lunes, 18 de octubre de 2010

El indio sin cabeza y el caballo blanco

A pesar de que ya apenas se le menciona en las tertulias de barrio, los tuneros  de más de 60 años de edad recuerdan todavía, con una pizca de respeto y otra de burla, la antigua leyenda local del indio sin cabeza y su inseparable caballo blanco. ¡Cuántas tragedias se asociaron durante décadas con aquel tenebroso jinete y su nívea cabalgadura!
La memoria popular fija la génesis del mito en 1617 y le establece nexos con un idilio amoroso entre un joven aborigen de la zona y la hija de un conquistador español. Una madrugada, este descubre el oculto romance y, en venganza por semejante «afrenta», ordena a sus sicarios decapitar cuanto antes al joven indígena. 
Los matones cumplieron la encomienda: el nativo fue pasado a cuchillo y su cabeza separada del cuerpo de un violento tajo. Sin embargo, y por razones que ni siquiera la leyenda esclarece, no pudieron presentarle a su jefe la testa del sujeto asesinado. El cadáver se esfumó como por obra de un milagro. 
Se suele contar que desde entonces se vio correr a todo galope por las sabanas de la otrora  comarca de Cueybá a un indio decapitado que clamaba justicia a lomo de un espléndido caballo blanco. Desde esa fecha, cada «aparición» del extravagante fantasma se relacionó con cuanto drama individual o colectivo aconteció en el territorio. «Yo sentí los cascos anoche y mira...», decían los trasnochados ante cualquier tragedia. 
Una de ellas fue el dramático accidente ferroviario que vistió de luto a la ciudad de Victoria de Las Tunas en 1945, con saldo de 25 personas fallecidas y numerosas lesionadas. Otra, la célebre granizada de 1963 y su secuela de casas destruidas y postes derribados. En ambas, muchos lugareños «aseguraron» haber sentido vagar por las calles la víspera al siniestro indio sin cabeza y a su no menos lúgubre caballo blanco. 
Todo se lo achacaban: un crimen pasional... ¡el indio y el caballo blanco! Una riña tumultuaria... ¡el indio y caballo blanco! Un choque entre automóviles... ¡el indio y el caballo blanco! Cualquier sonido de cascos nocturnos desbocaba el pánico. Se decía que quien viera aquella suerte de centauro tenía los días contados. De ahí el «me lo dijeron, yo no lo vi». 
Con el tiempo, la leyenda fue perdiendo terreno hasta quedar sepultada en el olvido. Las nuevas generaciones jamás han escuchado hablar de ella. Hoy solo forma parte del folclor local y de la inspiración de sus artistas. Lo confirma la obra en metal que engalanó hasta hace poco un ángulo del Hotel Las Tunas, y que lleva la firma del escultor Rogelio Ricardo.
El nivel cultural alcanzado por los cubanos hizo posible que creencias como la del indio sin cabeza y su blanca cabalgadura ya no atemoricen a nadie por acá. Un poeta  tunero, permeado del significado de la leyenda, la interpretó y se inspiró en ella de esta lírica y hermosa manera: / Y así la imaginación / es fuente de poesía / en esa superstición. / Belleza en la fantasía / belleza en la realidad... / si es ficción o si es verdad / ¿nos importa todavía? /

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viernes, 8 de octubre de 2010

Mosaico tunero

 PRIMERA REINA DEL CARNAVAL
A pesar de que las fiestas populares tienen antiquísima data en el territorio de Las Tunas -las antiguas verbenas lo confirman-, lo que hoy conocemos por carnavales comenzaron a celebrarse por estos predios en 1952. La primera tunera es ser proclamada Reina del Carnaval fue Bertha Maestre de la Cruz (Berthica), por entonces una agraciada joven de 25 años, profesora de guitarra, piano y mecanografía por más señas. Pero el hecho, al contrario de lo que muchas personas creen, no se produjo en 1952, sino en 1954. Según Berthica, quien reside todavía en la casona familiar donde nació hace 80 primaveras, la citada elección no le decidió un jurado, sino el voto popular, a partir de las propuestas de candidatas de las diferentes sociedades de la localidad. Ella ganó por amplia mayoría. Cuando aquello se elegían una Reina del Carnaval y cuatro Damas. En la foto aparece Polito Chacón, alcalde de la ciudad por sustitución (estaba ausente Ernesto Payés, el titular), colocándole a Berthica la corona de Reina del Carnaval. La imagen fue tomada en el escenario de la coronación, situado por la zona de la cafetería Reymar, donde  funcionaba un establecimiento regenteado por chinos. Luego la carroza, con sus inquilinas a bordo, realizó un paseo de ida y regreso por toda la Avenida Vicente García. 

LA  TERMINAL  DE  TRENES
La terminal de ferrocarril de la ciudad  cubana de Victoria de Las Tunas no fue siempre como es ahora. El edificio central era, allá por los inicios del siglo pasado, de paredes de madera y cubierta de zinc. No fue hasta 1927 cuando se levantó de mampostería y tejas francesas, estructura que todavía conserva (foto de 1952). Cerca de allí, en su extremo oeste, existían a la sazón unos enormes corrales, donde los ganaderos de la zona concentraban sus rebaños de reses para embarcarlos luego en los trenes hacia diferentes territorios del país  donde serían vendidos. Durante muchos años los tuneros llamaron a esa parte de la ciudad El Paradero. La historia del camino de hierro en esta comarca tuvo su momento fundacional en 1901, cuando terminó de construirse la línea que daría paso al ferrocarril central. El rico terrateniente Don Claudio Aguilar compró en mil pesos la franja de terreno por donde tomaría la ruta. Aproximadamente un año después, al anochecer del 15 de noviembre de 1902, partió de la estación habanera de Villa Nueva con destino a Santiago de Cuba el primer tren comercial que cubrió ese itinerario. Casi 24 horas más tarde, los tuneros lo pudieron contemplar con sus propios ojos. Sin dudas, fue todo un suceso para la época.

MONUMENTO A VICENTE GARCÍA
Según los libros de actas del Ayuntamiento de Victoria de Las Tunas, la historia de la estatua de mármol de Carrara que honra al Mayor General Vicente García en el parque que lleva su nombre comienza el 6 de abril de 1911, cuando el concejal Gaspar Cruz solicita a sus colegas brindarle todo el apoyo posible a una comisión encargada de recudar fondos para  materializar la iniciativa. En la reunión, además, se acuerda enrolar en la financiación a todos los ayuntamientos cubanos, por lo cual se les cursa una petición para que contribuyan con pequeñas cantidades de dinero. Finalmente, la estatua fue inaugurada el 10 de octubre de 1915 con un acto  donde usó de la palabra el doctor Alfredo Zayas, quien años después sería Presidente de la República. El costo de las actividades ascendió a 285 pesos. La foto que acompaña esta nota data de esa fecha, y en ella se aprecia -aunque no con la suficiente claridad- la escultura de marras con una tela por encima, indicio de que aún no había sido develada. El 25 de agosto del propio 1915, antes de su inauguración, el Ayuntamiento decidió que la estatua que inmortaliza al León de Santa Rita se situara de modo que su frente diera a la calle Vicente García, con la iglesia de perfil.

ACCIDENTE FERROVIARIO 1945
El 14 de julio de 1945, pasado el mediodía,  la ciudad  cubana de Victoria de las Tunas fue sacudida por una terrible noticia: un tren de pasajeros, procedente de La Habana y con destino a Santiago de Cuba, se accidentó en las proximidades del aserrío Hermanos Lima, a menos de un kilómetro de la estación ferroviaria local, con dramático saldo de 28 muertos y 25 heridos. Según atestiguan los periódicos de la época, las causas del siniestro estuvieron relacionadas con el descarrilamiento de la locomotora de vapor  y su posterior impacto contra un chucho ferroviario. Ambas contingencias provocaron un verdadero caos entre los coches de pasajeros y de carga, que, al colisionar violentamente entre sí, terminaron convertidos en amasijos de hierro. Hubo que recurrir a los métodos más inverosímiles para poder sacar a los sobrevivientes de su interior. El pueblo tunero, avisado por las sirenas de alarma, acudió al lugar de la tragedia para cooperar en todo lo que fuera posible. La historia de Las Tunas no recoge en sus anales un accidente de tan dramáticas consecuencias.

LA COMADRONA DE LA CIUDAD 
Entre las mujeres que dejaron una impronta eterna e inolvidable en la ciudad de Victoria de las Tunas figura Umbelina Fontaine, una comadrona que, durante más de 40 años, ayudó a venir al mundo a cientos de niños tuneros. No pocas personalidades del territorio fueron recibidas al nacer por las manos venerables de aquella morena humilde, sobrina de Eduardo Vidal Fontaine (Lalo), comandante del Ejército Libertador y primer alcalde la Victoria de las Tunas. Por su pericia como partera, a Umbelina la buscaban desde cualquier parte y a cualquier hora en los más disímiles medios de transporte: a caballo, en carretones, en bicicletas, a pie... La gente daba por hecho que ella, persona noble y humanitaria, jamás diría que no. A pesar de ser una comadrona empírica, trabajó siempre con una mesa obstétrica portátil y con instrumental esterilizado. Nunca lamentó la muerte de un vejigo. Se jubiló después del triunfo de la Revolución, luego de haber trabajado en varias clínicas de la ciudad., como la del doctor Plasencia. Umbelina falleció hace algunos años en su entrañable Cantarrana, el barrio donde vivió buena parte de su vida, rodeada del cariño de amigos, familiares y vecinos.

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domingo, 3 de octubre de 2010

Collage de Puerto Padre

MELLIZOS INOLVIDABLES
Jacobo e Isaac fueron unos mellizos muy populares y queridos en Puerto Padre, la bella y culta ciudad de la costa norte de Las Tunas, Cuba. Ambos tenían retraso mental y eran tan idénticos que cierta vez, cuando uno de ellos estuvo encerrado en un calabozo por cometer no sé qué travesura carente de connotación, su hermano lo reemplazaba todos los días en el horario de las visitas para que el recluido saliera un rato a estirar las piernas y a respirar aire fresco por las inmediaciones. Fueron descubiertos por el oficial de guardia, y, para acabar definitivamente el juego, el jefe de la Policía Municipal mandó a pelar al rape al cautivo y así diferenciarlo del otro. Según Ernesto Carralero, historiador de la Villa Azul de Cuba, ambos eran hijos primogénitos de los emigrantes jamaicanos Teofilo Farista Forester e Isabel Campbell y solían merodear desde bien temprano en la mañana por el parquecito de la iglesia y por las cafeterías del centro de la ciudad. Se ganaban el pan diario haciendo mandados, limpiando patios y en otros menesteres similares. Negros retintos, frecuentemente eran objetos de burlas racistas. Como cuando los treparon sobre el capó de un carro y los llevaron encadenados y en taparrabos a unos carnavales en la vecina ciudad de Holguín para que la gente de allí se divirtiera en grande y los humillara a su antojo. Jacobo murió de insuficiencia cardíaca en Puerto Padre el 21 de diciembre de 1975; Isaac, de diabetes mellitus el 3 de abril de 1976 en la propia ciudad. En el estudio fotográfico Casals, de la propia ciudad de Puerto Padre, los invitaron una vez y les hicieron esta singular foto.

ORQUESTA «LOS PERVERSOS» 
La ciudad de Puerto Padre vio nacer en 1929 un septeto musical llamado «Los muchachos de Pablo León» que, según los investigadores del tema, surgió con intenciones comerciales para fomentar el baile en parejas. El «piquete», cuyo nombre fue una muestra de gratitud al hacendado local que patrocinó su integración, pasó a llamarse «Los Perversos» en 1933. Acerca del origen de tan extraña denominación existe más de una versión. La más aceptada se refiere a una caminata que tuvieron que hacer sus músicos -con sus instrumentos al hombro- cuando el transporte en el que viajaban se averió cerca del poblado de Maniabón. «Somos unos perversos», dicen que se lamentó uno de ellos, exhausto por el esfuerzo. El nombre se mantuvo inalterable cuando, en 1939, el insigne maestro Luis Ignacio Díaz fundó la orquesta que hizo época por la profesionalidad de sus miembros y la variedad de su repertorio. «Los Perversos» se hicieron populares en buena parte de la antigua provincia de Oriente. Se desplazaban de una ciudad a otra a bordo de un pisicorre (foto). A inicios de los años 60 de la pasada centuria la agrupación fue rebautizada con el nombre de «Embajadores del Ritmo». De su nómina formaron parte en diferentes etapas, entre otros excelentes músicos locales, el director, compositor y arreglista Emiliano Salvador (padre), el guitarrista Gerardo Corredera y el prestigioso trombonista Juan Pablo Torres.

LA ESTATUA DE MÁXIMO GÓMEZ 
La estatua de Máximo Gómez en Puerto Padre, emplazada en la intersección de la Avenida Libertad con la calle Simón Bolívar, fue inaugurada el 25 de diciembre de 1959 y lleva la rúbrica autoral del escultor santiaguero Mario Perdiguero. Se concibió a instancias de Santiago Marrero Giraldo, un mambí que fue escolta del dominicano ilustre en 1895 y que aportó fondos de su propia pensión como veterano del Ejército Libertador para su ejecución. El pueblo portopadrense contribuyó también con muchos donativos, tanto en bronce para fundirla como en dinero contante y sonante. La estatua (foto) tomó forma en los talleres del Ministerio de Obras Públicas, en La Habana. Presenta al Generalísimo de pie y leyendo un libro. A su derecha, apoyado en un tronco, aparece su machete de combate. La obra se yergue sobre un pedestal enchapado en mármol, en cuyos lados y frente hay inscripciones dirigidas a los cubanos para su vida en libertad. La construcción y ubicación de la estatua se prolongó por una década. Fue derribada por las ráfagas del huracán Ike, en el mes de septiembre de 2008. Inmediatamente se le restituyó a su emplazamiento original.

EL BOMBÍN DE BARRETO 
 El puertopadrense Enrique Peña (1881-1924) tiene bien ganado un sitio relevante en el pentagrama de la música cubana. Nació en la calle Rabí, esquina a Jicarita (hoy calle Donato Mármol), en la bien llamada Villa Azul de Cuba. Era un niño todavía cuando se alzó en la manigua en 1895 como corneta a las órdenes del Mayor General Calixto García, uno de los oficiales emblemáticos del Ejército Libertador. En 1902, ya licenciado como insurrecto, se estableció en La Habana, donde fundó -junto con otros destacados músicos- una orquesta típica (foto) que alcanzó extraordinaria popularidad entre los amantes del danzón, el baile nacional de Cuba y con la cual grabó varias placas para el sello discográfico Columbia. Enrique Peña fue un artífice del cornetín y el clarinete, además de un excelente compositor. En 1910 visitó con su orquesta su ciudad natal, Puerto Padre. Antes de la primera presentación pública, los músicos de la orquesta decidieron tomarse una jornada de asueto y marcharon de romería por la zona costera de La Morena. Antes de emprender el corto viaje, casi todos compraron sombreros para protegerse del sol. Todos menos el violinista Julián Barreto, quien, al no encontrar ninguno a su medida, tuvo que recurrir a su bombín de etiqueta. Allí mismo nació, compuesto por el clarinetista José Urfé, el famoso danzón El bombín de Barreto, que transformó y fijó la estructura del género y le ha dado la vuelta al mundo.

MONUMENTO A LA LIBERTAD 
El 16 de octubre de 1904, la bella ciudad de Puerto Padre fue la primera en toda la antigua provincia cubana de  Oriente en erigir una escultura en homenaje a la emancipación de Cuba: la Estatua de la Libertad, ubicada en el Parque de la Independencia, casi a la orilla del mar, donde comienza el paseo. La obra fue esculpida en mármol blanco de Carrara y su autoría corresponde al artista cubano José Villalta Saavedra, quien, a petición del Ayuntamiento local y financiado con el presupuesto de la propia institución gubernamental, viajó a Italia para materializar allí el proyecto patriótico-artístico. La estatua -de unos seis metros de alto a partir del suelo- tiene una base octagonal de mampostería de 85 centímetros de alto y siete metros de diámetro que sostiene un pedestal en forma de cubo de 2,60 metros de alto por 1,37 de ancho. Representa la figura de una mujer de pie -alegoría de la libertad- envuelta en un manto blanco y tocada con un gorro frigio. Su brazo derecho descansa sobre un escudo oval y el izquierdo se levanta con una rama de laurel en la mano., representativa de la gloria.Al frente del pedestal se encuentra el texto siguiente: «Mayo 20 de 1902. El pueblo de Puerto Padre erigió este monumento en conmemoración del advenimiento de la República y para glorificar la memoria de los mártires de la redención cubana». El acto inaugural fue presidido por el alcalde municipal, Enrique Rosende Parodi.

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jueves, 9 de septiembre de 2010

Dulce historia

En 1911, un joven arquitecto español nombrado Eduardo Diez de Ulzurrún, Marqués de San Miguel de Aguayo, desembarcó por la zona de Sabanalamar, un playazo de la bahía de Manatí, en la actual provincia  cubana de Las Tunas. Venía con el propósito de comprar a bajo precio las mejores tierras de la región para construir en el menor tiempo posible un ingenio azucarero con sus correspondientes plantaciones de caña de azúcar.
Una vez inspeccionada a fondo la comarca, con el consabido asesoramiento especializado, el lugar escogido por el recién llegado fue la finca Minas Blancas. Pronto aquel paraje casi virgen comenzó a estremecerse con el ruido de las máquinas que demostaban maleza y levantaban  vigas con mano de obra no solo criolla, sino también caribeña y española.
El emprendor hombre de negocios -quien fue, por cierto, el primer administrador de la factoría- tuvo en cuenta  para su elección las excelentes características del territorio y la proximidad de una bahía de 32 pies de calado. Esto último propiciaría no solo la entrada de buques de gran porte con materiales para la construcción sino que, una vez finalizadas las obras, devendría la vía principal para comercializar el azúcar producida.
El ingenio -al que bautizaron con el nombre de Manatí, por la abundancia de ese mamífero acuático en la zona- comenzó a construirse en 1912, y tuvo su primera zafra dos años después. En  esa contienda inaugural molió 15 millones 84 mil 788 arrobas de caña y produjo 134 mil 757 sacos de azúcar de 320 libras cada uno. El rendimiento industrial fue de 11,55 toneladas del producto por cada centenar de toneladas de materia prima procesada. Por entonces, Manatí disponía de un solo tándem tipo Fulton.
El récord productivo del central azucarero -que comenzó a llamarse Argelia Libre desde el 17 de febrero de 1961 hasta su desaparición a inicios de la pasada década- se remonta al año 1952, cuando pasaron por sus basculadores 120 millones de arrobas de la dulce gramínea -por coincidencia en 120 días de zafra-, suficientes para producir un millón 43 mil 785 sacos de azúcar de 325 libras per cápita, marca jamás igualada ni mucho menos superada en ninguna otra campaña azucarera.
En la foto que ilustra esta reseña aparece un grupo de trabajadores del ingenio Manatí junto al saco número UN MILLÓN de aquella zafra. Fue paseado por todo el batey a bordo de un transporte tipo comando.

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viernes, 27 de agosto de 2010

Los barrios tuneros y sus nombres

La mayoría de los tuneros de pura cepa presume de conocer como la palma de su mano la geografía de la ciudad que cumplirá pronto 214 años de fundada. Para muchos no existe aquí vericueto ni callejuela que no sean capaces de localizar -es un decir- incluso con los ojos cerrados. Pero, ¿dirían lo mismo acerca del origen de los nombres de algunos de sus repartos y barrios?
Comenzaré con un caso simpático. Allá por los años 60 del siglo pasado comenzó a poblarse a velocidad de vértigo una barriada conocida aquí por Propulsión. Era tal la rapidez de los vecinos para construir allí sus viviendas que uno de ellos -maravillado- exclamó una mañana a viva voz: “Ñoooo, caballeros, esto va más rápido que un propulsión a chorro”. La referencia se basaba en que por entonces la Revolución defendía su cielo con ese tipo de aeronaves supersónicas. A partir de ese momento la gente comenzó a llamar al barrio así: Propulsión. Y con Propulsión se quedó.
Otro nombrecito de anjá es Cantarrana. Dicen sus pobladores más antiguos que el apelativo data de cuando se estaban edificando por la zona las casas fundacionales. Las lluvias solían anegar los huecos de las cimentaciones, con el consabido beneplácito de las ranas, que encontraron en la contingencia un verdadero paraíso. El croar de los batracios llegó a ser tan recurrente que el sector terminó llamándose Cantarrana.
Un bloque urbano cuyo mote suele desconcertar a los visitantes es el conocido por Las 40. ¿Por qué lo identifican así? Realmente, el nombre oficial del reparto es Fernando Betancourt, en honor a un mártir local que murió en Guantánamo mientras cumplía con su deber. Surgió luego del paso por aquí del ciclón Flora, en 1963, cuando construyeron en la zona 40 viviendas para los damnificados. La población se dio entonces en nombrarlo Las 40. Con el tiempo el reparto desbordó sus límites para formar en su parte norte la llamada Comunidad Militar “2 de Noviembre”, a la que casi nadie conoce por esas generales, sino por Reparto Militar.
¿Y qué me dicen del conocido barrio Marabú? Otrora su gente gozó de la poca edificante fama de camorrista y conflictiva Esa imagen cambió después de 1959. Pero su nombre oficial  -reparto Santo Domingo- no ha conseguido todavía imponerse. Según los investigadores del tema, el reparto está asentado en lo que fue en otra época una finca propiedad de Rafael Suárez Cruz. A solicitud de este señor, en 1915 la demarcación resultó aprobada por el Ayuntamiento Municipal con el nombre de Santo Domingo. Como por entonces casi toda su parte norte estaba plagada de marabú, muchas personas se acostumbraron a llamarlo así, Marabú.
En la ciudad abundan también los asentamientos con denominaciones concebidas a partir de los nombres o los apellidos de sus propietarios originales. El reparto Santos, por ejemplo, se localiza en una zona que perteneció al señor José Santos Vargas, quien parceló y vendió el terreno donde más tarde se construyeron casas de viviendas. A partir de 1959, se le cambió el nombre por el de Israel Santos, un hijo del antiguo dueño caído en combate a las órdenes del Che durante la toma de Santa Clara en diciembre de 1958. Cuando se accede a este asentamiento desde la zona del ferrocarril por la avenida Camilo Cienfuegos, las primeras manzanas son conocidas con el apelativo de Bonachea, apellido de la familia que fundó allí un conocido servicentro que todavía presta servicios.
Existe otro reparto que sigue esa línea onomástica. Se trata del Aurora, cuyas áreas pertenecieron en los años 50 del siglo pasado a la señora Aurora Pérez. Se localiza con rumbo noreste, a partir del ángulo formado por las calles General Menocal y Francisco Varona. Curiosamente, el Aurora incluye a otro reparto con linaje propio. Me refiero a dos manzanas a las que la gente identifica como Reparto Médico, una pequeña comunidad residencial construida por trabajadores de la salud en los tiempos de la inauguración del hospital Guevara, en el año 1980.
Por el apellido de su antiguo dueño se conoce también el reparto Sosa, próximo a la terminal ferroviaria, que se levantó inicialmente en predios de una finca propiedad de Bautista Sosa. Y a propósito, durante la última etapa de la lucha revolucionaria cayó en combate Carlos Sosa Ballester, nieto de Bautista. En su memoria una calle del reparto fue bautizada con su nombre. Al Sosa pertenece además el barrio llamado La Canoa. Sus vecinos originales dicen a quien quiera oírlos que recibió tal bautismo porque cuando llovía la zona parecía una canoa rodeada de agua por todas partes.
El reparto Pena tiene su historia. Pertenecía en un inicio a la señora Esperanza León, casada a la sazón con Generoso Pena, conocido fotógrafo de la ciudad. El reparto Velázquez, por su parte, surgió de una propiedad cuyo dueño era José Velázquez. Al aprobarse su existencia por el ayuntamiento en 1950,  cedió una manzana para construir un estadio que se llamó Estadio Municipal Velázquez. Luego del triunfo de la Revolución, en enero de 1959, adoptó el nombre de estadio Julio Antonio Mella.
Algunas personas suelen referirse a dos sectores del centro histórico de la ciudad con los nombres de reparto Primero y reparto Segundo. Pero, ¿son realmente correctas estas denominaciones? Según los investigadores, en 1951 el término municipal de Victoria de Las Tunas constaba de 16 barrios. Dos de ellos estaban asentados en su zona urbana, y eran los llamados Primero y Segundo. Solo que esta clasificación se concibió exclusivamente con fines electorales. A pesar de eso, no son pocos los que persisten en denominarlos todavía así: Primero y Segundo.
Podría hablar de otros barrios y  repartos que le ponen calor y color a la onomástica de nuestra ciudad, como son Casa Piedra, Aguilera, Buena Vista, La Loma, La Victoria, Aeropuerto, Polvacera..., pero la muestra es suficiente. Todos conforman el terruño donde vivimos, y reflejan también, como legítima patria chica, la identidad de sus hijos.

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sábado, 21 de agosto de 2010

Historias callejeras

La mayoría de los seres humanos venimos al mundo con nombres preelegidos por nuestros parientes cercanos. Luego, con mejor o peor fortuna, los llevamos a cuestas durante toda la vida. Algunos tal vez resulten fonéticamente horribles o caligráficamente complejos. Sin embargo, solo en raras ocasiones los inconformes deciden cambiárselos por otros más a tono con sus preferencias. 
No ocurre igual con las denominaciones de las calles. Una avenida pudo tener ayer una identidad, ostentar hoy otra diferente y mostrar mañana una tercera. Estos cambalaches nominales dependen de disímiles factores, entre ellos la voluntad expresa de quienes ostentan la prerrogativa de la decisión. 
Hace poco más de 150 años, la otrora Victoria de las Tunas fue declarada Ciudad por las autoridades coloniales españolas. En 1868, cuando estalló en la antigua provincia de Oriente la Guerra Grande, la villa contaba con 15 vías urbanizadas. Ninguna conserva en la actualidad su nombre original. 
La arteria tunera más populosa es la avenida Mayor General Vicente García. Su nombre original (1868) fue Isabel Segunda, reina de España entre los años 1833 y 1886. Casi 20 almanaques después, su rótulo se cambió por calle Campoamor, apellido de un célebre poeta peninsular.
Hasta inicios del siglo XX, resultó común que la gente de campo recorriera a caballo esta popular calle. Se conservan aún varias argollas empotradas en los contenes, donde sus dueños amarraban las bridas de los nobles brutos.
La calle Lucas Ortiz corre también por las proximidades del corazón de la capital tunera. Sin embargo, no fue ese su primer apelativo, sino Príncipe, vaya usted a saber en honor a qué Alteza Real de la metrópoli.
En 1869 se le comenzó a llamar Bombero, para dignificar a ese gremio. En 1884 sufrió otro cambio: Moratín, notable escritor madrileño. En 1905 los adulones le endosaron Becerra, apellido de un conquistador. Desde 1931 se le llama Lucas Ortiz, ilustre capitán del Ejército Libertador.
Un caso singular es el de la calle Colón, que también serpentea por el ecuador histórico tunero. En 1868 la bautizaron como avenida de Los Pinos, quizás por la profusión de esos árboles a lo largo de su recorrido. Lo curioso es que esta calle ostenta hoy varios nombres en su trayecto.
Se llama así, Colón, desde su origen en la zona de La Martilla hasta la calle Francisco Varona. De ahí a la calle Gonzalo de Quesada se llama Ángel Guardia, mambí caído en la toma de Las Tunas de 1897. Desde Ángel Guardia hasta el ferrocarril, es avenida Frank País. Y hasta la salida hacia Puerto Padre, todos la conocen por avenida Camilo Cienfuegos
La ciudad de Las Tunas tiene otro caso singular: una cuadra con nombres diferentes en cada acera. Está en la Placita de los Recuerdos, en el reparto México. Allí convergen en cuchilla las calles Joaquín de Agüero y Nicolás Heredia. Ambas siguen la misma ruta con igual identidad hasta la Feria, donde terminan. Lo curioso  de esto es que los vecinos que la habitan viven en la misma cuadra, pero no en la misma calle. 
La calle Martí cuenta también con su historia. Al inaugurarse en 1868, las autoridades le pusieron por rótulo calle Carlos Conus, nombre de un capitán español que apresó al patriota camagüeyano Joaquín de Agüero, quien en 1851 intentó sin éxito tomar Las Tunas. En 1905, pasó a denominarse calle República, que era la condición de Cuba desde 1902. 
Otra calle tunera, la Lico Cruz, se llamó en 1868 Maria Luisa, en honor a la Infanta María Luisa Fernanda de Borbón, hija de los reyes Fernando VII y María Cristina, soberanos españoles del siglo XIX. En 1884, los colonialistas decidieron que esta calle Maria Luisa se llamara calle Pelayo, alegoría a un antiguo obispo de la asturiana ciudad de Oviedo. 
En 1905, ya en tiempos republicanos, se le bautizó como calle Manuel Cruz, comandante mambí caído en combate el 6 de mayo de 1871. Desde  1931 esta vía se llama calle Lico Cruz, otro ilustre insurrecto local. 
A ciertas calles tuneras las autoridades coloniales de la época les impusieron títulos de ingrata recordación, como Leopoldo O´Donell, nombre con el que fue agraviada  en 1868  y hasta años después la actual calle Julián Santana (nombre de un glorioso general mambí de origen canario). 
Este Leopoldo O´Donell fue un alto oficial del Ejército Español, además de Gobernador General de la isla entre 1843 y 1848. En su tristemente célebre mandato fusilaron al poeta Gabriel de la Concepción Valdés (Plácido). Hizo famosa una frase, adoptada luego por los mayorales en las plantaciones cañeras esclavas: «con sangre se hace azúcar». 
La calle Joaquín de Agüero responde por ese nombre desde 1905. Antes, en 1868, se le conocía por Piquero, reminiscencia del antiguo soldado cuyo única arma en las batallas era una lanza o pica. En 1884 recibió el patronímico de calle León XIII, Papa desde 1878 hasta 1903. 
Otra conocida calle exhibió proclividad por nombres de notables de las letras. Como la Nicolás Heredia, que perpetúa a un novelista cubano del siglo XIX. En 1884 esta vía se llamó Cervantes, apellido del más grande escritor en lengua hispana: don Miguel de Cervantes
Además de las ya mencionadas Julián Santana, Vicente García, Lico Cruz, Lucas Ortiz y Francisco Varona, otras vías tuneras llevan nombres de grandes patriotas locales de nuestras luchas  independentistas decimonónicas. Son las calles Ramón Ortuño y Francisco Vega, ambos generales del Ejército Libertador. La calle Lorenzo Ortiz inmortaliza a otro mambí de menor rango militar, pero igualmente glorioso. 
Con nombres de la última etapa de la lucha revolucionaria existen en Las Tunas las calles Carlos Sosa Ballester, Pelayo Paneque, Aquiles Espinosa, Waldemar Membrado y Calixto Sarduy, entre muchos otros. Hay algunas que inmortalizan a héroes nacionales, como las calles Máximo Gómez, José Martí Antonio Maceo, algo frecuente en casi toda la isla. 
A lo largo de la historia, ciertas calles tuneras ostentaron  por un tiempo denominaciones a las cuales no se les ha encontrado completo sentido: Rastro, Límites y Suburbios. Raros, ¿verdad? 
Otro nombre nada convencional lo lució la actual  calle 24 de Febrero, que en 1868 se llamó Campana. La que hoy conocemos por calle Maceo, fue la calle Canoa desde 1868 hasta 1884. Y la conocida calle Nicolás Heredia era en 1869 la calle Cruz Verde
Las calles son más que corredores para transitar a pie, sobre ruedas o por cualquier otro medio los asentamientos poblacionales. Ellas integran la vida orgánica de las ciudades. Son sus arterias, sus neuronas y sus tejidos. Conocerlas es acceder a una zona importante de nuestra historia.

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lunes, 16 de agosto de 2010

Un colega ha muerto

Mi colega Alexis Pérez Sánchez recién acaba de hacerle mutis a la vida. Su  resentido y frágil músculo cardíaco no soportó tantos agobios y  le consumó la  fatal jugarreta el pasado viernes, bien temprano, cuando el lucero del alba todavía irradiaba  luz en lo más alto del firmamento.  
Siempre me pareció emisario de trágicos augurios cualquier sombrío timbrazo telefónico en la madrugada. ¡Casi todo lo infausto ocurre en ese horario! Esta vez el ring ring confirmó mis suspicacias. Y la mala nueva despabiló mi somnolencia con la energía de un corrientazo. 
La muerte es -amén de rotunda e inevitable- nuestra única certeza absoluta. Se trata de un estado físico con blindaje a prueba de voluntades. En oportunidades apenas propicia espacio para filosofar. Como en este de ahora, donde sobrevino súbita, fulminante, inclemente y prematura.
Todavía hoy, tres jornadas después de su partida, cuesta aceptar que Alexis ya no está, corpóreamente, entre nosotros. Difícil creer que no volveremos a estrechar su afectuosa diestra, a soportar sus ex abruptos  de ocasión o a escucharle leer «a punta de pistola» su reportaje en ciernes. 
La Casa de la Prensa tunera echará de menos su corpulenta figura; muchos temas de actualidad  clamarán por la osadía de su pluma; los estudiantes de práctica laboral extrañarán, desconcertados, al tutor puntilloso y exigente que les  brindó en cada etapa sabiduría, experiencia y  brújula...
En lo adelante, de Alexis Pérez Sánchez, colega y amigo, no se hablará sino en pasado. Su recuerdo, empero, nos acompañará. Porque la vida de los que mueren no se convierte en polvo en una gaveta de mausoleo. Queda -¡vaya fortuna!- en la memoria de quienes los sobrevivimos.

A UN AMIGO MUERTO 

Para Alexis Pérez Sánchez, In Memoriam

Qué desierto está el mundo, amigo mío,  
desde que te cubrió el polvo postrero; 
cómo al pensarte el viento, lastimero, 
azota mi ventana; cuánto frío. 
Qué vacío dejaste, compañero, 
en nuestras vidas; qué estruendoso vacío. 
¿Con quién hablaremos ahora, en el estío? 
¿Por qué tuviste que partir primero? 
Cuando visitemos tu última morada 
dejaremos en la losa, doloridos, 
una flor y una carga de tristeza; 
luego nos iremos, llevando en la cabeza 
esta triste pregunta, ya gastada: 
¿Cómo asumir que de verdad te has ido? 

(Anónimo)

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sábado, 7 de agosto de 2010

Einstein y la bomba atómica


Por estos días que corren, la humanidad amante de la paz conmemora el aniversario 65 de los bombardeos atómicos norteamericanos sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki. Fue aquel un crimen horrible e innecesario, pues, tal y como han establecido los estudiosos del tema, el imperio nipón estaba en ese momento virtualmente derrotado.
En el ataque a Hiroshima, el 6 agosto 1945, la bomba nuclear  cayó en el  mismo centro de la densamente poblada ciudad. Más de 140 mil personas murieron en el acto. La tragedia de Nagasaki sobrevino tres jornadas después, con saldo de 74 mil víctimas. Otros millares  murieron luego en ambas urbes como consecuencia de las heridas y de la radiación.
Se suele atribuir al gran científico Albert Einstein, Premio Nobel de Física, la  paternidad de la bomba atómica. La impugnación tiene que ver con las cartas que, a instancia de varios colegas, le  remitió al entonces presidente de los Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt, con la intención de convencerlo de fabricar cuanto antes la poderosa arma de guerra.
En una de esas misivas escritas en 1939, Einstein alertó a Roosevelt acerca del peligro de que los alemanes, con Adolfo Hitler a la cabeza,  desarrollaran primero una bomba basada en la fisión atómica. Eso influyó en que EU decidiera realizar las pruebas con el  Proyecto Manhattan. Su culminación fueron los  terribles golpes nucleares anteriormente referidos.
Cuando, algunos años después, Albert Einstein se enteró de la atrocidad que supuso el bombardeo atómico sobre objetivos civiles japoneses, se arrepintió públicamente por las cartas enviadas al presidente norteamericano. Su primer rechazo sobrevino el 10 de diciembre de 1945, durante una charla conocida por «Se ha ganado la guerra, pero no la paz».
En esa fecha escribió en el New York Times: «De haber imaginado que emplearían la bomba atómica no como advertencia disuasiva, sino como arma agresora, no hubiera movido un dedo para recomendar su fabricación». Agregó que la firma de esa carta fue el mayor error (moral) de su vida.Y en un texto titulado «Hay que ganar la paz», expresó:
«En la actualidad, los físicos que participaron en la construcción del arma más tremenda y peligrosa de todos los tiempos, se ven abrumados por un similar sentimiento de responsabilidad, por no hablar de culpa. (...). Nosotros ayudamos a construir la nueva arma para impedir que los enemigos de la humanidad lo hicieran antes, puesto que dada la mentalidad de los nazis habrían consumado la destrucción y la esclavitud del resto del mundo. (...). Hay que desear que el espíritu que impulsó a Alfred Nobel cuando creó su gran institución, el espíritu de solidaridad y confianza, de generosidad y fraternidad entre los hombres, prevalezca en la mente de quienes dependen las decisiones que determinarán nuestro destino. De otra manera la civilización quedaría condenada».  
Sus principios con respecto a la paz se sintetizan en estas palabras: 
«Mi pacifismo es un sentimiento instintivo, un sentimiento que me domina porque el asesinato del hombre me inspira profundo disgusto. Mi inclinación no deriva de una teoría intelectual; se funda en mi profunda aversión por toda especie de crueldad y de odio».

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sábado, 31 de julio de 2010

Asombrosas coincidencias

No puedo dar fe de la veracidad de estas coincidencias insólitas y casi fantasiosas. Pero como me parecen interesantes, se las ofrezco a mis lectores para que las disfruten.


SOBRE ABRAHAM LINCOLN Y JOHN F. KENNEDY...

Abraham Lincoln fue elegido para el Congreso en 1846... John Kennedy fue elegido para el Congreso en 1946... Lincoln fue electo Presidente de E.U. en 1860... Kennedy fue electo Presidente de E.U. en 1960... Ambos estuvieron comprometidos con los derechos civiles... Sus correspondientes esposas perdieron un hijo mientras vivían en la Casa Blanca... Lincoln y Kennedy fueron asesinados un viernes y ambos murieron por disparos en la cabeza... El secretario de Lincoln se apellidaba Kennedy... El secretario de Kennedy se apellidaba Lincoln... Los dos Presidentes fueron asesinados por hombres nacidos en el Sur... Uno y otro fueron sucedidos por hombres apellidados Johnson... Andrew Johnson, quien sucedió a Lincoln, nació en 1808... Lyndon B. Johnson, quien sucedió a Kennedy, nació en 1908... John Wilkes Booth, quien asesinó a Lincoln, nació en 1839... Lee Harvey Oswald, quien asesinó a Kennedy, nació en 1939... Ambos asesinos tenían nombres y apellidos compuestos por 15 letras... Lincoln fue asesinado en un teatro llamado Keneddy... Kennedy fue asesinado en un coche modelo Lincoln... Booth huyó del teatro y fue capturado en un almacén. Oswal huyó de un almacén y fue capturado en un teatro... Booth y Oswald fueron asesinados antes de ser juzgados... Una semana antes de morir, Lincoln estuvo en la ciudad de Monroe, en el estado de Maryland... Una semana antes de morir, Kennedy estuvo con la actriz Marilyn Monroe...

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