miércoles, 23 de mayo de 2012

La guarandinga

La palabra accidente impacta los órganos auditivos con una carga de angustia, porque se asocia con tragedias y calamidades. Manatí registra en sus anales uno que, por el alto número de fallecidos asociado a su ocurrencia, marcó la sensibilidad de su gente. Tuvo su desenlace el 20 de septiembre de 1965, y dejó el dramático saldo de 22 muertos y numerosos heridos. 
Los hechos se sucedieron más o menos así. A media tarde de aquella infausta jornada partió de la otrora Victoria de Las Tunas con destino a Manatí un transporte serrano idéntico al de la fotografía adjunta –popularmente conocido por el simpático sobrenombre de guarandingas- repleto de pasajeros. Se trataba de un camión soviético marca GAZ-63,  habilitado para (mal) acomodar a bordo a unas 25 personas, con una escalerilla lateral de ascenso y maletero de parrilla encima del techo.
Cuando el vehículo hizo su entrada en el asentamiento poblacional conocido por Entronque de Lebanón, distante unos 16 kilómetros de Victoria de Las Tunas y carente por entonces de un elevado para el servicio ferroviario, el chofer intentó cruzar la vía férrea sin percatarse de la cercanía del tren Fiat 433 que, procedente de La Habana y con destino a Santiago de Cuba, se aproximaba a considerable velocidad. 
El hombre, aterrorizado, trató de maniobrar desesperadamente, pero no consiguió eludir el violentísimo impacto de aquella mole de hierro que se le vino encima en cuestión de segundos. La colisión resultó de tal magnitud que el transporte serrano, según la prensa de la época, “fue arrastrado por el convoy por más de 25 metros hasta quedar totalmente destrozado”. 
La solidaridad pública y la asistencia especializada no se hicieron esperar. Los muertos y heridos fueron conducidos de urgencia al hospital “Mártires de Las Tunas”, donde se reunieron a toda prisa médicos y enfermeras de los distintos centros asistenciales de la ciudad, así como equipos de auxilio convocados desde las vecinas ciudades de Puerto Padre y Holguín. 
Mientras estuvieron insepultos los cadáveres, las autoridades del territorio declararon Duelo Municipal. Según fotografías de la jornada, los funerales constituyeron una luctuosa muestra de dolor, pues algunos de los occisos eran personas muy queridas en la localidad. Manatí no olvidará jamás aquel accidente, tal vez el más dramático de toda su historia. 

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viernes, 4 de mayo de 2012

USA: curiosidades presidenciales

Las elecciones norteamericanas generan siempre un variado surtido de datos y curiosidades. Les propongo algunas, glosadas de una excelente recopilación que hizo en el año 2005 el periodista panameño Alex Osorio para el diario centroamericano La Prensa. Veamos.
Desde el 30 de abril de 1789 en que George Washington salió vencedor en las elecciones, hasta hoy, en que gobierna Obama, en Estados Unidos han sido investidos 43 presidentes. Su edad promedio al asumir el cargo es de 55,2 años. El más joven fue John F. Kennedy, quien, al ocuparlo en 1961, tenía 43 años con siete meses y 22 días. En 1901 Theodore Roosevelt lo ejerció a los 42 con 10 meses y 19 días. Solo que no fue electo en las urnas, pues sustituyó en su calidad de vicepresidente William Mckinley, ultimado por un asesino. A Teddy lo reeligieron en 1904 con casi 46 años. Los otros más jóvenes fueron William Clinton (46) y el general Ulises Grant (47).
Si de veteranía se trata, Ronald Reagan clasifica como el de mayor edad de todos los presidentes norteamericanos, pues asumió como tal con 69 años, 11 meses y 14 días en 1981. William Harrison lo hizo en 1841 con 68 almanaques a cuestas, mientras que James Buchanan (1857) y Andrew Jonhson (1865) tenían cumplidos 66 cuando ascendieron al poder.
A juzgar por las estadísticas oficiales, el promedio de vida de los presidentes norteamericanos -sin incluir a Bill Clinton, Jimmy Carter y George Bush padre, que continúan vivos- es de 70,02 años. Los que fallecieron con más edad fueron Gerald Ford (94 años con cinco meses); Ronald Reagan (93 con cuatro); John Adams (90 con ocho); Herbert Hoover (90 con dos); y Harry Truman (88 con siete).
El presidente que murió más joven fue John F. Kennedy, asesinado con 46 años y seis meses de edad. Otros siete fallecieron en el cargo: tres asesinados (Lincoln en 1865, Garfield en 1881 y Mckinley en 1901) y cuatro de muerte natural (Harrison en 1841, Taylor en 1850, Harding en 1923 y Roosevelt en 1945). Este último figura como el que ocupó el sillón presidencial durante más tiempo -1933 hasta 1945- y fue elegido consecutivamente en 1932, 1936, 1940 y 1944. Desde 1951 una enmienda constitucional establece que solo se puede ser reelecto una vez. El más breve -apenas un mes- correspondió a William Harrison, muerto en 1841.
Un total de 17 presidentes de los Estados Unidos resultaron reelegidos por los votantes al culminar sus primeros períodos de mandato, pero solamente 11 completaron dos o más sucesivos. Los últimos en conseguirlo fueron Dwight Eisenhower (presidente entre los años 1953-1961), Ronald Reagan (1981-1989) y Bill Clinton (1993-2001). Antes de llegar a la Oficina Oval, 11 desempeñaron la vicepresidencia, pero solo cuatro conquistaron la máxima magistratura mientras ocupaban el segundo puesto de sus administraciones con el presidente vivo.
Los estados norteamericanos que más presidentes han aportado en la historia electoral de ese país son Virginia (7), Ohio (6), Massachussets (4) y Nueva York (4). De estos cuatro proviene la mitad de los presidentes. Los del oeste casi no los producen, pues solo Richard Nixon (California) es natural de esa región. Diez mandatarios fallecieron en el estado de Nueva York y siete en Washington. Les siguen Virginia (4) y Massachusetts y Tennessee (3 cada uno). El partido que más presidentes ha tenido es el Republicano (18), seguido por el Demócrata (16).
Otra curiosidad interesantísima: la llamada «Maldición de Tippecanoe» persiguió a los presidentes de Estados Unidos desde 1840 hasta 1960. «Aseguraba» que los elegidos en un año terminado en cero morirían durante su mandato. Su autoría se le imputa a un indio cuya tribu fue derrotada en 1811 por tropas norteamericanas en la batalla de Tippecanoe. Comenzó a tener efecto el 4 de marzo de 1841 con William H. Harrison, elegido en 1840, quien, casualmente, había liderado aquel combate.
Se asegura que fue aquel un día sumamente frío y lluvioso. Harrison pronunció durante dos largas horas al aire libre y sin abrigo su discurso de toma de posesión, considerado por la prensa norteamericana como el más extenso en la historia de Estados Unidos. El frío y a la lluvia le provocaron una grave neumonía y falleció un mes después.
Además del presidente Harrison, la «maldición», se llevó al otro mundo mientras eran inquilinos de la Casa Blanca a Abraham Lincoln (elegido en 1860: asesinado), James Garfield (elegido en 1880: asesinado), William McKinley (elegido en 1900: asesinado), Warren Harding (elegido en 1920: infarto), Franklin D. Roosevelt (elegido en 1940: trombosis) y John F. Kennedy (elegido en 1960: asesinado).
Los presidentes afectados fueron electos en las urnas cada dos décadas, por lo que el desconcertante rosario de muertes también se conoce como «la maldición de los 20 años». La elección de Ronald Reagan en 1980 no fue seguida por su muerte, pues cumplió sus dos períodos presidenciales. Aunque sobrevivió a un intento de asesinato. Al igual que sus homólogos fallecidos en el cargo, Reagan lo relevó su segundo al mando George Bush, primer vicepresidente titular en 152 años en asumir la presidencia por una razón diferente a la muerte o a la renuncia del titular.
De haber seguido la «maldición» que salvó a Reagan, el siguiente electo 20 años después –en el 2000- hubiera sido George W. Bush.

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jueves, 26 de abril de 2012

La Fuente de Las Antillas

De todas las esculturas con que cuenta la ciudad de Las Tunas -llamada con justicia la capital cubana de esa manifestación artística-, la de más distinción y relevancia es, seguramente, La Fuente de Las Antillas, emblemática obra que la escultora Rita Longa, cuyo centenario celebraremos el próximo 14 de junio, emplazó en las proximidades del río Hórmigo para trasladar a códigos plásticos una de las fantasías literarias de Pedro Anglería, cronista del Gran Almirante Cristóbal Colón.
El conjunto, de 40 metros de largo por 30 de ancho, está sostenido por una armazón de acero con textura de ferrocemento recubierto con arena rosada de Guamá. Recrea la leyenda del cacique Jaias, quien, al morir su pequeño hijo, optó por conservarlo en su bohío dentro de una calabaza. Cierto día, cuatro jóvenes curiosos abrieron el singular sarcófago y, para su sorpresa, salieron al exterior peces y agua, con lo cual, según el referido mito, surgieron Las Antillas. 
La Fuente... está compuesta por cuatro figuras humanas que sostienen la calabaza, mientras a sus pies yace tendida una joven que representa a la isla de Cuba rodeada de elementos marinos de su flora y fauna. Aparecen también, simbolizadas en coral, las islas de Puerto Rico, Santo Domingo, Haití, Jamaica y la Isla de Pinos. Fue inaugurada el 24 de febrero de 1977 en el contexto del Tercer Encuentro Nacional de Escultores.

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sábado, 31 de marzo de 2012

Daniel Santos en Chaparra

El cantante puertorriqueño Daniel Santos gozó de inusitada popularidad en Cuba entre los años 40 y 50 del pasado siglo. Solía presentarse, además de en La Habana, en plazas del interior del país. Por la referida etapa actuó en el cine Poliatema, del municipio tunero de Chaparra (foto). Omar Villafruela, el historiador de esa comarca, asegura que los lugareños pudieron apreciar entonces las dotes vocales de quien llegaría a ser una de las figuras más relevantes y queridas del pentagrama musical criollo. En aquella ocasión, y según me contó un testigo presencial, tan pronto terminó de de cantar, Daniel abandonó el escenario y compartió copas con un grupo de admiradores hasta bien entrada la madrugada. Su singular voz hizo célebres varios boleros y guarachas, compuestos por sus autores especialmente para él. En 1941, muchos boricuas fueron enviados por el ejército de los Estados Unidos a combatir en la Segunda Guerra Mundial. Daniel grabó en ese contexto uno de sus grandes éxitos: Despedida, de la inspiración de su ilustre compatriota don Pedro Flores. La canción cuenta la historia de un recluta que se vio obligado a dejar atrás a su prometida y a su madre enferma para ir a pelear. Conocido por los motes de El inquieto anacobero y El Jefe, Daniel Santos estuvo radicado en nuestro país por más de un decenio. Murió en su rancho de Ocala, Florida, el 27 de noviembre de 1992. Sus familiares y amigos le dieron sepultura en el cementerio de Santa María Magdalena de Pazzis, en el Viejo San Juan, en su entrañable Puerto Rico, cerca de las tumbas de Pedro Flores y del caudillo nacionalista Pedro Albizu Campos.

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miércoles, 14 de marzo de 2012

Patria y Martí

Alguien dijo que si le hubiesen preguntado a José Martí cuál era su profesión, habría respondido: «¡periodista!» Y es que en su obra, la llamada prosa de prisa devino recurrencia desde que, con solo 16 años, lanzó El Diablo Cojuelo para satirizar al colonialismo español, y más tarde La Patria Libre, el semanario donde publicó su poema patriótico Abdala. De los 28 tomos de sus Obras Completas, la mayoría son trabajos extraídos de periódicos y revistas de la época. Toda su labor en los periódicos refleja el compromiso de su pluma con la independencia de Cuba, su ideal por antonomasia y la esencia de su vida. 
Todo el que estudia a Martí coincide en que el periódico Patria fue su obra maestra. Lo fundó el 14 de marzo de 1892 a instancias de patriotas radicados en Nueva York. Desde su primera salida, el órgano devino guía de la emigración en la urbe, y desempeñó un importante papel en la aglutinación de las fuerzas para la Guerra Necesaria que soltaría amarras en Baire el 24 de febrero de 1895. 
Fueron los tabaqueros de Tampa y Cayo Hueso, además de intelectuales cubanos y puertorriqueños, quienes financiaron la publicación inicial de Patria, donde salieron, entre otros trabajos, las bases del Partido Revolucionario Cubano fundado por Martí y un editorial titulado Nuestras Ideas que, aunque aparece sin firma, como es característico, lleva implícito el sello inconfundible de su estilo. 
Patria apareció, inicialmente, cada sábado, al precio de cinco centavos. Tenía una aclaración: «Los productos del periódico se destinan a su mantenimiento. Estaba constituido por cuatro páginas a cuatro columnas, con tamaño de 52 x 36 centímetros. Su distribución se realizaba, fundamentalmente, por correo. Desde el 5 de octubre de 1895 hasta su desaparición en 1898, fue bisemanal. 
Fue en Patria donde Martí exhibió dotes de periodista integral. Sus biógrafos atestan que, amén de redactar, buscaba noticias, proponía diseños, elegía tipografía, corregía galeras y hasta empaquetaba bultos de periódicos para su distribución. Todo eso, a pesar de que, por entonces, era uno de los periodistas más conocidos del continente gracias a sus colaboraciones con importantes diarios norteamericanos y a su activa correspondencia con el periódico La Nación, de Argentina. 
Patria jamás se alineó con el ultranacionalismo. Desde su salida anunció que surgía «de la voluntad y con los recursos de todos los cubanos y puertorriqueños para decir lo que está en el corazón de todos los patriotas puros». Clamó no solo por liberar a Cuba, sino también a Puerto Rico. De ahí que reprodujera en sus páginas las letras de La Bayamesa –luego nuestro Himno Nacional- y de La Borinqueña, marcha de los revolucionarios de esa isla hermana.
Juan Marrero, autor cubano, dice que «cuando Martí toma la decisión de marchar a Cuba para incorporarse al Ejército Libertador, no olvida un instante a Patria. El 26 de febrero de 1895, dos días después de estallar la Guerra Necesaria, envía desde Santo Domingo una carta a Gonzalo de Quesada y a Benjamín J., Guerra, donde da orientaciones sobre la forma y el contenido de ese periódico. “Embellezcan y regularicen a Patria... mucha noticia ahora...todo lo de Cuba...y siempre amenidad revolucionaria...”», dijo, entre otras cosas. 
«Según Becali, al llegar a Cuba, Martí llevaba la acreditación como corresponsal de Patria. “Sólo podemos imaginarlo así, escribiendo su Diario de Campaña, que no es otra cosa que apuntes para futuros e inconclusos reportajes de la guerra, pues si había escrito de todo y de todos, ¿cómo no iba a narrarnos los episodios de su revolución, el diario acontecer de la contienda bélica?”», apunta el autor. 
El Martí periodista nos legó un juicio que no pierde actualidad: «La prensa debe ser coqueta para seducir, catedrática para explicar, filósofa para mejorar, pilluelo para penetrar, guerrero para combatir. Debe ser útil, sana, elegante, oportuna, valiente. En cada artículo debe verse la mano enguantada que lo escribe y los labios sin manchas que lo dictan. No hay cetro mejor que un buen periódico».

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