lunes, 19 de septiembre de 2011

Cosas del pasado

El tema relacionado con la segregación racial siempre me ha resultado antipático. Opino que en el planeta solo existe una raza: la humana. Lamentablemente, no se puede borrar de un simple plumazo el pasado. De ahí que, por entonces, en Manatí mucha gente se organizaba en sociedades según fuera el color de su piel. 
Esta foto pertenece a la familia manatiense Eversley Goulbourne. Me la facilitó mi amigo Jorgito -ya la había publicado Geovanis, El Guajiro, en su perfil de Facebook-, uno de sus miembros, quien reside actualmente en Inglaterra, donde se dedica a la música. Es del llamado Manatí Social and Cricket Club (MSCC), más conocido en la localidad por Club de los Jamaiquinos. Estaba ubicado detrás del otrora taller del INRA, justamente en el inmueble donde años después vivió con su familia un popularísimo profesor de inglés -nacido en Barbados- llamado Vivian Yearwood. . 
La imagen fue tomada entre los años 1955 y 1958, y refleja una actividad festiva del club, en ocasión de la coronación como Reina de la sociedad de la señorita Eva Martínez, que aparece al centro. Entre otros semblantes identificables, figuran en la instantánea -atildados, juveniles y elegantes- Donald Muir  (Pancho), a la izquierda, con traje blanco y lacito. Y, a su lado, con chaqueta blanca, Ruperto Guibbons Dixon (Son). 
También quedó atrapada para la posteridad en la cartulina la señorita Eva Nicholas. Y en la extrema derecha, Jorge Eversley Betts (Cherly Eversley), último presidente del Club de los Jamaiquinos (etapa 1957-1961), pastor de la Iglesia Metodista de Manatí y experto en reparar televisores.  
Según me contaba mi padre, esta sociedad contó con gran arraigo popular en Manatí, mayor, en ocasiones, que las mal llamadas «solo para blancos». Tanto que el el Club... contrataba todos los años para sus festividades a las mejores orquestas de Cuba, incluyendo a la de Benny Moré y la Aragón. Y a sus instalaciones había que entrar de «cuello y corbata"». 
Además del Club de los Jamaiquinos, existió en Manatí la denominada Sociedad de Color, situada a la sazón en la zona donde funciona hoy el complejo de servicios de barbería, peluquería y estudio fotográfico. Era un caserón de madera, con entrada frente al local del Sindicato Azucarero. 
Mi amigo manatiense Alexis López, radicado desde hace años en Estados Unidos, comenta aquella realidad de las siguiente manera: 
«Pero Manati nunca fue un pueblo dividido racialmente. Su gente se llevaba como familia, a pesar del color de la piel. Mi papá me conto un pasaje cómico. Resulta que en una fiesta popular impusieron la separacion racial y colocaron una soga  para que de un lado bailaran los blancos y del otro los negros. Según asegura mi viejo, un manatiense blanco se puso a bailar con una manatiense negra, separados solo por... ¡la soga!
El racismo es un fenómeno complejo. ¡Hasta en la racista Sudáfrica pasó a la historia! La sociedad que se respete no puede tolerarlo.

 
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