miércoles, 4 de diciembre de 2013

Barbarito...

Violines, arránquenles a las cuerdas los matices más hermosos. Él es como una lejanía volando hacia adentro. Flauta, haga que el viento transpire melodía. O, quizás, solo un sinsonte dormido en una playa de la costa. Piano, por favor, obsequie, desgrane sus acordes. Él es como un levísimo rumor de nuestras raíces musicales. Barbarito...
Contrabajo, ¡destáquese! Es el momento. No hay un cubano que no haya bailado con sus danzones. Pailas, repiquen el homenaje. No hay un cubano que no haya cantado con él a dos voces. Claves, golpeen el tiempo, dirijan con sus toques la cadencia. Barbarito Diez es una tarde desesperada y voluptuosa. Ya soplan vientos y compases en tu nombre. Barbarito... 
Pentagrama, descúbrase, admire, exhiba, invoque... Vocalistas, canten, inspiren, congratulen, recuerden al Príncipe Negro de nuestro baile nacional. Reproduzca sus inspiraciones. Porque, si alguien impuso la brújula de su voz a los cuatro vientos, fue él, Barbarito... 
Amor, convierta en inmortales sus irrepetibles danzones, interiorice sus románticas letras, sueñe y sonría con sus mensajes susurrados entre líneas... Porque, si alguien tocó a la puerta de los enamorados con una concha nacarada y una guirnalda, fue él, Barbarito... 
Edades, asuman su rol en el homenaje por sus 104 años. Echen a un lado prejuicios niños y jóvenes. Recuerden y añoren sus buenos tiempos los ancianos. Sientan nostalgia, evoquen el pasado... Porque, si alguien cantó para todas las generaciones fue él, Barbarito... 
Barbarito Diez, nombre y hombre del danzón. Su timbre agudo, como una flauta de madera. Barbarito Diez, ¡diez veces bárbaro! Mientras recordemos su figura enhiesta, su voz de tomeguín, su ebánica compostura, habrá baile nacional. Su voz de palo de monte, como una raíz de cuya savia se nutren los aires de la Patria. Barbarito...

Nota: El texto en negritas fue escrito en su honor por Miguel Barnet.

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jueves, 26 de septiembre de 2013

Un siglo de electricidad tunera

Hoy, 26 de septiembre de 2013, se conmemoran 100 años de la irrupción de la electricidad en la ciudad de Las Tunas. Se trata de un acontecimiento importante en la historia de esta comarca, bien llamada Balcón del Oriente Cubano.
El descubrimiento de la electricidad data del año 600 AdC, cuando Tales de Mileto comprobó que el ámbar atraía pequeños objetos al frotarse con un trozo de lana. De entonces acá mucha agua ha corrido. En nuestros tiempos es la energía por excelencia y sus aplicaciones están presentes en muchos sectores, entre ellos la iluminación. 
El primer sistema de alumbrado eléctrico de Cuba tiene casi 120 años. Fue inaugurado en La Habana el 3 de marzo de 1889, y solo iluminaba algunas calles, el Parque de Isabel II y el Paseo de Isabel la Católica desde una planta emplazada en Tallapiedra. 
Las Tunas andaba por entonces en tinieblas. Pero en 1910 se hizo la luz, cuando Rafael Arenas, alcalde del Segundo Barrio, ordenó poner cinco farolas de petróleo en al parque Vicente García a instancias de El Eco de Tunas. 
El primer territorio tunero en disponer de alumbrado eléctrico fue el poblado de Delicias, en 1911. A Victoria de las Tunas llegó el 26 de septiembre de 1913, cuando Francisco Gutiérrez Calderón –emigrante malagueño que había llegado a la ciudad en 1908- instaló la primera planta, que era muy primitiva. Contaba con dos motores movidos a vapor, insuficientes para iluminar una población de 2 ó 3 mil habitantes. La ciudad pasó de la semipenumbra de los faroles de gas a la iluminación incandescente, 
El debut de aquella planta primigenia constituyó todo un suceso, que incluyó voladores, orquestas y la bendición a cargo del padre Piteira, párroco de la iglesia. Debido a su escasa potencia la unidad solo ofertaba fluido hasta la media noche. 
Hacia el año 1938 la ciudad contaba ya con 10 mil habitantes pero no es hasta marzo de 1962 con la nacionalización de dicha planta y contando con 8 mil consumidores que se mejora la mencionada industria por medio de cuatro motores diesel tres de una potencia de 960 kilowatts hora y otro de 600 kilowatts hora para 10 mil 500 consumidores hacia 1963.
El incremento de la carga obligó la sustituirla por dos nuevas unidades montadas sobre vagones de ferrocarril, que fueron trasladados hasta su emplazamiento final por medio de líneas férreas portátiles desplegadas a todo lo largo de la propia calle Frank País. Estas plantas prestaron servicio en la ciudad hasta su conexión definitiva con el Sistema Electroenergético Nacional en marzo de 1970.

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lunes, 19 de agosto de 2013

Cuando la suerte ayuda al fotógrafo

En mi quehacer periodístico siempre me ha gustado tener como compañeros de batería a fotógrafos despabilados. Esos que se pasan minutos y más minutos con la pupila incrustada al visor, a la espera del momento preciso de apretar el obturador. Al buen fotógrafo de prensa no lo sorprende la foto, ¡él la sorprende! Solo que, en ocasiones, un poco de suerte no viene del todo mal.
En eso meditaba cuando encontré por un golpe de fortuna en Internet una imagen reciente que me impactó. La tomó el fotógrafo Olivier Morin, de la agencia de noticias AFP, en el curso de la final de la carrera masculina de los 100 metros planos del Campeonato Mundial de Atletismo, que se celebró por estos días en la ciudad rusa de Moscú. 
Es tan insólita que ha levantado suspicacias acerca de su legitimidad entre algunos de los compañeros de profesión del autor. Eso, a pesar de la certidumbre generalizada de que la cámara no puede mentir. El propio Morín lo admite sin sonrojarse: «Se la he mostrado, pero algunos de ellos no le dan total crédito. Sin embargo, les juro que la foto es real». 
En la instantánea se aprecia al multilaureado sprinter jamaicano Usain Bolt, a la postre ganador de la prueba, en plena carrera y bajo un torrencial aguacero, mientras en el fondo, sobre el estadio, se distingue la luz de un rayo cruzando el cielo, suerte de metáfora, de alegoría a la extraordinaria velocidad desplegada sobre la pista por el extraordinario bólido caribeño. 
«Tengo que ser honesto con la opinión pública: en la imagen solo soy responsable del encuadre y del disparador. Evidentemente, el rayo era imprevisible, aunque es cierto que el cielo estaba cargado desde hacía 20 minutos, aproximadamente… y que todos los fotógrafos llevaban 20 minutos intentando captar el rayo. Por eso creo que mi intervención es del 1%. El resto es suerte», comentó Morín luego de hacer pública su foto. 
Agregó que consiguió la imagen con cuatro «disparos» de sus cuatro cámaras, cuando Usaint Bolt estaba a punto de romper el estambre en la meta. Al revisar en los pequeños display, no divisó la presencia del rayo. Solo al ampliar la serie fue consciente de lo que había captado. 
Twitter –la red social donde encontré la imagen-, le dio amplio destaque en sus tweest. También divulgó una y otra vez una declaración de Morín, mezcla de certeza y profecía: «En 25 años nunca me había pasado que un elemento exterior incontrolable defina una fotografía. Ahora sé que si lo intento en los próximos 50 años no lo volveré a conseguir».
Ya numerosos medios digitales especializados del mundo aseguran que la fotografía de Olivier Morín, por lo que significa, pasará a la inmortalidad. «¿En qué lugar habrá que situarla entre las grandes fotografías de deportes de todos los tiempos?, se pregunta un redactor del diario inglés Daily Mail. Otros le pronostican, al seguro, un Premio Pulitzer. 
Yo me adscribo al portal AltFoto: «La fotografía puede ser muchas cosas, pero sin esa pizca de suerte necesaria nada sería lo mismo. Puedes dominar la técnica y los conceptos fotográficos a la perfección; puedes tener un equipo excelente, e, incluso puedes ser previsor y tratar de conseguir la foto de un rayo junto a Usain Bolt. Pero de las decenas de fotógrafos que cubrían el evento, tan solo Olivier la consiguió. Y de eso se trata a veces, de estar en el lugar y en el momento justo».

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domingo, 7 de julio de 2013

La tarde en que corrió Cristóbal

Hay hechos que no se olvidan aunque los años insitan en sepultarlos. Yo tengo grabados en la memoria con la nitidez del primer día aquello que ocurrió en Manatí una tarde de mayo de 1968. Ninguno de los testigos ha borrado un detalle, porque fue una reacción desproporcionada y absurda. ¡Ah, las pasiones...! Cuando se zafan de la razón y embisten en tromba no hay muro que las controle. Abstráigase, lector, e imagine…
Es media tarde y dentro de minutos se jugará otra jornada del Campeonato Nacional de fútbol de primera categoría entre el equipo anfitrión y el de La Habana.  No cabe un alma en las achacosas gradas del estadio «Ovidio Torres». Los aficionados claman a gritos ─entre ronazos y blasfemias─ una victoria  del once anfitrión sobre su enconado y  tradicional adversario.
La rivalidad entre el conjunto oriental y el capitalino hace del encuentro no solo un plato que todos quieren saborear, sino también una bomba de tiempo, capaz de estallar ante el más intrascendente motivo en cualquiera de los 90 minutos del partido. En efecto, la atmósfera en las graderías parece cargada de alta tensión. Pero, ¿lo habrá percibido así el árbitro principal Cristóbal Martínez, quien estará a cargo del silbato?
Comienza el juego y la calidad de ambos conjuntos se pone enseguida de manifiesto. De ello dan fe las maniobras llenas de talento e imaginación de los jugadores cuando atacan o defienden. Pero apenas se han jugado 15 minutos de partido  y ya el público comienza a dar indicios de enojo. ¿Razones? El colegiado se «equivoca» con demasiada frecuencia en favor del cuadro de la capital. Peligroso, ¡muy peligroso!
Transcurre e primer tiempo y las pifias legales en perjuicio de los de casa se suceden. «Fuiiiiiii», suena el silbato, casi siempre para penar una “falta” manatiense. «Fuiiiiiii», silban las decisiones los inconformes, es decir, la mayoría. El bullicio es ensordecedor, homogéneo, amenazante... «Aquí va a pasar algo muy grave hoy», asegura alguien a mi lado. Y así fue.
Segundo tiempo de 45 minutos. Cierta jugada de dudosa legitimidad afecta particularmente al once local. ¡Rechifla, insultos, maldiciones, improperios, agravios contra el colegiado! Otro fallo discutible y la multitud condena al hombre vestido de negro. Desde las gradas, un imprudente lanza la primera voz. Y entonces cientos de fanáticos se lanzan, se atropellan a toda carrera tras el pobre Cristóbal, quien, luego de un instante de vacilación, toma las de Villadiego, convencido de que su vida depende de la velocidad que sea capaz de imprimirle a sus piernas.
Sin volver la cabeza echa a correr como un bólido hacia un potrero colindante. En la estampida bota silbato, tacos, tarjetas y hasta la sortija del anular de su mano derecha. Pasa ni se sabe cómo por debajo de una cerca y deja un jirón del traje en los alambres de púas. Se refugia en la casa del difunto Yeyo Barroso, desde cuyo patio la turba clama venganza. Tiene que intervenir la fuerza del orden para que no lo linchen. En la noche Cristóbal abandona el pueblo bajo fuerte custodia.
Pasaron muuuchos años, y en Manatí ─¡ahh, qué tiempos aquellos...!─ se siguió jugando fútbol de nivel. Cristóbal prosiguió también su carrera de árbitro por buena parte de Cuba. Solo que –¿previsión o rencor?─ no volvió a pitar jamás un partido que tuviera por sede la popular cancha del «Ovidio Torres». Cada vez que se lo proponían, declinaba el «honor».
Después de varios lustros, alguien del pueblo reconoció que aquella vez se había ido demasiado lejos con Cristóbal. «¡Se nos fue la mano!”, admitió. Y hete aquí que la Dirección Municipal de Deportes le cursó una invitación especial para que visitara Manatí. Pero no en calidad de colegiado principal para dirigir un encuentro amistoso, sino como huésped distinguido del pueblo. Además, se le ofrecieron garantías absolutas de que el incidente ya estaba olvidado.
Cristóbal aceptó de buen grado el acto de desagravio y durante un par de días confraternizó con sus antiguos inquisidores. Quienes lo acosaron entonces, ahora lo abrazaron. Hubo un minuto de gran emotividad: En ceremonia pública, y para su sorpresa, le fue devuelta la sortija perdida aquella tarde de frenesí. La había conservado a guisa de trofeo un protagonista de los hechos. Cristóbal se emocionó como no se imaginan y hasta ensayó ante la concurrencia un discurso de gratitud.
Y entonces alguien habló por los anfitriones. Y reflexionó sobre el pasado y el presente. Y yo, que aquella tarde de pasiones desbordadas  también corrí… delante de mi papá, quien trataba de darle alcance a mis 13 años para salvarme de aquella locura con las amarras sueltas, me pregunté cuánto vale un pueblo cuando sabe reconocer sus errores.

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domingo, 12 de mayo de 2013

La verdad sobre el Día de las Madres en Cuba

Cualquier fecha del almanaque se pinta de maravillas para ofrendarles cariño a las madres. Halagos en enero, flores en noviembre, besos en abril, ternura en agosto, sonrisas en julio…, ¿qué más da minuto, día, semana, mes o año? Sin embargo, en muchos países se ha escogido el segundo domingo de mayo para potenciar en los corazones ese amor sublime por quienes, al decir de un poeta, «son las únicas personas en el mundo que siempre están disponibles».
Las referencias más distantes de esa festividad datan del año 250 AdC, cuando en la antigua Grecia consagraban una jornada de la primavera a honrar a la diosa Gea, esposa de Cronos y madre de Júpiter, Neptuno y Plutón. Después los romanos escogieron tres días del mes de marzo para celebrar un homenaje similar lleno de ofrecimientos a Cybele, diosa de la naturaleza y la fecundación.
Mucho tiempo antes de la llegada de los conquistadores al Nuevo Mundo, las civilizaciones autóctonas rendían su propio tributo a la maternidad por intermedio de la diosa Coyolxauhqui, madre de Huitzilopochtli, el guerrero emblemático de los aztecas. Como prueba de su adoración, le improvisaban fastuosas liturgias donde abundaban las ofrendas de oro y plata con marcadas alegorías a la luna.
Los celtas cuentan con una bonita historia de agasajos a las progenitoras. Ellos dedicaban un día a la diosa Brígida para gratificarle la primera leche ordeñada en la temporada. Los ingleses del siglo XVII, por su parte, asistían a las parroquias para venerar a la virgen María, madre de Jesús. La tradición se combinó luego con la de obsequiarles algo a las madres. Los criados que vivían lejos de sus casas, eran autorizados con la paga para ir a visitarlas en el cuarto domingo de cuaresma, y todos juntos compartían un pastel.
IRRUMPE EL DÍA DE LAS MADRESLa primera persona en proponer «en serio» la instauración de un día para las madres fue la poetisa norteamericana Julia Ward Howe, autora del llamado Himno de Batalla de la República. «Son ellas las que más sufren la pérdida de sus hijos en las guerras. Debemos apoyarlas y convertirlas en abanderadas por la paz», dijo en el documento de solicitud, fechado en el año 1872 en su natal Massachussets.
Su idea no llegó a cristalizar, pero devino antesala para que una paisana suya, Anna Jarvis, afligida por la muerte de la autora de sus días, diera inicio en 1907 a una campaña nacional por correspondencia para que se declarase una fecha en homenaje a las madres. Persistió tanto en su proyecto que obtuvo el apoyo de muchas personas, entre ellas influyentes ministros, congresistas y empresarios.
El primer Día de las Madres reconocido oficialmente se celebró en la iglesia episcopal de Grafton, Virginia Occidental, el 10 de mayo de 1908, segundo domingo del mes y aniversario de la muerte de la mamá de Anna Jarvis. Como las flores preferidas de la difunta habían sido siempre los claveles, desde entonces se utilizan los rojos para honrar a las madres vivas y los blancos para las fallecidas.
La iniciativa tuvo una acogida tal que en 1910 había prendido en todos los territorios de la Unión. ¡Hasta el Congreso debió debatir un proyecto de Ley para otorgarle carácter oficial! Por fin, en 1914, el Presidente Woodrow Wilson firmó el decreto y proclamó el segundo domingo de Mayo como Día de las Madres en los Estados Unidos. Se había creado ya la Asociación del Día Internacional de las Madres, con el propósito de extender la festividad a otras naciones.
SU CELEBRACIÓN EN CUBACasi todas las referencias bibliográficas que existen sobre la introducción del Día de las Madres en Cuba, coinciden en señalar a Santiago de las Vegas como la primera localidad donde se festejó la fecha. También identifican a Víctor Muñoz, un conocido periodista de la época, como a su gran promotor, a partir de una crónica suya titulada Mi clavel blanco, que vio la luz en el periódico El Mundo el domingo 9 de mayo de 1920, donde decía: «El día de hoy es el segundo domingo de mayo, que los americanos consagran como el Día de las Madres, y que muchos cubanos quieren destinar al mismo objeto».
Los investigadores aseguran que el mismo día el teatro del Centro de Instrucción y Recreo de Santiago de las Vegas se colmó de público. La convocatoria pretendía homenajear a las madres, y partió de un grupo de intelectuales, cuyos miembros, alentados por Francisco Montoto, patrocinaron un programa donde se recitaron los versos de José Martí a su progenitora y el poema A mi madre, de Diego Vicente Tejera.
Se dice que fue esa la primera celebración pública del Día de las Madres en Cuba. El 22 de abril de 1921, siendo Muñoz concejal del Ayuntamiento capitalino, propuso y logró instituir en toda La Habana ese agasajo. En el año 1928, a propuesta del senador Pastor del Río, la Cámara de Representantes le dio carácter de Ley Nacional, y así el segundo domingo de mayo se oficializó como Día de las Madres.
PRIMERO FUE EN LA VILLA AZULHay pruebas muy sólidas de que Puerto Padre, en la provincia de Las Tunas, fue la primera localidad cubana en instaurar el Día de las Madres, hecho ocurrido el martes 6 de abril de 1920, es decir, poco más de un mes antes de que Santiago de las Vegas organizara en el teatro de su Centro de Instrucción y Recreo el homenaje citado. Para confirmarlo documentalmente, Sábado, un periódico editado a la sazón en la también llamada Villa Azul, publicó el 19 de abril del año 1952 la siguiente nota:
«El Día de las Madres, tan emocionalmente celebrado siempre en Cuba por iniciativa del laureado periodista Víctor Muñoz, se celebró por primera vez en Cuba en la ciudad de Puerto Padre, por feliz idea del maestro masón Dr. Eduardo Queral Mayo. Con eso no queremos quitarle gloria a quien tiene todo nuestro respeto, pero sería bueno que todo se aclarara (…) Según consta en las actas de la Logia Los Perseverantes, hay un acuerdo que vamos a copiar con certificación del Secretario de aquella venerable Logia y que dice así:
«Atendiendo que es un deber de todo Masón reverenciar a los padres y ayudar al mejoramiento moral e intelectual de la Humanidad, los abajo firmantes proponen:
«QUE sea celebrado el primer domingo de Mayo (el Día de las Madres NdA) en cualquier manera que tienda a demostrar el cariño y el agradecimiento a que es deudor todo hijo.
«Asimismo, proponen que sea designado el primer domingo de Junio a igual fin con relación a los padres.
«(Fdo) Dr. Eduardo Queral Mayo, Enrique Pérez e Ismael Piedra (Aprobado en el Taller, 6 de abril de 1920)»
Como se aprecia, no solo se trata de que Puerto Padre fue el pionero en instituir en Cuba el homenaje a las madres, el 6 de abril de 1920. ¡También fue el primero en celebrarlo en toda la isla! Eso ocurrió el 2 de mayo de 1920, primer domingo de ese mes, es decir, una semana antes del festejo en Santiago de las Vegas. Lo corrobora un editorial publicado en el propio semanario Sábado, con fecha 10 de mayo de 1958, y dirigido al periodista Guillermo Gener, quien escribía por entonces en el rotativo habanero Prensa Libre. Dice:
«Nos hacemos eco en la primera plana de una verdad que no admite en manera alguna polémica de ningún tipo. Guillermo Gener, un periodista que tanto nos agrada leer por su forma llana y sencilla de expresarse, en el colega Prensa Libre, quiere hacer justicia a un grupo de poetas, literatos y periodistas de Santiago de las Vegas y nos habla por tanto de la gloria de haberse instituido en aquella ciudad por primera vez en Cuba en 1920, El Día de las Madres.
«Nos da datos, nos refiere asuntos, nos busca documentos. Es decir, que prácticamente nos lleva al convencimiento de que en Santiago de las Vegas se celebró por primera vez ese gran día en nuestra nación. Pero hay un error, sencillamente porque Guillermo Gener no leyó nuestra edición del 19 de abril de 1952, donde publicamos documentos auténticos acreditativos de que en Puerto Padre se celebró el Día de las Madres el Primer Domingo de Mayo de 1920. En Santiago de las Vegas tuvo efecto el Segundo Domingo de Mayo de 1920, es decir, una semana después que en Puerto Padre.
«A nosotros nos luce, por referencias que tenemos de nuestro buen amigo, el profesor Demetrio Rivero Simón, natural de Santiago de las Vegas, que Guillermo Gener es de aquella simpática ciudad. Bien hace entonces Gener en defender su suelo natal, si es que esto es verdad; pero mucho mejor haría Gener, si salvando localismos, se hiciera eco de esta verdad que seguramente él desconocía, y le diera a Puerto Padre la gloria que bien merece».
Un año después de celebrado en Puerto Padre el Día de las Madres, La Habana celebró el suyo con gran esplendor. Por entonces ya residía en la capital el Dr. Eduardo Queral Mayo, quien cursó un telegrama a sus hermanos de la logia Los Perseverantes en los siguientes términos:
Plaza Habana, Mayo 8 de 1921, las 1.20 pm.
Rafael Nadal
Puerto Padre
Celébrase éxito fiestas de las Madres al igual que establecidas por mí hace un año primero en Cuba.
(fdo.) Dr. Queral
¿Se necesitan más pruebas de que, efectivamente, primero fue en Puerto Padre?

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sábado, 13 de abril de 2013

La palabra exacta

Hace unas semanas atrás, mi niña Beatriz –de siete años de edad– vino a mi encuentro con cara de pocos amigos. «¿Qué te ocurre, Betica? ¿Por qué traes la boca apretada como si hubieras comido marañón?», le pregunté, copiando una de sus frases favoritas. «Papito, es que Sofía no quiere jugar conmigo», se quejó. 
«Mira, mi chiquitica –traté de explicarle, aunque convencido de que perdía el tiempo–, a veces las personas queremos tener unos minutos de tranquilidad. Tal vez tu hermana ahora mismo no tenga deseos de jugar. Dentro de un rato quizás sí. Ella misma te llamará. Espera un poco y ya verás». 
Lejos de apaciguarla, mis palabras surtieron el efecto contrario. Su réplica fue airada: «¡Papito, siempre estás defendiendo a Sofía y no a mí! Ella prefiere estar leyendo y mongueando en el cuarto mientra yo estoy aquí aburrida y sin hacer nada. Y tú, en lugar de regañarla, mira con lo que me vienes». 
Traté de defenderme como pude, pero en vano. Y ella bla, bla, bla… me soltó otras linduras combinadas con lagrimeos y acusaciones. ¿Qué hacer? Pues aguantar a pie firme su diatriba, suspirar profundo y optar por quedarme callado. La miré cariñosamente a los ojos con la ilusión de que me correspondiera, pero me apartó la vista. Quise alegrarla con una caricia en la mejilla, pero la evadió con un manotazo. Luego, enojadísima, abandonó la habitación con la cabeza erguida y la amenaza de que no sería más mi amiguita. «Es una tormenta pasajera, ya se le pasará, como ocurre siempre», me consolé. Y, a seguidas, tomé asiento ante mi computadora.
Acababa de escribir la primera línea de un reportaje pendiente cuando sentí que «alguien» se situaba con sumo sigilo a mis espaldas. Era Beatriz. «Papito, tengo que decirte algo muy importante», me musitó bien bajito, y ya sin el menor indicio del reciente berrinche. «¿Y a esta qué mosca la habrá picado?», pensé. «Dime, mi amor», le pedí, atrayéndola. Entonces, con voz apenas audible, me susurró: «Papito, Sofía dijo anoche una mala palabra de las grandes». 
Volví a suspirar hondo. Evidentemente, con su información, Betica quería hacerle pagar caro a su hermana el agravio de haberse negado a jugar con ella. ¿Cómo proceder cuando se es juez entre las dos criaturas que más uno ama? ¿Alguien tiene la fórmula?¿Cómo proceder en tales circunstancias?
Traté de ensayar un sermón que no sonara a correctivo: «Beti, eso está mal hecho de parte de Sofía. Las niñas no deben decir malas palabras. Pero yo quisiera que cuando vuelva a ocurrir, que no me lo digas. Porque si tu hermana se entera que tú me dices lo que ella hace, en lo adelante no tendrá confianza en ti, ¿comprendes? Y yo no deseo que eso ocurra entre ustedes. Si vuelve a decir una mala palabra, tú la regañas. ¡Y bien regañada! Aunque yo espero que no se repita. De todas formas vamos a resolver esto ahora mismo. Sofía tendrá que explicarme. Dile que, por favor, venga acá un momento». 
Un destello de alegría iluminó su pícara carita. ¡Era su desquite! La escuché llamarla a grito pelado y con tono autoritario: «¡¡Sofíaaaaa, dice Papito que vengas acá inmediatamente!!». Lo de «inmediatamente» –ustedes lo notaron– lo puso ella con toda intención. Pero no le concedí importancia al detalle. 
Mi niña mayor acudió minutos después, saltando como una ardillita. Betica no se movió de su sitio, ansiosa por «disfrutar» desde la primera fila el «juicio» al que, según sus expectativas, yo sometería a su hermana. Preferí salir rápido del asunto y dije muy serio: «Sofía, me acabo de enterar que anoche dijiste una mala palabra de las grandes. Eso no es lo que te he enseñado. Quiero que me expliques ahora mismo y bien clarito por qué la… ». 
Sus carcajadas no me dejaron terminar la frase. Y yo: «¡Sofía, eso no me da ninguna gracia!». Y ella: «jajajajajajaja…». Y Yo: «¡Sofía!» Y ella: «jajajajajaja». Al fin se calmó un poco, pero aún medio ahogada por la risa. 
«Mira, Papito, eso fue anoche y tú habías salido –comenzó-. Como a las siete, quitaron la corriente y todo quedó oscuro. No teníamos velas, ni faroles ni ninguna luz en la casa. Tuvimos que acostarnos. ¿Te imaginas lo que es estar en la cama tan temprano y sin sueño? No podíamos ver televisor, ni jugar en la computadora, ni leer, ni dibujar, ni escuchar música… ¡Solo estar en la cama y conversar! Y rato y rato y nada de corriente… Eran como las once de la noche cuando la lámpara de nuestro cuarto se encendió. Entonces…» 
Sofía interrumpió su relato y volvió a partirse de la risa. «¿Entonces qué, Sofía?», le exigí proseguir. Pero me vi precisado a esperar otra vez a que acabara de desternillarse. Retomó la historia con el rostro más divertido aque espero ver hasta mi último día: «Entonces me puse tan contenta que no pude aguantar y dije en voz alta… «¡al fin llegó la luz, cojones!» 
No me simpatizan las malas palabras en los niños y mucho menos en las niñas, pero cuando escuché a Sofi contarme aquello, quien por poco se parte de la risa soy yo. ¡Sofía había empleado la palabra exacta en el momento justo! 
A nuestro lado, sorprendida e indignada, Beatriz me dirigió una mirada fulminante, toda decepción. A duras penas contuve la hilaridad para escuchar sus descargos :«Papito, así que yo vengo a decirte que Sofía dijo una mala palabra de las grandes, para que la regañes, y a ti lo que te da es gracia. ¡Óigame! Nunca más vuelvo a contarte nada». Y, ni corta ni perezosa, salió del cuarto, dio un portazo y se fue a jugar con la amiguita del apartamento vecino. 
Mientras, Sofía y yo volvimos a doblarnos de la risa.

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jueves, 28 de marzo de 2013

Un accidente memorable

El 5 de enero de 1987, a las 7: 30 AM, una rotura en un enorme tanque donde se almacenaba miel final en el Puerto de Manatí provocó el derrame de cuatro mil 400 toneladas métricas del producto, un derivado de la caña de azúcar (foto de la época). El accidente se produjo por el vacío que ocasionó en el viejo depósito la presión de la miel, acción que hizo saltar las soldaduras de una de las chapas, cuyo montaje databa de 1912, cuando comenzó a construirse el desaparecido ingenio azucarero Manatí. Afortunadamente, no hubo que lamentar víctimas, pero las afectaciones económicas ascendieron a 170 mil 756 pesos, además del estrago ecológico originado por el indetenible escape de miel hacia la playa, distante apenas unos pocos metros. El derrame fue tan cuantioso que las calles aledañas al tanque se anegaron del viscoso producto, ante los ojos asombrados de los vecinos

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sábado, 16 de marzo de 2013

La emisora de los tuneros

La otrora Victoria de Las Tunas resultó una de las primeras ciudades de Cuba en tener una señal de radio. El acontecimiento tuvo su génesis el 21 de octubre de 1930, poco más de ocho años después de que en la capital cubana se inaugurara la era de la radiodifusión. 
Aquella planta se llamó CMKE y la primera voz que la identificó fue la de Arnaldo Lagos, a través de un primitivo mecanismo audio-eléctrico de 50 watts de potencia. La emisora se mantuvo con su programación por espacio de tres años. Después se sucedieron variados esfuerzos por abrir otras similares. Merece citarse la labor en tal sentido del mecánico de radio Aurelio López, quien durante seis meses en 1935 transmitió música y noticias desde la sala de su casa. 
Otros que le dieron vitalidad a la radio de la época fueron Pastor Marrero y las hermanas Aida y Olga García. Ellos comenzaron a transmitir desde la calle Colón número 143 y rápidamente se hicieron de una gran audiencia. Entre sus colaboradores se encontraba el gran actor tunero Alfonso Silvestre, ya fallecido. 
Los años 40 del siglo pasado fueron de gran auge publicitario. En ese contexto, el 6 de abril de 1941 salió al aire Radio Tunas CMKG, que transmitió 14 horas diarias. Era propiedad de Emilio Grau Medina y la dirigía Ottón Baró. A su debut asistieron el alcalde y el párroco de la ciudad. Resultó un suceso cultural, pues lo amenizaron las mejores orquestas del momento.
La planta fue vendida después a un empresario de Holguín, lo que causó la protesta ciudadana. Devuelta en arrendamiento, se reinauguró el 21 de septiembre de 1942 en un local remozado con escenario para la actuación. Esta vez su director fue Ramón Espinosa, quien alternó allí funciones de operador y locutor. 
Radio Tunas CMKG integró la Unión Radio Nacional y radicó, entre otros locales, en Ángel Guardia número 119, entre las calles Adolfo Villamar y Francisco Varona, con estudios privados para el sonidista y el locutor. 
La emisora comenzó a transmitir en 1950 el noticiero La Palabra, primer informativo radial en la historia del territorio tunero, realizado por el periodista Mario Torres López. El 14 de agosto de 1953, Radio Tunas CMKG se mudó para el edificio de Radio Cine, donde radica actualmente la Sala Teatro Raúl Gómez García. 
Contradicciones con el dueño de la planta motivaron que Mario Torres rompiera con Radio Tunas CMKG. El periodista se dio a la tarea de fundar una nueva emisora capaz de hacerle competencia. Así, el 20 de septiembre de 1953 nació CMKT, Radio Circuito. 
Tenía sus estudios en un local situado en la calle Vicente García 314. Comenzó con tres locutores, dos técnicos de audio, un redactor y el propio Mario Torres como administrador y periodista. Contaba con un transmisor de 250 watts, una consola Gate, dos platos de tocadiscos, una grabadora y una antena en el techo. Fue aquí donde por vez primera se escuchó la voz del inolvidable Rafael Urbino, quien sería luego director de la emisora. 
Apenas un día después de su inauguración oficial, la planta tunera sacó al aire el Noticiero Radio Circuito, con informaciones de último minuto. En general, su programación era muy variada e incluía música de diferentes géneros. La señal de Radio Circuito no tenía mucha potencia, pero llegó a captarse más allá del territorio, como en Camaguey y Holguín. 
La música mexicana, de órgano y los programas campesinos figuraron en la oferta de Radio Circuito. Había un segmento muy popular, llamado Fiesta del Domingo. Incluía una sección infantil en la que los niños recitaban, cantaban, bailaban y respondían preguntas. Una suerte de Corte Suprema del Arte de donde surgieron varios talentos. La patrocinaban las firmas comerciales de la ciudad. Algo novedoso que introdujo la CMKT fue el empleo de la grabadora para enriquecer con otros géneros periodísticos el Noticiero Informativo Radio Circuito. 
Otro de los programas estelares de Radio Circuito era La Fiesta de Josuín, especializado en jazz. Por la noche transmitía con gran audiencia música romántica, donde declamaba poemas el locutor Alcides Cofresí. 
Victoria de las Tunas tuvo otra emisora, llamada CMKQ, inaugurada el 10 de octubre de 1954 en la calle Ángel Guardia número 202, en el antiguo Hotel Casino. Fue muy popular en su época y pionera de la radio participativa local, pues los oyentes tomaban parte en los concursos que convocaba y recibir regalos si resultaban ganadores. Se le llamó Radio Victoria en algún momento y luego Radio Reloj Musical. La CMDQ fue la última emisora de radio construida en Victoria de las Tunas antes del triunfo de la Revolución. 
En enero de 1959, el comandante “Piti” Fajardo se reunió con la prensa tunera para trazar las líneas de la propaganda revolucionaria. Orientó formar una cadena para transmitir el paso de la Caravana de la Libertad. 
En febrero de 1961, ya con el Frente Independiente de Emisoras Libres (FIEL) como único rector de la radio cubana, se orientó la fusión en una de las tres emisoras existentes en la ciudad. Radio Circuito fue designada como planta matriz. Conservó ese nombre hasta el lunes 24 de marzo de 1969, cuando salió al aire con el indicativo de Radio Victoria, seleccionado tras una masiva encuesta popular realizada a través de llamadas telefónicas y cartas. 
Hoy Radio Victoria cuenta con un competente colectivo profesional y equipamiento de última generación que le garantiza un sonido mejor desde su sede en la calle Colón 157. 
Tiene una programación variada, reflejo de su radio de acción. Fue la primera emisora provincial y la cuarta del país en poner a navegar en Internet un sitio Digital llamado Tiempo 21. También puso a funcionar la cátedra de locución Rafael Urbino, por la que ha pasado casi medio millar de trabajadores de la radio del país. 
Con una historia de cerca de medio siglo, Victoria ha sido escuela de grandes voces de la radio cubana, entre los que se destacan Silverio Gutiérrez, Argelio García (Chaflán), Fernando Alcorta, Rafael Urbino, Neydo Arsenio, López Montes, Jorge Carbonell y el Oraldo Solís.
Su señal auditiva nos acompaña en cualquier circunstancia: huracanes, aniversarios, temporales, agasajos, movilizaciones… En verano o en invierno, Radio Victoria siempre está presente con la noticia, la música, la hora, el drama, el comentario, o, sencillamebnte, el olor y el color de una provincia: la nuestra.
En esta fotografía tomada el 20 de septiembre de 1988 -hace ahorita 25 años- posa para la cámara un grupo de técnicos, locutores, choferes, asesores, directores y periodistas de la emisora provincial Radio Victoria, de Las Tunas. Por entonces, la planta matriz celebraba el 35 aniversario de fundación. Ahí figuran, entre otros –y, desde luego, con menos tejido adiposo en el abdomen y más lozanía en el semblante-, José Hernández (Pepito), Metodio Diez, Gerardo Alfonso (fallecido), Carmen Fernández, Miriam Rosales, Ángel Zamora, Deysy Conte, Miriam Vega, Maura Peña, Mary Espinosa, David Iglesias, Niria Escobar, María Elena Fernández y Oscar Herrera. Como están agrupados anárquicamente, me resulta difícil nombrarlos por orden. De manera que cada quien tendrá que identificarse.

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domingo, 17 de febrero de 2013

Aquel tiburón-ballena


El 19 de abril de 1982 un suceso poco común hizo impacto en los apacibles predios del Puerto de Manatí: la captura en la zona de Palancón de un enorme tiburón ballena cuyo peso ascendió a... ¡nueve mil 590 libras!, el mayor de su tipo de los atrapados en Cuba en cualquier época. El ejemplar resultó de tales dimensiones que se hizo necesario recurrir a una grúa para izarlo, de lo cual dejó constancia el Periódico 26 en una gran fotografía de página interior. 
Tenían razones para el asombro los portuarios, acostumbrados a pescar con sus avíos bichos de menor rango. El tiburón ballena, realmente, es el mayor pez de los mares, una colosal criatura que llega a alcanzar 20 toneladas de peso y 18 metros de longitud. Su cola puede medir de lado a lado más de dos metros y su descomunal boca tiene capacidad para tragarse de una vez a una persona nadando de costado. Los pescadores lo conocen también por los nombres de damero y pez dama, y aseguran que su carne es exquisita. Afortunadamente, a este gigante no le interesan los seres humanos, porque se alimenta solamente de plancton y pequeños peces. 
Por cierto, no fue extravagante ni mucho menos la presencia en nuestras latitudes de tan enorme ejemplar, pues abunda en el Océano Atlántico y se le puede encontrar en aguas costeras, tanto tropicales como templadas. Este del que les hablo fue capturado a 20 pies de profundidad a unos 400 metros de la orilla, luego de enredarse en una de las redes pesqueras. La captura de aquel gigante trascendió la geografía portuaria para extenderse por toda la nación. ¡Todos los medios informativos cubanos reportaron aquel inusual suceso! 
El colosal pez fue remolcado desde 24 kilómetros de distancia desde una embarcación tipo Osla por los pescadores Franklin Roque, Celso Rodríguez y Germán Justo luego de permanecer 48 horas en las redes. Se aferraba tanto a la vida que hubo que realizarle ocho disparos de bala para remitirlo al otro mundo. Las mediciones realizadas entonces certificaron que el bicho medía 11 metros de largo, 15,3 pies de diámetro, 5,5 pies de ancho de cabeza y 51 pulgadas de ancho de boca. Además, se le extrajeron cuatro mil 795 libras de excelente carne y su piel fue aprovechada con fines industriales. 
Pero el acontecimiento no quedó solamente en la captura del pez y en la difusión de la noticia. ¡Ni se lo imagine! A los pocos días un compositor fue visitado por las musas y compuso una guaracha relacionada con el tema que las emisoras de radio se encargaron de popularizar, interpretada por el grupo musical Los Caribeños. En fin, que aquel tiburón ballena se hizo celebre en todo el territorio nacional y todavía, más de un cuarto de siglo después, se le recuerda.

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domingo, 27 de enero de 2013

Cafetería Milagritos

Esta foto tiene más de medio siglo de existencia. Se trata de la inauguración de la cafetería Milagritos, propiedad de una de las personas más decentes y queridas que recuerden los anales de Manatí: Joaquín Faura, un malagueño aplatanado en la zona, quien figura a la derecha, acodado sobre el mostrador. El nombre de Milagritos lo tomó Faura de la menor de sus hijas, llamada así, Milagros Faura. La niña también aparece retratada, en brazos de su madre. La cafetería Milagritos estaba situada en el centro del batey azucarero, donde funciona hoy una academia de ajedrez, entre la antigua fonda de los Folgueira (hoy restaurante Argelia) y la casa de René Pereda. Al lado tenía Faura una tienda, que daba acceso a la casa familiar, situada al fondo del establecimiento. En la dependencia no solo se vendía café -hecho en una enorme y eficiente cafetera de vapor-, sino también cigarros, tabacos y confituras. La imagen fue tomada por Mario Gallo, quien, por entonces, era dueño de un estudio fotográfico en Manatí. Joaquín Faura falleció hace ya algunos años en la ciudad de Las Tunas. Su hija Milagritos vive en La Habana. Me la encontré hace poco tiempo, en unión de su hermana Carmita, en la terminal de ómnibus de Las Tunas, después de más de 30 años sin vernos. Gracias a ellas consegui esta foto que hoy comparto con ustedes.

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