domingo, 7 de noviembre de 2010

Fotos de antología

Un gastado aforismo periodístico asegura que «una fotografía vale por mil palabras». La afirmación,  amén de categórica, peca de relativa. Cierto, imágenes hay que, para realizarse como producto comunicativo, no pueden prescindir de un partenaire escrito. Otras, sin embargo, se expresan con absoluta autonomía. Las que siguen integran este último grupo. Las encontré mientras hurgaba en diversos sitios de Internet y figuran, quizás, entre lo mejor de la antología fotográfica contemporánea. Aunque, por la naturaleza de las historias que cuentan, eso de mejor pueda parecer cuestionable y hasta ofensivo. Si las hago acompañar por un breve texto es solo a guisa de brújula. Ellas -estoy seguro- pueden llegar sin su concurso hasta las zonas más intrincadas de nuestra sensibilidad.

LA  NIÑA  DE  LA  FOTO
El 8 de junio de 1972, un avión de Vietnam del Sur que actuaba en coordinación con el ejército norteamericano bombardeó con napalm -una gasolina gelatinosa de combustión lenta y duradera- la aldea norvietnamita de Trang Bang.  Allí vivía con su familia la niña Kim Phuc, de solo nueve años de edad. Al desatarse aquel infierno, la pequeña corrió despavorida  y sin rumbo fijo junto a sus hermanos y primos por una carretera cercana. En unos instantes las llamas consumieron su ropa. Fue ese el instante en que Nick Ut, corresponsal de la agencia de noticias Associated Press (AP), tomó esta desgarradora fotografía en la que aparece Kim completamente desnuda y con el cuerpecito cubierto de quemaduras. Se trata de las imágenes que cambiaron en el mundo la percepción de la guerra de Vietnam. «Muchas veces deseé que esa foto no hubiera existido, pero luego la consideré un regalo para que yo pudiera trabajar por la paz», dijo luego Kim Phuc, quien permaneció hospitalizada 14 meses y fue sometida a 17 operaciones de injertos de piel. Años después, ya recuperada, estudió durante un  tiempo en la Universidad de La Habana. Actualmente ella es Embajadora de Buena Voluntad de la UNESCO y coordinadora de una fundación internacional que brinda tratamientos médico y sicológico a los niños víctimas de las guerras. El autor de la imagen la envió a toda prisa a la redacción central de AP. Al día siguiente fue portada en diarios y revistas de todo el mundo. Ha sido laureada como Foto del Año del World Press Photo (1972) y recibió el importante premio Pulitzer 1973), máximo galardón que entrega el periodismo norteamericano. El negativo original de la foto se conserva en los archivos de la agencia AP

EL  BUITRE   DE  LA  POBREZA
Esta dramática imagen fue tomada por el fotógrafo sudafricano Kevin Carter. Se trata de una niña sudanesa, a todas luces moribunda, que trata de llegar a un campamento de la ONU donde reparten alimentos. Detrás de ella, un buitre aguarda  por su caida definitiva para extender sus alas y lanzarse sobre  su cadáver. La terrible foto la publicó The New York Times el 26 de marzo de 1993. Provocó que millones de personas  desataran un debate mundial sobre la ética del fotoperiodista al captar una imagen que intentaba reflejar la hambruna en aquel paupérrimo rincón del planeta. Kevin Carter tuvo que responder miles de veces la misma pregunta: «Y luego, ¿ayudaste a la niña?». Víctima del remordimiento por no haber hecho nada por salvar a la criatura, el fotógrafo se suicidó con dióxido de carbono  en el interior de su automóvil el 27 de julio de 1994, cuatro meses después de recibir el premio Pulitzer de fotografía en la Universidad de Columbia. «Es la foto más importante de mi carrera, pero no estoy orgulloso de ella, no quiero ni verla, la odio. Aún estoy arrepentido de no haber ayudado a la niña», había  dicho Carter frente al acecho de la culpa, que, paciente y vengativa, esperó el  instante justo para desplegar sus alas y  abalanzarse sobre él. Pero Carter no pudo tomar esa otra foto. A la niña, si en definitiva falleció -que es lo más probable-, la mataron ambos: el buitre, urgido de saciar su hambre;  y Carter, quien buscaba con la imagen fortuna y prestigio, otro tipo de apetito. La foto, comentó un diario de la época, «es un estremecimiento fugaz que muchos aún perciben como una especie de agresión a una parte íntima de su sensibilidad».

EL  HOMBRE  Y  LOS  TANQUES
El Hombre del Tanque es el apodo que se le endilgó a un ciudadano chino anónimo, proyectado a la fama el dia en que fue fotografiado de pie, con una chaqueta y una bolsa en las manos, encarado a una  fila de  tanques durante un violento incidente con manifestantes en  la céntrica Plaza de Tiananmen,  en la  capital china. El hombre permaneció solo y de pie mientras los tanques se le aproximaban a baja velocidad. El  carro de combate que encabezaba la columna intentó esquivarlo, pero el joven se interpuso una y otra vez en su ruta. Finalmente, los tanques se detuvieron. El individuo se trepó entonces sobre el vehículo y conversó brevemente con el conductor. Luego se bajó y se perdió entre la multitud. La imagen fue tomada el 5 de junio de 1989 desde uno de los balcones del Hotel Beijing, próximo al lugar, por tres fotógrafos: los estadounidenses Jeff Widener, de la agencia Associated Press (AP), y Charlie Cole, de la revista Newsweek; y el británico Stuart Franklin, de la revista Time. La fotografía de Widener es la más elogiada de todas. La consiguió con una cámara Nikon y una lente de 300 milímetros desde un balcón, a unos 200 metros de distancia. Solo disparó tres veces porque tuvo dificultades con la velocidad de obturación y la sensibilidad de la película. Por eso él considera casi un milagro que se vea nítida. La transmitió esa misma noche a la agencia central. A la mañana siguiente apareció publicada en centenares de periódicos y revistas del planeta así como en los titulares de los principales noticiarios. En abril de 1998, la revista estadounidense Time incluyó al Hombre del Tanque en su lista de las cien personas más influyentes del siglo XX. Fue, además, la foto ganadora del World Press Photo de 1989.

FLORES  CONTRA  FUSILES
Esta singular imagen la captó el lente del fotógrafo norteamericano Bernie Boston el día 21 de octubre de 1967 durante  una manifestación pacífica frente al Departamento de Defensa, en Washington, contra la guerra de Vietnam. Tiene un plano ligeramente picado, pues Boston la tomó desde lo alto de un muro, en la entrada del Pentágono. Lo fotografía muestra a varios miembros de la Guardia Nacional encañonando y rodeando a unos manifestantes. La composición -según los especialistas- descolla por su gran capacidad de sugerencia, pues la policía casi monopoliza la imagen, mientras que los manifestantes quedan relegados -asi avasallados- en uno de los laterales. La zona central la ocupa un joven que, con pasmosa serenidad, introduce flores en los cañones de los fusiles, mientras uno de los policías toma con su mano derecha la que le han puesto al suyo, quizás para quitarla. Lo importante de la imagen es el gesto en sí, incluso más que sus protagonistas, cuyos rostros apenas se pueden  distinguir, ya sea por la perspectiva o por los casos que cubren sus cabezas. A partir de esta foto, el  «flower power» se elevó a icono de la cultura contemporánea. Muchos aseguran que esta imagen  hizo un aporte mayor al fin de la guerra que cientos de manifestaciones. Bernie Boston  trabajó para medios como Dayton Daily News, Washington Star y Los Angeles Times. Falleció el 24 de enero de 2008 a los 74 años. «Sabía que tenía una buena foto», dijo cuando la tomó para el Washington Star. Sin embargo, sus editores no imaginaron en ese momento la trascendencia que tendría la imagen, y la colocaron en lo profundo de una sección interior del periódico.

ARROZ  SIN  JUSTICIA
Otra vez el sufrido y olvidado Sudán deviene locación para que la  cámara fotográfica se dé gusto retratando el dolor y la injusticia de este mundo. La guerra civil de 1998 provocó en esa nación africana  una hambruna tal que se llevó a la tumba a casi 100 mil personas. En el campamento de refugiados de Ajiep, más de un centenar llegaron a morir cada día mientras aguardaban pacientemente por una magra ración de arroz para entretener el estómago. A duras penas, y despues de vencer múltiples obstáculos entre tanta miseria, abandono y muerte, la comunidad  internacional consiguió hacer llegar suministros y víveres al país. El fotógrafo inglés Tom Stoddart acompañó a una comitiva de Médicos sin Fronteras hasta el citado campamento humanitario. Allí, en una de las interminables filas para recibir alimentos, captó la dramática imagen de un niño lisiado mirando desconsoladamente a un adulto que lleva una bolsa de cereales en su mano izquierda. La fotografía no cuenta que, cinco segundos antes, ese mismo adulto arrancó la bolsa de las manos del  infeliz minusválido sin que nadie moviera un dedo para evitar tamaño atropello. El fotógrafo fue acusado de pasividad. Stoddart es uno de los grandes del reportaje fotográfico contemporáneo. Ha cubierto acontecimientos históricos, como el sitio de Sarajevo, la caída del muro de Berlin y  las guerras de Iraq y El Libano, entre otros.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

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Maiquel Morejon dijo...

Ese es el verdadero Periodismo, sacar la verdadera imagen de la noticia.

FilyPeiso dijo...

Otra buena de Morales, felicidades!

 
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