jueves, 4 de diciembre de 2008

Monumento a Barbarito Diez

La historia no nos perdonaría si pasáramos por alto la memoria de Barbarito Diez, nuestro recordado Príncipe del Danzón. De ahí que en su Querido Manatí se le erigiera hace ahora 10 años el conjunto escultórico que honra con su presencia una esquina del parque municipal. No podía tener mejor compás la partitura que ese tributo de mármol a uno de sus hijos más ilustres. El propio texto esculpido en piedra recorre el diapasón hombre-pueblo: «Manatí, querido Manatí, por lo que tú representas, mi vida se alienta, y va mi canto hacia ti...» Hoy, 4 de diciembe de 2008, Barbarito cumpliría 99 años de nacido.
Fue el laureado artista plástico tunero Rafael Ferrero quien moldeó con devoción de admirador confeso este collage de sugerencias, formas, símbolos y colores que se levanta como un atril de reminiscencias danzoneras en el ángulo norte del parque municipal de Manatí. La obra artística cala profundo en la sensibilidad local y en quienes tienen grabado en la partitura de su corazón la cadencia de un ritmo devenido sentimiento por una voz que nadie ha igualado.
Tres bloques diferentes, tanto en forma como en contenido, confieren vigor al conjunto concebido con la devoción de quien piensa en la posteridad:
Uno es negro, tosco y sin pulir... Representa el matiz de la piel del hombre que nació en cuna poco instruida, pero con la fortuna espiritual por madrina. Tiene en su cara anterior una inscripción: Barbarito Diez – 1909. Con toda intención, no se consigna el año de su fallecimiento, porque los manatienses lo seguimos considerando vivo y presente.
Otro bloque es gris y está situado a la izquierda. Guarda la primera estrofa del danzón que el Príncipe Negro le dedicó a su terruño, en letras y fondo del mismo color. Simboliza la sobriedad del artista, su empeño en pasar inadvertido siempre, su carácter poco dado a la notoriedad. Es un monumento a su sencillez y a su vertical conducta ante la vida.
Un tercer bloque, de tonalidad más clara, sintetiza los méritos conseguidos por al popular cantor en su brillante carrera profesional. Es de superficie pulida, elaborada, maciza... Resalta por ser el más alto de todos. Empotrada como un corazón en medio del mármol, la imagen de Barbarito es un canto a su recuerdo. Un danzón hecho legítima fisonomía.
El entrañable monumento manatiense a la memoria de Barbarito Diez es un templo erigido por el misticismo de sus adoradores para rendirle permanente honor. Mientras recordemos su voz de tomeguín y su ebánica figura, habrá baile nacional. Como dijo al referirse a su voz un admirador local: «A Barbarito le ocurre como a Gardel: ¡todos los días canta mejor!» Y el escritor Miguel Barnet, en su conocido libro Autógrafos Cubanos, añadió: «...su voz de palo de monte, como una raíz de cuya savia se nutren los aires de la Patria».

 
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