domingo, 24 de abril de 2016

La sed de la tierra

En el planeta convive junto a nosotros un recurso natural más preciado y necesario que el petróleo: el agua. Su existencia propone un dilema: o lo usamos con racionalidad o desaparecemos. Porque, si este fluido huérfano de olor y de color se agotara un día, todas las formas de vida estaríamos, sin derecho a réplica, condenadas a morir. 
La ciencia intenta conjurar tamaña amenaza con el hallazgo en los laboratorios de una sustancia alternativa capaz de suplir la fórmula compuesta por dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno. Sin embargo, y a pesar de la tenacidad desplegada, las probetas no han conseguido obtener resultados alentadores. 
Aunque el colapso de las reservas globales de agua no parece inminente, inquieta el deterioro de sus niveles, tanto para el consumo humano como para la industria y la agricultura. La mengua de los regímenes de lluvia hace temer que en el futuro se desaten guerras por su control. Tal eventualidad pende como la clásica Espada de Damocles sobre países de los cinco continentes, que se disputan derechos de utilización sobre importantes corrientes fluviales.

LOS CAPRICHOS DE SAN PEDRO

Las sequías tienen antigua data. Entre las primeras conocidas figura la que asoló China en 1644 y derrocó a la dinastía Ming. La más letal, empero, fue la Gran Sequía de la era victoriana, entre 1876 y 1879. Sus efectos repercutieron en casi todo el trópico, y la hambruna resultante dejó un saldo de 30 millones de víctimas. En el siglo XX, la peor castigó a la región africana de Sahel entre 1970 y 1980. Cobró 100 000 vidas. 
En la actualidad, las precipitaciones escasean en extensas áreas geográficas del planeta. Unos 4 000 000 000 millones de personas sufren de una angustiosa carencia de agua al menos durante un mes cada año. Y hay más: a juzgar por la Organización de las Naciones Unidas, para el 2030 la mitad de la población mundial vivirá en zonas de intensa sequía. 
Cuba no escapa al difícil panorama. Según el Centro del Clima del Instituto de Meteorología, el 45 % de su territorio tuvo déficit en los acumulados lluviosos durante 2015. En su último período húmedo –de mayo a octubre pasados-, el promedio de precipitaciones ni siquiera rozó la media histórica, pues solamente acumuló el 84 %. En la etapa, los embalses adscriptos al Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INRH) represaron apenas la mitad de su aforo total. Y las cuencas subterráneas, exhaustas, llegaron en peor situación que en el 2004, cuando el país sufrió una de las sequías más severas de su historia.

PARA UN DOSSIER TUNERO

-La falta de lluvia en nuestra provincia no es una novedad –asegura la geóloga Mirtha Rodríguez, delegada del INRH en Las Tunas. Se trata de un fenómeno cíclico que nos afecta cada cierto tiempo. Se atribuye a los cambios climáticos derivados del efecto El Niño y a la deforestación. 
«La sequía de 2004 fue terrible. Tanto que, al cerrar diciembre, el territorio tenía apenas el 56 % de su acumulado histórico de lluvias, ascendente entonces a 1126 milímetros anuales. A nuestros embalses no les fue mejor, pues su almacenaje se redujo a la quinta parte de su capacidad». 
Agrega la funcionaria que, al no llover durante parte del 2004, el año siguiente tuvo que vérselas con graves aprietos en materia de humedad. Tantos, que los embalses, capaces de recopilar en conjunto unos 350 millones de metros cúbicos de agua, llegaron a sumar solo 39 millones. 
«Ya en marzo de 2005, la presa El Rincón, principal fuente de abasto de la ciudad capital, con unos 165 ml habitantes, quedó en volumen muerto, considerado así cuando almacena menos de 400 000 metros cúbicos de agua. También colapsó El Lavado -abastecedora del municipio de Jobabo-, y quedaron casi al borde al límite Cayojo y la cuenca La Cana. A partir de junio comenzó moderadamente a llover y la situación cambió algo». 
En 2006, el mapa isoyético cubano, confeccionado por los especialistas luego de evaluar los niveles de precipitaciones cuantificados en los últimos años, actualizó los parámetros tuneros y fijó la media histórica de lluvias de la provincia en 1038 milímetros anuales, una de las más bajas del país. 
-La sequía persistió hasta el 2007, cuando nos azotó la tormenta tropical Noel –recuerda Mirtha-. Lo que en otra circunstancia hubiéramos ahuyentado con un suplicante «solavaya», devino auténtico regalo, pues llovió al 147 % de la media histórica y casi todos nuestros embalses vertieron. Realmente, Noel significó un respiro para nuestra asfixia. 
«En el 2008, el ciclón Ike se ensañó con la provincia, pero sus lluvias dejaron un saldo positivo en cuanto a aguas represadas –continúa Mirtha-. En el 2009 y el 2010 también hubo humedad, con rangos similares a la media histórica. Desde entonces la situación cambió: en 2011 y 2012, llovió menos que de costumbre. Y en  2015, solo al 83 %. 
«Hoy, como dice el refrán, estamos con el agua al cuello, pues nuestros 23 embalses acumulan apenas 85 millones de metros cúbicos, de los 350 para los que están concebidos, es decir, están al 24 % de su capacidad. Además, el promedio pluvial de la región ronda los 61,8 milímetros». 
En efecto, el panorama lluvioso tunero actual es bastante difícil, y muy parecido al del tristemente célebre 2004. A su imagen y semejanza, y como consecuencia de la falta de lluvia en el ciclo húmedo pasado, embalses y cuencas irrumpieron en el período seco -de noviembre a abril- en contexto desfavorable. A una represa importante, como la de Playuela, proveedora de la población del municipio de Majibacoa, le quedan pocos días de cobertura. Las de El Rincón, Cayojo y la cuenca La Cana, aunque en mejor coyuntura, capean como pueden el rudo temporal. 
-Actualmente, reciben agua por pipas casi 160 mil habitantes de los ocho municipios –precisa Mirtha-. La cifra incluye a 223 comunidades que no disponen de redes hidráulicas convencionales ni de fuentes propias, por estar salinizados los suelos donde se localizan. En la tarea toman parte la Empresa de Acueductos y la Dirección Provincial de Servicios Comunales. Al respecto, tenemos también un programa de construcción de pozos. Para este año prevemos perforar 33 en diferentes asentamientos.

ATAJAR LA FUGA DE AGUA

En el 2007, Las Tunas, junto a otras 11 ciudades cubanas, resultó escogida para incorporarse a un programa de rehabilitación de su deteriorado y longevo sistema de redes hidráulicas, sobre todo el de su ciudad capital. El presupuesto fue de 17 millones de dólares, provenientes de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP). 
-Desde el 2007 hasta el 2010 la prioridad fue la rehabilitación de redes –dice Mirtha-. A partir del 2012 le sumamos el programa de las conductoras. Para este 2016 tenemos un proyecto amplio, que incluye la importación y montaje de la planta de tratamiento de agua para los poblados de Chaparra y Delicias, previstos para conectarse a la presa Juan Sáez. Además, se pretende dar los toques finales los acueductos de San Antonio, comunidad periférica de la cabecera provincial, y al del municipio de Jobabo, uno de los más afectado por la sequía. 
«La ejecución suele atrasarse, pues nuestros trabajadores deben sustituir tuberías y suprimir salideros, por donde se escapa casi la mitad del agua generada en la provincia. Pero, al final, el resultado vale la pena. La gente lo reconoce, porque el agua irrumpe con más fuerza en los hogares, incluso en aquellos repartos altos donde tradicionalmente nunca llegó. 
«El trabajo es arduo y, como resulta extremadamente complejo por causa del pésimo estado de nuestras redes hidráulicas, lleva tiempo. Para acometerlo se ha tenido que adquirir tecnología, en especial grúas, camiones, retroexcavadoras, motoniveladoras, compresores y hasta una máquina para sellar conexiones. La población se admira al verlos trabajar. 
«Pero de nada valdrán todas estas inversiones y todos esos esfuerzos si la población y las direcciones de los centros de trabajo no se sensibilizan con el ahorro de agua -agrega la funcionaria-. Somos testigos de cuánta se derrocha en ambos sectores. Es un señalamiento que nos hacen en todas las rendiciones de cuenta del delegado a sus electores, a donde casi siempre asiste uno de nuestros representantes».

PARA QUE NO NOS AGUEN LA EXISTENCIA

Según los anales meteorológicos, la capital mundial de las precipitaciones es Mawsynram, una aldea hindú donde la humedad alcanza los 11871 milímetros de lluvia cada año; y el lugar más seco, cierta región del desierto de Atacama, en Chile, donde no se registra ni siquiera un chubasquito desde hace cuatro siglos. 
Los tuneros estamos distantes de ambos extremos. Ni tan húmedos ni tan secos. Eso sí, estamos obligados a aprovechar hasta la última gota el agua disponible. Desperdiciarla, amén de insensato, sería un crimen de leso sentido común. Solamente que, en ocasiones, el sentido común parece ser el menos común de los sentidos.

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viernes, 11 de marzo de 2016

Cosas de mujeres

Cuando la algarabía de la alarma electrónica hace trizas el silencio del amanecer, Nancy, semidormida, extiende un brazo y le apurruña la corona al reloj. Por unos segundos más permanece acostada sobre la cama. Luego bosteza, estira el cuerpo, se incorpora y comienza a despabilar la agenda de su pensamiento.
Les da un repaso a algunas tareas aplazadas. «Tengo que comprar jabón y viandas», musita para sí. Somnolienta todavía va a la cocina y alista la cafetera para el primer buchito del día. Lo bebe en silencio y con delectación. El líquido negro y caliente le tonifica el ánimo. Deviene suerte de  disparo de arrancada para los compromisos de su cotidianidad.
En la habitación contigua le echa un tierno vistazo al hijo que duerme. Intenta despertarlo con una caricia. «Vamos, perezoso, que se te hace tarde», le susurra. Desde la abulia de sus seis años, Javier rezonga entre dientes y se vira para el otro lado. Finalmente obedece y hace lo de siempre. Nancy le organiza el cuarto, lo ayuda con el uniforme y le acomoda la mochila.
El desayuno está a punto. Depende de las posibilidades. Tal vez pan con aceite. O con mantequilla. O con queso. O solo pan tostado. Depende. Y quizá yogur de soya. O jugo natural. O café con leche. O refresco instantáneo. Depende. Nancy se esmera por tenerle algo siempre. Igual para la merienda. Mientras él desayuna, ella, a toda prisa, se viste, se mira en el espejo, se peina, se pinta, se perfuma, toma la cartera, se evalúa…
Salen. Por suerte, la escuela de Javier está cerca. Nancy lo deja en la puerta. El drama de la «botella» rumbo al trabajo es lo peor de la mañana. Los carros pasan de largo, indiferentes a la súplica de su brazo. Por fin, atrapa uno. La deja a siete cuadras de su consultorio médico. Llega exhausta y agitada. Va directo para el gabinete, donde le aguardan sus pacientes.
Los casos de hoy son numerosos y variados. Una madre con su pequeño en estado febril; un anciano al que se le venció el «tarjetón»; una muchacha embarazada con amenaza de aborto; una adolescente con un fuerte dolor en la garganta; un hombre con problemas de hipertensión… Nancy les escucha pacientemente y les prescribe lo indicado. Luego, con el sol casi a plomo, se va a visitar en sus hogares a un inválido y a una parturienta.
A su regreso al consultorio, pone en orden los papeles y las historias clínicas. Pasado  el mediodía come algo y toma rumbo al hospital. Como las guaguas de esa ruta demoran, resuelve hacer el trayecto a pie. «¡Pero qué calor, madre mía!», se lamenta mientras se enjuga el sudor. En el centro de documentación revisa bibliografía para un evento científico. Luego se llega al laboratorio a buscar el resultado de los análisis de una vecina. Y pasa por la oficina de una colega amiga que le tiene unos zapatos para Javier.
«¡Uy, ya casi es hora de recoger al niño!», se alarma. Otra vez se somete a la odisea de la «botella». Aborda un camión, que la deja lejos de su rumbo. Por el camino compra jabón y viandas. Y un paquete de sorbetos para Javier. Y se toma un refresco frío. Ya en la escuela, alguien le recuerda que hay reunión de padres. A ella —madre sola— le corresponde de oficio. «Tu hijo anda bien en las clases y es muy aplicado», le dice la maestra. Y Nancy, a pesar de su extenuación, siente que es inmensamente feliz.
Camino a casa, él le cuenta las incidencias escolares del día y el resultado obtenido en una evaluación. Se abrazan jubilosos. Javier se empeña en cantarle una canción que la maestra le enseñó hoy y que tiene que ver con la vida de nuestros héroes y el amor a la Patria. Nancy la conoce y la tararean juntos. Y por un instante tiene la sensación de que vuelve a ser niña.
Apenas franquea la puerta de la casa, se enrola en su segunda jornada laboral. Llena de agua la lavadora y acopia las piezas sucias; sacude con un paño el polvo de los muebles; les tira unos escobazos a las habitaciones; plancha el uniforme de mañana; adelanta cuanto puede la comida; cuelga del cordel la ropa lavada; atiende una llamada telefónica; va a la bodega antes de que la cierren; riega sus plantas ornamentales; dedica unos minutos a los ejercicios; le dice a Javier que no hay juego hasta que haga la tarea; y hasta canturrea el último hit musical de Habana de D´ Primera…
Cae la noche y casi es hora de la cena. Nancy le prepara el baño a Javier y sirve la mesa. Los dos comen juntos. Después friega la loza y bota la basura. Desde que se levantó no ha parado un minuto, pero busca tiempo para pintarse las uñas, frotarse crema y depilarse las piernas. A la hora de la novela se sienta frente al televisor. Luego revisa la contabilidad de la casa, saca cuentas y aparta un dinerito para una situación imprevista.
Como cada noche, Javier le exige que le lea un libro de cuentos en la cama. No se puede negar.  Para allá van los dos y se acuestan, juntitas las cabezas sobre la almohada. Nancy deviene intérprete de circunstancia de varios personajes infantiles a la vez. El niño se queda rápidamente dormido. Ella le da un beso cariñoso en la frente, lo arropa bien y le apaga la luz.
Vuelve al televisor. En la cartelera anuncian la última película de Leonardo DiCaprio, su actor favorito. «La quisiera ver», dice para sí. Pero no. Los párpados se le caen del sueño. Ha tenido una jornada intensa y el cuerpo y la mente deben descansar. Con toda su calma toma el reloj y lo programa para la hora de siempre. Se acuesta y cierra los ojos.  Para Nancy, como para millares de mujeres cubanas como ella, mañana será otro día.

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domingo, 31 de enero de 2016

La Casa Insólita de Las Tunas

Cuando a inicios de 2013 el arquitecto Domingo Alás les propuso a las autoridades tuneras construir en la ciudad una casa insólita o anti-gravedad, sus interlocutores pusieron rostros graves y se mostraron escépticos ante lo insólito de la solicitud. 
Domingo sacó de la manga sus argumentos. Les aseguró que sería la única instalación de su tipo en Cuba; y que, por su naturaleza, atraería gran número de visitantes; y que sería una opción recreativa para los tuneros; y que la gente valoraría en alto grado su apertura; y que allí se podrían entender mejor algunas leyes de la Física y de la Óptica; y que le dieran una oportunidad para demostrarlo; y… 
El arquitecto fue aún más lejos. Les dijo que si su proyecto les parecía demasiado fantasioso, que, por lo menos, le dieran la oportunidad de intentar convencerlos de lo contrario. 
-Les propuse vender mi vivienda y mi carro, y, con el dinero resultante, construir una casa insólita algo más pequeña, cuya gestión comercial correría por mi cuenta y riesgo –recuerda-. Luego de unos meses abierta al público, les demostraría que, además de convertirse en una atracción, la instalación era capaz de recuperar con creces el desembolso realizado. 
Por fortuna, no fue necesario materializar tan extravagante propuesta. La pasión que puso Domingo en la defensade su idea, y las expectativas creadas en torno suyo como alternativa de recreación sana, hicieron que los decisores dieran luz verde a la ejecución de un proyecto arquitectónico que pone a la ciencia a revelar secretos en complot con la gravedad.
ANTECEDENTESDEL PROYECTO
Las casas insólitas son recintos en cuyo interior es posible percibir sensorialmente fenómenos que, en apariencias, se encuentran en las antípodas de los principios de la gravitación universal. Existen pocas en el mundo, y no con el mismo nombre. Una de las más antiguas de las que se tienen noticias es la del Vórtice de Oregón, que figura entre las atracciones de carretera más divertidas de Estados Unidos. 
Según se cuenta, en 1904 una compañía dedicada al comercio de oro construyó allí una cabaña que al cabo del tiempo, y por algún desperfecto original, se reclinó hacia un lado hasta quedar en posición oblicua. La casita cobró fama cuando sus primeros visitantes se percataron de que dentro de ella los cuerpos tienen a adoptar extraños ángulos con respecto al suelo, sin que la voluntad personalconsiga evitarlo. 
Argentina tiene la suya, auspiciada por estudiantes de la Universidad de Buenos Aires. La llaman La Casa Anti-Física de Newton y consta de tres locales con inclinaciones de 20, 30 y 35 grados, respectivamente. La fuerza de la gravedad allí provoca que la gente sienta que camina «torcida». Pero en cada sala hay un peldaño con el ángulo normal para que el visitante desconcertado se tranquilice y «descubra» el encantamiento. 
El desaparecido Michael Jackson estableció una insólita pauta anti-gravedad. El Rey del Pop patentó unos zapatos cuyos tacones podían acoplarse a unos tornillos fijados sobre el escenario. El ardid, que él estrenó en su video clip Smooth Criminal, le permitía quedarse de pie y dejarse caer hacia adelante hasta un ángulo de 45 grados con respecto al piso. Pero -¡ay!- en 1996, durante un show en Moscú, el artista se lesionó al zafarse uno de los tacones en pleno espectáculo.
LA CASA POR DENTRO
Se conoce que la fuerza de gravedad ejerce su influencia en las personas. Cualquier cambio suyo repercute de alguna manera en la orientación en el espacio y exige a los órganos del equilibrio adaptarse de prisa a las nuevas circunstancias. Cuando ese acomodo no se consuma en su totalidad, pueden sobrevenir mareos e ilusiones visuales. 
Estas verdades se ratifican tan pronto se penetra en el túnel ladeado que da acceso a la casa insólita tunera. Al instante uno siente como si todo diera vueltas, y un súbito vértigo hace acto de presencia. «Aguántense bien del pasamanos», advierte la guía. Pero, a pesar de seguir a pies juntillas su exhortación, solo pasados unos minutos se consigue estabilizar el paso. 
La primera sala está consagrada al científico griego Arquímedes de Siracusa, creador del principio de la hidrostática.A él se le atribuye un famoso y recurrente enunciado: «Un cuerpo total o parcialmente sumergido en un fluido en reposo experimenta un empuje de abajo hacia arriba igual al peso del volumen que desaloja». 
Su primera atracción es un estanque con casi 20 mil litros de agua. La superficie debía descansar en perfecta horizontalidad, pero aquí está inclinada. Uno llega a pensar que en cualquier momento se le vendrá todo el líquido encima. Pero hay más: en una pecera aledaña, golfies y colisables nadan graciosamente con sus cabecitas más altas que sus segmentos traseros. La oportuna explicación propicia entender el curioso fenómeno. Y, como Arquímedes, exclamar ante el hallazgo: « ¡eureka!». 
A Pitágoras, el gran matemático y filósofo helénico, se dedica la segunda sala insólita. De tanto repetirlo otrora, aún se recita de carretilla su conocido teorema: «En un triángulo rectángulo, el cuadrado de la hipotenusa es igual a la suma de los cuadrados de los catetos». 
Pero no es la biografía del ateniense ilustre lo que sorprende en este local de 20 grados de inclinación. La sensación de sorpresa la origina la llamada «canal hidráulica trastornada», que transporta agua… ¡hacia arriba! ¿Cómo puede tolerar tamaño agravio la ley de la gravitación universal? Delante de mí, un adolescente manifiesta su incredulidad frotándose los ojos. 
El sempiterno Newton, matemático y físico inglés, monopoliza honores en la tercera sala. Su primera ley, «todo cuerpo permanece en reposo o en movimiento rectilíneo uniforme mientras que sobre él no actúe ninguna fuerza que varíe su estado inicial» encuentra allí buena atmósfera. 
El local hace gala de artefactos como el Tragabolas y las Regletas. En ambos casos se utilizan planos inclinados donde las esferas, independientemente de su peso, ascienden, en lugar de precipitarse cuesta abajo, en una flagrante burla a los añejos principios de la fuerza de gravedad. Igual recorrido describen pequeñas bolas en tres canales superpuestas. 
La cuarta sala se reclina a los pies de Leonardo da Vinci, el florentino que fue, al unísono, pintor, anatomista, arquitecto, artista, botánico, científico, escritor, escultor, filósofo, ingeniero, inventor, músico, poeta, gastronómico y urbanista. 
Lo más notable allí es la cortina líquida que se filtra a través de una pared con reminiscencias de roca. Pero, en lugar de deslizarsehacia abajo, como todo manantial que se respete, lo hace hacia adelante, buscando la perpendicular. Una estrella de madera llena de agua provoca igual efecto. Los visitantes, además, se divierten con las posturas absurdas que adoptan sus cuerpos al caminar por dentro de la casa. 
La quinta sala es, en mi criterio, la más espectacular. De todo lo que allí asombra, resalta el péndulo de un reloj. Cuelga desde el techo en un ángulo nada convencional y oscila irregularmente de un lado a otro, igual que los columpios. Hay una escalera que parece como cortada a pico en la pared, y, sin embargo, es perfectamente posible bajar y subir por ella. 
Los visitantes ponen los ojos como platos cuando asisten a un espectáculo increíble: una silla que apoya sus patas traseras en un saliente de la pared y deja las delanteras en el aire sin que su ocupante se venga aparatosamente al suelo. Y, si de patas se trata, una mesa de billar las tiene de diferentes tamaños, lo cual no impide que las bolas corran hacia uno y otro lado como si todo estuviera perfectamente horizontal. Por último, hay un sofá del que es imposible pararse sin recibir ayuda. Ante tamaña dinámica, Galileo Galilei, dignificado en esta sala, se hubiera evitado pronunciarsu célebre frase: «Y sin embargo se mueve…».
DETALLES COMPLEMENTARIOS
-Ninguno de los elementos de la casa puede considerarse como tecnología de punta –comenta Domingo, autor de otros diseños que combinan la Física con la ingeniería y la arquitectura, como la Plaza Martiana local y el Memorial Caimito de Hanábana, en Matanzas- Tampoco hay tomaduras de pelo con lances de magia, pues los fenómenos percibidos son ilusiones ópticas legítimas.Se trata apenas de un aporte a la divulgación de la ciencia y a fomentar su interés público de manera amena y divertida. 
Desde su apertura oficial hace apenas una semana, la casa insólita tunera ha recibido la visita de centenares de personas –incluyendo varios ministros y otros dirigentes-, ávidas por apreciar de primera mano el desconcierto provocado por una propuesta considerada ya la gran novedad de este verano. El inmueble incluye, además, otros espacios para la cultura como una sala de proyección en 3D y un patio para la presentación de espectáculos de magia, amén de servicios de gastronomía. 
-La aceptación que ha tenido la casa insolita es espectacular –asegura la joven Beatriz Acosta, especialista a cargo de la conducción de los visitantes a través de las salas-. Y la disciplina del público, inmejorable. A todos, sin distinción, nos corresponde cuidar esta joya, que ya forma parte del patrimonio cultural de la localidad. 
La casa insólita de Las Tunas deja boquiabiertos a sus visitantes de ocasión. Se trata de una manera novedosa de eludir los convencionalismos con el empleo consecuente de la originalidad y de la fantasía. En definitiva, la originalidad es la expresión más acabada del ingenio; y la fantasía, la mejor aliada para encontrar el camino de la realidad.

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viernes, 27 de noviembre de 2015

Ig Nobel para sonreir

La revista norteamericana «Anales de la Investigación Improbable» entrega anualmente, en varias categorías, un reconocimiento capaz de arrancarle a cualquiera una sonrisa: el Premios Ig Nobel, que distingue al humor como alternativa para estimular el interés serio por diferentes áreas del saber.
Su mecenas es Marc Abrahams, un matemático de 60 años de edad, quien en su época de editor de la revista Science, «descubrió» que los temas de algunas investigaciones eran tan divertidos que merecían conocerse. Así, en 1991, instauró la entrega del lauro en predios de la celebérrima Universidad de Harvard. Los ganadores de esta parodia de los Premios Nobel legítimos son elegidos por un jurado que cada año recibe más de 6 000 nominaciones de todas partes del mundo. La mayoría plantea descubrimientos absurdos, extraños, chiflados, risibles e, incluso, tontos, realizados increíblemente, con seriedad.
Sin embargo, el disfrute anual de las simpáticas guirnaldas ha provocado más de una sorpresa posterior. Por ejemplo, en el año 2000 el ruso Andrei Gueim recibió el Premio Ig Nobel de Física «por hacer levitar a una rana mediante imanes». Una década después ganó el Premio Nobel serio en la misma rama por su trabajo sobre el grafeno. «Las personas que no tienen sentido del humor no pueden ser buenos científicos», dijo una vez. Les propongo un recorrido por la historia de estos premios.
CIENCIA Y CARCAJADA
En 1993 el jurado premió a los doctores Nolan y Stillwel con el Ig Nobel de Medicina por su trabajo Manejo seguro de los penes atrapados en los zipper o cremalleras, publicado en la revista Journal of Emergency Medicine. ¡Cuántos infortunios nos hubiéramos evitado los hombres de haberlo conocido antes! En la misma categoría, pero en 1995, la distinción recayó en un equipo norteamericano por su desconcertante estudio El efecto de la respiración forzada por un solo agujero de la nariz sobre la capacidad cognitiva. Y en 1999, un médico noruego obtuvo el reconocimiento «por recolectar, clasificar y estudiar los tipos de envases elegidos por los pacientes para entregar las muestras de orina».
En 2010 dos «acuciosos» psicólogos holandeses defendieron la tesis de que «los síntomas del asma se alivian luego de una vuelta en una montaña rusa». Sería bueno ubicar algunos de estos artefactos en grandes hospitales. Su colega Mirjam Tuk no les fue a la zaga en espectacularidad. «Demostró» que las personas toman mejores decisiones cuando tienen una urgente necesidad de orinar. Los físicos también han hecho otros aportes a la ciencia curiosa. Como Robert Matthews, investigador de la Universidad de Aston, Inglaterra, que ganó el Ig Nobel en 1996 «por sus estudios sobre la Ley de Murphy y, en especial, por demostrar que las tostadas siempre caen al suelo por el lado de la mantequilla».
En la misma cuerda, un compatriota suyo, el doctor Ien Fisher, obtuvo el singular reconocimiento en 1999 «por explicar la mejor manera de mojar una galleta sin que se desmorone en el café o en el té». Y un tercer inglés, el profesor Jean-Marc Vanden-Broeck, de la Universidad de East Angli, fue distinguido también en ese año con el Ig Nobel «por idear un método para fabricar teteras que no goteen».
PREMIOS A LO IRRELEVANTE
El galardón de 2001 en la categoría se lo agenció un grupo de físicos norteamericanos y taiwaneses, por descifrar la enigmática Ley de la orina. Con su estudio, el equipo llegó a la conclusión de que los mamíferos mayores de tres kilogramos de peso tardan en orinar 21 segundos como promedio. Pero las «pesquisas» en este campo fueron aún más lejos. En 2006, el Ig Nobel se lo adjudicaron dos «investigadores» franceses de la Universidad Pierre et Marie Curie «por estudiar por qué los espaguetis secos se fracturan en más de dos partes cuando se doblan».
En 2007, el singular lauro le fue acreditado a un chileno y a un norteamericano de la Universidad de Harvard, «por estudiar a fondo cómo se arrugan las sábanas». La Física aplicada al deporte figuró entre las reconocidas, cuando en 2011 un experto determinó por qué los discóbolos se ma-rean al lanzar su implemento y los martillistas no. Y algo sumamente «interesante»: en 2009 Katherine K. Whitcome, de la Universidad de Cincinnati, descubrió analíticamente «por qué las mujeres embarazadas no se caen nunca hacia delante».
Pero la «tapa al pomo» en las pesquisas insólitas sobre la especialidad se la pusieron dos japoneses, premiados con el Ig Nobel el pasado año por estudiar «la capacidad de la cáscara de plátano para causar un resbalón». Según ellos, «cuando una persona pisa una cáscara, disminuye la fuerza de fricción entre el zapato y la cáscara, y entre esta y el suelo, por lo que se incrementa de forma considerable el riesgo de caída».
En materia biológica, los Ig Nobel son para desternillarse. En 2001 lo ganó el norteamericano Buck Weimer, por inventar una ropa interior con un filtro desechable capaz de remover los gases malolientes antes de que escapen. En 2007, la agraciada fue una holandesa, por realizar un censo de «todos los insectos con los que compartimos nuestras camas». Un año después ganaron dos franceses, quienes descubrieron «que las pulgas de los perros pueden saltar más alto que las de los gatos». En 2014 un equipo multinacional hurgó en otras facetas y fue premiado: estableció que, cuando hacen sus necesidades, los perros alinean sus cuerpos al eje de los campos geomagnéticos norte-sur de la Tierra. Por su parte, entre los enaltecidos de este año figura un colectivo inglés de la Universidad de Newcastle «por demostrar que las vacas a las que sus dueños han puesto nombres, dan más leche que las vacas sin nombre».
Los Premios Ig Nobel reservan también distinciones para la paz. Así, en 2007 le fue conferido el galardón al Laboratorio Wrigth, de la Fuerza Aérea norteamericana, por desarrollar la llamada «bomba gay», un artefacto con elementos químicos cuyo estallido, en caso de ser lanzado, provocaría que los soldados enemigos se volvieran sexualmente irresistibles entre ellos.
MÁS DE LO MISMO
En 2010 el inglés Richard Stephens confirmó a través de estudios que los insultos, improperios y maldiciones dichas en voz alta alivian la ansiedad y hacen tolerable el dolor causado por un golpe fuerte. Algo parecido consiguió con sus indagaciones el noruego Halvor Teigen, quien en 2011 ganó el Premio por intentar comprender por qué las personas suspiran.
Si de Ig Nobel insulsos se trata, hay dos que turban. John Trinkaus lo conquistó en 2010 en Literatura por su estudio «Porcentaje de jóvenes con la gorra de béisbol con la visera hacia atrás». Y en esa misma categoría lo alcanzó este año el holandés Mark Dingemanse, «por determinar que la palabra “eh” (uh, en inglés) es usada en idiomas de todo el mundo, incluyendo los inusuales», aunque aún desconoce el porqué.
Otro pergamino que se las trae fue el otorgado en la categoría de Astrofísica en 2001. Lo recibieron un par de doctores de Michigan, por «descubrir» que los agujeros negros espaciales satisfacen todos los requisitos técnicos para pensar que allí se localiza… ¡el infierno!
Meteorólogos también contribuyeron al estudio de su ciencia con una monografía que les hizo obtener el Ig Nobel de 1997. En efecto, el australiano Bernard Vonnegut, de la Universidad Estatal de Albany, presentó un informe titulado «El desplumamiento de los pollos como medida de la velocidad del viento durante un tornado», publicado luego por la revista «Weatherwise».
¿Y cómo dejar fuera del podio de los Ig Nobel a la Química? En 2002 esta categoría aplaudió a un colectivo de investigadores japoneses por identificar la enzima que provoca el llanto al cortar cebollas. Según los autores, el compuesto no se vincula con el sabor y el olor de la hortaliza, pero sí podría constituir el primer paso para cultivar cebollas modificadas genéticamente, sin esas molestias para el cocinero. También en esa especialidad este año fue premiado el científico australiano Colin Raston, profesor de la Universidad Flinders, en Adelaida, por una receta proteica capaz de lograr que un huevo hervido regrese a su composición original.
Pero, entre todos los Premios Ig otorgados desde su creación, los que entrañaron mayores sacrificios a sus autores fueron los de Fisiología y Entomología de este año. En la primera categoría ganó el norteamericano Justin Schmidt, por crear el «Índice de Dolor por Picadura», que calcula el rango de dolor sentido tras las picaduras de diferentes insectos, y para cuyo estudio él mismo se prestó como sujeto a ser picado. Durante una pesquisa entomológica análoga, su colega Michael Smith se hizo picar por abejas en 25 lugares distintos para descubrir en cuál área corporal duele más un aguijonazo. A los «picados» por la curiosidad les informo que las zonas más adoloridas fueron las fosas nasales, el labio superior y... el pene.
DE TODO COMO EN BOTICA
Hay más, muchos más Premios Ig Nobel descabellados y curiosos. Como los de 2006 en Acústica y Matemáticas, donde ganaron, respectivamente, un científico de Harvard por llevar a cabo experimentos para conocer por qué algunas personas detestan el sonido de las uñas rascando una pizarra; y dos fotógrafos que calcularon el número de imágenes que deben tomarse para estar seguros de que en un grupo nadie saldrá con sus ojos cerrados. Pero el repaso por la historia de estos singularísimos premios me dejó una insatisfacción: pensé encontrar por alguna parte una guirnalda para el científico que comiera más cascaritas de piña. Mi búsqueda resultó infructuosa. ¿Alguien lo sabe?

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viernes, 24 de julio de 2015

De Las Tunas a Washington

Escribo esto para todo tunero que resida hoy en cualquier parte del planeta; o que se haya ido del terruño en cualquier época; o que siga cualquier ideología política; o que pertenezca a cualquier grupo generacional; o que le importe un carajo cualquier arreglo Cuba-USA... Pero, en especial, escribo esto para aquellos tuneros que conservan en la parte izquierda del pecho el recuerdo de su Patria (de la Grande y de la Chica). Unos y otros deben sentir orgullo de lo ocurrido el pasado 20 de julio en la Embajada de Cuba en Washington. Fíjense, a mí no me parece tan crucial su antecedente de 1961 como su referente de 2015. En materia de vínculos intergubernamentales, siempre será más importante izar una bandera que arriarla. Ojalá este simbolismo traiga tiempos mejores en las relaciones de dos países que están al alcance de un abrazo. Porque, como dijo la gran Indira Ghandi, «con el puño cerrado no se puede intercambiar un apretón de manos». ¡Basta de hostilidad! ¡Bienvenida la concordia! Todos los cubanos -¡todos!- nos lo merecemos. 

AHORA LEAN LO QUE INVESTIGUÉ SOBRE EL TEMA: 

Las primeras palabras del Canciller Bruno Rodríguez en la reapertura de la Embajada de Cuba en Estados Unidos revelaron la participación tunera en un suceso a todas luces trascendental. Expresó: «Amigas y amigos: La bandera que honramos a la entrada de esta sala es la misma que aquí fue arriada hace 54 años, conservada celosamente en la Florida por una familia de libertadores y luego por el museo de nuestra ciudad oriental de Las Tunas, como anticipación de que este día tendría que llegar».
Pocos cubanos conocían de este singular hecho, que hoy cobra relevancia en tanto se da a conocer en un contexto de inusitada significación. Uno de ellos es el máster Víctor Marrero Zaldívar, Historiador de la Ciudad de Las Tunas, quien ofreció detalles en torno a la historia de una enseña que permeneció durante años oculta al público dentro de un cilindro plástico.
-La bandera la trajo a la ciudad de Las Tunas Héctor García Soto, bisnieto del Mayor General Vicente García González, el héroe tunero por excelencia. Como se sabe, este valeroso oficial mambí, entre otros muchos méritos, llegó a ocupar la presidencia de la República en Armas y fue, además, General en Jefe del glorioso Ejército Libertador de Cuba.
«A inicios de 1960, Héctor fue designado por el Ministerio de Relaciones Exteriores para trabajar como diplomático en la Embajada de Cuba en Washington. Un año después, el 3 de enero de 1961, las autoridades norteamericanas rompieron unilateralmente relaciones con nuestro país. En medio del ajetreo que tal decisión entrañaba para el personal cubano destacado allí, Héctor procedió a arriar la bandera tricolor que ondeaba en un asta en el exterior de la misión y a ponerla a buen recaudo.
«En 1992 -continúa Víctor Marrero- una editorial habanera publicó mi libro "Vicente García: leyenda y realidad". Héctor, ya establecido en Miami, recibió un ejemplar que le envió Ileana, una de sus hermanas, ya fallecida. Una vez que lo leyó, me remitió su opinión por correo postal. Hicimos tan buenas migas que un año después lo invité a visitar la tierra de sus ancestros.
«En 1993 lo acogimos por primera vez. Tan bien se sintió que comenzó a venir todos los años, principalmente para los aniversarios del ataque y toma de Las Tunas. Aquella acción de la Guerra Grande fue ejecutada por las tropas al mando de su bisabuelo, el 26 de septiembre de 1876.
«En 1996 regresó con motivo del bicentenario de la ciudad. Una mañana, mientras conversábamos en torno a las relaciones cubano-norteamericanas a través de la historia, me confió que él tenía en su poder la bandera que presidió nuestra embajada allá hasta el momento de la ruptura.
«Le dije algo que, obviamente, él sabía: "Héctor, tienes en tu poder una pieza de incalculable valor. En tu casa carece de utilidad, porque nadie conoce de su existencia. ¿Por qué no la donas a alguna institución?". Me miró y me dijo: "Ya lo había pensado". Un año después la trajo junto a su equipaje. La acogió el Museo Provincial de Las Tunas, que lleva el nombre de su ilustre pariente.
«Héctor continuó visitándonos. En cada viaje se aparecía con alguna donación. Recuerdo que trajo, entre otros objetos, la brújula con la que el Mayor General Vicente García se orientaba en el teatro de operaciones y una buena cantidad de fotos familiares desconocidas para nosotros.
«En una de sus visitas expresó su interés por transferir la bandera a la Plaza de la Revolución Mayor General Vicente García. No hubo inconvenientes, y así, el 26 de septiembre de 2001, el estandarte quedó bajo la custodia de la institución, que cuenta con una sala donde figuran los bustos de todos los generales tuneros que pelearon en las guerras del siglo XIX.
«El tema emerge del anonimato por una entrevista que me realizó para el canal Cubavisión Internacional la periodista tunera residente en La Habana Norka Meisozo, con motivo de un documental en ciernes sobre el Mayor General Vicente García, tema de su Maestría en Ciencias de la Comunicación. Entre otras cosas, le comenté de la existencia de la bandera. Ella, a su vez, se lo hizo saber luego a Eusebio Leal, Historiador de Ciudad de La Habana, también testimoniante del referido audiovisual en construcción.
«Con su proverbial "luz larga", Eusebio vio en la enseña un símbolo digno de utilizarse en el acto de 
reapertura de nuestra embajada en Washington. Así, coordinó con el Consejo Nacional de Patrimonio, y este, a su vez, con las entidades tuneras correspondientes. En definitiva, la bandera se llevó a la capital y luego a Washington. Su historia de los últimos días ya es conocida».

OTROS DETALLES

La ahora famosa bandera cubana fue hecha de una pieza de paño que exhibe los embates del tiempo, en particular, por sus manchas de color amarillo. Mide 3,10 metros de largo por 1,50 de alto.  Tiene adosada una pequeña etiqueta con el nombre del lugar de su confección: La Habana. En uno de sus ángulos aparece la firma de Héctor y la fecha de entrega. Según el donante, en los más de 30 años en que permaneció en su poder, solamente fue desplegada en una oportunidad, y fue cuando un grupo de deportistas cubanos lo visitó en su casa de Miami.
Héctor ha hecho otros donativos a la Plaza de la Revolución Mayor General Vicente García, como los pies de exponentes para los bustos de los generales tuneros, con sus nombres y datos biográficos fundamentales. Ya apenas viene a Las Tunas, pues tiene más de 90 años de edad y problemas en la vista.

CITA CON LA HISTORIA

El 20 de julio pasado, en medio de una ceremonia solemne, la bandera que con tanto celo salvaguardó Héctor García Soto, bisnieto del León de Santa Rita y de su legendaria esposa Brígida Zaldívar, salió del ostracismo para exhibir los colores patrios en medio de las expectativas por un tiempo mejor.
En diálogo con los periodistas que viajaron a Estados Unidos, Eusebio Leal echó mano a los matices de la poesía, que tan bien le vienen a su discurso. Dijo la víspera del izamiento:
«Quizás por caminos extraviados en determinado momento, y luego encontrando finalmente la estrella solitaria de Cuba, Héctor guardó la bandera y ella lo ha guiado hasta hoy. Sé que va a ser una gran satisfacción para él, para su familia y para Las Tunas, que sea esa bandera la que mañana esté, si no en el asta, porque no me atrevería como hombre de Museos y de Patrimonio proponer que ondee y se deshaga la bandera en el aire, sino que va a estar en el salón principal de la planta superior de la hermosa sede de la Embajada de Cuba».

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