miércoles, 1 de agosto de 2018

Alejandro Padilla, el proyeccionista

 A Alejandro Padilla lo conocí desde que yo era un muchacho allá por los años 60 del siglo pasado. Por entonces, en el patio de la actual Casa de la Cultura de Manatí –otrora círculo social- había trazada una cancha de tenis de campo, y él era uno de los pocos en la localidad que practicaba ese deporte. Este hombre bueno, fallecido hace algún tiempo en el terruño, trabajó durante varias décadas como proyeccionista del cine municipal. Recuerdo que las cintas de 35 milímetros venían remitidas por ferrocarril desde Tunas en unos depósitos metálicos en forma de circunferencias. Como la tecnología distaba mucho de ser perfecta, solían partirse en medio de una función y Padilla debia entonces arreglárselas para empatarlas. Cada vez que eso ocurría, se encendían las luces del lunetario, y solamente cuando el contratiempo quedaba resuelto continuaba la proyección. En ocasiones, las imágenes llegaban a la pantalla algo algo desfocadas. Ahí era común que los espectadores gritaran: «¡cuadra Padilla!». Persona sumamente activa, cuando se acogió a la jubilación se dedicó a arreglar todo tipo de enseres domésticos y a resolverles ese tipo de problemas a la gente. También aplicó su inventiva en más de un artefacto, como este de la foto (año 1996), una bicicleta con un asiento lateral en tiempos en que todavía no habían hecho su debut en nuestras calles los populares bicitaxis.

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domingo, 13 de mayo de 2018

Recordando a mi mamá

Este hermoso texto lo escribió la chilena Isabel Allende. Es una joya de sensibilidad desde la primera hasta la última línea.Va dedicado a todas las madres del mundo en general, a las cubanas en particular y a la mía en especial. Hace 22 años que Paquita (foto) partió hacia otra dimensión, pero no hay un solo día en que no la recuerde.
                                            SER MADRE
Por culpa del azar o de un desliz, cualquier mujer puede convertirse en madre. La naturaleza la ha dotado del "instinto maternal" con la finalidad de preservar la especie. Ser madre es considerar que es mucho más noble sonar narices y lavar pañales, que terminar los estudios, triunfar en una carrera o mantenerse delgada. Es ejercer la vocación sin descanso, siempre con la cantaleta de que se laven los dientes, se acuesten temprano, saquen buenas notas, no fumen, organicen sus cosas, seleccionen bien sus amigos... Es preocuparse de las vacunas, la limpieza de las orejas, los estudios, las palabrotas, los noviazgos, sin ofenderse cuando la mandan a callar o le dan un desplante. Es quedarse desvelada esperando que vuelva el hijo de la fiesta y, cuando llega, hacerse la dormida para no fastidiar. Es temblar cuando anda en moto, se afeita, se enamora, presenta exámenes o le sacan las amígdalas. Es sonreír cuando lo ve contento y apretar los dientes cuando lo ve sufriendo. Es servir de niñera, maestra, cocinera, alcahuete, cómplice, lavandera, médico, policía y confesora. Es entregar amor y tiempo sin esperar que se lo agradezcan. Es decir que "son cosas de la edad" cuando intenta justificar un error. Madre es alguien que nos quiere y nos cuida toda la vida y que llora de emoción porque uno se acuerda de ella una vez al año, es decir, el segundo domingo de mayo. Como dijo Balzac, el corazón de una madre es un abismo en cuyo fondo siempre hallarás perdón. Es el único capital que nunca quiebra y con el que se puede contar todo el tiempo. Como dijo Martí, no cree el hombre en la muerte hasta que su madre no se le va de entre los brazos. Precisamente, ese es su peor defecto: que mueren antes de que los hijos les retribuyamos una ínfima parte de lo que hicieron por nosotros. Nos dejan desvalidos, culpables, indefensos, desorientados e irremisiblemente huérfanos. Por suerte hay una sola madre. Porque nadie, ni siquiera el más fuerte, soportaría el dolor de perderla dos veces.

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sábado, 28 de abril de 2018

Murió el caballero de Las Tunas

Un absurdo accidente de tránsito le cercenó la vida el pasado viernes 20 de abril a un auténtico personaje de la capital tunera. En efecto, a pesar del esfuerzo de los médicos que lo atendieron después de ser atropellado por un motociclista, falleció y fue sepultado en el cementerio municipal Alberto Álvarez Jaramillo, el popular Comandante, quien durante más de medio siglo deambuló por nuestras calles y se insertó en ellas como uno de sus símbolos más genuinos.
Resultó una pésima noticia para la gente que tanto lo quiso y respetó. Y eso se reflejó en las múltiples ofrendas florales que fueron depositadas junto a su féretro, el cual, para honra de su criollísima cubanía, fue cubierto por la bandera nacional. Tenía 78 años de edad este hombre taciturno y cavilador.
En lo adelante, la ciudad y el imaginario callejero sentirán su ausencia. Les propongo leer esta crónica que hace algunos años escribí sobre él. Deviene ahora mi homenaje a un ícono que, por propio derecho, ya pertenece a la posteridad. Atención, escritores y artistas locales: ahí tienen un buen tema de inspiración para perpetuar su memoria.

EL CABALLERO DE... LAS TUNAS

Cuando la ciudad de Las Tunas despierta entre las brumas del amanecer, Alberto Álvarez Jaramillo ─popularmente conocido por El Comandante─ se asoma a la calle a reencontrarse con lo cotidiano. Gasta pantalón y camisa verde olivos, charreteras militares y boina carmesí. Deambula sin destino fijo, igual dirigiéndose a un auditorio imaginario que adoptando sofisticada pose de tribuno. Sí, El Comandante es un remedo de Quijote provinciano, una suerte de Caballero de París fantasioso y tranquilo.
Su edad es imposible de establecer, pues parece como detenido en el tiempo. Tampoco se puede calcular la cantidad y naturaleza de los objetos que almacena con hermético celo en los bolsillos a guisa de patrimonio, y que van desde «documentos secretos» hasta pedazos de madera, trocitos de cuerdas, recortes de periódicos, sorullos de cartón y mochos de lápices recogidos en plena vía pública o regalos de transeúntes piadosos.
Presume de su «alta jerarquía» militar y a nadie le admite ambigüedades con respecto los galones que alguien con alma samaritana le colocó sobre los hombros. Si no se le quiere enojar, que no se le trate de capitán o de teniente: ¡Co-man-dan-te! Y cuando escuchen su silbato romper el silencio del mediodía, atiedan porque será el preludio de una de sus chácharas llenas de chiflada sabiduría.
Un familiar de El Comandante me contó cierta vez que nuestro hombre fue, en sus buenos tiempos, un joven dispuesto, trabajador, hacendoso y amigo de hacer el bien. Pero un medicamento mal administrado y peor asimilado le perturbó las entendederas. Desde entonces cada mañana recorre las calles del centro histórico citadino vestido de militar, reminiscencia tal vez de su efímero tránsito por la vida de uniforme.
Sin embargo, y a pesar de su discapacidad mental, El Comandante es capaz de mantener con el interlocutor que lo respete una conversación coherente y fluida. Lo he observado en el parque Vicente García disertar sobre temas del pasado o de la actualidad, ante el asombro de sus contertulios. Y si de dignidad se trata, él la tiene por arrobas. Nunca pide limosnas ni duerme fuera de casa. Tampoco acepta chucherías ni refrigerios de desconocidos.
La ciudadanía lo acepta como a uno más de los suyos. Aunque si alguien osara tomarle el pelo, él lo enfrentaría y lo pondría en su lugar. El Comandante puede montar en cólera ante las burlas de los guasones, y ¡ay si alguno se le aproxima! Más de uno ha tenido que sufrir en su anatomía el precio del agravio por la vía de un merecido y oportuno puñetazo.
Alberto Álvarez Jaramillo, El Comandante, tal vez ignore que él es un auténtico personaje de las calles tuneras. Un símbolo legítimo que improvisa pies forzados, respeta a los niños, detesta a los delincuentes, ofrece los buenos días, socorre a los ancianos, viste de limpio, saluda la bandera y ama a su tierra. ¿Se le puede pedir mayor cordura a un hombre?

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viernes, 29 de septiembre de 2017

El Escudo y el Himno de Las Tunas

Todas las ciudades del planeta cuentan con su escudo. Es la divisa que las identifica, y en su diseño se incluyen, simbólicamente, los principales hechos que les han dado lustre y relieve. El escudo es como la carta de presentación citadina para mostrar a sus visitantes de circunstancias.
La ciudad de Las Tunas tiene con su propio escudo. Es una pintura al óleo sobre tela, polícroma y enmarcada en madera y metal repujado. Su diseño fue obra de Mery Cruz Medina, quien ganó en 1937 un concurso convocado con ese fin por la municipalidad. Desde el 9 de enero de 1939 es el escudo oficial de la capital de esta oriental provincia cubana.
Nuestro escudo consta de cuatro cuarteles o departamentos, los cuales pueden describirse de la siguiente manera:
En la parte superior izquierda aparece la figura de un insecto volador muy conocido por su laboriosidad: la abeja, la cual simboliza el trabajo y la vocación activa que han caracterizado siempre al pueblo tunero. Esta área es de tonalidad azul, como el mar que nos circunda, el cielo que nos protege y tres franjas de nuestra Bandera Nacional a la que tanto han cantado los poetas.
En la parte superior derecha está la imagen de una llave, que representa la posición geográfica que ocupa Las Tunas en el mapa geográfico cubano, entre el legendario Camagüey y el indómito Oriente. El cuartel tiene fondo rojo, como el triángulo de la enseña patria, en recordación a la sangre derramada por los mejores hijos de esta tierra en sus cruentas luchas por la libertad.
La parte inferior izquierda recoge la imagen de una ceiba, el árbol que cobijó a nuestros guerreros del siglo XIX y alrededor del cual se fundó la ciudad. Este símbolo de la flora autóctona se encuentra insertado dentro de un contexto de tonalidades verdes, tan recurrente en el panorama rural del territorio.
En la parte inferior derecha aparecen las ruinas del cuartel de las 28 columnas, antiguo bastión militar del colonialismo español en la ciudad, hoy escuela elemental. Simboliza la derrota de las huestes ibéricas en la zona. También figura la imagen de una mujer, cuya participación en nuestras luchas es reconocida por la historiografía. Además, una hoguera, símbolo de las veces que fue quemada la ciudad en holocausto a la libertad. La planta llamada tuna es una sugerencia acerca de por qué se llama así esta comarca.
Al pie del escudo, con la misma vigencia de cuando fue concebida, aparece una leyenda, que es un fragmento de la frase dicha por el Mayor General Vicente García González el 26 de septiembre de 1976, cuando, al incendiar la ciudad, dijo: «Tunas, con dolor en mi alma te prendo candela, pero prefiero verte quemada antes que esclava.» De ahí la divisa del escudo: quemada antes que esclava.
EL HIMNO DE LAS TUNASLa ciudad también tiene su Himno. Por cierto, Las Tunas se vanagloria de poseer una exuberante y añeja tradición musical. Algunas agrupaciones locales han trascendido los límites geográficos para imponerse en exigentes escenarios habaneros.
El Himno tunero fue compuesto por el laureado compositor José Antonio Miranda Torres (Las Tunas, 1957), un médico devenido autor por obra y gracia del dios Orfeo, quien tiene en su haber importantes resultados, como los del Concurso de Música Popular Adolfo Guzmán, festivales infantiles Cantándole al Sol y la OTI, entre otros.
A continuación transcribo la letra de esta pieza compuesta por Tony especialmente para la ciudad que tiene ya 211 años de fundada.

HIMNO DE LA CIUDAD DE LAS TUNAS
Autor: José A. Miranda.
TUNAS,
Tus hijos se forjan en la llama
Que simboliza un pueblo que prefiere
Arder dos veces todo lo que quiere

Antes que opriman lo que más ama.

Tus mujeres flores de Virama
que guardan la ternura de Guarina
Pero su cabeza nunca inclinan
Cuando el ejemplo de Mercedes lo reclama.

Del Cornito fuiste al universo
Cuando el alma del bardo se inspiró
Para inmortalizarte con sus versos
Que a esta tierra de ensueños le cantó.

Del mambí trazaste tu camino
Que si de nuevo tienes que elegir
Por tu ciudad, tus hijos , su destino
Quemada antes que esclava preferir
Quemada antes que esclava preferir.El Escudo

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jueves, 18 de mayo de 2017

Betty repentista





Mi hija Beatriz Morales Hernández, de 11 años de edad, estudia el tercer año de la especialidad de viola en la Escuela Vocacional de Arte El Cucalambé, de Las Tunas, Cuba. Además de ejecutar ese maravilloso instrumento de cuerdas, ella canta y... ¡es repentista! Pues sí, como lo leen, Betty asiste desde hace algunos meses a un taller de repentismo infantil que auspicia la Casa Iberoamericana de la Décima, donde el escritor y poeta Antonio (Tony) Gutiérrez dicta lecciones teórico-prácticas sobre esa «viajera peninsular» aplatanada en nuestro país y declarada por la UNESCO Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Tanto se ha destacado allí mi niña que fue seleccionada para presentarse en la Jornada Cucalambeanba, prevista para celebrarse a finales de este mes de junio. Además, un par de décimas suyas se incluirán en un plegable que circulará para la ocasión. En este video que les propongo, Betty canta una décima de su autoría. Al regresar de la peña donde la interpretó -la acompañó el Conjunto Original Cucalambé- le comenté a un amigo acerca de las simpatías de mi hija por el repentismo. Luego de escucharme con una sonrisa irónica, me dijo: «Oye, Juan, no te pongas bravo, pero ella tiene talento para cantar otras cosas más modernas. Eso de las tonadas y el punto cubano es de guajiros». Solamente me sonreí. ¿Para qué perder tiempo en replicar semejante desatino? Evidentemente, mi amigo no conoce ni la jota sobre lo que significa la décima para la cultura nacional.

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domingo, 29 de enero de 2017

La hija del general

Por su excelente posicionamiento estratégico, Las Tunas fue siempre una plaza militar a la que España confirió especial atención durante las guerras independentistas del siglo XIX. En consecuencia, la protegió hasta el mínimo detalle con fuertes, fortines, fosos, alambradas y centenares de soldados. 
El Mayor General Calixto García Íñiguez operaba por la zona con sus hombres en 1897. Su servicio de inteligencia lo mantenía al tanto de todo lo concerniente al enemigo. Al amanecer del 28 de agosto, el osado insurrecto resolvió dar un golpe. Sus tropas atacaron la ciudad con ayuda de la joven María Machado, una de sus agentes secretas, hija del general español Emilio March.
A riesgo de su propia vida, María se las arregló para hacerle llegar al alto oficial mambí, acampado en la manigua, los planos diseñados por el joven capitán del Ejército Libertador Mariano Lerma Varona. Allí figuraba  la información necesaria para dirigir una riesgosa operación que se extendió por tres días y dio lugar a encarnizados combates.

UNA HISTORIA DE AMOR

El 11 de diciembre de 1949, la revista Carteles le realizó una extensa entrevista a Modesta Hecheverría, hija de María Machado con un soldado del Ejército Libertador, titulada La hija de un general español trazó el plano para la toma de Victoria de Las Tunas. Sus declaraciones arrojaron luz sobre las circunstancias en que los progenitores de la heroína tunera se conocieron y enamoraron, a pesar de formar parte de bandos contrarios.
Dijo aquella vez la entrevistada:
-Mi abuelo, el general Emilio March, llegó como simple oficial a Puerto Padre durante la Guerra de los 10 Años. Allí conoció a mi abuela Caridad, hija de una ardorosa familia de patriotas. Sus padres se opusieron tenazmente a la relación entre la muchacha y el español. Pero ambos, flechados por el amor, decidieron pasar por encima de la voluntad paterna.
«De aquel amor contrariado nació María, mi madre. Ella no fue motivo bastante para que los padres de mi abuela cejaran en su oposición al matrimonio, pese a que el entonces capitán March quiso realizarlo y trató de convencer al obstinado padre para que colocara su patriotismo sobre el nombre de la familia.
«Terminada la guerra con la paz del Zanjón, y no obstante sus esfuerzos por legalizar la situación con quien era ya la madre de su hija, el capitán March volvió a España. Pero no olvidó a quienes formaban parte de sus afectos. Sin embargo, ellos se habían mudado a Manzanillo para intentar alejarlo.
«Dos años después, March regresó a Cuba con el objetivo de reconocer la paternidad de la hija cubana, y, si era posible, llevársela consigo, pues para entonces había muerto la joven madre, quizás bajo el dolor de aquel amor desgraciado.
«También el empecinado padre había dejado de existir. Mi madre quedó entonces al cuidado de una tía llamada Irene, que, fiel continuadora de la patriótica tozudez de su hermano, se negó a que el ya comandante Emilio March reconociera a su hija y aun la escondió para que no pudiera verla. De nuevo el infortunado padre debió regresar a su patria, solo y defraudado».
Modesta le relató a Carteles que, al comenzar la guerra de 1895, Emilio March retornó a Cuba, según ella, «tal vez imantado por el recuerdo de su hija cubana a la que casi no conocía». En un momento de la entrevista, le mostró al periodista varios documentos escritos por el general, entre ellos una carta dirigida a María, en la que le pregunta si está recibiendo los 40 pesos que le envía todos los meses.
A la sazón ya ostentaba el grado de general, y se le asignó el mando de la Tercera División, con sede cuartelaria en la ciudad de Holguín, con jurisdicción sobre Victoria de Las Tunas. «Mi madre, su hija, ya estaba casada con Orfilio Hecheverría, con quien tenía descendencia. El general Emilio March investigó hasta dar con su paradero. Al poco tiempo contactó con ella y le insistió en su propósito de reconocerla, deseo al cual ella se mostró siempre remisa, influida por su tía, que continuaba ejerciendo, irrevocablemente, su férrea autoridad».
No obstante la negativa de la muchacha a ser reconocida como hija del alto oficial ibérico –incluso, siempre firmó con el apellido Machado, el de su madre- no dejaron de confraternizar. El general, como prueba de cariño, la dotó de un salvoconducto especial para que transitara libremente por las zonas en conflicto. Al unísono, ella disponía de un permiso firmado por el Mayor General Calixto García, que la autorizaba a circular a su albedrío por la región dominada por los insurrectos.
María aprovechó esas facilidades para recopilar información acerca del enemigo -cantidad de soldados y de cañones de la guarnición, emplazamiento de las fortificaciones y otros detalles igualmente valiosos- para entregarla luego en el territorio libre de Cuba. Así se lo había ordenado el Mayor General Calixto García, conocedor de su compromiso con la causa.

LA TOMA DE LAS TUNAS DEL 28 DE AGOSTO DE 1897

En aquella acción del 28 de agosto de 1897, las tropas del Mayor General Calixto García estrenaron un cañón de dinamita. Uno de sus artilleros fue José Francisco Martí Zayas-Bazán, hijo del Apóstol, a quien las explosiones afectaron su audición. Por su valor se ganó un ascenso. Hubo una baja sensible: el coronel Ángel de la Guardia, quien acompañaba a nuestro Héroe Nacional cuando cayó en Dos Ríos, el 19 de mayo de 1895.
El 30 de agosto por la mañana se rindieron los ocupantes del cuartel de infantería. Los españoles tuvieron casi 200 muertos y se les ocuparon mil 200 fusiles, dos cañones, un millón de proyectiles, medio millar de machetes, otras tantas granadas así como ropas, víveres y medicinas.
Los cubanos registraron 25 caídos en combate, entre ellos Custodio Orive, Francisco Sidano y Lorenzo Ortiz. La toma de Las Tunas de agosto d 1897 resultó una de las operaciones artilleras más importantes de la guerra de 1895 y el declive estratégico de la dominación española en Cuba.
El doctor Rolando Rodríguez, investigador del tema, ha dicho en que en aquella acción «los españoles se batieron bravamente y solo cuando les fue imposible continuar la lucha, sin haber obtenido apoyo ninguno del exterior, pactaron la rendición. Calixto García les garantizó la vida a todos y los trató con los honores que los cubanos dispensaban a los vencidos».
La toma de Las Tunas de agosto de 1897 resultó una de las operaciones artilleras más importantes de la Guerra Necesaria y el declive estratégico de la dominación española en Cuba. Tuvo gran impacto en la opinión pública internacional, al punto de que las autoridades coloniales perdieron la confianza en su hombre fuerte de entonces, el tristemente célebre Valeriano Weyler, y lo sustituyeron por el general Ramón Blanco.

UN FINAL SIN COLOFÓN

El general Emilio March regresó a su país al concluir la dominación colonial en Cuba, luego de los Acuerdos de París entre España y Estados Unidos. Dicen que se marchó decepcionado por lo que él llamó «la traición de su hija» y los cubanos «fidelidad a sus ideales». No tengo información sobre cuál fue su destino. Se sabe que matrimonió con una dama holguinera muy patriota, y que tuvo con ella descendencia.
De María Machado la historiografía cubana tampoco recoge elementos complementarios. Solo que tuvo cinco hijos: Orfilio, Caridad, Ángel, Sergio y Modesta. Supongo que sobrevivió a la instauración de la República, ocurrida el 20 de mayo de 1902, y que recibió alguna pensión como colaboradora activa del Ejército Libertador y partícipe de la Toma de Victoria de Las Tunas del 28 de agosto de 1897.
Pocos días después de aquella acción, el comandante Eduardo Vidal Fontaine (Lalo),quien tomó parte en ella y fue luego el primer alcalde de Victoria de Las Tunas, escribió una poesía referida a la batalla. Algunos versos de la pieza están dedicados a la valiente joven: «Menocal planeó el combate / con el croquis que mandara / una dama distinguida / de la sociedad cubana / muy blanca, de ojos azules, / María Machado llamada, / que tiene para la historia / esta nota reservada /».

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domingo, 24 de abril de 2016

La sed de la tierra

En el planeta convive junto a nosotros un recurso natural más preciado y necesario que el petróleo: el agua. Su existencia propone un dilema: o lo usamos con racionalidad o desaparecemos. Porque, si este fluido huérfano de olor y de color se agotara un día, todas las formas de vida estaríamos, sin derecho a réplica, condenadas a morir. 
La ciencia intenta conjurar tamaña amenaza con el hallazgo en los laboratorios de una sustancia alternativa capaz de suplir la fórmula compuesta por dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno. Sin embargo, y a pesar de la tenacidad desplegada, las probetas no han conseguido obtener resultados alentadores. 
Aunque el colapso de las reservas globales de agua no parece inminente, inquieta el deterioro de sus niveles, tanto para el consumo humano como para la industria y la agricultura. La mengua de los regímenes de lluvia hace temer que en el futuro se desaten guerras por su control. Tal eventualidad pende como la clásica Espada de Damocles sobre países de los cinco continentes, que se disputan derechos de utilización sobre importantes corrientes fluviales.

LOS CAPRICHOS DE SAN PEDRO

Las sequías tienen antigua data. Entre las primeras conocidas figura la que asoló China en 1644 y derrocó a la dinastía Ming. La más letal, empero, fue la Gran Sequía de la era victoriana, entre 1876 y 1879. Sus efectos repercutieron en casi todo el trópico, y la hambruna resultante dejó un saldo de 30 millones de víctimas. En el siglo XX, la peor castigó a la región africana de Sahel entre 1970 y 1980. Cobró 100 000 vidas. 
En la actualidad, las precipitaciones escasean en extensas áreas geográficas del planeta. Unos 4 000 000 000 millones de personas sufren de una angustiosa carencia de agua al menos durante un mes cada año. Y hay más: a juzgar por la Organización de las Naciones Unidas, para el 2030 la mitad de la población mundial vivirá en zonas de intensa sequía. 
Cuba no escapa al difícil panorama. Según el Centro del Clima del Instituto de Meteorología, el 45 % de su territorio tuvo déficit en los acumulados lluviosos durante 2015. En su último período húmedo –de mayo a octubre pasados-, el promedio de precipitaciones ni siquiera rozó la media histórica, pues solamente acumuló el 84 %. En la etapa, los embalses adscriptos al Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INRH) represaron apenas la mitad de su aforo total. Y las cuencas subterráneas, exhaustas, llegaron en peor situación que en el 2004, cuando el país sufrió una de las sequías más severas de su historia.

PARA UN DOSSIER TUNERO

-La falta de lluvia en nuestra provincia no es una novedad –asegura la geóloga Mirtha Rodríguez, delegada del INRH en Las Tunas. Se trata de un fenómeno cíclico que nos afecta cada cierto tiempo. Se atribuye a los cambios climáticos derivados del efecto El Niño y a la deforestación. 
«La sequía de 2004 fue terrible. Tanto que, al cerrar diciembre, el territorio tenía apenas el 56 % de su acumulado histórico de lluvias, ascendente entonces a 1126 milímetros anuales. A nuestros embalses no les fue mejor, pues su almacenaje se redujo a la quinta parte de su capacidad». 
Agrega la funcionaria que, al no llover durante parte del 2004, el año siguiente tuvo que vérselas con graves aprietos en materia de humedad. Tantos, que los embalses, capaces de recopilar en conjunto unos 350 millones de metros cúbicos de agua, llegaron a sumar solo 39 millones. 
«Ya en marzo de 2005, la presa El Rincón, principal fuente de abasto de la ciudad capital, con unos 165 ml habitantes, quedó en volumen muerto, considerado así cuando almacena menos de 400 000 metros cúbicos de agua. También colapsó El Lavado -abastecedora del municipio de Jobabo-, y quedaron casi al borde al límite Cayojo y la cuenca La Cana. A partir de junio comenzó moderadamente a llover y la situación cambió algo». 
En 2006, el mapa isoyético cubano, confeccionado por los especialistas luego de evaluar los niveles de precipitaciones cuantificados en los últimos años, actualizó los parámetros tuneros y fijó la media histórica de lluvias de la provincia en 1038 milímetros anuales, una de las más bajas del país. 
-La sequía persistió hasta el 2007, cuando nos azotó la tormenta tropical Noel –recuerda Mirtha-. Lo que en otra circunstancia hubiéramos ahuyentado con un suplicante «solavaya», devino auténtico regalo, pues llovió al 147 % de la media histórica y casi todos nuestros embalses vertieron. Realmente, Noel significó un respiro para nuestra asfixia. 
«En el 2008, el ciclón Ike se ensañó con la provincia, pero sus lluvias dejaron un saldo positivo en cuanto a aguas represadas –continúa Mirtha-. En el 2009 y el 2010 también hubo humedad, con rangos similares a la media histórica. Desde entonces la situación cambió: en 2011 y 2012, llovió menos que de costumbre. Y en  2015, solo al 83 %. 
«Hoy, como dice el refrán, estamos con el agua al cuello, pues nuestros 23 embalses acumulan apenas 85 millones de metros cúbicos, de los 350 para los que están concebidos, es decir, están al 24 % de su capacidad. Además, el promedio pluvial de la región ronda los 61,8 milímetros». 
En efecto, el panorama lluvioso tunero actual es bastante difícil, y muy parecido al del tristemente célebre 2004. A su imagen y semejanza, y como consecuencia de la falta de lluvia en el ciclo húmedo pasado, embalses y cuencas irrumpieron en el período seco -de noviembre a abril- en contexto desfavorable. A una represa importante, como la de Playuela, proveedora de la población del municipio de Majibacoa, le quedan pocos días de cobertura. Las de El Rincón, Cayojo y la cuenca La Cana, aunque en mejor coyuntura, capean como pueden el rudo temporal. 
-Actualmente, reciben agua por pipas casi 160 mil habitantes de los ocho municipios –precisa Mirtha-. La cifra incluye a 223 comunidades que no disponen de redes hidráulicas convencionales ni de fuentes propias, por estar salinizados los suelos donde se localizan. En la tarea toman parte la Empresa de Acueductos y la Dirección Provincial de Servicios Comunales. Al respecto, tenemos también un programa de construcción de pozos. Para este año prevemos perforar 33 en diferentes asentamientos.

ATAJAR LA FUGA DE AGUA

En el 2007, Las Tunas, junto a otras 11 ciudades cubanas, resultó escogida para incorporarse a un programa de rehabilitación de su deteriorado y longevo sistema de redes hidráulicas, sobre todo el de su ciudad capital. El presupuesto fue de 17 millones de dólares, provenientes de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP). 
-Desde el 2007 hasta el 2010 la prioridad fue la rehabilitación de redes –dice Mirtha-. A partir del 2012 le sumamos el programa de las conductoras. Para este 2016 tenemos un proyecto amplio, que incluye la importación y montaje de la planta de tratamiento de agua para los poblados de Chaparra y Delicias, previstos para conectarse a la presa Juan Sáez. Además, se pretende dar los toques finales los acueductos de San Antonio, comunidad periférica de la cabecera provincial, y al del municipio de Jobabo, uno de los más afectado por la sequía. 
«La ejecución suele atrasarse, pues nuestros trabajadores deben sustituir tuberías y suprimir salideros, por donde se escapa casi la mitad del agua generada en la provincia. Pero, al final, el resultado vale la pena. La gente lo reconoce, porque el agua irrumpe con más fuerza en los hogares, incluso en aquellos repartos altos donde tradicionalmente nunca llegó. 
«El trabajo es arduo y, como resulta extremadamente complejo por causa del pésimo estado de nuestras redes hidráulicas, lleva tiempo. Para acometerlo se ha tenido que adquirir tecnología, en especial grúas, camiones, retroexcavadoras, motoniveladoras, compresores y hasta una máquina para sellar conexiones. La población se admira al verlos trabajar. 
«Pero de nada valdrán todas estas inversiones y todos esos esfuerzos si la población y las direcciones de los centros de trabajo no se sensibilizan con el ahorro de agua -agrega la funcionaria-. Somos testigos de cuánta se derrocha en ambos sectores. Es un señalamiento que nos hacen en todas las rendiciones de cuenta del delegado a sus electores, a donde casi siempre asiste uno de nuestros representantes».

PARA QUE NO NOS AGUEN LA EXISTENCIA

Según los anales meteorológicos, la capital mundial de las precipitaciones es Mawsynram, una aldea hindú donde la humedad alcanza los 11871 milímetros de lluvia cada año; y el lugar más seco, cierta región del desierto de Atacama, en Chile, donde no se registra ni siquiera un chubasquito desde hace cuatro siglos. 
Los tuneros estamos distantes de ambos extremos. Ni tan húmedos ni tan secos. Eso sí, estamos obligados a aprovechar hasta la última gota el agua disponible. Desperdiciarla, amén de insensato, sería un crimen de leso sentido común. Solamente que, en ocasiones, el sentido común parece ser el menos común de los sentidos.

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