jueves, 25 de agosto de 2011

Calles de mi ciudad

La mayoría de los seres humanos venimos al mundo con nombres preelegidos por nuestros parientes cercanos. Luego, con mejor o peor fortuna, los llevamos a cuestas durante toda la vida. Algunos tal vez resulten fonéticamente horribles o caligráficamente complejos. Sin embargo, solo en raras ocasiones los inconformes deciden cambiárselos por otros más a tono con sus preferencias. 
No ocurre igual con las denominaciones de las calles. Una avenida pudo tener ayer una identidad, ostentar hoy otra diferente y mostrar mañana una tercera. Estos cambalaches nominales dependen de disímiles factores, entre ellos la voluntad expresa de quienes ostentan la prerrogativa de la decisión. 
Hace poco más de 150 años, la otrora Victoria de las Tunas fue declarada Ciudad por las autoridades coloniales españolas. En 1868, cuando estalló en la antigua provincia de Oriente la Guerra Grande, la villa contaba con 15 vías urbanizadas. Ninguna conserva en la actualidad su nombre original. 
La arteria tunera más populosa es la avenida Mayor General Vicente García. Su nombre original (1868) fue Isabel Segunda, reina de España entre los años 1833 y 1886. Casi 20 almanaques después, su rótulo se cambió por calle Campoamor, apellido de un célebre poeta peninsular.
Hasta inicios del siglo XX, resultó común que la gente de campo recorriera a caballo esta popular calle. Se conservan aún varias argollas empotradas en los contenes, donde sus dueños amarraban las bridas de los nobles brutos.
La calle Lucas Ortiz corre también por las proximidades del corazón de la capital tunera. Sin embargo, no fue ese su primer apelativo, sino Príncipe, vaya usted a saber en honor a qué Alteza Real de la metrópoli.
En 1869 se le comenzó a llamar Bombero, para dignificar a ese gremio. En 1884 sufrió otro cambio: Moratín, notable escritor madrileño. En 1905 los adulones le endosaron Becerra, apellido de un conquistador. Desde 1931 se le llama Lucas Ortiz, ilustre capitán del Ejército Libertador.
Un caso singular es el de la calle Colón, que también serpentea por el ecuador histórico tunero. En 1868 la bautizaron como avenida de Los Pinos, quizás por la profusión de esos árboles a lo largo de su recorrido. Lo curioso es que esta calle ostenta hoy varios nombres en su trayecto.
Se llama así, Colón, desde su origen en la zona de La Martilla hasta la calle Francisco Varona. De ahí a la calle Gonzalo de Quesada se llama Ángel Guardia, mambí caído en la toma de Las Tunas de 1897. Desde Ángel Guardia hasta el ferrocarril, es avenida Frank País. Y hasta la salida hacia Puerto Padre, todos la conocen por avenida Camilo Cienfuegos. 
La ciudad de Las Tunas tiene otro caso singular: una cuadra con nombres diferentes en cada acera. Está en la Placita de los Recuerdos, en el reparto México. Allí convergen en cuchilla las calles Joaquín de Agüero y Nicolás Heredia. Ambas siguen la misma ruta con igual identidad hasta la Feria, donde terminan. Lo curioso  de esto es que los vecinos que la habitan viven en la misma cuadra, pero no en la misma calle. 
La calle Martí cuenta también con su historia. Al inaugurarse en 1868, las autoridades le pusieron por rótulo calle Carlos Conus, nombre de un capitán español que apresó al patriota camagüeyano Joaquín de Agüero, quien en 1851 intentó sin éxito tomar Las Tunas. En 1905, pasó a denominarse calle República, que era la condición de Cuba desde 1902. 
Otra calle tunera, la Lico Cruz, se llamó en 1868 Maria Luisa, en honor a la Infanta María Luisa Fernanda de Borbón, hija de los reyes Fernando VII y María Cristina, soberanos españoles del siglo XIX. En 1884, los colonialistas decidieron que esta calle Maria Luisa se llamara calle Pelayo, alegoría a un antiguo obispo de la asturiana ciudad de Oviedo. 
En 1905, ya en tiempos republicanos, se le bautizó como calle Manuel Cruz, comandante mambí caído en combate el 6 de mayo de 1871. Desde  1931 esta vía se llama calle Lico Cruz, otro ilustre insurrecto local. 
A ciertas calles tuneras las autoridades coloniales de la época les impusieron títulos de ingrata recordación, como Leopoldo O´Donell, nombre con el que fue agraviada  en 1868  y hasta años después la actual calle Julián Santana (nombre de un glorioso general mambí de origen canario). 
Este Leopoldo O´Donell fue un alto oficial del Ejército Español, además de Gobernador General de la isla entre 1843 y 1848. En su tristemente célebre mandato fusilaron al poeta Gabriel de la Concepción Valdés (Plácido). Hizo famosa una frase, adoptada luego por los mayorales en las plantaciones cañeras esclavas: «con sangre se hace azúcar». 
La calle Joaquín de Agüero responde por ese nombre desde 1905. Antes, en 1868, se le conocía por Piquero, reminiscencia del antiguo soldado cuyo única arma en las batallas era una lanza o pica. En 1884 recibió el patronímico de calle León XIII, Papa desde 1878 hasta 1903. 
Otra conocida calle exhibió proclividad por nombres de notables de las letras. Como la Nicolás Heredia, que perpetúa a un novelista cubano del siglo XIX. En 1884 esta vía se llamó Cervantes, apellido del más grande escritor en lengua hispana: don Miguel de Cervantes. 
Además de las ya mencionadas Julián Santana, Vicente García, Lico Cruz, Lucas Ortiz y Francisco Varona, otras vías tuneras llevan nombres de grandes patriotas locales de nuestras luchas  independentistas decimonónicas. Son las calles Ramón Ortuño y Francisco Vega, ambos generales del Ejército Libertador. La calle Lorenzo Ortiz inmortaliza a otro mambí de menor rango militar, pero igualmente glorioso. 
Con nombres de la última etapa de la lucha revolucionaria existen en Las Tunas las calles Carlos Sosa Ballester, Pelayo Paneque, Aquiles Espinosa, Waldemar Membrado y Calixto Sarduy, entre muchos otros. Hay algunas que inmortalizan a héroes nacionales, como las calles Máximo Gómez, José Martí y  Antonio Maceo, algo frecuente en casi toda la isla. 
A lo largo de la historia, ciertas calles tuneras ostentaron  por un tiempo denominaciones a las cuales no se les ha encontrado completo sentido: Rastro, Límites y Suburbios. Raros, ¿verdad? 
Otro nombre nada convencional lo lució la actual  calle 24 de Febrero, que en 1868 se llamó Campana. La que hoy conocemos por calle Maceo, fue la calle Canoa desde 1868 hasta 1884. Y la conocida calle Nicolás Heredia era en 1869 la calle Cruz Verde. 
Las calles son más que corredores para transitar a pie, sobre ruedas o por cualquier otro medio los asentamientos poblacionales. Ellas integran la vida orgánica de las ciudades. Son sus arterias, sus neuronas y sus tejidos. Conocerlas es acceder a una zona importante de nuestra historia.

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lunes, 8 de agosto de 2011

De Islas Canarias a Las Tunas

Uno de los generales de las guerras cubanas del siglo XIX más queridos por los tuneros fue Julián Santana. Este peninsular aplatanado por acá nació en Tenerife, Islas Canarias, el 9 de enero de 1830. Hijo de padre y madre desconocidos, su primera niñez transcurrió al amparo de la institución benéfica Santa Ana, en Las Palmas, en el propio archipiélago canario. 
En 1851, con apenas 21 años de edad, el joven «isleño»cruzó el Atllántico y llegó a Cuba. En la isla habían comenzado as manifestaciones contra el coloniaje español. Arribó en los precisos momentos en que el patriota camagüeyano Joaquín de Agüero intentó tomar Las Tunas. Se unió a su ejército y, con un grupo de guerreros, atacó una columna enemiga. Fue capturado y luego liberado. Desde ese momento jamás dejó de combatir. 
Cuando un grupo de cubanos capituló frente a España y firmó el humillante Pacto de El Zanjón, Julián Santana se unió al Mayor General Antonio Maceo en la Protesta de Baraguá. Y en 1879, cuando el fin de la guerra  hizo que la mayoría de los mambises marchara al exilio, unió filas junto a Francisco Varona para  continuar luchando por la independencia de Cuba.
Este recio y valeroso mambí tomó parte en los cinco asaltos que el Ejército Libertador le hizo a nuestra ciudad. En 1902, al terminar la contienda e instaurarse la República, regresó a su finca Santa Inés, en el barrio Oriente. En 1908 compareció ante el juzgado de Victoria de Las Tunas para renunciar a su ciudadanía española y adoptar la cubana. Julián Santana contrajo matrimonio tres veces y tuvo 13 hijos. Uno de ellos, Jacinto Santana, se convirtió en oficial mambí en la guerra de 1895. 
El General de Brigada Julián Santana murió el 31 de julio de 1931. Está sepultado en el cementerio El Saíto, en la zona donde siempre residió. En la foto aparece sentado, a la derecha, junto a algunos amigos que viajaron a caballo desde Victoria de Las Tunas hasta su finca para congratularlo el día en que cumplió 100 años. Por cierto, entre los mambises que ostentaron el grado de general, fue el segundo en alcanzar mayor edad, pues falleció a los 101 años, solo superado por el general Higinio Vázquez Martínez, que vivió 103. Su hija Rosa, última en sobrevivirlo, llegó hasta los 99.

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miércoles, 20 de julio de 2011

Vacaciones de verano

Los meses de julio y agosto transpiran fragancia a vacaciones. En Cuba casi nos pasamos el resto del almanaque aguardando por la llegada de esas 62 jornadas, en las que la playa, la fiesta y el paseo monopolizan la simpatía pública hasta alcanzar niveles insospechados.
Sin embargo, para la gente de mi generación, las vacaciones de verano tenían un signo particular: eran, sobre todo, ocasión para reencontrarnos con nuestras familias y amigos después de vencer  nuestros cursos escolares en calidad de becarios en ciudades tan distantes de Manatí como La Habana, Camaguey, Santiago y Holguín. 
Recuerdo que todavía no habíamos desempacado las maletas y ya estábamos organizando la primera descarguita entre las amistades más afines. Eran tiempos difíciles aquellos años 70. Pero nuestros padres se las arreglaban para conseguirnos unos panes de telera, pasta de bocadito, una cacharra con ensalada fría, dos o tres botellitas de menta y... ¡a divertirnos con la música de moda en cualquiera de nuestras casas! 
Por entonces no existían los sofisticados equipos de discos compactos actuales ni las discotecas con sus juegos de luces. Pero nosotros la pasábamos de maravillas con aquella vieja grabadora de cinta y cl vetusto tocadiscos para placas negras con no más de 12 canciones, entre las cuales Los Beatles y los grupos de la Década Prodigiosa eran los preferidos. 
No solo eran fiestas nuestras vacaciones de verano. También nos reuníamos para ir a la playita del Puerto o a la de Sabana, contarnos historias de nuestras respectivas becas, jugar baloncesto en la antigua cancha del sindicato o echar algún que otro partido de dominó. Además. aprovechábamos la etapa para leer cuanto libro cayera en nuestras manos, lo mismo aventuras de Emilio Salgari que simplonas novelitas vaqueras. 
Finalmente, llegaba la hora del regreso a nuestros centros de estudio. Uffff, ¡qué bien la habíamjos pasado! Todos nos despedíamos con el rostro radiante por las emociones... hasta el próximo verano.

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domingo, 3 de julio de 2011

Alfonso Silvestre, el tunero de la TV

Este actor es una gloria tunera y cubana de las artes escénicas. Vino al mundo el 9 de octubre de 1926 en la otrora ciudad de Victoria de las Tunas, en el seno de una familia de clase media. 
Desde su infancia manifestó marcado gusto por el teatro, tal vez influenciado por una tía materna, quien solía escribir y montar pequeñas obras donde el pequeño era uno de los actores. 
Aunque su primer oficio fue el de locutor en  las emisoras radiales de la localidad, años antes había establecido nexos con instituciones culturales como La Colonia Española. Allí acudía regularmente para disfrutar del canto, el baile y la música española. También con las sociedades El Liceo y la Unión Fraternal, para recibir cursos de superación dictados por personalidades tan ilustres como Nicolás Guillén. 
El 10 de junio de 1951 fundó, junto a Manuel Fernández González, el Patronato Pro-Arte en Tunas, que pretendió, según una publicación de la época, "promover el desarrollo cultural del territorio, rompiendo todas las barreras raciales, religiosas, económicas y sociales existentes." 
Y agrega en otra de sus partes la referida publicación: "Esta organización autofinanciada propició, con la participación de los talentos locales, el progreso de diferentes modalidades artísticas en teatros, logias, salones y plazas. Realizaban funciones benéficas y divulgativas con el predominio del teatro, el canto, la música, la declamación y la danza, exposiciones y conferencias sobre temas relacionados con la literatura, la cultura y la sociedad, la difusión radial y periodística de nuestras raíces españolas y africanas como expresión de la cultura cubana".
Dentro de la recién creada institución cultural, Alfonso Silvestre prosiguió desarrollando su afición por las tablas, ya no solo como actor, sino también como autor. Una puesta en escena suya, nombrada El Dilema, tuvo una magnifica acogida en su premier, el 7 de septiembre de 1951.  
A mediados de 1953 se trasladó a La Habana y comenzó a trabajar en la televisión. En ese medio alternó con los mejores artistas cubanos de la época en teatro, animación y programas humorísticos.  Durante su carrera en la pantalla grande actuó en espacios de aventuras como Marco Polo, El Gran Almirante, La flecha negra, Juan Quinquín y El Mambisito.  
En 1960 integró el elenco artístico del Teatro Nacional de Cuba para asumir roles en infinidades de obras teatrales y comedias musicales. Laboró en la Casa de las Américas, en el Anfiteatro de La Habana y en la sala Las Máscaras. Se vinculó a Teatro Estudio (foto) y al Grupo Rita Montaner, compañías con las que montó y actuó en numerosas obras del repertorio universal, como El círculo de tiza caucasiano, de Bertold Bretch. 
En 1970 trabajó como profesor, y  en 1984, por problemas familiares, regresó a su ciudad natal. Trabajó en Radio Victoria y en la Casa de la Cultura Tomasa Varona. En 1986 grabó su última aventura en Buey Arriba, provincia de Granma.  Obtuvo varias distinciones, entre ellas la de Pro- Arte, la medalla Raúl Gómez García y la Vicente García. Murió en Las Tunas, el 24 de diciembre de 1997, a los 71 años de edad.  

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domingo, 26 de junio de 2011

Dos fotos de Los Surik

Esta imagen la bajé del perfil Facebook de Jorge A. Barly (Tony), ex-miembro del emblemático y recordado grupo tunero Los Surik.
La foto data de 1971, año del debut del colectivo, aunque no todos los músidos que aparecen son fundadores. De izquierda a derecha figuran,  por orden, Francisco Mesa (Paco), Benny Revuelta, Félix Catalá, Pablo Velázquez (Pablín), José Luis Borrell y Omar Urizagarraga (Omarito). 
Un forista anónimo que comentó la imagen en el perfil de Tony Barly asegura que Los Surik ensayaban por entonces en la casa de José Luis Borrel, frente a la antigua tienda La Gran Señora (calles Lucas Ortiz y Julián Santana). Luego trasladaron sus instrumentos para la casa de Benny Revuelta, en la calle Gonzalo de Quesada, casi esquina a Lucas Ortiz. 
En el repertorio de Los Surik figuraban, entre otros, temas clásicos del pop español y norteamericano, e instrumentales que Benny recreaba con su saxofón. Pablín (ya fallecido) fue un excelente cantante, finalista años después en el programa televisivo Todo el mundo canta. Y Paco Mesa brilló también como vocalista. Catalá se sentía a sus anchas en la batería, igual que Omarito en el bajo. Los bafles de la foto los diseñó José Luis Borrell, quien, además de músico, era gran aficionado a la electrónica. 
Por cierto, Los Surik tienen en su currículo una primicia interesante: sus miembros iniciaron la era de la discografía en Las Tunas, al grabar en 1985 la primera placa de larga duración  de que se tengan referencias en el territorio. El fonograma consta de 12 números  -la mayoría con la firma autoral de integrantes del grupo- y fue grabado en los estudios Siboney, en Santiago de Cuba. Por su naturaleza fundacional, el disco constituye una pieza de inapreciable valor para el patrimonio cultural tunero. 
La segunda imagen (a la izquierda) me la remitió desde los Estados Unidos el ex-Surik y gran amigo  Ángel Luis Sánchez. Fue tomada por los años 80 en la casa de la actriz y promotora Blanquita Becerra (al centro), en los tiempos en que la otrora popularísima y distinguida dama del teatro lírico cubano estuvo radicada en nuestra ciudad. Aparecen, entre otros miembros del colectivo musical, Arturo Gooden, Alberto Bada, Benny Revuelta, Gerardo Leyva, Raúl Cáceres, Héctor Aguilar y Rafael Diez.

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sábado, 18 de junio de 2011

Una hora con papá

Una noche, un niño  le pregunta a su padre: “¿Cuánto ganas por hora, papá?” El padre responde con otra pregunta: “¿Por qué quieres saberlo?” Y el niño: “No, por nada”. Acto seguido, el niño le pide cinco pesos. Y el padre: “¿Para qué los quieres?” Y el niño: “Para hacer un gasto importante”. El padre le entrega el billete. A la otra noche el niño vuelve a hacerle la misma pregunta y el mismo pedido. El padre, visiblemente airado, recrimina al niño: “¿Piensas que me regalan el dinero? Es una insolencia que me estés preguntando cuánto gano”. Manda a dormir al niño.  Pasados unos minutos, el padre recapacita y, arrepentido, piensa que fue un poco duro con su hijo.  Se acerca a la cama y lo acaricia. “Perdóname –se disculpa–, a veces no estoy de humor. Mira, aquí tienes los cinco pesos". El niño lo mira tiernamente y le musita: “Papá, ¿Te molestarías si vuelvo a preguntarte cuánto ganas por hora?" El padre lo observa y suspira. "No me molestaría –responde–, gano 10 pesos por hora”. Entonces el niño levanta la almohada, toma los cinco pesos del día anterior y le dice: “Ya tengo 10 pesos, papá. Tómalos. ¿Podrías ahora estar una hora conmigo?”

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miércoles, 1 de junio de 2011

CUBA JUAN: 80 mil visitantes

Hoy, primero de junio de 2011, CUBA JUAN alcanzó la cifra de 80 mil visitantes. ¡Cuánto ha llovido desde aquel 9 de diciembre de 2005 en que la página se asomó con la timidez del principiante al enigma de Internet! El post del debut fue una entrevista periodística que le realicé al tunero Héctor Despaigne, el latinoamericano que sobrevivió más tiempo -¡20 años!- con un corazón ajeno. Falleció ocho meses después del diálogo.
Esta breve reseña quiere agradecerles a todos los que estuvieron por aquí en algún momento la gentileza de haberle dedicado un instante o una hora de su tiempo a mi blog. Muchos -la mayoría, seguramente- solo fueron aves de paso que se posaron y remontaron enseguida vuelo. Otros franquearon la puerta de entrada y husmearon en cada recoveco. Apuesto a que hubo también quienes hicieron escala por azar, curiosidad o simple despiste. A esos también les extiendo mi gratitud.
Dentro de ese conglomerado de 80 mil visitantes conocí virtualmente a personas de los más variados rasgos sicológicos. Desde el emigrante nostálgico que sueña con retornar un día a la Patria que lo vio nacer, hasta el resentido que destila bilis con solo escuchar el nombre de Cuba; desde el fiel amigo que mantiene incólumes sus sentimientos por encima de las ideologías, hasta el que alguna vez lo fue y ahora lo reniega solo porque cree haber llegado a la Tierra Prometida.
Algunos dejaron plasmadas sus opiniones -a favor o en contra de mi proyecto comunicativo- en comentarios escritos a pie de post o en las páginas de mi Libro de Visitas. Es una pena que varios evitaran la identificación. Me privaron de la posibilidad de conocer el nombre o la ciudadanía de sus autores. Los anónimos son así, hijos de padres desconocidos. Quien lo recurren a tiene siempre algo que ocultar.
Lo que más me satisface de esta etapa -y de esta cifra- es el aliento recibido de muchísimas personas radicadas en las más insospechadas partes del mundo. Los manatienses, en particular, acogieron a CUBA JUAN con inmenso entusiasmo. Para no pocos de los oriundos de mi pueblo la página devino sitio para el diálogo y opción para el reencuentro. También conducto para mantenerse al día de las buenas y las malas noticias generadas por una localidad perdida en el mapa de Cuba, pero a la que no pueden -ni quieren- apartar de sus corazones.
Un abrazo para todos desde Las Tunas, Cuba. Les aseguro que no los defraudaré.

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sábado, 28 de mayo de 2011

Querido Manatí...

Sobre el origen del nombre de nuestro pueblo, Manatí, existen diversas opiniones. Como suele ocurrir en estos casos, los investigadores se basan en realidades probadas e irrefutables, y otras veces echan mano a sus sentimientos más íntimos para darle curso a lo que ellos quisieran que fuera, aunque la praxis no lo haya confirmado.
Desde que tengo uso de razón escucho decir que el toponímico Manatí tiene que ver con un mamífero de agua dulce prácticamente extinguido en el territorio nacional, cuya presencia, según se cuenta, era muy abundante en tiempos pasados en la desembocadura de los ríos de nuestra comarca. A mí, en lo personal, me agrada esta explicación, tal vez porque aprecio en ella una lógica de la cual carecen otras teorías tal vez no tan convincentes.
Otra explicación sobre la procedencia del nombre la dan los etnógrafos. Ellos dicen que la voz Manatí está formada por los términos mana –que quiere decir Luna- y ti –cuyo significado es tierra de aguas y ríos-, y descartan que esté inspirada en la teoría del mamífero fluvial porque, dicen, “los indios de Las Antillas no solían proceder así, sino que tomaban de los accidentes del terreno, de los astros celestes o de las plantas circundantes los nombres y las denominaciones de sus asentamientos poblacionales”.
Pero lo del nombre desbordó la época aborigen para tirar anclas en la contemporaneidad. Se lo digo porque, si bien nuestro ingenio se llamó Manatí desde su inauguración en 1913 hasta el año 1960, luego tendría otras dos denominaciones diferentes, una temporal y otra definitiva. En efecto, el 8 de agosto de 1960, al efectuarse su nacionalización, se le propuso provisionalmente llamarse América Libre, tal y como se llama hoy un ingenio de la provincia de Santiago de Cuba. No fue hasta el 17 de febrero de 1961 en que a otrora fábrica manatiense de azúcar pasó a llamarse Argelia Libre, en solidaridad con el país africano, cuyo pueblo luchaba por entonces contra el colonialismo francés.
De manera que lo del nombre de nuestra patria chica tiene de todo: polémica sobre su surgimiento y prolijidad de bautizos.

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jueves, 5 de mayo de 2011

Puerto Padre y el Día de las Madres

Cualquier fecha del almanaque se pinta de maravillas para ofrendarles cariño a las madres. Halagos en enero, flores en noviembre, besos en abril, ternura en agosto, sonrisas en julio… ¿Qué más da minuto, día, semana, mes o año? Sin embargo, en muchos países se ha escogido el segundo domingo de mayo para potenciar en los corazones ese amor sublime por quienes, al decir de un poeta, «son las únicas personas en el mundo que siempre están disponibles».
Las referencias más distantes de esa festividad datan del año 250 AdC, cuando en la antigua Grecia consagraban una jornada de la primavera a honrar a la diosa Gea, esposa de Cronos y madre de Júpiter, Neptuno y Plutón. Después los romanos escogieron tres días del mes de marzo para celebrar un homenaje similar lleno de ofrecimientos a Cybele, diosa de la naturaleza y la fecundación.
Mucho tiempo antes de la llegada de los conquistadores al Nuevo Mundo, las civilizaciones autóctonas rendían su tributo a la maternidad por intermedio de la diosa Coyolxauhqui, madre de Huitzilopochtli, el guerrero emblemático de los aztecas. Como prueba de su adoración, le improvisaban fastuosas liturgias donde abundaban las ofrendas de oro y plata con marcadas alegorías a la luna.
Los celtas cuentan con una bonita historia de agasajos a las progenitoras. Ellos dedicaban un día a la diosa Brígida para gratificarle la primera leche ordeñada en la temporada. Los ingleses del siglo XVII, por su parte, asistían a las parroquias para venerar a la virgen María, madre de Jesús. La tradición se combinó con la de obsequiarles algo a las madres. Los criados que vivían lejos de sus casas eran autorizados con la paga para ir a visitarlas en el cuarto domingo de cuaresma, y todos juntos compartían un pastel.
IRRUMPE EL DÍA DE LAS MADRES
La primera persona en proponer «en serio» la instauración de un día para las madres fue la poetisa norteamericana Julia Ward Howe, autora del llamado Himno de Batalla de la República. «Son ellas las que más sufren la pérdida de sus hijos en las guerras. Debemos apoyarlas y convertirlas en abanderadas por la paz», dijo en el documento de solicitud, fechado en el año 1872 en su natal Massachussets.
Su idea no llegó a cristalizar, pero devino antesala para que una paisana suya, Anna Jarvis, afligida por la muerte de la autora de sus días, diera inicio en 1907 a una campaña nacional por correspondencia para que se declarase una fecha en homenaje a las madres. Persistió tanto en su proyecto que obtuvo el apoyo de muchas personas, entre ellas influyentes ministros, congresistas y empresarios.
El primer Día de las Madres reconocido oficialmente se celebró en la iglesia episcopal de Grafton, Virginia Occidental, el 10 de mayo de 1908, segundo domingo del mes y aniversario de la muerte de la mamá de Anna Jarvis. Como las flores preferidas de la difunta habían sido siempre los claveles, desde entonces se utilizan los rojos para honrar a las madres vivas y los blancos para las fallecidas.
La iniciativa tuvo una acogida tal que en 1910 había prendido en todos los territorios de la Unión. ¡Hasta el Congreso debatió un proyecto de Ley para otorgarle carácter oficial! En 1914, el Presidente Woodrow Wilson firmó el decreto y proclamó el segundo domingo de Mayo como Día de las Madres en los Estados Unidos. Se había creado ya la Asociación del Día Internacional de las Madres, con el fin de extender la festividad a otras naciones. 
SU CELEBRACIÓN EN CUBA
Casi todas las referencias bibliográficas que existen sobre la introducción del Día de las Madres en Cuba, coinciden en señalar a Santiago de las Vegas como la primera localidad donde se festejó la fecha. También identifican a Víctor Muñoz, un conocido periodista de la época, como a su gran promotor, a partir de una crónica suya titulada Mi clavel blanco, que vio la luz en el periódico El Mundo el domingo 9 de mayo de 1920, donde decía: «El día de hoy es el segundo domingo de mayo, que los americanos consagran como el Día de las Madres, y que muchos cubanos quieren destinar al mismo objeto».
Los investigadores aseguran que el mismo día el teatro del Centro de Instrucción y Recreo de Santiago de las Vegas se colmó de público. La convocatoria pretendía homenajear a las madres, y partió de un grupo de intelectuales, cuyos miembros, alentados por Francisco Montoto, patrocinaron un programa donde se recitaron los versos de José Martí a su progenitora y el poema A mi madre, de Diego Vicente Tejera.
Se dice que fue esa la primera celebración pública del Día de las Madres en Cuba. El 22 de abril de 1921, siendo Muñoz concejal del Ayuntamiento capitalino, propuso y logró instituir en toda La Habana ese agasajo. En el año 1928, a propuesta del senador Pastor del Río, la Cámara de Representantes le dio carácter de Ley Nacional, y así el segundo domingo de mayo se oficializó como Día de las Madres. 
PRIMERO FUE EN LA VILLA AZUL
Hay pruebas muy sólidas de que Puerto Padre, en la provincia de Las Tunas, fue la primera localidad cubana en instaurar el Día de las Madres, hecho ocurrido el martes 6 de abril de 1920, es decir, poco más de un mes antes de que Santiago de las Vegas organizara en el teatro de su Centro de Instrucción y Recreo el homenaje citado. Para confirmarlo documentalmente, Sábado, un periódico editado a la sazón en la también llamada Villa Azul, publicó el 19 de abril del año 1952 la siguiente nota:
«El Día de las Madres, tan emocionalmente celebrado siempre en Cuba por iniciativa del laureado periodista Víctor Muñoz, se celebró por primera vez en Cuba en la ciudad de Puerto Padre, por feliz idea del maestro masón Dr. Eduardo Queral Mayo. Con eso no queremos quitarle gloria a quien tiene todo nuestro respeto, pero sería bueno que todo se aclarara (…) Según consta en las actas de la Logia Los Perseverantes, hay un acuerdo que vamos a copiar con certificación del Secretario de aquella venerable Logia y que dice así:
«Atendiendo que es un deber de todo Masón reverenciar a los padres y ayudar al mejoramiento moral e intelectual de la Humanidad, los abajo firmantes proponen:
«QUE sea celebrado el primer domingo de Mayo (el Día de las Madres NdA) en cualquier manera que tienda a demostrar el cariño y el agradecimiento a que es deudor todo hijo.
«Asimismo, proponen que sea designado el primer domingo de Junio a igual fin con relación a los padres.
«(Fdo) Dr. Eduardo Queral Mayo, Enrique Pérez e Ismael Piedra (Aprobado en el Taller, 6 de abril de 1920)»

Como se aprecia, no solo se trata de que Puerto Padre fue el pionero en instituir en Cuba el homenaje a las madres, el 6 de abril de 1920. ¡También fue el primero en celebrarlo en toda la isla! Eso ocurrió el 2 de mayo de 1920, primer domingo de ese mes, es decir, una semana antes del festejo en Santiago de las Vegas. Lo corrobora un editorial publicado en el propio semanario Sábado, con fecha 10 de mayo de 1958, y dirigido al periodista Guillermo Gener, quien escribía por entonces en el rotativo habanero Prensa Libre. Dice:
«Nos hacemos eco en la primera plana de una verdad que no admite en manera alguna polémica de ningún tipo. Guillermo Gener, un periodista que tanto nos agrada leer por su forma llana y sencilla de expresarse, en el colega Prensa Libre, quiere hacer justicia a un grupo de poetas, literatos y periodistas de Santiago de las Vegas y nos habla por tanto de la gloria de haberse instituido en aquella ciudad por primera vez en Cuba en 1920, El Día de las Madres.«Nos da datos, nos refiere asuntos, nos busca documentos. Es decir, que prácticamente nos lleva al convencimiento de que en Santiago de las Vegas se celebró por primera vez ese gran día en nuestra nación. Pero hay un error, sencillamente porque Guillermo Gener no leyó nuestra edición del 19 de abril de 1952, donde publicamos documentos auténticos acreditativos de que en Puerto Padre se celebró el Día de las Madres el Primer Domingo de Mayo de 1920. En Santiago de las Vegas tuvo efecto el Segundo Domingo de Mayo de 1920, es decir, una semana después que en Puerto Padre.
«A nosotros nos luce, por referencias que tenemos de nuestro buen amigo, el profesor Demetrio Rivero Simón, natural de Santiago de las Vegas, que Guillermo Gener es de aquella simpática ciudad. Bien hace entonces Gener en defender su suelo natal, si es que esto es verdad; pero mucho mejor haría Gener, si salvando localismos, se hiciera eco de esta verdad que seguramente él desconocía, y le diera a Puerto Padre la gloria que bien merece».

Un año después de celebrado en Puerto Padre el Día de las Madres, La Habana celebró el suyo con gran esplendor. Por entonces ya residía en la capital el Dr. Eduardo Queral Mayo, quien cursó un telegrama a sus hermanos de la logia Los Perseverantes en los siguientes términos:
Plaza Habana, Mayo 8 de 1921, las 1.20 pm.
Rafael Nadal
Puerto Padre
Celébrase éxito fiestas de las Madres al igual que establecidas por mí hace un año primero en Cuba.
(fdo.) Dr. Queral

¿Se necesitan más pruebas de que, efectivamente, primero fue en Puerto Padre?

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