fans: el Café Fiñe, cuyo espectáculo para niños frecuenta cada sábado la grey infantil tunera. Cuando estuvieron emperifolladas y listas -incluso con sus carteras en ristre-, cogimos calle y llegamos en 15 minutos al Café... Por fortuna, nos correspondió una de las mesas de la parte delantera. Eso propició que ellas disfrutaran desde un primer plano de la actuación de los payasos que tanto les gustan. Al ratoBetica fue invitada a subir al escenario. Y allí la payasita actuante, al tanto de su festividad, hizo que el público le dedicara a viva voz un «Felicidades» tan bonito y bien entonado que mi niña hasta se emocionó. Cuando terminó la función, partimos a toda carrera para el Teatro Giñol, distante apenas una cuadra de allí. Una excelente titiritera del grupo Los Zahoríesescenificaba en su retablo El Patito Feo. Sofía y Beatriz tomaron asiento y no perdieron ni un solo detalle de la puesta en escena. La jornada les reservaba una agradable sorpresa: la fortuna las favoreció en una rifa, y regresaron a casa con un libro y una flor. En el horario de la tarde le celebramos su fiesta con amiguitos, cake, refrescos, fotografías y música. Beticase divirtió de lo lindo y ya está pensando en su quinto cumpleaños.¡Felicidades, mi niña!
A pesar de su levedad en la geografía nacional, el actualmente fuera de servicios Puerto de Manatí figuró durante varias décadas como uno de los más activos e importantes de la costa nororiental cubana. Muchos barcos mercantes de diferentes banderas lo planificaban en sus itinerarios. Y era frecuente que algunos, procedentes de la vecina Nuevitas, se arrimaran a recargar a sus espigones de madera para aprovechar las aguas profundas de su fondeadero.
Nacido en un contexto dulce –a pesar de lo salobre de su medio natural- el rubro de exportación del Puerto de Manatí tuvo siempre efluvios de azúcar. El producto se trasladaba en gruesos sacos de yute por la vía del ferrocarril, desde los almacenes del desaparecido central «Argelia Libre», hasta los costados de las naves ancladas en la rada. Las grúas y los obreros se encargaban después de acomodar la carga en las bodegas.
Entre los buques que con mayor asiduidad recostaban sus costillares al muelle del Puerto de Manatí estaban los soviéticos, a quienes los lugareños llamaban, genéricamente, rusos. Tan pronto se resolvían los trámites aduanales, sus tripulantes tiraban la escalerilla, echaban pie a tierra y recorrían el poblado. Durante el periplo, trababan amistad con la gente. Casi siempre de esa relación salía pactado un partido de fútbol.
Los portuarios le profesan enormes simpatías al más universal de los deportes. De ahí que jugar contra los rusos, más que gentileza con el visitante, deviniera motivo legítimo para auto-regalarse 90 minutos de placer. Accedían entonces a topar en aquel «terreno» de diente de perro, donde una caída –fortuita o provocada- podía remitir a la víctima directo a la enfermería. Aún no me explico cómo algunos portuarios lograban patear con fuerza los balones con sus pies completamente descalzos.
Sospecho que no existen estadísticas fiables acerca del saldo de más de 30 años de fútbol cubano-soviético en el Puerto de Manatí. Pero puedo testificar -porque fui a menudo espectador- de que la victoria sonrió tanto a unos como a otros. Los partidos, por cierto, no solían concluir de manera pacífica. Las obscenidades y las injurias -en ruso y en español- retumbaban entre los mangles cercanos. No era necesario ser experto en los idiomas de los bandos enfrentados para identificarlas. Abundaban las riñas entre los jugadores por encontronazos violentos o por decisiones parcializadas de los árbitros, que, como el lector supondrá, eran siempre locales.
Lo curioso de aquellos contactos deportivos era que, al escucharse el silbatazo final, vencedores y vencidos confraternizaban sin rencores, con independencia de moretones faciales, magulladuras epidérmicas y taquiques fracturados. Los rusos invitaban a sus anfitriones a subir a bordo para compartían juntos vodka, caviar y pan. A la tercera copa, los portuarios eran capaces de bailar una mazurca y los rusos de cantar La Guantanamera. El idioma no fue jamás obstáculo para la comunicación.
Losjuegos de fútbol entre los tripulantes de los barcos soviéticos y los vecinos del Puerto deManatí, allá por los años 70 y 80 del siglo pasado, son evidencias del nivel que alcanzaron las relaciones de amistad entre la patria de José Martí y la de Vladimir Ilich Lenin. Fueron épocas de goles y de mercurocromo que todavía hoy, al cabo del tiempo y a pesar de la geopolítica, muchos habitantes del carismático poblado recuerdan.
La humanidad progresista celebra cada 21 de marzo el Día Internacional contra el Racismo. Juzgar a las personas por el color de su piel es como calcular el valor de un libro por su portada. Cuando alguien me habla, no tengo en cuenta la raza a la que pertenece, sino los sentimientos que profesa. La práctica social más detestable que existe es el racismo.
La declaración formulada por la UNESCO en 1967 sobre racismo y prejuicios raciales contiene tres puntos fundamentales, a saber: a) Todos los hombres que viven en nuestro tiempo pertenecen a la misma especie y descienden del mismo tronco. b) La división de la especie humana en «razas» es convencional y no implica ninguna jerarquía en ningún orden. c) En el estado actual de los conocimientos biológicos, no podemos atribuir las realizaciones culturales de los pueblos a diferencias de potencial genético: éstas se explican totalmente por su historia cultural. Basta invertir estos términos para obtener una radiografía del racismo.
No existen las razas. La única que existe es la humana.
El texto siguiente es una manera de cómo deben ser tratados los racistas:
RACISMO EN LAS ALTURAS
En un avión comercial que hacía el vuelo Nueva York-París, una pasajera que viajaba en clase económica se dirige a la azafata:
-Señorita, esto es un ultraje imperdonable, ¡venga usted acá! -demanda.
-¿Cuál es el problema, señora? -pregunta la joven -. ¿En qué puedo servirla?
-¿Pero no lo ve? -responde, airada, la mujer-. Me han sentado junto a un negro. No soporto estar al lado de uno de estos seres. ¡Exijo que me den inmediatamente otro asiento o me quejaré a la Compañía en cuanto llegue!
-Por favor, cálmese -dice la azafata-. Casi todos los asientos estan ocupados. Veré si hay un lugar disponible.Enseguida le traigo la respuesta.
La azafata se aleja y vuelve de nuevo algunos minutos más tarde:
-Señora, no hay ya ningún lugar libre en la clase económica. Acabo de hablar con el comandante de la aeronave y me confirmó que no hay sitios disponibles. No obstante, tenemos un lugar en primera clase.
Antes de que la mujer pudiera decir una palabra, la azafata prosiguió:
-Es inusual en nuestro servicio permitirle a alguien que viaja en la clase económica permutar para el área de primera clase. Pero, en vistas de las circunstancias, el comandante considera que sería escandaloso obligar a una persona a permanecer sentado junto a un ser tan repugnante.
Y dirigiéndose con suma cortesía al pasajero negro, la azafata le dice:
-Si el señor lo desea, tome su equipaje de mano. Un asiento en primera clase le espera. Le desemos una feliz estancia en nuestro vuelo.
Y todos los pasajeros que asistían a la escena se levantaron y aplaudieron.
Alexis Díaz Pimienta, el conocido repentista cubano, anduvo hace pocos días de visita por Las Tunas. En la ciudad capital ofreció un espectáculo a teatro repleto. No pude llevar a mis niñas, pues coincidió en fecha con el acto provincial en conmemoración del Día de la Prensa Cubana, al que, inexcusablemente, debía asistir.
Cuando Sofía y Beatriz se enteraron, pusieron el grito en el cielo. Y me lo recriminaron. «Papito -me reprochó la primera, enojadísima-, así que el papá de Chamaquiliestuvo aquí en el Teatro Tunas y tú no nos dijiste nada. ¡Mi´jito...!» La segunda me lo censuró con las manos en la cintura:«No nos llevaste, papito», exclamó. Chamaquili-para quienes no lo saben-es el título genérico de un libro infantil que ha tenido tremendo éxito entre los chiquitines y sus familias. La Casa Editora Abril publicó ya las cinco primeras partes, con bellísimas y coloridas ilustraciones del artista Jorge Oliver Medina.
«Se trata de una serie de historias contadas en versos a partir de las conversaciones entre un adulto y su chiquilín -escribió recientemente el tabloide cultural cubano La Jiribilla-.Alexis, sencillamente, llevó a literatura escrita lo que su pequeño Alejandro le decía cuando apenas tenía un año. Son conversaciones entre Mapá o Pamá y su vástago para explicar la sencillez y lo maravilloso del mundo que nos rodea».
El acta de un reciente Jurado, que distinguió a una de las ediciones de Chamaquili con el premio La Rosa Blanca, de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), agrega que esos libros valen «por la sencillez y respeto, el tono desenfadado y el alto valor que le otorga al niño».
De tantas veces que se los hemos leído, mis niñas pueden recitar de memoria pasajes completos de estos textos fabulosos donde se habla de sentimientos, educación formal, valores, respeto a los ancianos, tolerancia, amor filial, espiritualidad, aplicación, cuidado a la naturaleza, en fin...
A pesar de mi convicción de que había obrado correctamente, experimenté una sensación de culpa por no haber llevado a mis pequeñas hijas al espectáculo. ¿Qué hacer? Se me ocurrió una idea que puse en práctica a la mañana siguiente. Tomé el teléfono y llamé a la carpeta del Hotel Las Tunas. Pregunté si Alexis Díaz Pimienta estaba hospedado allí. La respuesta fue afirmativa.
Me identifiqué como periodista y solicité que, por favor, me comunicaran con su habitación. Lo hicieron y al momento estábamos él y yo al habla. «Alexis -le dije tras el saludo-, mis hijas Sofía y Beatriz están ansiosas por conocerte. Me sacarías de un gran aprieto si les dedicas unos minutos. Vivimos cerca, así que en media hora podemos estar en el lobby».
Me respondió como solo saben hacerlo las personas sensibles. «Tráelas ahora mismo, no hay problemas», dijo. Y así fue como los tres -Sofi, Betica y yo- ganamos enseguida la calle y en un cuarto de hora estábamos frente al autor cubano más querido y admirado por los fiñes.
Después de las presentaciones de rigor -debo decir que tiempo atrás Alexis y yo habíamos intercambiado algunos mensajes vía Facebook-, me hice a un lado y me limité durante un buen rato a disfrutar del panorama. Lo primero que hizo el poeta, luego de saludar a mis hijas como a «viejas conocidas», fue regalarles un ejemplar de su última entrega, Chamaquili en La Habana. Allí mismo escribió la dedicatoria: «Para Beatriz y Sofía, mis pequeñas amigas de Las Tunas, con muchísimo cariño, esperando que sigan creciendo con Chamaquili. Un beso grande. Pimienta. 14-03-10». Se lo agradecieron como ellas saben hacerlo: con alegría.
En el ínterin, un botones del hotel les obsequió un par de globos. Entonces todos juntos nos pusimos a conversar. Sofía le declamó de un tirón uno de los poemas del primer libro de Chamaquiliy un largo fragmento de otro; Betica, para no ser menos, le recitó Palomita, uno de sus textos preferidos. Alexis las miraba entre divertido y asombrado.
Le hicieron mil preguntas, algunas difíciles de responder. Alexis capeó el temporal como pudo. Luego, sonriente, extrajo su teléfono móvil y les mostró en la diminuta pantalla fotos del Chamaquili de verdad, su hijo, fuente de inspiración de sus obras.
No satisfecho con eso, y ante el visible entusiasmo de mis niñas por las imágenes, se excusó un momento, subió a su habitación y regresó con una laptop, desde cuyo monitor ellas disfrutaron de varios videos donde padre e hijo aparecen rapeando alegremente algunos de los poemas más populares de los libros.
Todos disfrutamos del inusual encuentro una barbaridad y hasta pude hacer varias fotos, tres de las cuales inserto en este texto. El tiempo, sin embargo, transcurrió a toda máquina. Y, como yo estaba al tanto de que el poeta debía partir al mediodía para la ciudad de Puerto Padre, donde ofrecería el último de sus recitales tuneros, propuse la despedida.
«Tienes unas hijas maravillosas», me dijo el célebre padre de Chamaquilicuando, ya en retirada, nos estrechamos las diestras. Miré en dirección a las niñas y las vi. Corrían, muertas de la risa, por los pasillos del hotel, detrás de sus globos de colores. Y me dije que, en efecto, Sofía y Beatriz son un par de chicas maravillosas. Reconozco que esta certeza puede ser tildada de nepotista, porque proviene de alguien muy cercano a ellas. Pero, aunque lo fuera ¿excusarían ustedes a este padre orgulloso de sus hijas?
Si yo hubiera clasificado a Luis Faura, técnico de luces del canal local Tunas Visión, entre las personas aficionadas a las tomaduras de pelo, doy mi palabra que no le habría hecho el menor caso aquel mediodía cuando me propuso: «Oye, Juan, si vienes conmigo hasta una casa del reparto Buena Vista, verás algo que tal vez te interese: ¡un sinsonte que tararea el Himno Nacional!»
Por un momento puse en cuarentena su proverbial seriedad: «Faura, yo a ti te respeto. Afloja, compadre. Lo que dices no se lo traga ni el Bobo de la Yuca», protesté. Abrió los brazos y se encogió de hombros. «Bueno, yo cumplo con decírtelo, así que lo tomas o lo dejas», arguyó. Iba a marcharse, pero lo atajé El asunto era demasiado tentador. Así que le concedí el beneficio de la duda. Acepté ir y al rato estábamos en camino.
En cuestión de cinco minutos-motor echamos pie a tierra frente a la vivienda de su historia. Faura caminó como Pedro por su casa hasta el fondo por un pasillo lateral «¡Anaaaa!», llamó en alta voz. Y entonces vino hacia nosotros Ana Cruz Tejeda, maestra primaria con 31 años en las aulas, a cuya vocación por la enseñanza atribuyo el que haya consumado una de las proezas más insólitas que espero ver en el resto de mi vida.
BIOGRAFÍA DE UN SINSONTE
Todo comenzó la tarde de domingo en que unos mataperros tumbaron de una pedrada de lo alto de un árbol un nido de sinsontes con dos pichones dentro. Rolandito –nieto adolescente de Ana- acertó a pasar por el lugar de la fechoría y los bribones se los regalaron. Una de las infortunadas avecillas murió al poco rato. La otra, con una pata fracturada, sobrevivió. El niño, compadecido, se la llevó a su abuela. Y ella la curó.
-Le pusimos por nombre Tatico –comenta Ana mientras le ofrece al inquieto pajarillo unas migajas de pan-. Hace ya más de un año que está con nosotros. Después que sanó de su pata quebrada padeció de falta de aire. Se lo llevamos a una veterinaria. Ella le recetó unas dosis de Tetraciclinay asunto concluido. Es macho, porque dicen que las hembras no trinan. Y este lo que más hace es trinar. Bueno, usted lo está oyendo…
Tritri, trititi, trititi… En efecto, entre bocado y bocado, el sinsonte deja oír su polifónico gorjeo. Trititi, tirtiti… Pongo atención, pero no logro identificar ni la «letra« ni la «música». Ana sale en su defensa: «Es que está «ensayando», dice. Defraudado, iba a proponerle a Faura regresar a casa, cuando lo escuché. «No es posible», musité. Pero sí: era el pájaro que tarareaba, en vivo y en directo, la primera estrofa del Himno Nacional.
AVE CANTADORA VALE POR DOS
-Fui yo quien lo enseñó a «cantar» -asegura la maestra con el orgullo solfeándole en el rostro-. Mi método es sencillísimo: me coloco delante de su jaula y le silbo cien, mil veces la música hasta que se la aprende. de tanto repetírsela Pero no crea que eso ocurre enseguida. Se requiere paciencia, y, así y todo, puede demorar semanas. Al final es capaz de silbar conmigo a dúo la canción aprendida. No, no se ría. Tatico es muy aplicado.
Mientras conversamos, el sinsonte se desgañita dentro de la jaula. Perdido el miedo escénico de los minutos iniciales, ahora no tiene para cuándo acabar y nos suelta un popurrí de autoría desconocida. Trina y trina sin indicios de fatiga, hasta que su dueña, compadecida, le abre la puerta de la «celda» para que salga y estire un rato las piernas –las patas- por los alrededores.
-Un día trajeron un sinsonte de otro barrio para que compitiera con él –recuerda Ana-. Aseguraban que se sabía más canciones y trinaba mejor que el mío. Su propietario propuso celebrar con los dos un Todo el Mundo Canta. Acepté y… ¡Tatico ganó! El retador era «buche y pluma na´má», como dice la canción. ¡Si hubiéramos podido grabar aquello!
Pero Tatico no solo tararea el Himno Nacional. En su amplio repertorio figuran, además, estrofas del Himno del 24 de Febrero, que, según testifica Ana, es una de sus piezas favoritas. Por si no fuera suficiente, «interpreta» el danzón El golpe de bibijagua y el pregón El Manisero. Ahora Ana intenta que incorpore a su prontuario la célebre Felicidades…, para que se la entone a los parientes y amigos cuando cumplan años.
-Es un gran imitador de sonidos –acota la mujer-. Puede chiflar tan bien como el mejor. Una mañana casi vuelve loco a un panadero que pasó frente a la casa. Silbó y el hombre creyó que lo llamaban. Pero no sabía de dónde. Hasta que localizó al sinsonte. ¡Por poco se muere de la risa! Ahhh, y otra cosa, ¡no hay muchacha bonita a la que no le silbe un piropo!
La dueña añade que el ave no es melindrosa con la comida, y se zampa de un tirón su papa a base de harina y pienso. También, ocasionalmente, le sirven masa de pan untada con miel de Castilla. Pero su «plato» preferido es una fruta de monte llamada pimpinillo que tiene unas semillitas rojas dentro. Los vecinos se la traen. Y Tatico se da unos atracones…
LA segunda edición de mi libro POSTALES TUNERASrecién acaba de presentarse en la Feria Internacional del Libro de Las Tunas. Las circunstancias en que se produjo no pudieron ser mejores: contó con la asistencia y participación de Reynaldo González, flamante Premio Nacional de Literatura 2010, miembro de la Academia Cubana de la Lengua, personalidad relevante de nuestra cultura y autor de títulos tan conocidos como Las fiesta de los tiburones y Al cielo sometidos, entre otros muchos.
Como mismo ocurrió en la primera edición (2005), de nuevo la presentación del POSTALES...estuvo a cargo del MSc. Víctor Manuel Marrero Zaldívar, Historiador de la Ciudad, quien enfatizó en los temas -viejos y nuevos-que aborda el texto de la Editorial Sanlope y en su nexo con la historia local, esa que a veces se relega y desconoce, abrumada por la que acopian en sus páginas los manuales académicos. «La historia "chica" es tan importante como la "grande", porque la colorea y ameniza», dijo.
La Casa de la Prensa tunera -recurrente mecenas de este tipo de actos culturales- acogió con inusitado beneplácito a los numerosos invitados, quienes, al concluir la presentación, adquirieron ejemplares firmados.
En la foto superior izquierda aparece el autor mientras lee un fragmento del libro. Al centro, figuran el propio autor junto a Reynaldo González. Y a la derecha, Reynaldo hojea un ejemplar de POSTALES...Debajo, a la izquierda, el autor junto a Víctor M. Marrero, Historiador de la Ciudad.
El libro tuvo dos presentaciones previas en el contexto de la propia Feria. La primera, realizada también por Víctor Marrero, fue en el Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas (IPVCE) «Luis Urquiza», donde tomó parte el doctor Jorge Ibarra, Premio Nacional de Ciencias Sociales; y la segunda, en la Escuela Provincial del Partido, con presentación a la cuenta de Lucy Araújo, laureada narradora y miembro de la Unión de Escritories y Artistas de Cuba (UNEAC).
Esta segunda edición de POSTALES... es una suerte de continuidad de la primera porque, como aquella, aborda el costumbrismo tunero. Sin embargo, es diferente, no solo porque algunos de sus textos son inéditos en este formato, sino porque están escritos desde perspectivas periodísticas que tuvieron en cuenta al lector. Así, las POSTALES… de ahora son como las anteriores, pero con matices y singularidades propias.
En el libro conviven la crónica costumbrista, el reportaje curioso y la entrevista de personalidad. Entre sus actores protagónicos figuran macheteras, deambulantes, limpiabotas y cardiópatas; además, gallinas, ceibas, molinos y granizos. Es una compilación homogéneamente heterogénea. El lector dirá al final si valió la pena semejante mixtura.
Se llamaba Francisca Agüero Mayo. Pero eso casi nadie lo sabía. Para sus vecinos, familiares y amigos ella fue siempre, sencillamente, Paquita. Nació el 28 de agosto de 1926 en el tunero barrio de El Oriente. Sin embargo, casi toda su existencia transcurrió en Manatí, a donde fue a residir cuando se casó con mi padre el 4 de diciembre de 1954. Nieta del coronel mambí Calixto Agüero y Agüero, en su personalidad convivieron el carácter y la ternura. Se pasó toda la vida haciendo el bien a los demás y sacrificándose por su familia. Hipertensa crónica con récord personal de presión máxima de 280 mmHg, murió de un colosal infarto cardíaco el 14 de julio de 1996. Cuando desapareció ya nada volvió a ser igual. Incluso las orquídeas del patio que ella cultivaba con devoción de jardinera marchitaron sus pétalos. Aunque nunca se lo dije -me remuerde a veces no haberlo hecho alguna vez- a mi madre le debo todo lo bueno que me ha ocurrido, que no ha sido poco. Jamás querré con similar intensidad. Nunca se borrarán de mi memoria su alma generosa y su rostro venerable. El almanaque no tiene un día -¡un solo día!- en que yo no la recuerde.
MI PADRE INOLVIDABLE
Hoy, 27 de mayo de 2019, mi padre cumpliría 100 años de noble y limpia existencia. Pero la vida, o el destino, o la Providencia, o Dios, o quien haya sido, no se lo permitió, y solo pudo celebrar 62. Fueron suficientes para dejar en mi corazón y en mi memoria una huella entrañable, profunda y eterna. Los buenos padres suelen ser así, inmortales. No, definitivamente, padre no es cualquiera. Papi nació en un asentamiento rural llamado San Isidro, próximo al poblado de Gaspar, en la provincia de Ciego de Ávila. Sus padres lo bautizaron con el nada convencional nombre de Juan Evangelio, que luego él y mi madre me endilgaron cuando me trajeron al mundo. A Manatí arribó en 1945, de la mano de un amigo instalado previamente en la localidad. Tan pronto desempacó, formó parte de la Guardia Jurada, un cuerpo encargado de la tranquilidad ciudadana y de la protección del antiguo ingenio azucarero. Después de 1959, la Empresa Eléctrica le encargó la tarea de leer todos los metros contadores del municipio y después cobrarles a sus propietarios las correspondientes facturas. Para esa fatigosa dualidad recorría cada mes varios kilómetros, enhorquetado en su bicicleta rusa, a la que le sonaban todos los tornillos, pero que nunca lo dejó botado en el camino. Cierro los ojos y me parece verlo tocado con su sombrero de yarey (tejido expresamente para él por un haitiano amigo) y con sus espejuelos en trances de equilibristas sobre la punta de la nariz, mientras escribía números en un libraco repleto de tarjetas con los nombres de los clientes. En casi todas las casas a donde llegaba le brindaban café, chucherías o echaba un parrafito sobre cualquier asunto. Madrugador incorregible, sobre las seis de la mañana ya estaba en pie, listo para hacer la primera colada del día al socaire de los poetas repentistas -una de sus grandes aficiones-, a quienes escuchaba en un radio VEF que le regalamos un día de su cumpleaños en reemplazo de aquel vetusto RCA Víctor de madera y válvulas. Tampoco se perdía Alegrías de Sobremesa, y se divertía de lo lindo con las ocurrencias de la mulata Estelvina y de Paco Carrasquillo. Mucho menos dejaba de ver San Nicolás del Peladero, con su admirado alcalde Plutarco Tuero, en aquel estresante televisor blanco y negro, marca Westinghouse, siempre lleno de lloviznas y de interrupciones. Lo evoco también haciendo puré de tomate en un equipo que él mismo se inventó, capaz de simplificar enormemente la tarea. O sembrando hortalizas en una pequeña parcela que teniamos al fondo de la casa. Mi padre fue un hombre de un carácter sumamente alegre, siempre con una jarana a flor de labios y gran amigo de los niños. «Morales, los niños no te respetan porque juegas demasiado con ellos», lo recriminaba mi madre cuando lo veía darle un pellizco a uno o esconderle la pelota a otro. Con mi mamá formó una pareja memorable. Por lo menos en mi presencia, nunca los escuché discutir por ningún motivo. Tenía con ella detalles bonitos, aunque también la hacía rabiar cuando le preguntaba la edad delante de terceros, a sabiendas de que -como muchas mujeres- le tenía aversión a ese tema. Mis relaciones con él siempre fueron de excelencia. Muchos consejos me dio y pocos escuché. Cuando uno es joven, siempre que sucede igual pasa lo mismo. Hoy diera la vida por una sola de sus recomendaciones. A pesar de los años transcurridos, aún me remuerde la conciencia por las veces en que le «robé» menuditos de sus bolsillos mientras él echaba un pestañazo al mediodía. Por entonces, con una peseta se le podían comprar dos barquillas de helado casero al que los vendía por las calles con su nevera montada sobre un carretón. No obstante, me consuela pensar que papi se percataba de mis escamoteos y que se hacía el dormido para no interrumpirlos. En mis tiempos de estudiante becado, no solo estaba al tanto de mi situación disciplinaria y académica, sino que, incluso, aceptó ser el presidente del Consejo de Padres cuando cursé estudios de Educación Física y Deportes en el Fajardo. Eran tiempos de limitaciones –cualquier parecido con la realidad actual no es pura coincidencia-, por lo cual llegué a usar, ocasionalmente, parte de su humilde ropero, en especial unos horribles pantalones de gabardina que alguna vez formaron parte de trajes de etiqueta. Hasta el momento en que enfermó, nunca le habían dolido ni los cayos. Incluso, el día anterior a su súbito malestar nos habíamos tomado unos tragos (aunque nunca fue un bebedor) en compañía de unos amigos. Tuvimos que correr con él para Tunas. «Síndrome de Guillain-Barré», diagnosticaron los médicos que lo evaluaron en el recién inaugurado hospital Ernesto Guevara. Tan rara enfermedad tiene ahora un tratamiento eficaz, pero, en aquella época, quien la padeciera tenía escasas posibilidades de salvación. Mi padre no pudo eludir la acechanza y, a los tres días de su ingreso, el 10 de septiembre de 1981, falleció.
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