sábado, 17 de mayo de 2008

Plaza de cara al sol

De los variados homenajes que el mármol y el lienzo le han consagrado a nuestro José Martí durante más de un siglo, el de la Plaza Martiana de Las Tunas clasifica tal vez como el de mayor originalidad. Se trata no solamente de una obra artística en el sentido pleno de la frase. Constituye, además, una sui géneris compilación de historia escrita de puño y letra por el Astro Rey a partir de la rigurosa cronología del más universal de todos los cubanos.
El Apóstol y el Sol figuran como los grandes animadores de este complejo abierto oficialmente al público el 25 de marzo de 1995, en ocasión del centenario de la firma del Manifiesto de Montecristi. Basta un somero recorrido por la copiosa bibliografía martiana para confirmar allí la recurrencia de la luz. Eso inspiró al laureado y experimentado arquitecto Domingo Alás a diseñar un sitio en el que el itinerario solar va narrando con luces y sombras los hechos biográficos más importantes del Héroe Nacional de Cuba.
Uno de los elementos más interesantes del conjunto es el reloj solar, de 7,20 metros de diámetro, que ofrece la hora con exactitud cada cinco minutos. Su lectura se realiza mediante la ubicación de la sombra del borde superior –llamado gnomo- sobre las escalas del instrumento. También aparecen registradas en su dorada hechura las coordenadas del oriente cubano junto a la ecuación de rectificación para ajustarlo eventualmente a la hora oficial.
Sobre el pavimento de terrazgo de la plaza aparece visiblemente tatuado el calendario solar. Esta suerte de almanaque funciona de acuerdo a los movimientos de la sombra del punto extremo del reloj. La penumbra describe en la superficie una serie de líneas en forma de curvas que se corresponden con 56 fechas martianas de inusitada trascendencia. Hay que apreciar su funcionamiento en vivo para abrir de par en par las compuertas al asombro.
El reflector es el tercer elemento solar de la plaza tunera. Este aparato protagoniza una vez al año un momento de gran emotividad. En efecto, cada 19 de mayo a las dos y media de la tarde –hora aproximada de la muerte del Maestro-, la luz solar que incide sobre su espejo plano, orientado según las coordenadas solares de altura y acimut, se refleja e ilumina el bronceado semblante del busto del Apóstol, obra de la escultora Rita Longa, como si con ello se hiciera realidad su deseo de morir de cara al Sol.
La Plaza acoge, además, una sencilla referencia escultórica en honor al teniente coronel mambí Ángel de la Guardia, quien fuera único testigo de la caída de José Martí en Dos Ríos. Por cosas del azar, Guardia cayó, a su vez, el 28 de agosto de 1897 en un combate por la toma de Las Tunas, precisamente en el sitio donde hoy se levanta este homenaje perpetuo al autor de La Edad de Oro.
En la plaza labora un entusiasta colectivo que se encarga de mostrarles a sus numerosos visitantes todo lo relacionado con su funcionamiento. Millares de personas la visitan cada año y suele ser eficiente anfitriona de numerosas actividades importantes de la provincia, entre ellas actos solemnes, entrega de condecoraciones y ofrendas florales, entre otras. Sus capacitados especialistas atienden también consultas técnicas sobre la vida y la obra de Martí y dictan conferencias especializadas acerca del propio tema.
La Plaza Martiana tunera es el resultado de un profundo estudio histórico, astronómico y arquitectónico. En sus instalaciones se potencia la figura de un hombre de talla inmortal. De su resultado inferimos que la vocación solar del Apóstol no fue un detalle de circunstancia, sino una actitud coherente con su manera de pensar y con cuanto hay de patriotismo en el término claridad.
Tal vez por esa causa los pensamientos de José Martí sobre esos temas no ofrecen dificultades de interpretación. Como este que engalana una de las paredes del sitio histórico que nos ocupa: «Es la hora de los hornos y no se ha de ver más que la luz.»

 
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