jueves, 18 de mayo de 2017

Betty repentista

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Mi hija Beatriz Morales Hernández, de 11 años de edad, estudia el tercer año de la especialidad de viola en la Escuela Vocacional de Arte El Cucalambé, de Las Tunas, Cuba. Además de ejecutar ese maravilloso instrumento de cuerdas, ella canta y... ¡es repentista! Pues sí, como lo leen, Betty asiste desde hace algunos meses a un taller de repentismo infantil que auspicia la Casa Iberoamericana de la Décima, donde el escritor y poeta Antonio (Tony) Gutiérrez dicta lecciones teórico-prácticas sobre esa «viajera peninsular» aplatanada en nuestro país y declarada por la UNESCO Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Tanto se ha destacado allí mi niña que fue seleccionada para presentarse en la Jornada Cucalambeanba, prevista para celebrarse a finales de este mes de junio. Además, un par de décimas suyas se incluirán en un plegable que circulará para la ocasión. En este video que les propongo, Betty canta una décima de su autoría. Al regresar de la peña donde la interpretó -la acompañó el Conjunto Original Cucalambé- le comenté a un amigo acerca de las simpatías de mi hija por el repentismo. Luego de escucharme con una sonrisa irónica, me dijo: «Oye, Juan, no te pongas bravo, pero ella tiene talento para cantar otras cosas más modernas. Eso de las tonadas y el punto cubano es de guajiros». Solamente me sonreí. ¿Para qué perder tiempo en replicar semejante desatino? Evidentemente, mi amigo no conoce ni la jota sobre lo que significa la décima para la cultura nacional.

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domingo, 29 de enero de 2017

La hija del general

Por su excelente posicionamiento estratégico, Las Tunas fue siempre una plaza militar a la que España confirió especial atención durante las guerras independentistas del siglo XIX. En consecuencia, la protegió hasta el mínimo detalle con fuertes, fortines, fosos, alambradas y centenares de soldados. 
El Mayor General Calixto García Íñiguez operaba por la zona con sus hombres en 1897. Su servicio de inteligencia lo mantenía al tanto de todo lo concerniente al enemigo. Al amanecer del 28 de agosto, el osado insurrecto resolvió dar un golpe. Sus tropas atacaron la ciudad con ayuda de la joven María Machado, una de sus agentes secretas, hija del general español Emilio March.
A riesgo de su propia vida, María se las arregló para hacerle llegar al alto oficial mambí, acampado en la manigua, los planos diseñados por el joven capitán del Ejército Libertador Mariano Lerma Varona. Allí figuraba  la información necesaria para dirigir una riesgosa operación que se extendió por tres días y dio lugar a encarnizados combates.

UNA HISTORIA DE AMOR

El 11 de diciembre de 1949, la revista Carteles le realizó una extensa entrevista a Modesta Hecheverría, hija de María Machado con un soldado del Ejército Libertador, titulada La hija de un general español trazó el plano para la toma de Victoria de Las Tunas. Sus declaraciones arrojaron luz sobre las circunstancias en que los progenitores de la heroína tunera se conocieron y enamoraron, a pesar de formar parte de bandos contrarios.
Dijo aquella vez la entrevistada:
-Mi abuelo, el general Emilio March, llegó como simple oficial a Puerto Padre durante la Guerra de los 10 Años. Allí conoció a mi abuela Caridad, hija de una ardorosa familia de patriotas. Sus padres se opusieron tenazmente a la relación entre la muchacha y el español. Pero ambos, flechados por el amor, decidieron pasar por encima de la voluntad paterna.
«De aquel amor contrariado nació María, mi madre. Ella no fue motivo bastante para que los padres de mi abuela cejaran en su oposición al matrimonio, pese a que el entonces capitán March quiso realizarlo y trató de convencer al obstinado padre para que colocara su patriotismo sobre el nombre de la familia.
«Terminada la guerra con la paz del Zanjón, y no obstante sus esfuerzos por legalizar la situación con quien era ya la madre de su hija, el capitán March volvió a España. Pero no olvidó a quienes formaban parte de sus afectos. Sin embargo, ellos se habían mudado a Manzanillo para intentar alejarlo.
«Dos años después, March regresó a Cuba con el objetivo de reconocer la paternidad de la hija cubana, y, si era posible, llevársela consigo, pues para entonces había muerto la joven madre, quizás bajo el dolor de aquel amor desgraciado.
«También el empecinado padre había dejado de existir. Mi madre quedó entonces al cuidado de una tía llamada Irene, que, fiel continuadora de la patriótica tozudez de su hermano, se negó a que el ya comandante Emilio March reconociera a su hija y aun la escondió para que no pudiera verla. De nuevo el infortunado padre debió regresar a su patria, solo y defraudado».
Modesta le relató a Carteles que, al comenzar la guerra de 1895, Emilio March retornó a Cuba, según ella, «tal vez imantado por el recuerdo de su hija cubana a la que casi no conocía». En un momento de la entrevista, le mostró al periodista varios documentos escritos por el general, entre ellos una carta dirigida a María, en la que le pregunta si está recibiendo los 40 pesos que le envía todos los meses.
A la sazón ya ostentaba el grado de general, y se le asignó el mando de la Tercera División, con sede cuartelaria en la ciudad de Holguín, con jurisdicción sobre Victoria de Las Tunas. «Mi madre, su hija, ya estaba casada con Orfilio Hecheverría, con quien tenía descendencia. El general Emilio March investigó hasta dar con su paradero. Al poco tiempo contactó con ella y le insistió en su propósito de reconocerla, deseo al cual ella se mostró siempre remisa, influida por su tía, que continuaba ejerciendo, irrevocablemente, su férrea autoridad».
No obstante la negativa de la muchacha a ser reconocida como hija del alto oficial ibérico –incluso, siempre firmó con el apellido Machado, el de su madre- no dejaron de confraternizar. El general, como prueba de cariño, la dotó de un salvoconducto especial para que transitara libremente por las zonas en conflicto. Al unísono, ella disponía de un permiso firmado por el Mayor General Calixto García, que la autorizaba a circular a su albedrío por la región dominada por los insurrectos.
María aprovechó esas facilidades para recopilar información acerca del enemigo -cantidad de soldados y de cañones de la guarnición, emplazamiento de las fortificaciones y otros detalles igualmente valiosos- para entregarla luego en el territorio libre de Cuba. Así se lo había ordenado el Mayor General Calixto García, conocedor de su compromiso con la causa.

LA TOMA DE LAS TUNAS DEL 28 DE AGOSTO DE 1897

En aquella acción del 28 de agosto de 1897, las tropas del Mayor General Calixto García estrenaron un cañón de dinamita. Uno de sus artilleros fue José Francisco Martí Zayas-Bazán, hijo del Apóstol, a quien las explosiones afectaron su audición. Por su valor se ganó un ascenso. Hubo una baja sensible: el coronel Ángel de la Guardia, quien acompañaba a nuestro Héroe Nacional cuando cayó en Dos Ríos, el 19 de mayo de 1895.
El 30 de agosto por la mañana se rindieron los ocupantes del cuartel de infantería. Los españoles tuvieron casi 200 muertos y se les ocuparon mil 200 fusiles, dos cañones, un millón de proyectiles, medio millar de machetes, otras tantas granadas así como ropas, víveres y medicinas.
Los cubanos registraron 25 caídos en combate, entre ellos Custodio Orive, Francisco Sidano y Lorenzo Ortiz. La toma de Las Tunas de agosto d 1897 resultó una de las operaciones artilleras más importantes de la guerra de 1895 y el declive estratégico de la dominación española en Cuba.
El doctor Rolando Rodríguez, investigador del tema, ha dicho en que en aquella acción «los españoles se batieron bravamente y solo cuando les fue imposible continuar la lucha, sin haber obtenido apoyo ninguno del exterior, pactaron la rendición. Calixto García les garantizó la vida a todos y los trató con los honores que los cubanos dispensaban a los vencidos».
La toma de Las Tunas de agosto de 1897 resultó una de las operaciones artilleras más importantes de la Guerra Necesaria y el declive estratégico de la dominación española en Cuba. Tuvo gran impacto en la opinión pública internacional, al punto de que las autoridades coloniales perdieron la confianza en su hombre fuerte de entonces, el tristemente célebre Valeriano Weyler, y lo sustituyeron por el general Ramón Blanco.

UN FINAL SIN COLOFÓN

El general Emilio March regresó a su país al concluir la dominación colonial en Cuba, luego de los Acuerdos de París entre España y Estados Unidos. Dicen que se marchó decepcionado por lo que él llamó «la traición de su hija» y los cubanos «fidelidad a sus ideales». No tengo información sobre cuál fue su destino. Se sabe que matrimonió con una dama holguinera muy patriota, y que tuvo con ella descendencia.
De María Machado la historiografía cubana tampoco recoge elementos complementarios. Solo que tuvo cinco hijos: Orfilio, Caridad, Ángel, Sergio y Modesta. Supongo que sobrevivió a la instauración de la República, ocurrida el 20 de mayo de 1902, y que recibió alguna pensión como colaboradora activa del Ejército Libertador y partícipe de la Toma de Victoria de Las Tunas del 28 de agosto de 1897.
Pocos días después de aquella acción, el comandante Eduardo Vidal Fontaine (Lalo),quien tomó parte en ella y fue luego el primer alcalde de Victoria de Las Tunas, escribió una poesía referida a la batalla. Algunos versos de la pieza están dedicados a la valiente joven: «Menocal planeó el combate / con el croquis que mandara / una dama distinguida / de la sociedad cubana / muy blanca, de ojos azules, / María Machado llamada, / que tiene para la historia / esta nota reservada /».

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domingo, 24 de abril de 2016

La sed de la tierra

En el planeta convive junto a nosotros un recurso natural más preciado y necesario que el petróleo: el agua. Su existencia propone un dilema: o lo usamos con racionalidad o desaparecemos. Porque, si este fluido huérfano de olor y de color se agotara un día, todas las formas de vida estaríamos, sin derecho a réplica, condenadas a morir. 
La ciencia intenta conjurar tamaña amenaza con el hallazgo en los laboratorios de una sustancia alternativa capaz de suplir la fórmula compuesta por dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno. Sin embargo, y a pesar de la tenacidad desplegada, las probetas no han conseguido obtener resultados alentadores. 
Aunque el colapso de las reservas globales de agua no parece inminente, inquieta el deterioro de sus niveles, tanto para el consumo humano como para la industria y la agricultura. La mengua de los regímenes de lluvia hace temer que en el futuro se desaten guerras por su control. Tal eventualidad pende como la clásica Espada de Damocles sobre países de los cinco continentes, que se disputan derechos de utilización sobre importantes corrientes fluviales.

LOS CAPRICHOS DE SAN PEDRO

Las sequías tienen antigua data. Entre las primeras conocidas figura la que asoló China en 1644 y derrocó a la dinastía Ming. La más letal, empero, fue la Gran Sequía de la era victoriana, entre 1876 y 1879. Sus efectos repercutieron en casi todo el trópico, y la hambruna resultante dejó un saldo de 30 millones de víctimas. En el siglo XX, la peor castigó a la región africana de Sahel entre 1970 y 1980. Cobró 100 000 vidas. 
En la actualidad, las precipitaciones escasean en extensas áreas geográficas del planeta. Unos 4 000 000 000 millones de personas sufren de una angustiosa carencia de agua al menos durante un mes cada año. Y hay más: a juzgar por la Organización de las Naciones Unidas, para el 2030 la mitad de la población mundial vivirá en zonas de intensa sequía. 
Cuba no escapa al difícil panorama. Según el Centro del Clima del Instituto de Meteorología, el 45 % de su territorio tuvo déficit en los acumulados lluviosos durante 2015. En su último período húmedo –de mayo a octubre pasados-, el promedio de precipitaciones ni siquiera rozó la media histórica, pues solamente acumuló el 84 %. En la etapa, los embalses adscriptos al Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INRH) represaron apenas la mitad de su aforo total. Y las cuencas subterráneas, exhaustas, llegaron en peor situación que en el 2004, cuando el país sufrió una de las sequías más severas de su historia.

PARA UN DOSSIER TUNERO

-La falta de lluvia en nuestra provincia no es una novedad –asegura la geóloga Mirtha Rodríguez, delegada del INRH en Las Tunas. Se trata de un fenómeno cíclico que nos afecta cada cierto tiempo. Se atribuye a los cambios climáticos derivados del efecto El Niño y a la deforestación. 
«La sequía de 2004 fue terrible. Tanto que, al cerrar diciembre, el territorio tenía apenas el 56 % de su acumulado histórico de lluvias, ascendente entonces a 1126 milímetros anuales. A nuestros embalses no les fue mejor, pues su almacenaje se redujo a la quinta parte de su capacidad». 
Agrega la funcionaria que, al no llover durante parte del 2004, el año siguiente tuvo que vérselas con graves aprietos en materia de humedad. Tantos, que los embalses, capaces de recopilar en conjunto unos 350 millones de metros cúbicos de agua, llegaron a sumar solo 39 millones. 
«Ya en marzo de 2005, la presa El Rincón, principal fuente de abasto de la ciudad capital, con unos 165 ml habitantes, quedó en volumen muerto, considerado así cuando almacena menos de 400 000 metros cúbicos de agua. También colapsó El Lavado -abastecedora del municipio de Jobabo-, y quedaron casi al borde al límite Cayojo y la cuenca La Cana. A partir de junio comenzó moderadamente a llover y la situación cambió algo». 
En 2006, el mapa isoyético cubano, confeccionado por los especialistas luego de evaluar los niveles de precipitaciones cuantificados en los últimos años, actualizó los parámetros tuneros y fijó la media histórica de lluvias de la provincia en 1038 milímetros anuales, una de las más bajas del país. 
-La sequía persistió hasta el 2007, cuando nos azotó la tormenta tropical Noel –recuerda Mirtha-. Lo que en otra circunstancia hubiéramos ahuyentado con un suplicante «solavaya», devino auténtico regalo, pues llovió al 147 % de la media histórica y casi todos nuestros embalses vertieron. Realmente, Noel significó un respiro para nuestra asfixia. 
«En el 2008, el ciclón Ike se ensañó con la provincia, pero sus lluvias dejaron un saldo positivo en cuanto a aguas represadas –continúa Mirtha-. En el 2009 y el 2010 también hubo humedad, con rangos similares a la media histórica. Desde entonces la situación cambió: en 2011 y 2012, llovió menos que de costumbre. Y en  2015, solo al 83 %. 
«Hoy, como dice el refrán, estamos con el agua al cuello, pues nuestros 23 embalses acumulan apenas 85 millones de metros cúbicos, de los 350 para los que están concebidos, es decir, están al 24 % de su capacidad. Además, el promedio pluvial de la región ronda los 61,8 milímetros». 
En efecto, el panorama lluvioso tunero actual es bastante difícil, y muy parecido al del tristemente célebre 2004. A su imagen y semejanza, y como consecuencia de la falta de lluvia en el ciclo húmedo pasado, embalses y cuencas irrumpieron en el período seco -de noviembre a abril- en contexto desfavorable. A una represa importante, como la de Playuela, proveedora de la población del municipio de Majibacoa, le quedan pocos días de cobertura. Las de El Rincón, Cayojo y la cuenca La Cana, aunque en mejor coyuntura, capean como pueden el rudo temporal. 
-Actualmente, reciben agua por pipas casi 160 mil habitantes de los ocho municipios –precisa Mirtha-. La cifra incluye a 223 comunidades que no disponen de redes hidráulicas convencionales ni de fuentes propias, por estar salinizados los suelos donde se localizan. En la tarea toman parte la Empresa de Acueductos y la Dirección Provincial de Servicios Comunales. Al respecto, tenemos también un programa de construcción de pozos. Para este año prevemos perforar 33 en diferentes asentamientos.

ATAJAR LA FUGA DE AGUA

En el 2007, Las Tunas, junto a otras 11 ciudades cubanas, resultó escogida para incorporarse a un programa de rehabilitación de su deteriorado y longevo sistema de redes hidráulicas, sobre todo el de su ciudad capital. El presupuesto fue de 17 millones de dólares, provenientes de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP). 
-Desde el 2007 hasta el 2010 la prioridad fue la rehabilitación de redes –dice Mirtha-. A partir del 2012 le sumamos el programa de las conductoras. Para este 2016 tenemos un proyecto amplio, que incluye la importación y montaje de la planta de tratamiento de agua para los poblados de Chaparra y Delicias, previstos para conectarse a la presa Juan Sáez. Además, se pretende dar los toques finales los acueductos de San Antonio, comunidad periférica de la cabecera provincial, y al del municipio de Jobabo, uno de los más afectado por la sequía. 
«La ejecución suele atrasarse, pues nuestros trabajadores deben sustituir tuberías y suprimir salideros, por donde se escapa casi la mitad del agua generada en la provincia. Pero, al final, el resultado vale la pena. La gente lo reconoce, porque el agua irrumpe con más fuerza en los hogares, incluso en aquellos repartos altos donde tradicionalmente nunca llegó. 
«El trabajo es arduo y, como resulta extremadamente complejo por causa del pésimo estado de nuestras redes hidráulicas, lleva tiempo. Para acometerlo se ha tenido que adquirir tecnología, en especial grúas, camiones, retroexcavadoras, motoniveladoras, compresores y hasta una máquina para sellar conexiones. La población se admira al verlos trabajar. 
«Pero de nada valdrán todas estas inversiones y todos esos esfuerzos si la población y las direcciones de los centros de trabajo no se sensibilizan con el ahorro de agua -agrega la funcionaria-. Somos testigos de cuánta se derrocha en ambos sectores. Es un señalamiento que nos hacen en todas las rendiciones de cuenta del delegado a sus electores, a donde casi siempre asiste uno de nuestros representantes».

PARA QUE NO NOS AGUEN LA EXISTENCIA

Según los anales meteorológicos, la capital mundial de las precipitaciones es Mawsynram, una aldea hindú donde la humedad alcanza los 11871 milímetros de lluvia cada año; y el lugar más seco, cierta región del desierto de Atacama, en Chile, donde no se registra ni siquiera un chubasquito desde hace cuatro siglos. 
Los tuneros estamos distantes de ambos extremos. Ni tan húmedos ni tan secos. Eso sí, estamos obligados a aprovechar hasta la última gota el agua disponible. Desperdiciarla, amén de insensato, sería un crimen de leso sentido común. Solamente que, en ocasiones, el sentido común parece ser el menos común de los sentidos.

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