domingo, 14 de septiembre de 2008

Ike: paisaje después de la batalla

DURANTE ESTAS TERRIBLES Y DRAMÁTICAS JORNADAS HE VISITADO EN MENESTERES PERIODÌSTICOS SIETE DE LOS OCHO MUNICIPIOS DE LA PROVINCIA DE LAS TUNAS. EN TODOS PUDE PERCIBIR LA HUELLA DEL HORROR DEJADA POR EL HURACÀN IKE. PERO EN LOS DE LA PARTE NORTE, ES DECIR, MANATÌ, PUERTO PADRE, Y JESÙS MENÈNDEZ , LA DESTRUCCIÒN CAUSADA ES POCO MENOS QUE APOCALÌPTICA. TENGO FOTOGRAFÌAS DE TODOS LOS TERRITORIOS AFECTADOS. MIS LECTORES ME EXCUSARÀN POR NO COLOCARLAS AHORA AQUÌ. LO HARÈ TAN PRONTO SE RESTABLEZCA EL SERVICIO TELEFÒNICO DONDE VIVO, PUES ACTUALIZO MI BLOG A TODA PRISA DESDE LA MUY DEMANDADA COMPUTADORA DE UNA OFICINA CON ACCESO A INTERNET. POR AHORA SOLO OFREZCO UNA RESEÑA DE LO QUE HE VISTO. EXCÙSENME EL HORRIBLE DISEÑO DE LO QUE ESCRIBO, PERO CONCÈNTRENSE EN SU CONTENIDO. AUNQUE LAS PALABRAS NO PUEDAN TRANSMITIR , NI SIQUIERA ÌNFIMAMENTE, LA MAGNITUD DE LA TRAGEDIA.


Alrededor de la medianoche del domingo 7 de septiembre nos convencimos de que el peligro era formidable. «Oye qué sonido más extraño», me dijo mi esposa Iris con rostro preocupado. En efecto, desde la penumbra exterior hería nuestros oídos el desafinado rugir del viento estrellando sus malas intenciones contra las persianas.
Dos horas después, el huracán Ike convirtió en un infierno de ventisca y temporal la geografía tunera, atónita ante un suceso inédito en sus predios. Era la primera vez que un ciclón categoría 3 en la escala Saffir-Simpson la atacaba. Y esta premiere de dudoso honor no pudo ser más devastadora, con sus vientos sostenidos de casi 100 kilómetros por hora y rachas de hasta los 200 kilómetros.
La ferocidad de Ike se prolongó por más de cuatro horas. Durante ese lapso arrancó árboles, volteó vehículos, descubrió viviendas, echó abajo paredes, derribó ventanas, tumbó postes, desbordó ríos, y le estableció a los tuneros un antes y un después en materia meteorológica.
En cuanto a evacuados, 186 mil 954 tuneros recibieron ubicación preventiva, el 70 por ciento en casas de familia y el resto en 186 centros habilitados. Se trata de una cifra récord, representativa del 33 por ciento de la población provincial, y que ilustra la virulencia del terrible huracán de breve nombre, pero de larga agonía.
En la ciudad de Las Tunas los estragos de Ike devinieron estocada a la sensibilidad. El Instituto Preuniversitario de Ciencias Exactas perdió buena parte de sus ventanales. La escuela de deportes Carlos Leyva, recién remozada, quedó en estado lastimoso, principalmente su flamante tabloncillo. Al teatro Tunas y al cine Luanda le escamoteó con una golpe directo parte de sus aderezos. Hospitales, escuelas, industrias, parques, agricultura, gastronomía, comercios e infinidad de instituciones y entidades más quedaron resentidas.
Todavía se evalúan los daños en su más amplio espectro. Brigadas de la Organización Básica Eléctrica trabajan en el restablecimiento del fluido. Las prioridades son el bombeo de agua, las unidades de salud y la producción de alimentos. Los trabajadores telefónicos laboran incansablemente en las colosales interrupciones originadas por el meteoro en todo a lo concerniente a las comunicaciones.

PUERTO PADRE: LA MAGNITUD DE UNA TRAGEDIA

La naturaleza parece carecer de límites cuando monta en cólera. Esta vez abrió su caja de Pandora para que los peores instintos salieran a colaborar con el huracán Ike en su irracional embestida contra esta ciudad del norte tunero. «Echó abajo en dos horas lo que nos llevó siglos edificar», dice con dolor el viejo Ismael, mientras deja vagar la mirada entre los escombros de la ciudad en ruinas.
Los daños más severos están en el área residencial.De las casi 32 mil viviendas con que cuenta la ciudad, el 90 por ciento fue total o parcialmente afectado. Solo opusieron resistencia las casas de mampostería, y, aun así, muchas no salieron bien paradas.
Un recorrido parcial por los alrededores deja entrever apenas un trozo de la tragedia. Paredes desplomadas por la fuerza de los vientos; amasijo de lo que fue un confortable inmueble de tablas machihembradas; tejas de todo tipo convertidas en pedazos inservibles; caballetes de madera desarticulados y ventanas arrancadas violentamente de sus goznes; pisos de cemento levantados; cablería eléctrica y telefónica en el suelo...
Las dependencias estatales también devinieron víctimas. Ike no hizo distingos, y afectó sobremanera la mayoría de los 129 centros de enseñanza del municipio. Hizo lo propio con el hospital Guillermo Domínguez, al que le redujo a añicos buena parte de su cristalería. Oficinas, tiendas, parques e instalaciones diversas no escaparon al drama y hoy reflejan desolación y humedad por todos sus ángulos.
Algunos sitios de interés sentimental figuran en la extensa lista de los damnificados. Es el caso de la avenida Libertad –niña bonita de los puertopadrenses-, que exhibe el peor semblante de su historia. En su paseo yace en tierra la estatua de Máximo Gómez, levantada por iniciativa de un viejo mambí. Y el monumento al Quijote, del cual no quedó en pie ni siquiera las aspas del molino de viento. Sufrieron daños, además, el brocal del pocito de agua dulce, en pleno lecho marino, y el muro del malecón. Solo el Fuerte de la Loma, construido por los españoles en 1869 parece haber salido ileso del trance.
Las ráfagas de Ike arremetieron con saña contra todo que le oliera a vegetación. Desde los propios accesos a la zona, en el muy castigado asentamiento de Vázquez -donde las violentas rachas movieron hasta làpidas del cementerio-, se aprecia el daño ocasionado al territorio. Por todas partes hay árboles derribados en las más inimaginables posiciones, lo mismo con sus raíces mirando el cielo que descansando tronco y follaje sobre la cubierta de una casa.
Como suele ocurrir en casos como este, las comunicaciones resultaron muy afectadas. Poblados como La Llanita y San Manuel quedaron incomunicados, igual que el polo turístico de Covarrubias, donde se desplomó el ranchón próximo a la playa y sufrieron daños el lobby, parte del restaurante y algunos bungalow.
Puerto Padre tiene afectado más del 90 por ciento de su red eléctrica. Más de 120 postes están en el suelo. Las dependencias que están funcionando lo hacen con grupos electrógenos. Se intenta alimentar dos arterias de la ciudad para que puedan brindar servicios a unidades vitales para el pueblo.
En las zonas rurales la furia de Ike hizo también de las suyas. Las casas campesinas intentaron resistir a pie firme la embestida, pero la mayoría no lo consiguió. Insólitamente, las de cubiertas de guano capearon con mejor fortuna el temporal que las de cinc y tejas. El sector agrícola resultó uno de los más perjudicados. A ambos lados de la carretera se aprecian sembrados en estado de coma.

CHAPARRA: TIERRA ARRASADA

Este municipio exhibe las secuelas del ataque de Ike en toda su anatomía. Por aquí –se asegura- pasó el ojo del siniestro huracán categoría 3 al filo de la medianoche del pasado domingo. Como en el resto de los territorios tuneros que enfrentaron la terrible adversidad, el sector residencial resultó el gran perjudicado. Una comunidad constituida en buena parte por casas antiguas de madera resultó presa fácil sobre la que se abalanzó el meteoro. El 80 por ciento del fondo habitacional reporta daños parciales o totales.
En Chaparra no hay electricidad ni comunicación telefónica. Las devastadoras ráfagas se excedieron haasta lo increible. A la fábrica de tableros de bagazo la dejaron sin su cubierta. Muestran también malas condiciones las sedes de las direcciones municipales de varios organismos. La emisora de radio local esta fuera de servicio.
En la Calle Uno del barrio conocido por Pueblo Viejo, sus vecinos intentan desenterrar de entre los escombros cualquier pieza de madera o de metal que les sirva para levantar un cuarto familiar medianamente habitable. «No podemos cruzarnos de brazos y dejárselo todo al país –enfatiza Miguel-. Los ciclones han afectado a Cuba entera, y mientras nos llega la ayuda, debemos colaborar».
Al final de la calle, parada frente a una amalgama de tablas húmedas, vasijas estropeadas y postes retorcidos, una mujer observa con detenimiento el laboreo de varios hombres devenidos carpinteros. Se llama María Martínez, quien residía en una de las miles de viviendas demolidas por Ike. «Esta casa era de las que se entregaron a los damnificados cuando el ciclón Flora, a inicios de los años 60 –dice-. Este de ahora le llevó una banda completa del techo. No lo hemos podido encontrar por ninguna parte. Por ahí imagínese usted la fuerza del viento. Jamás había visto cosa igual.»
Un poco más allá, también en medio de las ruinas, pero libre de daños importantes dentro de su casa de ladrillos y placa, Ángela Pérez hace de la solidaridad la razón de su existencia. Su vivienda está llena de equipos electrodomésticos: refrigeradores, televisores, lavadoras, ventiladores- propiedad de los vecinos que perdieron sus techos en la tragedia. Ángela se ha brindado para tenerlos hasta que cada cual resuelva su problema.
«No estoy haciendo nada extraordinario –dice-. Es un deber elemental que cumplo con gran amor. Esos vecinos que lo perdieron casi todo con el huracán son como si fueran mi propia familia. Me sentiría muy avergonzada de mí misma si no hago lo que estoy haciendo ahora, que no es nada comparado con lo que han sufrido todos ellos.»
MANATÍ: ¡QUERIDO MANATÍ…!

El municipio de Manatí sobresale como un tétrico Everest en esta suerte de cordillera de la calamidad. Sobre su epidermis se cebaron por alrededor de cuatro horas los irracionales ataques del ciclón más siniestro del que se tengan noticias por acá. Sus rachas no se detuvieron en obstáculos, y fueron tan demoledoras que, incluso, les ganaron el pulso a postes de concreto y a raíles ferroviarios.
La comarca muestra un extenso rosario de sectores vitales severamente dañados. A ello se añade el extraordinario daño que recibió su reconocido espectro vegetal conocido por Plan Manatí. Es apreciable desde el instante mismo en que se accede al casco urbano, donde una verdadera degollina ecológica cercenó y lanzó al suelo cuanta especie con clorofila estuvo a su alcance.
El pueblo reporta afectaciones considerables. Las viviendas fueron las más afectadas. Sobre todo las antiguas, que eran de madera y databan de la época fundacional del antiguo central azucarero en la primera mitad del siglo pasado. Muchas tenían paredes comunes con cubiertas de tejas o cinc, como las qque floanquean el parque. El viento huracanado no las perdonó.
En la llamada Calle A, apenas quedaron viviendas ilesas. El estrago mayor se concentra en sus techos y en sus costillares. De acuerdo al testimonio de vecinos, las tablas carcomidas crujían como galletitas ante el empuje del viento. Varias cayeron reclinadas sobre sus costados, definitivamente vencidas por un contrincante que las superó en fuerza y al que le opusieron nula resistencia.
Cuadras completas ilustran con tintes grises esta suerte de acuarela manatiense de la tragedia. Como la que colinda con el tribunal. Solo la solidaridad de la gente, que en situaciones de desastre se potencia hasta lo infinito, puede mitigar tamaño infortunio.
Los almacenes municipales figuran entre las víctimas. El de la Empresa de Comercio, a la entrada del pueblo, perdió casi toda su cubierta. Allí estaban acopiadas unas 900 toneladas de productos alimenticios variados, que están siendo recuperadas y procesadas. Casi toda la existencia de azúcar se humedeció. Importantes volúmenes de sal, frijoles, chícharos y arroz también sufrieron deterioro.
El almacén municipal de Gastronomía tuvo similar desdicha. Gracias a la rapidez en el actuar, se salvó a tiempo un variado surtido de artículos, como cocinas y ollas de presión eléctricas, calentadores, calderos interiores y refrigeradores, entre otros. La decrèpita estructura del local no corrió igual suerte, pues perdió la cubierta y se desplomaron casi todas sus paredes de mampostería. Lo que no pudo lograr allì el bombardeo a Manatí el 2 de diciembre de 1958, lo consiguió Ike con su metralla de viento.
En la popular base de campismo de la playa de Los Pinos, distante 18 kilómetros de la cabecera municipal, solo quedó para contarlo el grupo electrógeno allí instalado. Todo lo demás –casas particulares, cafetería, inmuebles diversos…- fue engullido de un bocado por la voracidad del mar, que penetró profundamente en tierra firme. Lo mismo ocurrió en el Puerto de Manatí, asentamiento poblacional que perdió la mayoría de sus viviendas y de sus instalaciones.
La estaciòn de ferrocarril, orgullo de todos los manatienses, se quedò totalmente sin techo. Una poderosa ràfaga tirò al suelo hasta la ùltima teja alicantina con que habìa sido remozada no hace mucho tiempo. Sus paredes de piedra de canterìa, sin embargo, soportaron el acoso, demostràndole a Ike su capacidad de resistencia.
La agricultura quedó sumamente dañada. Los platanales no resistieron los furiosos embates del viento y se doblaron en masa contra la tierra. Cultivos de la más diversa especie tampoco sobrevivieron. Incluso la caña, que el municipio tributa en temporada de zafra al coloso Antonio Guiteras, también acusa deterioro.
Las escuelas de Manatí, como las del resto de la provincia, tienen grandes afectaciones. El centro escolar Victuro Acosta figura entre los casos más representativos. Igual que el Instituto Preuniversitario en el Campo René Martínez Tamayo, que prácticamente perdió en el desastre toda su cubierta y parte de sus aulas.
Es un panorama desolador, pero hay que enfrentarlo. Lo primero es asumir que los estragos de Ike son irreversibles. Ahora corresponde restañar las heridas con el concurso colectivo.

AMANCIO: IKE LO SACUDIÒ

El huracán Ike sincronizó su funesta brújula de manera tal que hasta los territorios tuneros del sur figuraron en su itinerario del horror. Así, el viento y la lluvia –se habla de 255 milímetros en 24 horas- tocaron este municipio, donde fue necesario evacuar en albergues y casas a más de 27 mil de sus 41 mil habitantes.
Hubo familias que cobijaron en sus viviendas de placa y mampostería a casi medio centenar de personas desconocidas procedentes de poblados distantes como San Alberto, Las Pulgas y el costero Guayabal. Nadie les hizo preguntas. Solo les abrieron las puertas.
El impacto más fuerte en la comarca amaneciera fue, precisamente, en Guayabal, donde el mar penetró màs de medio kilòmetro.Los vecinos aseguran que, a juzgar por las marcas dejadas por las aguas en las paredes de sus viviendas, deben de haber subido tambièn una enormidad. Eso originó derrumbes totales y parciales y una acumulación descomunal de arena, tanto dentro de los inmuebles como en las calles. Se han tenido que utilizar buldócer.
En el almacén de la terminal de azúcar a granel –una de las más importantes del país- los vientos se llevaron unas mil 200 tejas de su cubierta y dieron cuenta de las lonas que cubrían las casi 19 mil toneladas de azúcar. Eso originó que se humedeciera un importante volumen del producto. Llovió tanto que hasta los conductores subterráneos que acoplan con las bodegas de los barcos se inundaron.
Cientos de árboles de todas dimensiones fueron arrancados de raíz. En algunos barrios no tienen ideas de cómo varios ejemplares enormes fueron a parar a sus demarcaciones después de ser arrastrados desde el extremo opuesto del pueblo. La agricultura sufrió mucho, principalmente sus cultivos varios. El río Sevilla y sus afluentes desbordaron su cauce hasta niveles nunca vistos.
Lo población de Amancio carece de electricidad y de comunicaciones. Sin embargo, las autoridades locales aprovechan las posibilidades que les brindan los grupos electrógenos instalados no solo para brindar información por medio de televisores comunitarios y mantener en funcionamiento servicios vitales, sino también para elaborar y distribuir pan. Nadie ha dejado de comer y la gastronomía popular expende productos por los barrios.
Una iniciativa local ha sido la de habilitar naves de almacenamiento de un contingente de la construcción para albergar familias que perdieron totalmente sus viviendas. Son amplios y las autoridades se encargaron de instalarles servicios sanitarios, puertas y ventanas. Similar alternativa se pone en práctica en el poblado de Guayabal, donde varios residentes se quedaron sin techo por culpa de Ike. El municipio tiene afectadas 1500 viviendas, de ellas 149 totalmente.

COLOMBIA Y JOBABO: TAMBIÉN GOLPEADOS

Estos dos municipios recibieron también la siniestra visita de Ike. Como en el resto de la provincia, los daños principales se concentran en sus fondos habitacionales y en la agricultura. En Colombia casi 4000 viviendas perdieron parcial o totalmente sus cubiertas y otras 607 se desplomaron. Ya se comienza a distribuir recursos en sus demarcaciones utilizando todo tipo de transportes.
En Colombia se evacuaron más de 20 mil personas a lugares seguros y se produjeron afectaciones importantes en seis de sus escuelas, casi todas rurales y de régimen interno. Sin embargo, la inmensa mayoría de los centros comenzará sus clases el próximo lunes.
Al igual que Jobabo y Amancio, Colombia reportó abundante lluvia, vientos fortísimos y carece de comunicaciones y de electricidad. Varias brigadas trabajan en esa área para restablecer ambas cosas en el menor tiempo posible. El pueblo colabora intensamente. La Empresa Azucarera de Colombia encabeza la lista de las grandes vìctimas de Ike, con tres millones 300 mil pesos de pèrdidas. Màs de nueve mil 400 hectàreas de caña se encuentran encamadas, Reporta tambièn afectaciones en sus cultivos varios, en la cubierta de su factorìa azucarera y en los centros de reparaciones.
Los jobabenses tienen inscriptas más de dos mil 300 casas con daños de toda naturaleza, de ellas 80 demolidas por completo. Ademàs, reporta la pèrdida de alrededor de 500 metros de cables telefònicos de diferentes calibres y severos daños en las redes elèctricas.Sin embargo, la poblaciòn se ha volcado a recuperar lo perdido.
Los perjuicios de Ike en Jobabo no solo tuvieron como diana su población urbana. En barrios como Sirvén los vientos alcanzaron velocidades de espanto y derribaron árboles enormes y viviendas. Aquí también se inició la distribución de ayuda material.
En general, el sur tunero comienza a levantar el ánimo y a mirar a los ojos al futuro. Ike se ensañó con buena parte de su territorio y le ocasionó gran deterioro. Pero la gente está dejando de pensar en el pasado para concentrarse en el presente y en el futuro, decidida a construir sobre los escombros una comarca más bonita.

NADIE ESTÀ SOLO

Las autoridades accionan en todos los frentes para paliar en cuanto sea posible los estragos de Ike, que son colosales. Se aprecia un gran nivel de disposición, consagración y, sobre todo, de capacidad para ponerse en la piel de los damnificados y comprenderlos.
En todos los municipios se han instalado equipos de audio en lugares cèntricos para divulgar orientaciones dirigidas a organizar la ayuda material que comienza a fluir. Funcionan con grupos electrògenos. En la carretera ruedan enormes cisternas móviles cargadas de combustible doméstico. También transportes con sacos de carbón vegetal. Y termos para ofertar refrescos. Y venta de viandas en Vázquez. Y camiones atestados de materiales de construcción, como tejas y cemento. Y comercialización de galletas. Y mucha, mucha solidaridad, algo tan importante en situaciones como esta.
Cierto, la naturaleza parece carecer de límites cuando monta en cólera. Esta vez abrió su caja de Pandora para que los peores instintos salieran a colaborar con el huracán Ike en su embestida contra Las Tunas. Pero, como en la parábola, en el fondo quedó agazapada la esperanza. Y, en su vocación por hacer el bien, es la que recuerda que después de la tormenta, siempre llega el arco iris.

4 comentarios:

cubajuan dijo...

Mi querido amigo: Llevomuchos días esperando tus noticias, saber de primera mano que ocurrió y cómo está todo. Yo he podido comunicarme con mis parientes en Las Tunas, pero de los de Puerto Padre no sé nada aún. No te imaginas nuestra angustia desde el otro lado del mundo sin noticias precisas y casi sin poder hacer nada.
Un abrazo enorme lleno de fuerzas para ti y todos los tuneros.

Juan Carlos Cuba Marchán

Anónimo dijo...

Un abrazo.
Soy Reinaldo Cedeño Pineda, periodista de Santiago de Cuba. Tengo el blog http://laislaylaespina.blogspot.com.
Tengo una idea para interconectar algunos blogs cubanos de una manera más orgánica y me gustaría que usted formara parte de este empeño.
Por favor si le interesa, confirmarlo a reynaldo@rsiboney.icrt.cu y escribanode@gmail.com .
Envíe mensaje a las dos direcciones
Utilizo esta vía porque estas ideas requieren primero de coordinación y perfección, aunque experimentalmente ya lo estoy haciendo en mi blog.
Saludos, Reinaldo Cedeño Pineda.

Anónimo dijo...

Soy David de Radio Bayamo. Felicidades

Anónimo dijo...

Profe, leía, y mientras lo hacía, me parecía estar en mi desolada Chaparra de hace tres años. Aunque ya hemos mejorado, viven aún en mi memoria imágenes que quisiera arrancar de una vez y por siempre. Tengo 22 años y nunca había visto nada igual.
Pasé el huracán acá en Las Tunas con mi tío, a los tres días, cuando la transpotación se reactivó, logré ir a mi casa. Nunca olvidaré la cara de mi madre cuando me vio: sus ojos, encendidos de tanto llorar, no encontrban punto fijo a dónde mirar entre tanto desastre.
De mi casa sólo quedaba una habitación con techo, lo demás, fue alimento de Ike.
Rezo muy a menudo para que nunca, para que jamás volvamos a ver algo así.
Chaprra hoy sale adelante, y si bien es cierto que Ike nos hizo pedazos muchos sueños, nos enseñó el valor de un buen amigo, nos recordó lo importante del beso de mamá y, aunque a la mañana siguiente todo era tristeza y desastre, vimos un sol que se elevaba en lo alto para recordarnos que era hora de poner pie firme, mirar al frente y comenzar a levantar un futuro, ese no era momento para observar el paisaje después de la batalla, era, y sigue siendo hora de trabajar duro por el mañana.
Armides Campos Mayo, Chaparrero.

 
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