sábado, 26 de junio de 2010

El ojo mágico del Mundial de Fútbol

Entre los atributos que más colorido les aportan a las citas mundiales de fútbol figuran en un palco de honor las fotos. Miles de profesionales de las más remotas latitudes vienen a estas lides solo con el fin de lograr una imagen de excelencia capaz de darle la vuelta al planeta. No todos lo logran, desde luego. Y no por falta de pericia técnica, sino que «la buena imagen», como aseguran ellos, suele venir muchas veces del veleidoso brazo de la fortuna.
Por su naturaleza misma, ciertas fotos llaman enseguida la atención. Como esta donde destella una pupila  humana que semeja un balón de fútbol. No es un montaje, como tal vez algún lector suspicaz pudiera suponer. Se trata de un lente de contacto que su dueño se mandó a diseñar especialmente para este torneo futbolístico. Un fotógrafo de la agencia  AP -famosa por la calidad de sus flashazos- tuvo la suerte de darse de narices con tamaña originalidad y ahí mismo apretó el obturador de su cámara.
En el resto de las fotos no consta  el crédito de sus autores. Pero en todas palpita la intención expresa de demostrar que el fútbol, además de emociones y decepciones, genera también belleza y fantasía. Lo sugiere esta pareja de agraciadas chicas, a todas luces fans de los equipos de Brasil y de Estados Unidos. Una lleva en su blusa la tonalidad verdeamarilla de los cariocas; la otra exhibe tatuada en la piel la bandera de las barras y las estrellas. Imágenes así, representativas de los colores de cada país participante y su correspondiente bandera nacional,  abundan en los mundiales de fútbol, la fiesta deportiva más extraordinaria y cosmopolita que se pueda imaginar, solamente superada en concurrencia por los Juegos Olímpicos.
En materia de indumentaria, la copa es una auténtica vitrina. En la sui géneris pasarela  vemos el busto de una joven con dos motivos blanquinegros. Su significado, características y coordenadas no necesitan explicación. Otra imagen nos proyecta el semblante de una muchacha con ínfulas arbitrales. ¿Le armaría alguien un «berrinche» por una decisión dudosa? Creo que no. Como se aprecia, el silbato de la «colegiada» tiene forma de balón. También los animales hacen constar su presencia temática, como ese perro con un pequeño balón entre sus fauces o el insecto cuyo caparazón fue decorado de esa forma por sabrá Dios qué diletante. Se trata de fotos que reflejan el colorido presente en un  torneo deportivo de tan gigantesca connotación. En pocos eventos políticos, sociales o de otros perfiles tienen los fotógrafos oportunidad  mejor de darse abundante banquete con sus cámaras como en un campeonato mundial del bien llamado «deporte de las multitudes».
Amigos, mi búsqueda de fotografías de la Copa del Mundo de fútbol en Internet me hizo apreciar  la cantidad, variedad y calidad que pueden conseguirse. Van de lo deportivo a lo anecdótico, y definen para la humanidad, en un mosaico de colores, el inicio de un nuevo decenio. La copa no solo queda en los videos de los juegos. Ciertas fotos congelan el triunfo de un equipo y la proeza de un futbolista. Pero también muestran la era que nos ha tocado vivir. Un campeonato mundial de fútbol es también -¡cómo no!- una oportunidad para demostrar que es posible la paz y la fraternidad entre los seres humanos, con independencia de ideologías, razas, procedencias y religiones.
Un autor anónimo lo sintetiza mejor. Dice: «El mundial de fútbol es la única guerra donde nadie muere y donde los nacionalismos se llevan al extremo sin quemar en la hoguera. Es la confrontación donde todos somos extranjeros  peleando por un efímero honor de cuatro años, que importa mucho y poco a la vez. Nos hace ganadores, pero no necesariamente mejores.  De no ser por las fotografías, el mundial de fútbol sería apenas una referencia, una  mera ilusión».

 
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