miércoles 14 de marzo de 2012

Patria y Martí

Alguien dijo que si le hubiesen preguntado a José Martí cuál era su profesión, habría respondido: «¡periodista!» Y es que en su obra, la llamada prosa de prisa devino recurrencia desde que, con solo 16 años, lanzó El Diablo Cojuelo para satirizar al colonialismo español, y más tarde La Patria Libre, el semanario donde publicó su poema patriótico Abdala. De los 28 tomos de sus Obras Completas, la mayoría son trabajos extraídos de periódicos y revistas de la época. Toda su labor en los periódicos refleja el compromiso de su pluma con la independencia de Cuba, su ideal por antonomasia y la esencia de su vida. 
Todo el que estudia a Martí coincide en que el periódico Patria fue su obra maestra. Lo fundó el 14 de marzo de 1892 a instancias de patriotas radicados en Nueva York. Desde su primera salida, el órgano devino guía de la emigración en la urbe, y desempeñó un importante papel en la aglutinación de las fuerzas para la Guerra Necesaria que soltaría amarras en Baire el 24 de febrero de 1895. 
Fueron los tabaqueros de Tampa y Cayo Hueso, además de intelectuales cubanos y puertorriqueños, quienes financiaron la publicación inicial de Patria, donde salieron, entre otros trabajos, las bases del Partido Revolucionario Cubano fundado por Martí y un editorial titulado Nuestras Ideas que, aunque aparece sin firma, como es característico, lleva implícito el sello inconfundible de su estilo. 
Patria apareció, inicialmente, cada sábado, al precio de cinco centavos. Tenía una aclaración: «Los productos del periódico se destinan a su mantenimiento. Estaba constituido por cuatro páginas a cuatro columnas, con tamaño de 52 x 36 centímetros. Su distribución se realizaba, fundamentalmente, por correo. Desde el 5 de octubre de 1895 hasta su desaparición en 1898, fue bisemanal. 
Fue en Patria donde Martí exhibió dotes de periodista integral. Sus biógrafos atestan que, amén de redactar, buscaba noticias, proponía diseños, elegía tipografía, corregía galeras y hasta empaquetaba bultos de periódicos para su distribución. Todo eso, a pesar de que, por entonces, era uno de los periodistas más conocidos del continente gracias a sus colaboraciones con importantes diarios norteamericanos y a su activa correspondencia con el periódico La Nación, de Argentina. 
Patria jamás se alineó con el ultranacionalismo. Desde su salida anunció que surgía «de la voluntad y con los recursos de todos los cubanos y puertorriqueños para decir lo que está en el corazón de todos los patriotas puros». Clamó no solo por liberar a Cuba, sino también a Puerto Rico. De ahí que reprodujera en sus páginas las letras de La Bayamesa –luego nuestro Himno Nacional- y de La Borinqueña, marcha de los revolucionarios de esa isla hermana.
Juan Marrero, autor cubano, dice que «cuando Martí toma la decisión de marchar a Cuba para incorporarse al Ejército Libertador, no olvida un instante a Patria. El 26 de febrero de 1895, dos días después de estallar la Guerra Necesaria, envía desde Santo Domingo una carta a Gonzalo de Quesada y a Benjamín J., Guerra, donde da orientaciones sobre la forma y el contenido de ese periódico. “Embellezcan y regularicen a Patria... mucha noticia ahora...todo lo de Cuba...y siempre amenidad revolucionaria...”», dijo, entre otras cosas. 
«Según Becali, al llegar a Cuba, Martí llevaba la acreditación como corresponsal de Patria. “Sólo podemos imaginarlo así, escribiendo su Diario de Campaña, que no es otra cosa que apuntes para futuros e inconclusos reportajes de la guerra, pues si había escrito de todo y de todos, ¿cómo no iba a narrarnos los episodios de su revolución, el diario acontecer de la contienda bélica?”», apunta el autor. 
El Martí periodista nos legó un juicio que no pierde actualidad: «La prensa debe ser coqueta para seducir, catedrática para explicar, filósofa para mejorar, pilluelo para penetrar, guerrero para combatir. Debe ser útil, sana, elegante, oportuna, valiente. En cada artículo debe verse la mano enguantada que lo escribe y los labios sin manchas que lo dictan. No hay cetro mejor que un buen periódico».

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sábado 10 de marzo de 2012

La Onda del Azúcar

La emisora CMKY, Radio Libertad, que transmite cada día su programación desde la ciudad tunera de Puerto Padre, salió al aire por primera vez el 24 de febrero de 1940. Fue la tercera de su tipo en operar en la parte norte de la antigua provincia cubana de Oriente, 10 años antes de que la ciudad de Victoria de las Tunas tuviera la suya y 18 almanaques después de que Luis Casas Romero colocara en antena en La Habana la 2LC, pionera de las emisoras radiales de la isla, el 22 de agosto de 1922. La historia de Radio Libertad está estrechamente ligada al nombre de Pedro Zacca Cheda, un emigrante libanés nacido en Beirut, a cuyo entusiasmo y consagración debe la Onda del Azúcar su propia existencia, pues fue su fundador y, durante muchísimo tiempo, también su propietario. Zacca, junto a su amigo Rafael López, diseñó, además, su primera programación a base de música de la época, noticias del territorio y hasta propuestas dramáticas con talentos de la localidad. En esta fotografía de los años 70 del siglo pasado aparecen varios miembros de su colectivo laboral de entonces. Entre ellos, Mirna Pérez, Elizabeth Silva, Mirtha Alcorta, Maricela Hernández, Rafael Cordoví, Raúl Martes, Oneido Peña, Oscar Peña y Abel Peña. 

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viernes 17 de febrero de 2012

Jobabo, foto de carnet

Los investigadores aseguran que la palabra jobabo -nombre de uno de los ocho municipos de la provincia cubana de Las Tunas- proviene de la voz indígena jobabada, que era como denominaban los más antiguos residentes de la zona a la caverna donde, según ellos, estuvieron encerrados el Sol y la Luna. En dicha caverna conservaban dos ídolos: Boinaex y Ndroya, símbolos de los referidos cuerpos celestes. Otros estudiosos dan por hecho que el término tiene su raíz en la locución aborigen jobabol, que, en lengua aruaca, significa «sitio poblado por jobos». La historia de este municipio comienza en 1510 y se relaciona con el conquistador español Alonso de Ojeda, quien, luego de naufragar por la costa sur de Cuba, descubrió por azar esas tierras. En sus más de 500 años de existencia, Jobabo (foto de 1928) ha protagonizado hechos relevantes: la primera sublevación de esclavos en América, ocurrida en 1833 en la mina de oro de Caobilla; el alzamiento del patricio Francisco Vicente Aguilera en su hacienda de Cabaniguán; el ataque del Mayor General Vicente García al Fortín de La Zanja; el paso de la invasión a Occidente en dos épocas (Antonio Maceo y Máximo Gómez en 1895, con el Ejército Libertador; y Camilo Cienfuegos y Ernesto Guevara en 1958 con el Ejército Rebelde); la comarca fue, además, sede durante varios días del gobierno de Carlos Manuel de Céspedes tras el alzamiento de La Demajagua; y, por último, fue en la zona de Jobabo donde los españoles apresaron a Perucho Figueredo, autor de nuestro Himno Nacional, a quien condujeron a Santiago de Cuba y luego fusilaron. El municipio cuenta hoy con más de 47 mil habitantes.

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viernes 10 de febrero de 2012

Antecedentes de la TV tunera

Aunque el telecentro Tunas Visión se fundó el 30 de diciembre de 1999, en un edificio del reparto Buena Vista, como un referente en los anales de la pantalla chica tunera, la historia de la televisión territorial debutó 30 almanaques antes, es decir, en 1969, cuando el periodista Ángel Luis Beltrán Calunga y el camarógrafo José Lobón Palau (Pepe), residentes a la sazón en la ciudad de Puerto Padre, enviaron, en su flamante investidura de corresponsales acreditados en la comarca, su primer material reporteril  para el canal Tele Rebelde, pionero de los telecentros del país, inaugurado en Santiago de Cuba el 22 de julio de 1968.
Cuando Beltrán Calunga -hoy reportero del semanario santiaguero Sierra Maestra- pasó a desempeñar el cargo diplomático de Agregado de Prensa en la Embajada de Cuba en Jamaica, lo sustituyó en su puesto Alfonso Naranjo Rosabal, quien años después haría época como presentador de noticieros en la emisora provincial Radio Victoria. Por entonces ya Las Tunas tributaba sus informaciones para la holguinera Tele Cristal.
En 1983, el reportero Joel Lachataignerais Popa (Lacha) -hombre formado en la radio- se sumó al team como corresponsal jefe. Luego se incorporaron Isidro Rodríguez (luminotécnico y chofer) y Ramón Acosta (editor), quienes se mantienen en las mismas labores. Formaron también parte de la plantilla, en diferentes momentos, los periodista Ubiquel Arévalo Morales (fallecido luego en un accidente de tránsito) y Rafaela Balanza (actualmente directora en La Habana del Canal Educativo 2), así como los camarógrafos Valentín Barrueta y Reymundo Betancourt.
Durante un tiempo carecieron de local, hasta que el primero de septiembre de 1984 se inauguró la Corresponsalía de Televisión de Las Tunas, en el inmueble que hoy ocupa la sede territorial de la Unión de Historiadores de Cuba, próximo a la Plaza Cultural, en el corazón de la ciudad.
En esta foto de 1989 aparecen de izquierda a derecha, junto al auto Niva que les fue asignado para su trabajo, Valentín Barrueta, Ramón Acosta, Naranjo Rosabal, Isidro Rodríguez y el popular Pepe Lobón.

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miércoles 25 de enero de 2012

El pozo de Valenciano

Caseta y glorieta, 1950.
Desde hace muchos años, Manatí afronta dificultades con el suministro de agua. Aclaro que no me refiero a la que se precipita desde las nubes cuando San Pedro lo cree pertinente -bastante poca, por cierto-, sino a la que viaja a través de las tuberías hidráulicas, la cual tampoco llega a los hogares con la asiduidad deseada.
Para atenuar tal contingencia –y ante la falta de un acueducto con todas las de la ley- el agua fluvial fue la solución adoptada por las autoridades desde hace quién sabe cuánto tiempo. El río Guanábano resultó la corriente elegida para bombear desde allí el preciado líquido hacia el batey. Eso se realizaba en dos horarios: 11 de la mañana y cuatro y media de la tarde. Todavía se mantiene tal práctica en la rutina del pueblo.
Sin embargo, el agua del Guanábano no resolvió totalmente el asunto. ¿Razones? Por su estado de impureza, no clasificaba como apta para el consumo humano. Para colmo, irrumpía en compañía de «gente» indeseable: caracolillos, piedrecitas y cuanta materia extraña se encontraba en el camino. De ahí que fueran tan comunes las obstrucciones en las viejas tuberías del poblado y en las válvulas domesticas. 
Pero antes de que todo este vía crucis ocurriera, el llamado Pozo de Valenciano aportaba en Manatí lo suyo en lo referente a la calidad de agua. Les contaré grosso modo su interesante y añeja historia. 
Juan Valenciano, 1950
Allá por los años 20 ó 30 del siglo pasado, Juan Valenciano, un emigrante español nacido en Albacete y aplatanado en Manatí,  horadó en el patio de su casa un pozo de 36 pies de profundidad que devino hecho extraordinario en la comarca. Fue tanta la fama alcanzada por su fertilidad y la calidad de su agua que la Manatí Sugar Company -emporio norteamericano dueño del ingenio por entonces- decidió hacer uno similar en sus cercanías para intentar darle solución al suministro del líquido al poblado. 
Antes de poner manos a la obra, sus directivos contrataron y  trajeron al lugar a varios geólogos para que analizaran el suelo con sus equipos e instrumentos especializados. Los expertos -casi todos sacerdotes estudiosos del tema, procedentes de Camaguey- concluyeron en que el mejor sitio para perforarlo era, justamente, al lado del que había construido el viejo Valenciano. 
Así, en 1942 la citada compañía abrió allí un pozo de más de 40 pies de profundidad. Inicialmente sus constructores pensaron que el nuevo hueco achicaría el viejo. ¡Pero ocurrió al revés! Entonces los operarios barrenaron por abajo, comunicaron entre sí las dos oquedades, el agua tomó en ambas el mismo nivel y... ¡asunto resuelto! 
La compañía asumió la habilitación material del lugar: llevó la electricidad, entregó una turbina, levantó el brocal, construyó una caseta, sembró parras, diseñó una glorieta con enredaderas y bancos, colocó una señalización donde se podía leer POZO DE VALENCIANO 1942... Con la tierra extraída arregló el terraplén que venía del barrio rural de San Pablo y entroncaba con la carretera rumbo a Tunas.
Entrada del Pozo, 1950
Desde entonces, cada día, a las siete de la mañana, el agua del Pozo de Valenciano se persona en los hogares de Manatí a través de la red hidráulica. Lo hace sin apenas presión, pero es la oportunidad que aprovechan las amas de casas para recoger  «agua blanca», como le dicen en tono apologético. Media hora después, el breve chorrito comienza a languidecer hasta esfumarse por completo. Quien falte a la cita matutina con el divino líquido, deberá aguardar hasta el día siguiente para obtenerlo.
El popularísimo Pozo de Valenciano es uno de los sitios más interesantes de nuestro entrañable pueblo. No se puede calcular por cuánto tiempo más estará prestándonos servicios, pues son tan fértiles sus manantiales que ni siquiera las grandes sequías de los últimos años han sido capaces de agotarlos. Pienso que las autoridades  de Manatí deberían ocuparse un poco más de sus instalaciones en cuanto a mantenimiento, cuidado y restauración. Yo creo que hasta se merece que lo declaren Monumento Municipal, sí señor.

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