sábado, 27 de octubre de 2007

Aquella visita de Jorge Negrete

Tal vez muchos de los cubanos contemporáneos de Jorge Negrete desconozcan que este gran cantante y actor mexicano nacido en Guanajuato el 30 de noviembre de 1911, abrazó la carrera militar antes de consagrarse a sus corridos, boleros y rancheras que le franquearon luego el camino de la fama.
En efecto, Jorge Alberto Negrete Moreno -su nombre completo- vistió de uniforme en su juventud, quizás por herencia familiar, en tanto fue el segundo hijo del coronel David Negrete Fernández, y descendiente, además, de ilustres hombres de armas que ocupan un importante lugar en la historia contemnporánea de México: por la vía paterna, del General Miguel Negrete, quien enfrentó a los franceses en la batalla del 5 de Mayo de l862; y por vía materna, del General Pedro María Anaya, defensor del convento de Churubusco durante la invasión norteamericana al país azteca, el 20 de Agosto de l847.
Por si fuera poco, y tomando como referencia su frondoso árbol genealógico, casi todos sus biógrafos aseguran que los orígenes del apellido Negrete se remontan a una tribu de tez morena clara cuyos miembros pelearon a favor de la Corona española con tal lealtad y valentía que el mismísimo Rey Carlos V decidió armarlos caballeros y los apodó, afectuosamente, «Los Negretes».
Pues bien, en tiempos en que el carismático artista vestía uniforme, gorra y polainas con grados de subteniente, hubo de recorrer parte del territorio cubano. En uno de sus movimientos por el interior de la isla, el tren en el cual viajaba hizo escala por un par de horas en la otrora ciudad de Victoria de Las Tunas, poco más de 700 kilómetros al este de La Habana. Elia Marchán, una tunera con una memoria a prueba de almanaques, recuerda como si fuera hoy lo ocurrido aquel día, y, gentilmente, lo reseña de esta manera:
«Para matar el aburrimiento que le produciría sin dudas la espera, Negrete decidió estirar las piernas por los alrededores –precisa-. Y, casi sin saberlo, se dirigió hacia el cuartel de la Guardia Rural, situado por entonces en la calle Lucas Ortiz, entre Villalón y Avenida Dos de Diciembre, no lejos de la terminal ferroviaria de la ciudad.
“Antes de llegar al recinto militar, divisó en las proximidades un pequeño establecimiento donde expendían, entre otras cosas, bebidas alcohólicas. Era el negocio que la familia Perea Torres tenía donde hoy se encuentra la funeraria provincial. Negrete se detuvo allí a tomarse una copa. Estaba a punto de apurar el trago, pagar y seguir rumbo a su destino cuando escuchó a alguien tocar el piano desde el interior de la casa-vivienda».
-¿Quién toca tan bien ahí dentro? –preguntó, admirado.
Y la joven del mostrador le respondió enseguida:
-Se trata de mi hermana Teté, señor.
Negrete solicitó permiso para pasar a verla y, ya ante la muchacha, se presentó formalmente. La noticia de que Jorge Negrete en persona estaba en la casa de los Perea Torres corrió como reguero de pólvora por todo el vecindario. Y, como ya era muy popular en Cuba por su talento artístico y su calidad interpretativa, en cuestión de minutos el inmueble se abarrotó de admiradores. A solicitud de ellos, cantó una de sus más conocidas rancheras acompañado al piano por la sorprendida y halagada Teté. Luego apuró otra copa de ron, se despidió, saludó a los presentes y se marchó.
En ese preciso momento, otra de las hermanas Perea Torres llamada Margot, se acordó del vaso todavía sin fregar donde había bebido su trago de ron Bacardí el popularísimo intérprete de Allá en el rancho grande y de ¡Ay, Jalisco, no te rajes! A falta de fotografías que perpetuaran el momento, quiso tener un recuerdo de tan memorable visita, por lo cual tomó el recipiente de cristal, lo introdujo en un nylon de calcetines Casino, le ató la boca con una cinta de falla y lo guardó en una gaveta para la posteridad. Elia Marchán da fe de que la última vez que vio a Margot viva, hace alrededor de una década, todavía conservaba en su poder el envoltorio.
Jorge Negrete falleció de cirrosis hepática el 5 de diciembre del año 1953 en Los Ángeles, Estados Unidos. El día en que se produjo su muerte hubo duelo nacional en México y se guardaron cinco minutos de silencio en todos los cines del país. Sus restos mortales fueron esperados en el populoso aeropuerto de la capital azteca por más de 10 mil personas. Los tuneros lo recordaremos siempre no solo por lo que el Charro de Oro fue artísticamente, sino también por aquella breve estancia suya en casa de las Perea Torres.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Un abrazo amigo mìo, extensivo para cada una de tus tres estrellas.
Llegue a tu blog por el de Luis Sexto.
Deliciosas tus cronicas.
Disculpa mi xp, anda de riña con los acentos.

Zenia
http´://imaginados.blogia.com

cubajuan dijo...

Fijate las casualidades de la vida, encontré tu blog por casualidad hoy donde mencionas a mi tía Doña Elia Julia Marchán de Cabrera, persona de gran cultura y memoria, pero de mejor corazón y justo hace unas horas me han llamado para avisarme que ha fallecido. Que descanse en Paz.

Anónimo dijo...

Estimado Amigo: Leí tu escrito mientras escuchaba la canción Cuba de mi vida en voz del gran Jorge Negrete; te felicito verdaderamente por ser una persona que ocupa un espacio para publicar un anécdota del charro inmortal. A tus ordenes.

Gabriel Vargas
México
gvargasc2004@yahoo.com.mx

 
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