lunes, 6 de octubre de 2008

La hora del optimismo

Eduardo Galeno, el uruguayo universal, dijo una vez: «Cada día compruebo que la realidad es mucho más rica, más misteriosa, más prodigiosa y más loca de lo que uno supone, y eso me ayuda a vivir. Cuando siento que el alma se me cae al piso y que no hay modo de levantarla, viene la realidad y me dice: 'mírame, soy mucho más grande que todo lo que tus ojos podrían abarcar a lo largo de tu vida entera'. Eso me devuelve la esperanza, me da energía, es el universo en las cosas chiquitas». No sé ustedes, amigos míos, pero creo que es hora de que volteemos la página del huracán Ike y de sus estragos por acá. Ya hemos sufrido suficiente con la tragedia de las fotos, los textos, los mensajes, los vídeos y las llamadas telefónicas, ¿verdad? Propongo pasar al próximo capítulo y franquearle el paso al optimismo. ¡Sabremos comenzar de nuevo! Siempre me ha parecido atinada esta frase que se le atribuye al escritor norteamericano Ernest Hemingway: «El hombre no se mide por las veces que se cae, sino por las veces que se levanta». Mi contribución será colocar próximamente en esta misma página imágenes del renacer de la vida entre los escombros. Y dar aliento para continuar, porque el mundo no se detiene. Así nos lo hace ver el inglés Rudyard Kipling en este hermoso poema:
Si piensas que estás vencido, lo estás.
Si piensas que no te atreves, no lo harás.
Si piensas que te gustaría ganar, pero no puedes,
por mucho que lo intentes jamás lo lograrás.
Si piensas que perderás, ya has perdido.
Muchas carreras se pierden antes de correrse.
Muchos cobardes fracasan antes de empezar.
Piensa en grande y tus hechos crecerán.
Piensa en pequeño y te quedarás atrás.
Piensa que puedes y podrás...
Todo está en el estado mental.
La batalla de la vida no la gana
el más fuerte o el más ligero.
Tarde o temprano el hombre que gana
es aquel que cree poder hacerlo.

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miércoles, 1 de octubre de 2008

Gratitudes

Agradezco mucho a quienes me visitan y dejan su constancia textual en mi weblog. Eso reconforta y da una medida de cuán provechoso puede resultar un proyecto como este en materia de información y comunicación. Sin embargo, me gustaría que pusieran también sus nombres completos y sus respectivas direcciones electrónicas para poder responderles y estabilizar así el intercambio. Por favor, consignen esos datos y les contestaré con gusto sus mensajes y comentarios. Claro, me refiero a aquellos que me escriben desde posiciones de respeto, independientemente de sus criterios políticos. Me ha parecido siempre que la amistad, la tolerancia y la decencia son virtudes universales ajenas por completo a las ideologías. Deberían saberlo quienes me escriben apelando a la ofensa, la calumnia, la vulgaridad, la maledicencia, el rencor, la frustación, la grosería, la fatuidad y el odio. Son los mismos que ultrajan a su Patria, niegan sus raíces y se avergüenzan de ser cubanos. Considero que es un derecho legítimo de cualquier persona simpatizar o no con un sistema o con un gobernante. Pero nada justifica desprestigiar al país de nacimiento, ridiculizarlo con frases soeces o insultarlo con los peores epítetos . Con gente así no intercambiaré jamás una palabra.
Lo que sigue es un acuse de recibo de los últimos meses. La mayoría de los remitentes reside en el exterior, principalmente en EE.UU.
Mi sobrino Harold desde Japón, muy atento a lo que escribo... Esthercita Fernández, con mensajes llenos de amistad, siempre bienvenidos... Eduardo Ortega (Piki), gran amigo de quien no había vuelto a tener noticias... Teresita Cortiñas, cuya providencial localización junto a su querida familia debo agradecerle al ciclón Ike... Yayito Balbuena, hermano menor siempre tan presente en mi recuerdo... Anita Vázquez, otra buena amiga con quien he intercambiado mucho en la última semana... Virginia Díaz, muchacha del barrio a la que apenas conocía... Dania Torres, amable desconocida que asegura haber vivido en Manatí... Mi prima Estela Salgado, cuyos deberes de abuela apenas le dejan tiempo para escribirme... Elba Peiso, joven octogenaria a la que conocí hace un par de meses durante una visita suya a Las Tunas... Los hermanos Antolín y Aki Benítez, de cuya amistad blasono... Pablito Molina y Betico Cabrera, compañeros de juergas juveniles... Lupe Nápoles, mi hermana, colaboradora médica en Namibia... Jorge Luis Catalá, «un tunero de pura cepa», residente en Palma de Mallorca... Fernando Ferrera, colaborador en las islas Saint Kitts y Nevis... Aliuska López, manatiense e hija del difunto Armín, al lado de la dulcería... Osiris López, primo de Aliuska y también buen amigo... María Elena León, que halló en mi blog la información que buscaba... Juan Carlos Cuba, preocupado desde España por la actualidad tunera... Susana Maritza Salas, holguinera que vive en Mar del Plata, Argentina... Ángel Luis Sánchez, amigo y ex-integrante del grupo musical tunero Los Surik... Carlos Manuel Pérez y Migdalis Pérez, compañeros de estudios en la universidad... Yamilka Estrada, sobrina de El Comandante, personaje emblemático de las calles tuneras... Mis grandes amigos Amparo Beltrán y Félix Posada, en Bogotá, Colombia... Flor Guevara Agüero, otra del barrio y tal vez hasta pariente... Gabriel Vargas, mexicano agradecido por una anécdota que publiqué en mi blog sobre su compatriota Jorge Negrete... Juan Ramón Pérez Fajardo, puertopadrense ausente, nostálgico de los molinos de su tierra... Joaquín Estrada-Montalván, amigo y compañero de mi etapa universitaria... Nelson, colaborador médico en la isla de Dominica... Mi amiga Francisca Rivero (Paqui), desde la Embajada de Cuba en Londres... Alfredido, el hijo de Alfredo el Chino, desde Paraguay... Ramón Espino, cultor de la décima, desde México... Yoanna, radicada en Inglaterra y antigua investigadora del Museo Provincial... Tony Cáceres, amigo inteligente y culto, colaborador en Venezuela... Evelina, holguinera que escribe un libro sobre Rogelio Díaz Castillo, autor de La caldosa de Kike y Marina... Paula, brasileña amiga de Cuba... Ana Livia García, desde España, cuya nieta comparte con mi hija Sofía el mismo salón de un círculo infantil tunero... Mi vecino Kamir Bauzá, apasionado del béisbol y colaborador en Sudáfrica... El siempre atento doctor Alexis Barrios, colaborador en Venezuela... Claudio Marcelo, desde Argentina... Mi amiga italo-tunera Viviana Consentino, aficionada a la poesía y a la literatura... Amílcar Mejías, desde El Salvador... Alguien que se firma YRR, le sabe un mundo a Manatí y vive en Ucrania...A la nieta de La Chopa e hija de Mogollón, Puerto de Manatí, que no me dejó su nombre... A Manolo, chaparrero que levantó campamento en Inglaterra y cuyos correos tanto agradezco... ¡GRACIAS A TODOS!

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martes, 30 de septiembre de 2008

La otra secuela de Ike

Esther González ha pasado sus casi 87 años de existencia mirando a los ojos al mar. Su casa en el poblado costero de Guayabal, al sur de Las Tunas, dista solo unos metros de la orilla. Cuando al atardecer las aguas impredecibles del golfo de Guacanayabo le remojan de espuma el rostro, ella, hija del salitre, siente que la bendicen.
Pero las salpicaduras del 6 de septiembre pasado traían consigo intenciones distintas. Esther lo percibió cuando una ola enorme se suicidó ruidosa y violentamente contra los arrecifes. «Voy a evacuarme» –decidió-. Y se montó en el camión.
Al anochecer, ya en un refugio seguro, sintió afuera como si el mundo se estuviera acabando: viento fortísimo, árboles derribados, tejas pulverizadas, gritos de vecinos, paredes echadas abajo…
«Este ciclón es lo más terrible que he visto en toda mi vida –admite ya de vuelta en su morada, asombrosamente ilesa del trance. Ni siquiera el de 1932 causó tanto daño en el pueblo. ¡Y eso que sopló durooooo...! Pero el de ahora lo dejó chiquitico.»
Es viernes y el mar duerme a pierna suelta la siesta del mediodía. En Guayabal la gente acarrea las excrecencias de Ike: escombros y arena. Sentada en su portal, Esther hurga dentro de una gaveta. Un montón de papeles húmedos emerge como de una chistera.
«Trato de salvar fotos, cartas, documentos y recortes de periódicos que guardaba desde hace muchísimo tiempo –comenta sin levantar la vista-. El mar los empapó y, vea, ahora casi todos están hechos una calamidad. El agua salada no cree en nadie».
Junta los trozos estropeados como quien arma un rompecabezas. Les traen evocaciones de su biografía. «Esta es una factura de la tienda de Montenegro» –dice, y me muestra un papel chorreante de agua-. Tiene más de 60 años. Y esta es la inscripcion de nacimiento de mi primer hijo, con los sellos de timbre que compré en el pueblo. Y mire, un almanaque de 1946. ¡Cuánto ha llovido de allá hasta acá...!
Lo que más lamenta es la pérdida de fotografías con gran valor sentimental. Como las de su boda. «Pude haberlas evacuado conmigo», acota. Solo sobrevivió una en la que aparece ella con su esposo, un árabe radicado en la zona desde el siglo pasado.
Tras el paso del huracán Ike, en Cuba hay millares de personas en el mismo trance existencial de Esther. ¿Qué perdieron, además? Una madre, la única foto del hijo muerto; un profesional, el título colgado de la pared; una abuela, su alcanforado baúl de los recuerdos; una muchacha, la carta de su primer y gran amor; un bibliófilo, su libro predilecto; un soldado, la medalla de Servicios Distinguidos...
Los ciclones no solo destrozan edificios y plantaciones. También lastiman en profundidad los sentimientos. Un inmueble puede erigirse nuevamente. Un campo dará otra vez frutos. Pero el patrimonio espiritual -ese que viaja en imágenes sobre una cartulina o escrito con letra menuda sobre un papel- no se recupera jamás.

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viernes, 26 de septiembre de 2008

Tragedia en Manatí

Cuando llegué a Manatí, dos jornadas después del devastador ataque del huracán Ike, sentí un estremecimiento interior y lo ojos se me nublaron. «¡Pero qué le hiciste a mi pueblo, Dios mío!», murmuré, espantado. Ante mí se extendía un panarama desolador. Árboles enormes en el suelo, casas destruidas, cultivos arrasados, fango y humedad por todas partes, lugares en ruinas, impotencia colectiva, abatimiento... Y mucha tristeza. Y semblantes incrédulos que me miraban fíjamente, como preguntándome: «¿Será real lo que estamos viendo o es solo una pesadilla?» Pero no era una pesadilla. Era la verdad en toda su crudeza.
Yo podría escribir aquí mucho, ¡muchísimo! Dar pormenores de lo ocurrido, transmitir estados de ánimo, revelar mundos interiores, describir la dimensión del drama... Sin embargo, y por aquello de que una imagen vale a veces por mil palabras, prefiero que hablen las fotografías con su discurso desgarrador. Advierto que solo se trata de botones de muestra, porque Manatí es hoy inaprehensible para la cámara. Ni siquiera ella, copista fiel de la realidad, lograría reproducir los amargos matices de este lienzo que nos duele hondo, independientemente de donde hayamos levantado campamento.

De las imágenes que hice, la que más impactó mi sensibilidad fue la casa de un miembro de la famila Cordoví, situada frente a la de Frank Chiong. El viento la castigó con tal inclemencia que, como se aprecia en la foto, la dejó reclinada sobre uno de sus costados.

Interior del almacén de Comercio. Las ráfagas de Ike no dejaron ni una plancha en su cubierta. Sus alrededores quedaron devastados, incluyendo el antiguo taller AX-1 y cuanta casa de madera encontró. Varios almacenes tuvieron afectaciones y tendrán que ser levantados de nuevo.
Foto de gran dramatismo. Es la cuadra que está a un lado del parque, despojada de su techo. Desde la esquina de la casa de Miguelito Carracedo hasta donde vive la familia Rodríguez, los perjuicios fueron enormes. Ya le fue restituida casi toda la cubierta.

Ni esta torre del antiguo ingenio, sobreviviente de la desaparición de la industria azucarera local, salió ilesa del embate de Ike. Los manatienses, expertos en identificar cada centímetro cuadrado del terruño, notarán que un trozo de su punta cayó a tierra. Para conseguir tal fuerza, el huracán debió superar en algún monmento los 200 k/h. De otra forma no me explico como la estructura de hormigón y acero perdió esa parte de su pináculo.

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domingo, 14 de septiembre de 2008

Ike: paisaje después de la batalla

DURANTE ESTAS TERRIBLES Y DRAMÁTICAS JORNADAS HE VISITADO EN MENESTERES PERIODÌSTICOS SIETE DE LOS OCHO MUNICIPIOS DE LA PROVINCIA DE LAS TUNAS. EN TODOS PUDE PERCIBIR LA HUELLA DEL HORROR DEJADA POR EL HURACÀN IKE. PERO EN LOS DE LA PARTE NORTE, ES DECIR, MANATÌ, PUERTO PADRE, Y JESÙS MENÈNDEZ , LA DESTRUCCIÒN CAUSADA ES POCO MENOS QUE APOCALÌPTICA. TENGO FOTOGRAFÌAS DE TODOS LOS TERRITORIOS AFECTADOS. MIS LECTORES ME EXCUSARÀN POR NO COLOCARLAS AHORA AQUÌ. LO HARÈ TAN PRONTO SE RESTABLEZCA EL SERVICIO TELEFÒNICO DONDE VIVO, PUES ACTUALIZO MI BLOG A TODA PRISA DESDE LA MUY DEMANDADA COMPUTADORA DE UNA OFICINA CON ACCESO A INTERNET. POR AHORA SOLO OFREZCO UNA RESEÑA DE LO QUE HE VISTO. EXCÙSENME EL HORRIBLE DISEÑO DE LO QUE ESCRIBO, PERO CONCÈNTRENSE EN SU CONTENIDO. AUNQUE LAS PALABRAS NO PUEDAN TRANSMITIR , NI SIQUIERA ÌNFIMAMENTE, LA MAGNITUD DE LA TRAGEDIA.


Alrededor de la medianoche del domingo 7 de septiembre nos convencimos de que el peligro era formidable. «Oye qué sonido más extraño», me dijo mi esposa Iris con rostro preocupado. En efecto, desde la penumbra exterior hería nuestros oídos el desafinado rugir del viento estrellando sus malas intenciones contra las persianas.
Dos horas después, el huracán Ike convirtió en un infierno de ventisca y temporal la geografía tunera, atónita ante un suceso inédito en sus predios. Era la primera vez que un ciclón categoría 3 en la escala Saffir-Simpson la atacaba. Y esta premiere de dudoso honor no pudo ser más devastadora, con sus vientos sostenidos de casi 100 kilómetros por hora y rachas de hasta los 200 kilómetros.
La ferocidad de Ike se prolongó por más de cuatro horas. Durante ese lapso arrancó árboles, volteó vehículos, descubrió viviendas, echó abajo paredes, derribó ventanas, tumbó postes, desbordó ríos, y le estableció a los tuneros un antes y un después en materia meteorológica.
En cuanto a evacuados, 186 mil 954 tuneros recibieron ubicación preventiva, el 70 por ciento en casas de familia y el resto en 186 centros habilitados. Se trata de una cifra récord, representativa del 33 por ciento de la población provincial, y que ilustra la virulencia del terrible huracán de breve nombre, pero de larga agonía.
En la ciudad de Las Tunas los estragos de Ike devinieron estocada a la sensibilidad. El Instituto Preuniversitario de Ciencias Exactas perdió buena parte de sus ventanales. La escuela de deportes Carlos Leyva, recién remozada, quedó en estado lastimoso, principalmente su flamante tabloncillo. Al teatro Tunas y al cine Luanda le escamoteó con una golpe directo parte de sus aderezos. Hospitales, escuelas, industrias, parques, agricultura, gastronomía, comercios e infinidad de instituciones y entidades más quedaron resentidas.
Todavía se evalúan los daños en su más amplio espectro. Brigadas de la Organización Básica Eléctrica trabajan en el restablecimiento del fluido. Las prioridades son el bombeo de agua, las unidades de salud y la producción de alimentos. Los trabajadores telefónicos laboran incansablemente en las colosales interrupciones originadas por el meteoro en todo a lo concerniente a las comunicaciones.

PUERTO PADRE: LA MAGNITUD DE UNA TRAGEDIA

La naturaleza parece carecer de límites cuando monta en cólera. Esta vez abrió su caja de Pandora para que los peores instintos salieran a colaborar con el huracán Ike en su irracional embestida contra esta ciudad del norte tunero. «Echó abajo en dos horas lo que nos llevó siglos edificar», dice con dolor el viejo Ismael, mientras deja vagar la mirada entre los escombros de la ciudad en ruinas.
Los daños más severos están en el área residencial.De las casi 32 mil viviendas con que cuenta la ciudad, el 90 por ciento fue total o parcialmente afectado. Solo opusieron resistencia las casas de mampostería, y, aun así, muchas no salieron bien paradas.
Un recorrido parcial por los alrededores deja entrever apenas un trozo de la tragedia. Paredes desplomadas por la fuerza de los vientos; amasijo de lo que fue un confortable inmueble de tablas machihembradas; tejas de todo tipo convertidas en pedazos inservibles; caballetes de madera desarticulados y ventanas arrancadas violentamente de sus goznes; pisos de cemento levantados; cablería eléctrica y telefónica en el suelo...
Las dependencias estatales también devinieron víctimas. Ike no hizo distingos, y afectó sobremanera la mayoría de los 129 centros de enseñanza del municipio. Hizo lo propio con el hospital Guillermo Domínguez, al que le redujo a añicos buena parte de su cristalería. Oficinas, tiendas, parques e instalaciones diversas no escaparon al drama y hoy reflejan desolación y humedad por todos sus ángulos.
Algunos sitios de interés sentimental figuran en la extensa lista de los damnificados. Es el caso de la avenida Libertad –niña bonita de los puertopadrenses-, que exhibe el peor semblante de su historia. En su paseo yace en tierra la estatua de Máximo Gómez, levantada por iniciativa de un viejo mambí. Y el monumento al Quijote, del cual no quedó en pie ni siquiera las aspas del molino de viento. Sufrieron daños, además, el brocal del pocito de agua dulce, en pleno lecho marino, y el muro del malecón. Solo el Fuerte de la Loma, construido por los españoles en 1869 parece haber salido ileso del trance.
Las ráfagas de Ike arremetieron con saña contra todo que le oliera a vegetación. Desde los propios accesos a la zona, en el muy castigado asentamiento de Vázquez -donde las violentas rachas movieron hasta làpidas del cementerio-, se aprecia el daño ocasionado al territorio. Por todas partes hay árboles derribados en las más inimaginables posiciones, lo mismo con sus raíces mirando el cielo que descansando tronco y follaje sobre la cubierta de una casa.
Como suele ocurrir en casos como este, las comunicaciones resultaron muy afectadas. Poblados como La Llanita y San Manuel quedaron incomunicados, igual que el polo turístico de Covarrubias, donde se desplomó el ranchón próximo a la playa y sufrieron daños el lobby, parte del restaurante y algunos bungalow.
Puerto Padre tiene afectado más del 90 por ciento de su red eléctrica. Más de 120 postes están en el suelo. Las dependencias que están funcionando lo hacen con grupos electrógenos. Se intenta alimentar dos arterias de la ciudad para que puedan brindar servicios a unidades vitales para el pueblo.
En las zonas rurales la furia de Ike hizo también de las suyas. Las casas campesinas intentaron resistir a pie firme la embestida, pero la mayoría no lo consiguió. Insólitamente, las de cubiertas de guano capearon con mejor fortuna el temporal que las de cinc y tejas. El sector agrícola resultó uno de los más perjudicados. A ambos lados de la carretera se aprecian sembrados en estado de coma.

CHAPARRA: TIERRA ARRASADA

Este municipio exhibe las secuelas del ataque de Ike en toda su anatomía. Por aquí –se asegura- pasó el ojo del siniestro huracán categoría 3 al filo de la medianoche del pasado domingo. Como en el resto de los territorios tuneros que enfrentaron la terrible adversidad, el sector residencial resultó el gran perjudicado. Una comunidad constituida en buena parte por casas antiguas de madera resultó presa fácil sobre la que se abalanzó el meteoro. El 80 por ciento del fondo habitacional reporta daños parciales o totales.
En Chaparra no hay electricidad ni comunicación telefónica. Las devastadoras ráfagas se excedieron haasta lo increible. A la fábrica de tableros de bagazo la dejaron sin su cubierta. Muestran también malas condiciones las sedes de las direcciones municipales de varios organismos. La emisora de radio local esta fuera de servicio.
En la Calle Uno del barrio conocido por Pueblo Viejo, sus vecinos intentan desenterrar de entre los escombros cualquier pieza de madera o de metal que les sirva para levantar un cuarto familiar medianamente habitable. «No podemos cruzarnos de brazos y dejárselo todo al país –enfatiza Miguel-. Los ciclones han afectado a Cuba entera, y mientras nos llega la ayuda, debemos colaborar».
Al final de la calle, parada frente a una amalgama de tablas húmedas, vasijas estropeadas y postes retorcidos, una mujer observa con detenimiento el laboreo de varios hombres devenidos carpinteros. Se llama María Martínez, quien residía en una de las miles de viviendas demolidas por Ike. «Esta casa era de las que se entregaron a los damnificados cuando el ciclón Flora, a inicios de los años 60 –dice-. Este de ahora le llevó una banda completa del techo. No lo hemos podido encontrar por ninguna parte. Por ahí imagínese usted la fuerza del viento. Jamás había visto cosa igual.»
Un poco más allá, también en medio de las ruinas, pero libre de daños importantes dentro de su casa de ladrillos y placa, Ángela Pérez hace de la solidaridad la razón de su existencia. Su vivienda está llena de equipos electrodomésticos: refrigeradores, televisores, lavadoras, ventiladores- propiedad de los vecinos que perdieron sus techos en la tragedia. Ángela se ha brindado para tenerlos hasta que cada cual resuelva su problema.
«No estoy haciendo nada extraordinario –dice-. Es un deber elemental que cumplo con gran amor. Esos vecinos que lo perdieron casi todo con el huracán son como si fueran mi propia familia. Me sentiría muy avergonzada de mí misma si no hago lo que estoy haciendo ahora, que no es nada comparado con lo que han sufrido todos ellos.»
MANATÍ: ¡QUERIDO MANATÍ…!

El municipio de Manatí sobresale como un tétrico Everest en esta suerte de cordillera de la calamidad. Sobre su epidermis se cebaron por alrededor de cuatro horas los irracionales ataques del ciclón más siniestro del que se tengan noticias por acá. Sus rachas no se detuvieron en obstáculos, y fueron tan demoledoras que, incluso, les ganaron el pulso a postes de concreto y a raíles ferroviarios.
La comarca muestra un extenso rosario de sectores vitales severamente dañados. A ello se añade el extraordinario daño que recibió su reconocido espectro vegetal conocido por Plan Manatí. Es apreciable desde el instante mismo en que se accede al casco urbano, donde una verdadera degollina ecológica cercenó y lanzó al suelo cuanta especie con clorofila estuvo a su alcance.
El pueblo reporta afectaciones considerables. Las viviendas fueron las más afectadas. Sobre todo las antiguas, que eran de madera y databan de la época fundacional del antiguo central azucarero en la primera mitad del siglo pasado. Muchas tenían paredes comunes con cubiertas de tejas o cinc, como las qque floanquean el parque. El viento huracanado no las perdonó.
En la llamada Calle A, apenas quedaron viviendas ilesas. El estrago mayor se concentra en sus techos y en sus costillares. De acuerdo al testimonio de vecinos, las tablas carcomidas crujían como galletitas ante el empuje del viento. Varias cayeron reclinadas sobre sus costados, definitivamente vencidas por un contrincante que las superó en fuerza y al que le opusieron nula resistencia.
Cuadras completas ilustran con tintes grises esta suerte de acuarela manatiense de la tragedia. Como la que colinda con el tribunal. Solo la solidaridad de la gente, que en situaciones de desastre se potencia hasta lo infinito, puede mitigar tamaño infortunio.
Los almacenes municipales figuran entre las víctimas. El de la Empresa de Comercio, a la entrada del pueblo, perdió casi toda su cubierta. Allí estaban acopiadas unas 900 toneladas de productos alimenticios variados, que están siendo recuperadas y procesadas. Casi toda la existencia de azúcar se humedeció. Importantes volúmenes de sal, frijoles, chícharos y arroz también sufrieron deterioro.
El almacén municipal de Gastronomía tuvo similar desdicha. Gracias a la rapidez en el actuar, se salvó a tiempo un variado surtido de artículos, como cocinas y ollas de presión eléctricas, calentadores, calderos interiores y refrigeradores, entre otros. La decrèpita estructura del local no corrió igual suerte, pues perdió la cubierta y se desplomaron casi todas sus paredes de mampostería. Lo que no pudo lograr allì el bombardeo a Manatí el 2 de diciembre de 1958, lo consiguió Ike con su metralla de viento.
En la popular base de campismo de la playa de Los Pinos, distante 18 kilómetros de la cabecera municipal, solo quedó para contarlo el grupo electrógeno allí instalado. Todo lo demás –casas particulares, cafetería, inmuebles diversos…- fue engullido de un bocado por la voracidad del mar, que penetró profundamente en tierra firme. Lo mismo ocurrió en el Puerto de Manatí, asentamiento poblacional que perdió la mayoría de sus viviendas y de sus instalaciones.
La estaciòn de ferrocarril, orgullo de todos los manatienses, se quedò totalmente sin techo. Una poderosa ràfaga tirò al suelo hasta la ùltima teja alicantina con que habìa sido remozada no hace mucho tiempo. Sus paredes de piedra de canterìa, sin embargo, soportaron el acoso, demostràndole a Ike su capacidad de resistencia.
La agricultura quedó sumamente dañada. Los platanales no resistieron los furiosos embates del viento y se doblaron en masa contra la tierra. Cultivos de la más diversa especie tampoco sobrevivieron. Incluso la caña, que el municipio tributa en temporada de zafra al coloso Antonio Guiteras, también acusa deterioro.
Las escuelas de Manatí, como las del resto de la provincia, tienen grandes afectaciones. El centro escolar Victuro Acosta figura entre los casos más representativos. Igual que el Instituto Preuniversitario en el Campo René Martínez Tamayo, que prácticamente perdió en el desastre toda su cubierta y parte de sus aulas.
Es un panorama desolador, pero hay que enfrentarlo. Lo primero es asumir que los estragos de Ike son irreversibles. Ahora corresponde restañar las heridas con el concurso colectivo.

AMANCIO: IKE LO SACUDIÒ

El huracán Ike sincronizó su funesta brújula de manera tal que hasta los territorios tuneros del sur figuraron en su itinerario del horror. Así, el viento y la lluvia –se habla de 255 milímetros en 24 horas- tocaron este municipio, donde fue necesario evacuar en albergues y casas a más de 27 mil de sus 41 mil habitantes.
Hubo familias que cobijaron en sus viviendas de placa y mampostería a casi medio centenar de personas desconocidas procedentes de poblados distantes como San Alberto, Las Pulgas y el costero Guayabal. Nadie les hizo preguntas. Solo les abrieron las puertas.
El impacto más fuerte en la comarca amaneciera fue, precisamente, en Guayabal, donde el mar penetró màs de medio kilòmetro.Los vecinos aseguran que, a juzgar por las marcas dejadas por las aguas en las paredes de sus viviendas, deben de haber subido tambièn una enormidad. Eso originó derrumbes totales y parciales y una acumulación descomunal de arena, tanto dentro de los inmuebles como en las calles. Se han tenido que utilizar buldócer.
En el almacén de la terminal de azúcar a granel –una de las más importantes del país- los vientos se llevaron unas mil 200 tejas de su cubierta y dieron cuenta de las lonas que cubrían las casi 19 mil toneladas de azúcar. Eso originó que se humedeciera un importante volumen del producto. Llovió tanto que hasta los conductores subterráneos que acoplan con las bodegas de los barcos se inundaron.
Cientos de árboles de todas dimensiones fueron arrancados de raíz. En algunos barrios no tienen ideas de cómo varios ejemplares enormes fueron a parar a sus demarcaciones después de ser arrastrados desde el extremo opuesto del pueblo. La agricultura sufrió mucho, principalmente sus cultivos varios. El río Sevilla y sus afluentes desbordaron su cauce hasta niveles nunca vistos.
Lo población de Amancio carece de electricidad y de comunicaciones. Sin embargo, las autoridades locales aprovechan las posibilidades que les brindan los grupos electrógenos instalados no solo para brindar información por medio de televisores comunitarios y mantener en funcionamiento servicios vitales, sino también para elaborar y distribuir pan. Nadie ha dejado de comer y la gastronomía popular expende productos por los barrios.
Una iniciativa local ha sido la de habilitar naves de almacenamiento de un contingente de la construcción para albergar familias que perdieron totalmente sus viviendas. Son amplios y las autoridades se encargaron de instalarles servicios sanitarios, puertas y ventanas. Similar alternativa se pone en práctica en el poblado de Guayabal, donde varios residentes se quedaron sin techo por culpa de Ike. El municipio tiene afectadas 1500 viviendas, de ellas 149 totalmente.

COLOMBIA Y JOBABO: TAMBIÉN GOLPEADOS

Estos dos municipios recibieron también la siniestra visita de Ike. Como en el resto de la provincia, los daños principales se concentran en sus fondos habitacionales y en la agricultura. En Colombia casi 4000 viviendas perdieron parcial o totalmente sus cubiertas y otras 607 se desplomaron. Ya se comienza a distribuir recursos en sus demarcaciones utilizando todo tipo de transportes.
En Colombia se evacuaron más de 20 mil personas a lugares seguros y se produjeron afectaciones importantes en seis de sus escuelas, casi todas rurales y de régimen interno. Sin embargo, la inmensa mayoría de los centros comenzará sus clases el próximo lunes.
Al igual que Jobabo y Amancio, Colombia reportó abundante lluvia, vientos fortísimos y carece de comunicaciones y de electricidad. Varias brigadas trabajan en esa área para restablecer ambas cosas en el menor tiempo posible. El pueblo colabora intensamente. La Empresa Azucarera de Colombia encabeza la lista de las grandes vìctimas de Ike, con tres millones 300 mil pesos de pèrdidas. Màs de nueve mil 400 hectàreas de caña se encuentran encamadas, Reporta tambièn afectaciones en sus cultivos varios, en la cubierta de su factorìa azucarera y en los centros de reparaciones.
Los jobabenses tienen inscriptas más de dos mil 300 casas con daños de toda naturaleza, de ellas 80 demolidas por completo. Ademàs, reporta la pèrdida de alrededor de 500 metros de cables telefònicos de diferentes calibres y severos daños en las redes elèctricas.Sin embargo, la poblaciòn se ha volcado a recuperar lo perdido.
Los perjuicios de Ike en Jobabo no solo tuvieron como diana su población urbana. En barrios como Sirvén los vientos alcanzaron velocidades de espanto y derribaron árboles enormes y viviendas. Aquí también se inició la distribución de ayuda material.
En general, el sur tunero comienza a levantar el ánimo y a mirar a los ojos al futuro. Ike se ensañó con buena parte de su territorio y le ocasionó gran deterioro. Pero la gente está dejando de pensar en el pasado para concentrarse en el presente y en el futuro, decidida a construir sobre los escombros una comarca más bonita.

NADIE ESTÀ SOLO

Las autoridades accionan en todos los frentes para paliar en cuanto sea posible los estragos de Ike, que son colosales. Se aprecia un gran nivel de disposición, consagración y, sobre todo, de capacidad para ponerse en la piel de los damnificados y comprenderlos.
En todos los municipios se han instalado equipos de audio en lugares cèntricos para divulgar orientaciones dirigidas a organizar la ayuda material que comienza a fluir. Funcionan con grupos electrògenos. En la carretera ruedan enormes cisternas móviles cargadas de combustible doméstico. También transportes con sacos de carbón vegetal. Y termos para ofertar refrescos. Y venta de viandas en Vázquez. Y camiones atestados de materiales de construcción, como tejas y cemento. Y comercialización de galletas. Y mucha, mucha solidaridad, algo tan importante en situaciones como esta.
Cierto, la naturaleza parece carecer de límites cuando monta en cólera. Esta vez abrió su caja de Pandora para que los peores instintos salieran a colaborar con el huracán Ike en su embestida contra Las Tunas. Pero, como en la parábola, en el fondo quedó agazapada la esperanza. Y, en su vocación por hacer el bien, es la que recuerda que después de la tormenta, siempre llega el arco iris.

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jueves, 4 de septiembre de 2008

Guajira guantanamera...

Los cubanos parecemos estar de acuerdo en que la canción nacional por excelencia es La Guantanamera, esa pieza emblemática que ha recorrido el mundo como una auténtica embajadora de buena voluntad, lo mismo a bordo de un cassette grabado que en un coro masivo de un acto de solidaridad.
Según sus la mayoría de sus «biógrafos», este número nació en 1929, y tuvo como padre al cantante habanero Joseíto Fernández (1908–1979), quien lo concibió la noche en que, en lugar de la tradicional rumba, cerró el programa de la orquesta de Alejandro Riveiro, donde cantaba a la sazón, con una melodía que «pegó» enseguida en el público.
En sus orígenes esta guajira-son era solamente un estribillo al que se agregaban décimas improvisadas. Así, todos los días desde 1948 y durante 14 años consecutivos, Joseíto cantó por radio un suceso de la crónica roja. Eso contribuyó a elevar la popularidad de la canción. El triunfo fue tan grande que desbordó fronteras y se extendió hasta los lugares e idiomas más insospechados del planeta.
A fines de la década de los años 50, el músico cubano Héctor Angulo cantó La Guantanamera con los Versos Sencillos de José Martí en una fiesta en Estados Unidos. Allí se encontraba el cantante folclorista norteamericano Pete Seeger, quien, encantado, incorporó la iniciativa a su repertorio y la dio a conocer al mundo el 8 de junio de 1963 en un concierto en el Carnegie Hall de Nueva York como un gesto de solidaridad con la Revolución Cubana. Luego un trío de cantantes norteamericanos hizo la primera grabación comercial.
La autoría del número provocó en los años 70 una encendida polémica entre Joseíto, Speeger y Angulo que reseña así en sus aspectos fundamentales la enciclopedia on line Wikipedia:
«La versión más ampliamente conocida de esa canción es la que adapta los primeros versos de los Versos Sencillos del poeta cubano José Martí los cuales fueron adaptados por Julián Orbón. Según el periodista López Nussa, en la revista Bohemia del 30 de diciembre de 1983, Pete Seeger, el cantante de folk, visitó un campamento de verano para niños en 1962, donde éstos le pidieron que tocara una canción que había traído uno de sus instructores. Se trataba de Héctor Angulo, el cual había estudiado con Orbón y conocía la versión con los versos de Martí. Seeger y Angulo quedaron reflejados como coautores de la canción, y Seeger, la popularizó en más de 35 países. Joseíto, quien había inscrito La Guantanamera en 1944, reclamó los derechos de autor y Seeger viajó a La Habana en 1971, llegando a un acuerdo: Joseíto hizo famosa la canción y el estribillo en el programa de radio, Julián Orbón le ajustó los Versos Sencillos y Angulo la llevó a Nueva York, donde Seeger la internacionalizó».
A La Guantanamera se le han realizado más de 150 versiones por prestigiosos vocalistas e instrumentistas de varios países, como Paul Mouriat, Richard Clayderman, Libertad Lamarque, José Feliciano, Tito Puentes, Julio Iglesias, Celia Cruz y Dámaso Pérez Prado. También existe una versión vocal del grupo Sampling. En 1997, Wyclef Jean la versionó para rap, y en 2006 Richard Stallman hizo una titulada Guantanamero. Juan Torres fue el intérprete de la versión instrumental que introducía algunos programas de Radio Habana Cuba. En 1994, en Costa Rica, José Capmany incluyó una versión en rock en uno de sus discos compactos.
Joseíto Fernández, cuyo centenario celebraremos mañana 5 de septiembre, fue un músico de gran versatilidad. A pesar de carecer de estudios musicales, compuso numerosos boleros y guarachas. También cantó en tríos, sextetos y orquestas típicas mientras se ganaba la vida como zapatero. Taciturno y respetuoso, el Rey de la Melodía cantaba ya a los 12 años a escondidas de su madre, opuesta entonces a una carrera tan «indigna».
Gente de diversas partes del mundo bailan al compás de La Guantanamera, pues muchos espectáculos cubanos en el extranjero cierran con broche de oro con esta composición. Siempre recordaremos a Joseíto Fernández de la lírica manera en que lo hizo una de sus admiradoras en esta décima: «Como una palma espigada / de guayabera vestida / con la garganta encendida / siempre por una tonada. / ¡Cuánto sabor a alborada / tiene tu Guantanamera! / Linda guajira sitiera / que ha paseado por el mundo / llevando el canto profundo / y alto de la bandera.»

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jueves, 28 de agosto de 2008

¿Qué es la escala Saffir-Simpson?

Cada vez que un ciclón tropical amenaza con sus vientos y marejadas el territorio cubano, los informes meteorológicos se refieren a la escala Saffir-Simpson y a sus categorías. En vistas de la proximidad del huracán Gustav a mi provincia en el oriente de la isla grande, reseño la génesis de esta norma de clasificación y los perfiles de sus cinco gradaciones.
La paternidad de la mundialmente conocida escala se les adjudica al ingeniero norteamericano Herbert Saffir y al director del Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos, Robert Simpson, quienes, en la década de los años 70 del siglo pasado, la desarrollaron para medir la intensidad de los ciclones tropicales y establecer sus daños potenciales a partir de la velocidad alcanzada por el viento.
Ambos trabajaban por entonces en un encargo de la ONU acerca de los estragos de los huracanes en viviendas de bajo costo, frecuentes en el centro y sur del norteño país. Con esa encomienda concibieron la escala que lleva sus apellidos y que tiene en cuenta, además de los vientos, la presión mínima y las marejadas que genera.
La escala Saffir-Simpson señala los daños potenciales susceptibles de ser provocados por los vientos máximos sostenidos y la presión atmosférica de los ciclones tropicales. Pero no tiene en cuenta la cantidad de lluvia ni la situación geográfica de la zona castigada. Así, un ciclón categoría 3 puede causar más daños en una ciudad que un categoría 5 en una zona despoblada.
CATEGORÍA 1 (daños mínimos)
-Vientos sostenidos de 119 a 153 kilómetros por hora.
-Presión barométrica mínima igual o superior a 980 milibares
-Daños mínimos, principalmente a árboles, vegetación y casas en mal estado constructivo.
-Destrucción total o parcial de líneas eléctricas y letreros mal puestos.
-Marejadas de 1,32 a 1,65 metros sobre lo normal.
-Daños menores a los muelles y atraques.
CATEGORÍA 2 (daños moderados)
-Vientos de 154 a 177 kilómetros por hora.
-Presión barométrica de 965 a 979 milibares.
-Daños considerables a árboles y vegetación. Grandes daños a casas en mal estado constructivo y al tendido eléctrico.
-Destrucción parcial de tejados, puertas y ventanas, pero pocos daños a estructuras y edificios.
-Marejadas de 1,98 a 2,68 metros sobre lo normal.
-Carreteras y caminos inundados cerca de las costas.
-Daños considerables a muelles y embarcaderos.
CATEGORÍA 3 (daños extensos)
-Vientos de 178 a 209 kilómetros por hora.
-Presión barométrica mínima de 945 a 964 milibares.
-Daños amplios. Grandes árboles derribados.
-Daños tejados, puertas, ventanas y edificios pequeños.
-Marejadas de 2,97 a 3,96 metros sobre lo normal e inundaciones en zonas costeras, con Destrucción de edificios cercanos al litoral.
-Las grandes estructuras cerca de las costas son seriamente dañadas por el embate de las olas y los escombros flotantes.
-Los terrenos llanos de 1,65 metros o menos sobre el nivel del mar se inundan hasta más de 13 kilómetros tierra adentro.
CATEGORÍA 4 (daños extremos)
-Vientos de 210 a 250 kilómetros por hora.
-Presión barométrica mínima de 920 a 944 milibares.
-Daños extremos. Árboles y arbustos son arrasados por el viento.
-Amplios daños en techos, puertas y ventanas. Hundimiento de techos en viviendas pequeñas.
-Marejadas de 4,29 a 5,94 metros sobre lo normal.
-Los terrenos llanos de 3,30 metros o menos sobre el nivel del mar se ven inundados hasta 10 kilómetros tierra adentro.
-Cae el señalamiento vial. Casas y edificios con daños graves.
-Inundaciones enormes y erosión severa de las playas.
CATEGORÍA 5 (daños catastróficos)
-Vientos de más de 250 kilómetros por hora.
-Presión barométrica mínima por debajo de los 920 milibares.
-Árboles y arbustos arrasados y arrancados de raíz por el viento.
-Daños de gran consideración en los techos de los edificios.
-Anuncios y letreros arrancados y llevados por el viento a gran distancia, ocasionando a su vez más destrucción.
-Hundimiento total de techos y paredes de residencias pequeñas.
-Marejadas de 4,29 a 5,94 metros por encima de lo normal.
-Los terrenos llanos de 3,30 metros o menos sobre el nivel del mar son inundados hasta seis millas tierra adentro.
-Grandes daños a pisos bajos de estructuras cercanas a la costa por las inundaciones y el batir de las olas llevando escombros.
-Rutas de evacuación interrumpidas por subida de las aguas entre tres y cinco horas antes de la llegada del centro del ciclón.

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miércoles, 20 de agosto de 2008

Quince años después

Mis condiscípulos de la carrera de Licenciatura en Periodismo en la Universidad de Oriente y yo cumplimos por estos días 15 años de graduados. Iniciamos la especialidad en el curso 1988-89, en la alta casa de estudios de la ciudad de Santiago de Cuba, y vencimos su programa docente en 1993. ¡Vaya etapa bonita aquella!
Llegamos a formar una suerte de familia bien llevada en el campus estudiantil situado en lo alto de la loma de Quinteros. A sus instalaciones se accedía por una escalinata de concreto de 101 peldaños, casi todos gastados por los sube y baja de tanta suela joven a cualquier hora del día o de la noche.
El quinquenio se nos esfumó sin apenas percatarnos. Primero en las aulas a las que llamaban polleras, por su parecido con las naves avícolas de la época. Luego, en el edificio de la Facultad de Artes y Letras. Por último, en la Facultad de Ciencias Sociales y Humanísticas. Recuerdo con particular nostalgia aquellas jornadas virtuosas y difíciles. Debutaba a la sazón el Período Especial. Sin embargo, enfrentamos dignamente las limitaciones alimentarias y las dificultades con el transporte. Y vencimos la carrera.
No me será fácil olvidar -tampoco lo quiero- las tertulias con Carlos Pérez y Michael Hernández para hablar de literatura o del último libro leído, sentados los tres en el borde de cualquier litera. O las alegres veladas etílicas en torno a un plebeyo litro de alcoholite comprado a precio de oro en el cuasi marginal barrio próximo a la Universidad. O el jocosamente llamado por nosotros Festival de la Papa, en el que freíamos en fogones eléctricos criollos cuanta vianda apareciera. O las madrugadas que, en períodos de exámenes, los finalistas incorregibles empleábamos para repasar contenidos docentes que no habiamos mirado durante todo un semestre lectivo....
¿Y qué decir de mis profesores? Rafael Fonseca, con su cultura enciclopédica, capaz de disertar sobre lo humano y lo divino; Hebert Pérez y sus desprejuiciadas clases de Historia de los Estados Unidos; Omar Álvarez, por cuya benigna influencia devoré obras maestras de la literatura latinoamericana que antes no me habían seducido; Josefina Jardínez, toda una autoridad en Gramática y en Redacción y Composición... Y también Jesús Figueroa, Yamilé Haber, Sonia Rodríguez, Gabriel Navarrete, Pilar Repilado, Deysy Cué... Y aquel Lino, bibliotecario como no he conocido otro, experto en sugerirte y explicarte para la temática más difícil el libro ideal.
Han transcurrido 15 años de nuestro egreso con el pergamino de licenciados en Periodismo bajo el brazo. Mis compañeros de graduación andan por el derrotero que cada cual escogió, dentro o fuera de Cuba. A algunos -los menos- jamás los he vuelto a ver, y ahí figuran los africanos y latinoamericanos con quienes compartí pupitres. Con otros -los más- tengo fluida comunicación, y ahí están los de antes, ahora y siempre. Todos -no tengo dudas- consideramos trascendental e irrepetible tan grata etapa de nuestra existencia.
La fotografía que ilustra esta nota -cuyo original conservo con especial cariño- fue tomada en la propia mañana del acto de egreso por el angolano Norberto Joao Lucas Carlos, quien también recibió aquel día su título de periodista, en un área exterior del por entonces novísimo Teatro Heredia. Las muchachas son, de izquierda a derecha, Iris Hernández (mi esposa), Marel González y Liuba Martínez. Detrás, en el mismo orden, estoy yo, mi amigo y hermano Armando Tejeda (fallecido), Carlos Remedios e Isaías Campos.

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martes, 5 de agosto de 2008

Curiosidades olímpicas

Apenas faltan solo unos días para que Beijing, la capital de China, ponga en marcha una nueva edición de los Juegos Olímpicos, máxima cita mundial del deporte aficionado. Estas competencias generan gran cantidad de hechos curiosos, interesantes e insólitos, algunos de los cuales expongo en esta recopilación, desde la Grecia de1896 hasta la Atenas de 2004.
Atenas, Grecia, 1896
El 6 de abril, jueces y atletas de los primeros Juegos Olímpicos Modernos se congregaron en el estadio ateniense para orar y meditar Curiosamente, aquí no se otorgaron medallas de oro, plata y bronce. Los ganadores fueron premiados con preseas de plata y coronas de olivo, mientras que los segundos recibieron medallas de bronce y coronas de laurel. Los anfitriones organizaron una singular prueba de natación: 100 metros libres para marineros, en la que se pedía como requisito ser hombre de mar y... ¡griego! Por cierto, esta disciplina compitió a océano abierto, con temperaturas de 13 grados centígrados. Las premiaciones se realizaron el día del cierre, bajo un torrencial aguacero. Al local Spiridon Louis, ganador del maratón, le permitieron vivir gratis en un hotel de Atenas durante 10 años.
París, Francia, 1900
Los juegos duraron más de cinco meses y casi la mitad de los participantes eran franceses. Por primera vez compitieron mujeres: seis tenistas y una golfista. La natación y el polo tampoco tuvieron piscinas, por lo que se braceó en las aguas del río Sena. Una prueba de esgrima terminó con el espíritu amateur de las olimpíadas, ya que el ganador recibió un premio en metálico. El holandés Marcel Depaillé tenía siete años cuando su tripulación triunfó en remo con timonel, convirtiéndose en el medallista dorado más joven de la historia olímpica. En París se consagró el primer titular latinoamericano: el cubano Ramón Font, campeón en espada. Esta vez, en lugar de medallas, a los vencedores se les entregaron pintorescos objetos que muchos no recogieron: un bastón con puño niquelado, una reproducción de la torre Eiffel, una boquilla de plata con estuche de peluche, unos pares de guantes y un bastón de bambú.
San Luis, EE.UU., 1904
Los juegos fueron un caos organizativo y Estados Unidos ganó el 84 por ciento de las medallas, lo cual constituye todavía un récord. Hubo escándalos como el del local Fred Lordz, quien, luego de concluir en primer lugar en la carrera de maratón, fue descalificado al descubrirse que había recorrido la mitad del trayecto en automóvil. El gimnasta George Eyser se agenció un oro, dos platas y un bronce a pesar de tener su pierna izquierda de madera. En la apertura tuvo lugar uno de los mayores bochornos de la historia olímpica: el espectáculo llamado Días Antropológicos, con personas que representaban, según los organizadores, a razas inferiores: negros, mestizos, judíos y enanos. Decían que las mejores razas siempre tendrían resultados superiores que las peores. Basados en estos conceptos absurdos, organizaron una competición paralela, que hizo ruborizar de vergüenza al mundo civilizado de la época.
Londres, Inglaterra, 1908
Finlandia, bajo el dominio ruso, fue casi obligada a desfilar con el estandarte del zar. Finalmente desfiló sin bandera. Los anfitriones no aceptaron jueces y árbitros extranjeros: ¡todos fueron ingleses! Por primera vez los ganadores recibieron medallas de oro, los segundos de plata y los terceros de bronce. El estadounidense John Taylor fue el primer negro en ganar un metal dorado en una de las cuartetas de relevos. Se estableció la medida actual del maratón en 42 kilómetros y 195 metros. No es, como se cree, la distancia entre la llanura de Maratón y la ciudad de Atenas recorrida por el soldado griego Filípides, sino la que separa al castillo de Windsor del estadio de Shepherds Bus, en Londres. ¿La explicación? El príncipe de Gales quiso que la prueba arrancara en la puerta de su casa. La suerte privó al francés Geo André del oro en salto alto. En su último intento, pasó sobre los 1,90 metros pero sus amplios pantalones de competencia derribaron el listón.
Estocolmo, Suecia, 1912
La gran tragedia de los juegos fue la muerte del atleta portugués Francisco Lazzaro, quien sufrió un colapso y falleció en plena carrera de maratón. Los suecos prohibieron en el programa el boxeo como deporte. Se usó por primera vez el cronometraje y el fotofinish para confirmar a los vencedores en algunas pruebas atléticas de final muy cerrado. El indio norteamericano Jim Thorpe fue despojado de sus títulos en el decatlón y el pentatlón al ser injustamente acusado de recibir dinero por jugar béisbol en su país. Duke Kahanamoku, de Estados Unidos, introdujo un nuevo estilo en la natación: el crawl con pateo en seis tiempos. La distancia más larga del ciclismo -320 kilómetros- se corrió aquí, y el sudafricano Rudolph Lewis ganó la competencia con un tiempo de 10 horas y 42 minutos.
1916: NO SE CELEBRARON (PRIMERA GUERRA MUNDIAL)
Amberes, Bélgica, 1920
En las ruinas próximas al estadio y en los cuerpos de muchos atletas participantes estaban las cicatrices dejadas por la Primera Guerra Mundial. El día inaugural se ofició una misa en homenaje a los muertos. Alemania, Bulgaria, Austria, Hungría y Turquía, enemigas de Bélgica durante el conflicto, no fueron invitadas. Se estrenó la bandera olímpica con sus cinco anillos entrelazados, representando los cinco continentes: verde para Oceanía, amarillo para Asia, negro para África, rojo para América y azul para Europa. También debutó el juramento olímpico de los deportistas. Los hermanos italianos Nedo y Aldo Nadi disputaron entre sí la medalla de oro en la prueba de esgrima. Estos juegos vieron el buen hacer deportivo del inglés Philip J. Noel Baker, plata en los 1500 metros planos en el atletismo. Cuarenta años más tarde, Baker fue galardonado con el Premio Nobel de la Paz.
París, Francia, 1924
El nadador Johnny Weismuller devino gran figura al ganar tres metales dorados. Años más tarde, brillaría nuevamente, pero desde la pantalla grande, interpretando a Tarzán. En fútbol, el equipo uruguayo asombró al vencer en sus cinco partidos y consagrarse campeón. Uno de sus jugadores marcó un gol directo de un saque de esquina. A partir de entonces, esa manera de anotar fue bautizada como el Gol Olímpico. En esta cita debutó la primera villa olímpica, un conjunto de cabañas carente de confort. A pesar de ser el favorito en los 400 metros planos, el inglés Eric Liddell decidió no participar en la final de esta prueba por celebrarse un domingo, día sagrado para la religión protestante. Por primera vez los asistentes a los estadios tuvieron noticias de las pruebas celebradas fuera de esos recintos. Llegaban a través de la telegrafía sin hilos, y por medio de altavoces se daban a conocer al público.
Ámsterdam, Holanda, 1928
Por primera vez fueron utilizadas palomas blancas en la inauguración para simbolizar la paz. El triplista japonés Mikio Oda, el primer asiático en ganar una medalla de oro. Las mujeres pudieron participar de las pruebas de atletismo. Las participantes en los 800 metros terminaron tan agotadas que precisaron atención médica. Esto provocó la eliminación de carreras femeninas superiores a 200 metros hasta los juegos de Roma en 1960.El australiano Henry Pearce ganó la prueba de remos conocida por La Prueba de los Patos, así llamada porque el campeón mermó el ritmo para cederle el paso a una bandada de aves aprovechando su gran ventaja sobre los rivales. Varios países convirtieron los barcos en su lugar de residencia e incluso de entrenamiento. Fue el caso de EE.UU., que desplazó el «S.S. Presidente Rooselvet», en el que también se alojó el único cubano a los juegos, el velocista José Barrientos.
Los Ángeles, EE.UU., 1932
A pesar de que imperaba en EE.UU. la Ley Seca, que prohibía el consumo de bebidas alcohólicas dentro de su territorio, los organizadores consiguieron una autorización para que los franceses, italianos y húngaros pudieran beber vino, bebida predilecta en sus respectivas naciones. El lucro obtenido con los Juegos Olímpicos fue equivalente a un millón de dólares, cifra irrisoria con las ganancias actuales. Los organizadores prohibieron la participación en los juegos al legendario atleta finlandés Paavo Nurmi bajo el pretexto de ser un asalariado del deporte. Los competidores que disputaron los 3000 metros en el atletismo fueron equivocadamente obligados a correr más allá de esa distancia por causa de un error de los jueces en el conteo de las vueltas. Se introdujo el podio para entregar de medallas. La gran figura de la olimpiada fue la norteamericana Mildred Babe Drikson, con tres récords mundiales en el atletismo.
Berlín, Alemania,1936
A pesar del compromiso de los anfitriones de no promover manifestaciones raciales, ideológicas o religiosas, la antorcha olímpica llegó al estadio portada por un miembro de la juventud nazi. El atleta negro norteamericano Jesse Owens ganó varias pruebas y fue la gran estrella de unos juegos concebidos por Hitler para demostrar la supremacía aria. En la inauguración, luego del himno alemán, 100 mil personas gritaron ¡Heil Hitler! en apoyo al dictador. El führer abandonó el estadio antes de tiempo para no verse obligado a estrecharle la mano a Owens en la premiación. En el hipismo, tres caballos se lastimaron seriamente y debieron ser sacrificados. La música de las olimpíadas fue compuesta por el célebre Ricardo Strauss. El baloncesto debutó como deporte olímpico. La final deparó un marcador un tanto curioso y muy alejado de los resultados actuales: Estados Unidos derrotó a Canadá por 19 puntos por 8.
1940 y 1944: NO SE CELEBRARON (SEGUNDA GUERRA MUNDIAL)
Londres, Inglaterra,1948
En levantamiento de pesas, el título femenino del arranque lo ganó la pianista francesa Micheline Ostermeyer. Tres años después de la guerra, la comida escaseaba en Londres. Muchos paises llevaron víveres para sus atletas, o hacían vuelos diarios para traérselos. Los antiguos cuarteles del ejército hicieron las veces de villas olímpicas. Las medallas entregadas fueron de hojalata. El norteamericano Harrison Dillar ganó el oro en los 100 metros lisos. Cuando tenía 13 años, su ídolo Jesse Owens le había regalado los pinchos de sus zapatillas. En 1938, una granada destrozó la mano derecha del oficial del ejército húngaro Karoly Takacs, especialista en tiro deportivo. Comenzó a entrenarse con la mano izquierda y en estos juegos alcanzó con ella el oro y el récord mundial en pistola. Una sensación de los juegos fue el empleo por los nadadores de una pinza en la nariz para forzarles a respirar solo por la boca.
Helsinki, Finlandia, 1952
Helsinki es hasta hoy la ciudad más pequeña en albergar una olimpíada. De los 69 países que compitieron, 43 ganaron por lo menos una presea. Japón y Alemania Federal, readmitidos en la lid. Con solo 15 años de edad, la norteamericana Bárbara Jones devino la titular olímpica más joven, como miembro del relevo 4 x 100 metros. La mayor falta al protocolo se produjo en la premiación de los 1500 metros planos: la banda de música no pudo interpretar el Himno Nacional de Luxemburgo, país del ganador, Josy Barthel. El director reconoció que la pieza no figuraba en su repertorio. Jean Boiteux ganó los 400 metros libres en natación. Al terminar, su padre se lanzó a la piscina vestido y con boina para felicitarlo. La danesa Liz Hartel conquistó la plata en equitación ocho años después de enfermar de polio y perder la movilidad en sus piernas. Necesitaba ayuda para subir y bajar del caballo.
Melbourne, Australia, 1956
La equitación compitió en Suecia, pues los organizadores temían que los caballos les llevasen enfermedades contagiosas. No hubo protocolo en la ceremonia de clausura y los participantes entraron al estadio en medio de un terrible desorden. Ron Clark, figura prominente del atletismo anfitrión, se quemó parcialmente un brazo al encender la pira olímpica, por lo cual no pudo tomar parte en la competencia. El boxeador húngaro Laszlo Papp ganó su tercera medalla dorada consecutiva Por primera vez se ofrecieron supercamas de tallas extras a los espigados jugadores de baloncesto presentes en la cita. El conflicto político entre la URSS y Hungría tuvo su reflejo en el encuentro de polo acuático que disputaron ambos países. El triunfo fue para los húngaros, que se burlaron de sus rivales. Ambos equipos acabaron a puñetazos en la piscina, por lo que tuvieron que intervenir enérgicamente las fuerzas de seguridad.
Roma, Italia, 1960
Primeros juegos transmitidos en vivo y en directo por televisión para 19 países de Europa. Una multitud llenó la Plaza de San Pedro, en el Vaticano, para ver al Papa Juan XXIII, que inauguró la competencia. Con 18 años de edad, el pugilista negro Cassius Clay –luego Muhamad Alí- ganó el oro de los semipesados. Al volver a su país le negaron el paso a un restaurante para blancos. Clay renunció al triunfo y arrojó la medalla dorada a un río. El etíope Abebe Bikila ganó el maratón tras correr descalzo los 42 kilómetros y 195 metros. El inglés Donald Thompson, por su parte, triunfó en los 50 kilómetros de marcha con zapatos de calle. La atleta norteamericana Wilma Rudolph, exparalítica, hizo época en diferentes eventos del deporte rey. Surinam envió su primera representación, formada por un solo atleta, Wim Essajas, quien tenía que correr los 800 metros planos, pero no participó por quedarse dormido.
Tokio, Japón, 1964
El pebetero olímpico lo encendió el japonés Ioshinori Sakai, nacido en Hiroshima en el momento exacto en que una bomba nuclear desoló su ciudad. Debuta una máquina computadora para procesar las estadísticas oficiales de la competencia. La garrocha de fibra de vidrio mejoró la marca mundial en 40 centímetros. El nadador norteamericano Dick Roth fue internado por apendicitis la víspera de disputar los 400 metros libres en la piscina. A pesar de la insistencia de sus médicos, rehusó ser intervenido, nadó la distancia y... ¡obtuvo el oro! Salió de la pileta directo para la mesa de operaciones. El holandés Anton Geesink derrotó en la final de judo al japonés Akio Kaminaga. La presión por la derrota hizo mella en Kaminaga, quien, tras pedir perdón a sus compatriotas, se suicidó. Lo mismo hizo Suburaya, tercero en la maratón: dos años después se hizo el harakiri por la decepción causada al Emperador y a su pueblo.
Ciudad México, México, 1968
Richard Fosbury, de Estados Unidos, impuso la manera de saltar de espaldas en el salto alto y ganó con 2,24 metros. Fueron los juegos de los mayores y mejores registros, pues se batieron 257 marcas olímpicas y 27 mundiales. Tommie Smith y John Carlos, oro y bronce en 200 metros planos y militantes del Black Power -movimiento de protesta por la desigualdad racial en su país-, subieron al podio con guantes y calcetines negros y oyeron el himno norteamericano con la cabeza baja y el puño en alto. Los expulsaron de la Villa Olímpica. Sin poder aguantar la presión, el yugoslavo Vera Nikolic, recordista mundial de 800 metros, se retiró de su serie a los 300 metros, abandonó el estadio y trató de suicidarse en un puente cercano. Su entrenador lo evitó. El discóbolo norteamericano Al Oerter obtuvo su cuarto título olímpico consecutivo en disco. El norteamericano Bob Beamon «voló» hasta los 8,90 metros en salto largo.
Munich, RFA, 1972
Estados Unidos pierde por primera vez en baloncesto varonil, al caer ante la URSS en el último segundo de juego gracias a un canastazo del ruso Alexander Belov. Debuta la mascota como símbolo olímpico: un perrito llamado Wald. Once integrantes de la delegación israelí fueron secuestrados y ejecutados por un grupo árabe llamado Septiembre Negro. El crimen paralizó las competiciones durante 24 horas. Teófilo Stevenson derrotó en los pesos completos del boxeo a Duanne Bobbick, la llamada Esperanza Banca norteamericana. Por primera vez en la historia olímpica una mujer, la alemana Heidi Schueller, hizo el juramento de los atletas, árbitros y jueces. En la ceremonia se homenajearon a las víctimas del tristemente célebre campo de concentración de Dachau en la Segunda Guerra Mundial. El norteamericano Mark Spitz obtuvo siete títulos en natación y estableció otros tantos récords mundiales.
Montreal, Canadá, 1976
Dos pesistas búlgaros y uno polaco, acusados de doping. El estudiante Michel LeDuc invadió el Estadio Olímpico y desfiló desnudo, hasta que fue detenido. La rumana Nadia Comanecci se convirtió en la gran estrella de los juegos, pues, con 14 años de edad, obtuvo siete calificaciones de 10 puntos en gimnástica. El cubano Alberto Juantorena logró un doblete inédito: oro en 400 y 800 metros planos. Boris Onischenko, mayor del ejército soviético, fue eliminado de la esgrima del pentalón moderno por trucar su arma con un sistema que encendía el bombillo de los toques a favor incluso cuando fallaban sus estocadas. Lo degradaron y expulsaron del ejército de su país. El gimnasta japonés Fujimoto se rompió una pierna en el suelo. Lo ocultó y participó en el caballo con arzones y anillas. Gracias a él Japón consiguió la medalla de oro. El jinete italiano Raimondo d'Inzco participó en su octava olimpíada consecutiva.
Moscú, URSS, 1980
El representante de la RDA, Waldemar Cierpinsky, ganó el maratón por segunda vez e igualó la hazaña del etíope Abebe Bikila. El gimnasta soviético Alexander Didiatin se erigió en el más ganador de una olimpíada al adjudicarse ocho medallas, tres de oro, cuatro de plata y una de bronce. Además, fue el primer hombre que recibió por el jurado una calificación de 10 puntos. El nadador soviético Vladimir Salnikov rompió la barrera de los 15 minutos en los 1500 metros libres. Un hecho curioso fue el oro y la plata de la RDA y la URSS en la prueba del doble par del remo con dos parejas de gemelos: los germanos Bernd y Jorg Landvoigt y los soviéticos Yuri y Nicolai Pimenov. La jabalinista cubana María Caridad Colón, primera latinoamericana en obtener una medalla de oro olímpica.
Los Ángeles, EE.UU., 1984
La antorcha entró al estadio en manos de Gina Memphill, nieta de Jesse Owens, mítico campeón de 1936. La suiza Gabriela Andersen terminó la prueba de maratón deshidratada y con la mitad de su cuerpo paralizado por calambres. Llegó a la meta en zig-zag en medio de una ovación. Los nietos de Jim Thorpe recibieron de manos de Juan Antonio Samaranch, presidente del COI, las dos medallas de oro del decatlón y el pentatlón que le habían sido escamoteadas injustamente al formidable indio en los Juegos de Estocolmo, en 1912. Por primera vez una olimpíada no fue financiada por el Estado, sino por empresarios. Se autorizó la participación de profesionales del fútbol. Joan Benoit, primera mujer en ganar el maratón. Cuatro medallas de oro para el local Carl Lewis, «El Hijo del Viento» en 100 y 200 metros, relevo 4 por 100 y salto largo. Igualó la cosecha de su compatriota Jesse Owens, en Berlín 1936.
Seúl, Corea del Sur, 1988
Los últimos Juegos Olímpicos en los que la ceremonia de apertura se realizó en horario diurno. En uno de sus saltos, el clavadista estadounidense Greg Lougains se golpeó la cabeza contra el trampolín y tuvo que recibir cuatro puntos de sutura. A pesar del incidente, regresó al tanque y logró el título. Por la gran cantidad de participantes y para evitar una ceremonia de clausura interminable, los organizadores sugirieron a las delegaciones dejar dos tercios de sus atletas fuera del desfile de clausura. Los jueces de boxeo escandalizaron con decisiones que originaron más de una trifulca tumultuaria. El 26 de septiembre, Micjella Verdier, portavoz del COI, confirmó que el vencedor de los 100 metros planos, el canadiense Ben Johnson, había dado positivo en el control antidopaje. Apareció Kenia como primera potencia mundial en el medio fondo. Venció en 3000 metros con obstáculos, 800, 1500 y 5000 metros.
Barcelona, España, 1992
La pira olímpica fue encendida por el arquero Antonio Rebollo, quien lanzó una flecha en llamas desde el centro del estadio. No acertó en su lanzamiento y el pebetero se inflamó mediante un mecanismo electrónico que pasó inadvertido para el público. Sudáfrica volvió después de 36 años de ausencia. Participaron, por primera vez, todos los comités olímpicos nacionales adscriptos al COI. Dos anécdotas paternas: el padre del nadador norteamericano Ron Karnaugh murió de un infarto durante la ceremonia de apertura, después de fotografiar a su hijo. Derek Redmond se lesionó en la final de 400 metros planos y su progenitor bajó desde las gradas para ayudarlo a atravesar la meta. Por su parte, la judoca española Miriam Blasco fue oro un mes después de la muerte de su entrenador, Sergio Cardell.
Atlanta, EE.UU., 1996
La fiesta por los 100 años de los Juegos Olímpicos Modernos fue resumida en una bomba que estalló en el parque Centenario con saldo de dos muertos y 111 heridos. Los organizadores de Atlanta, ciudad natal de la Coca Cola, amenazaron con quitarle la medalla de oro en los 200 metros libres a la nadadora costarricense Claudia Poll, por competir con una gorra con el logotipo de la Pepsi Cola. Pese a sufrir del Mal de Parkison, Cassius Clay encendió el pebetero. El inglés Linford Christie, titular en Barcelona 1992, fue descalificado por dos arrancadas en falso en los 100 metros planos. La bella jugadora alemana de hockey sobre césped Eva Hakembaeur perdió su falda en el partido contra España en un lance frente a la portería rival y miles de cámaras fotográficas activaran sus obturadores desde las gradas.
Sydney, Australia, 2000
Apareció el traje de baño de cuerpo entero entre los nadadores, diseñado de un material llamado fastskin que imita la piel lisa del tiburón. Durante la celebración de los juegos murió la esposa del presidente del COI, Juan Antonio Samaranch. La bandera olímpica original volvió a estar en posesión del COI, 80 años después de haber sido robada por el atleta estadounidense Harry Prieste en los juegos de Amberes en 1920. El ladrón viajó a Sydney para devolverla y fue perdonado. El COI permitió la participación de cierto número de atletas carentes de currículos competitivos. Uno de ellos fue el nadador guineano Eric Moussambani, quien aprendió a nadar dos meses antes de los juegos y nunca se había lanzado a una piscina oficial. El africano estuvo a punto de ahogarse en la alberca en las eliminatorias de los 100 metros libres, donde cronometró casi dos minutos, la peor marca de la historia.
Atenas, Grecia, 2004
Para hacer las medallas de los ganadores se necesitaron trece kilos de oro, una tonelada de plata y otra de bronce. Se fabricaron a un ritmo de 150 por día en Aspropyrgos, al oeste de la capital griega. Fueron tres mil en total: 986 de oro, 986 de plata y 1150 de bronce. Las de los vencedores recibieron una capa de oro suplementario en Suiza. Cada una pesa 150 gramos y tiene un diámetro de seis centímetros. Los atenienses organizaron por segunda vez las olimpiadas. Para la ocasión restauraron el longevo estadio Panatenaico, sede de las pruebas de campo y pista en 1896. El 18 de agosto, los organizadores desarrollaron allí una jornada especial que incluyó la impulsión de la bala, donde la cubana Yumileidi Cumbá conquistó el oro con registro de 19,59 metros.

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